domingo, 16 de marzo de 2014

viaje aprovechado

Llevaba sin pisar Córdoba desde que lo dejé con Jaime hace un par de años; no había tenido ni motivos, ni tiempo ni ganas, pero después de un duro año de trabajo por fin mañana son mis vacaciones y el cuerpo me pide inundarse un poquito de esa alegría que siempre me han hecho sentir sus calles blancas, sus patios llenos de flores, ese cierto aire de historia que me inspira la Mezquita que tanto tiempo llevo sin visitar, y ese bar cerca en el que hacen unas tortillas de patata de un palmo de grande en el que tantas tardes he pasado disfrutando con la que durante un tiempo fue mi gente, riéndome de todo con mis amigas cerveza en mano o quedando con mi ex cuando salía de trabajar antes de irnos por ahí un rato, así que aquí estoy, acabando de preparar la maleta y con el billete de AVE encima de la pequeña mesa que tengo en mi habitación a la vez que hablo con un chico al que he conocido en twitter y con el que después he tenido contacto por facebook y que parece bastante buen chico; me pica la curiosidad por ver si Josema es como en sus fotos de perfil: alto, pelirrojo engañoso (según él es rubio), gordito, una perilla bien cuidada y con unos ojos azul claro en los que me perdería encantada.
-¿Entonces a qué hora llegas?
-A las 11 de la mañana si no hay ningún retraso. ¿Te apetecería quedar, no sé, a eso de las 12, que me de tiempo de dejar las cosas en el hotel?
-Tengo una idea mejor: sabiendo a qué hora llegas estaré allí una hora antes, sabré en que anden para tu AVE, te esperaré y te haré de taxista y guía turístico, ¿qué te parece?
-Bueno, por mí perfecto, ¡pero! me tienes que invitar a una cerveza en cuanto me baje del tren.
-Trato hecho.
Entonces quedamos así. Y bueno, me voy a ir ya a la cama que si no me quedaré dormida y perderé el tren. Hasta mañana, pelirrojo.
-Hasta mañana, bella Natalia.
Me ha costado un montón conseguir dormir un poco, de hecho sólo he dormido 2 horas seguidas, y cuando estaba empezando a hacerlo a gusto ha sonado el maldito despertador. Menos mal que el viaje es corto y no he dejado de hablar un minuto con mi pelirrojo interesante, que ha hecho que mi curiosidad hacia él haya aumentado minuto a minuto. Por fin he llegado, ahora sólo espero que no se haya arrepentido y me quede aquí tirada, empezaría bien las vacaciones...  A ver si le veo... joder, aquí hay demasiada gente, no veo nada. De repente noto como me dan un cachete en el culo.
-¿Pero tú eres gilipollas o qué? -Me giro con intención de darle una hostia a quien haya sido capaz de golpear mi precioso culo sin mi permiso pero veo que es un niño pequeño. -Perdona, guapo, pensaba que eras un hombre malo.
-Perdona, guapa, pero es que no lo he podido resistir. -El niño va de la mano de su padre que ante la ocurrencia del niño no puede evitar soltar una carcajada.
-Oye, Mario, que esas cosas no se hacen. Como se entere tu madre nos va a dar una torta a los dos. Pídele perdón a esta chica.
No, no, tranquilo, y disculpe por haberle hablado así al niño.
Cojo mi maleta mirando hacia todos los lados a ver si consigo ver alguna cara que me resulte familiar cuando oigo entre risas:
-Joder, Natalia, menos mal que ha sido un crío, si llega a ser el padre te lo comes con patatas.
-Tanto no, pero si hubieras sido tú igual me habría enfadado un poco menos, fíjate tú. -Le digo mirándole con cara de niña buena mientras aprovecho para echarle un vistazo rápido: es como en las fotos, pero me parece un poco más guapo y no es pelirrojo, es rubio.
-¿Qué tal el viaje?
-Bueno, por suerte no ha sido muy largo y gracias a tí no se me ha hecho muy pesado, rubio.
-¿Ves? Ya te dije que te estabas confundiendo con mi color de pelo. -Me dice a carcajada limpia. -Bueno, bella dama, ¿me permite ayudarle cogiéndole la bolsa tamaño "cadáver partido en dos"?
-Jaja, por supuesto, amable caballero, aunque procure no volver a meterse con mi bolsa, que la pobre escucha y se pone triste.
Vamos hasta su coche para meter las cosas y cuando coge mi maleta su mano roza mi mano, lo cual hace que un escalofrío recorra toda mi espalda. Las dejamos y nos vamos a tomar una cerveza para conocernos un poco más; así a mitad de la segunda cerveza me explica que andaluz por parte de madre y polaco por parte de padre y que por eso en facebook tiene un apellido imposible de pronunciar y acabado en icz, que es lo único que consigo recordar y que es de Jaén pero que por azares del destino acabó en la cuidad del Califa. A punto de acabar la cuarta le suena el teléfono.
-Preciosa, tengo que cogerlo, perdona.
-No, no, habla tranquilo, por mí no te cortes.
-Dime... ¿qué cojones quieres ahora, Carla? ... no, yo no tengo la culpa de ... ah, que ahora que la niña se enganche del pelo de las crías se meten con ella es mi culpa, ¿no? ... Carla, que no me grites ... mira, me estás hartando ... vale, que sí, que lo que tú digas ... que sí, que si tú lo dices será verdad ... Hale, hasta luego tía, que no me interesa tu vida.
-¿Estás...casado? -Le pregunto aunque no sé si quiero saber la respuesta.
-Divorciado, tengo una niña de 7 años, y como tristemente has podido comprobar, no me llevo demasiado bien con la madre.
-Tranquilo, no tienes que explicarme nada si no quieres, no tengo problema.
-No, de hecho quería contártelo, pero en persona; estas cosas me gusta hablarlas cara a cara. -Se acerca a mí y me susurra en el oído: -Espero que no te importe.
-No, tranquilo, no pasa nada. Oye, ¿te importa si damos una vuelta? No soy de estar mucho rato en el mismo sitio y como sigamos aquí voy a acabar más borracha que una cuba, y no es plan contarle a mis compañeras de trabajo a la vuelta "pasé mi primer día de vacaciones en un bar y acabé bebíendome todas las existencias de cerveza" jajaja.
-No, ¡por dios! Aunque estoy tan a gusto contigo que me encantaría pasar todo el día juntos, si no te importa. -No, no me importa, estoy deseando pasar con él hoy, mañana... si por mí fuera no me separaría de él en los 15 días que voy a pasar aquí. Me encantaría no separarnos ni un sólo minuto, y ahora mismo mataría porque me besara, pero aunque estoy deseando hacerlo, no voy a ser yo quien se lance; no quiero arriesgarme a que me aparte la cara o que piense que soy una zorra que se enrolla con cualquiera.- Mira, si te parece bien vamos al hotel, dejamos tus cosas y te enseño esto, que aunque hayas vivido aquí seguro que hay sitios preciosos que aún no conoces.
Llegamos al hotel y tan amable como en la estación me ayuda a subir las cosas a la habitación. Menos mal que me echa una mano; sola no habría sido capaz de subirlo todo de vez.
-¿Te importa si voy un momento al lavabo? Necesito arreglarme un poco el maquillaje, que si se me corre el perfilador voy a acabar pareciendo un mapache.
-A mí me seguirías pareciendo preciosa aunque fueras un oso panda... y muy sexy, sobretodo con esa falda y esos zapatos. -Vaya, no esperaba que se hubiera fijado en mi ropa, pero el que lo haya hecho me ha encantado y hace que tenga aún más ganas de comérmelo a besos. -Pero ve tranquila al baño, yo aquí te espero, que no tengo nada mejor que hacer.
Como me temía el maquillaje se me ha estropeado un poco pero he llegado a tiempo; con un poco de agua y una nueva pasada de perfilador me veo de nuevo perfecta. Cuando salgo del lavabo él está sentado en el borde de la cama, mirándome de una forma que hace que sienta que me está desnudando con la mirada.
-¿Nos vamos ya que pueda hacer de tu guía turístico ya o quieres descansar un poco? Mira que aquí nos echamos unas siestas muy buenas... y hacemos unas recargas de pilas mejores. -Se acerca a mí, me agarra por la cintura y yo siento otro escalofrío recorrerme la espalda.. Si supiera que no me ibas a abofetear si te besara, te comería a besos ahora mismo.
Yo si fuera tú lo intentaría; en esta vida hay que arrepentirse de lo que no se hace... y a un hombre con esos ojazos no soy capaz de pegarle... -le digo mientras me acerco un poco más a esos labios que ya me muero por devorar. O me besa él o me aplico mi consejo y me lanzo yo. -No soy tan mala, en contra de lo que por lo que veo opinas de mí.
Suelta una mano de mi cintura y la desliza hacia mi culo atrayéndome hacia él y sus labios rozan los míos. Me encanta esa sensación, pero acaba de desatar a la diosa lujuria que hay en mi interior, despertando el fuego que tanto tiempo llevaba controlando pero que ya se ha desatado en mi interior. Él empieza a besarme y yo me dejo llevar, quiero saborear sus labios, quiero rozar cada milímetro de su cuerpo y que me haga enloquecer con el roce de sus grandes manos por mi cuerpo. Nuestras lenguas empiezan a luchar y mi sexo empieza a arder de deseo de que él lo posea. Noto como mientras me sigue besando intenta bajar la cremallera de mi falda y yo sólo soy capaz de querer desnudarle cuando con una destreza que nunca había disfrutado mueve su pie para que el mío se despegue del suelo y aprovecha para agarrar mi pierna a la altura de la rodilla en cuanto lo levanto un poco, baja el otro brazo hacia mi culo y con un roce que mi cerebro por sí sólo interpreta como una señal hace que de un salto mis piernas rodeen sus caderas. Cuando lo hago el aprovecha para acercarse a la cama y sentarse conmigo aferrada a él como una lapa a una roca. Sigo devorando sus labios y mi interior sigue pidiendo más, no se conforma con lo que tiene. Él me quita la camiseta y yo aprovecho que deja de besarme para casi arrancarle esa camisa azul preciosa que lleva. Al quitarme la camiseta sus fuertes manos rozan mis pechos y mis pezones responden a su suave caricia endureciéndose tanto como no recuerdo que lo hubieran hecho nunca. Con ansia me desabrocha el sujetador que hace volar por la habitación y su lengua empieza a juguetear con mis pezones mientras mi sexo cada segundo arde más y está más deseoso de recibirle. Le empujo ligeramente para que se tumbe en la cama y aprovecho para recorrer su pecho rozándole con un dedo mientras me deleito besándole en el cuello. Cuando intento desabocharle el cinturón no sé como lo consigue, pero se pone encima de mí y empieza a besarme el cuello, a bajar por la linea que divide mis pechos centrándose en mis pezones y sigue bajando dándome suaves mordisquitos en el estómago mientras sus habilidosas manos tiran de mi falda hasta hacer que me desprenda de ella y bajan mi tanga hasta dejarlo tirado en el suelo y se entretiene a jugar con el punto más sensible que pueda tener cualquier mujer con su lengua mientras con la introduce y saca de mi interior la yema de dos dedos haciendo que me derrita de placer tumbada en esa cama. Yo quiero levantarme para desnudarle y devolverle todo el placer que me está dando, sólo soy capaz de pensar en lamer esa parte de su cuerpo que estoy deseando sentir dentro de mí, pero cuando consigo llegar al botón de su pantalón vaquero para como si acabara de ver al diablo delante de él, me mira a los ojos y mirándome con una mezcla de deseo y dulzura me dice:
-No quiero que hagas eso ahora. Ahora quiero que disfrutes y que sepas cuánto te deseo y cuánto desearía ser el único que disfrutara de tu cuerpo.
-Pero...
No hay peros que valgan. Natalia, por favor...
Veo que diga lo que diga no va a servir absolutamente de nada, así que cierro los ojos y me dejo llevar. De nuevo me besa, pero esta vez con una dulzura que no habría sido incapaz de imaginar en él pero deja de besarme de nuevo, se levanta y con una mirada lujuriosa se acerca de nuevo a mí y sus manos vuelven a hacer que mi sexo se derrita deseando que por fin le pueda dar todo el placer que deseo. Con un suave tirón de los brazos me ayuda a sentarme en la cama y se tumba boca arriba.
-Cariño, ahora me toca hacer a mí... -le digo y me subo sobre él, agarrando su sexo duro y ardiente y lo introduzco en el mío. Mis caderas se vuelven locas y empiezan a moverse como si tuvieran vida propia con el único propósito de devolverle todo el placer que me ha dado, darle todo el que quiero y un poquito más. Mientras mis caderas se mueven las suyas ayudan a que mi sexo se derrita aún más subiendo y bajando acompasadamente a la vez que seguimos besándonos apasionadamente. Mi orgasmo llega y mi garganta suelta un grito que ya no era capaz de contener más tiempo a la vez que él hunde sus dedos en mis muslos en una ruda forma de darme a entender que también él ha llegado a su máximo punto de placer.
Agotada, me tumbo sobre él mientras el me abraza, haciéndome sentir amada, deseada y protegida, me mira y me susurra:
-Mi bella Natalia, por fin mi sueño se ha hecho realidad. No sé si volverá a pasar, no sé si querrás estar conmigo un minuto más o si querrás darme la oportunidad de dejarme intentar hacerte feliz; sólo espero haber conseguido que hayas disfrutado.
-Querido Josema, por lo pronto tengo 15 días para saborear aquí, y espero que no todos sean en esta habitación, pero que todos sean contigo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario