- No sabes lo que acabas de hacer, cariño... Y menos aún lo que voy a disfrutar cuando te devuelva la jugada. Y ahora sigue follando, tranquilo... Eso sí, hazme un favor: cuando salgas dale las llaves a Marta. No te preocupes, te estará esperando en el portal...
Con la mejor de mis sonrisas, fingiendo que la habitación estaba vacía me desnudé para cambiarme de ropa y ponerme mi conjunto preferido: una camiseta azul claro, un pantalón vaquero ajustado y las botas altas planas que me había comprado para que ese imbécil me viera guapa.
En cuanto me bajé del tren decidí que iba siendo hora de un buen cambio de imagen, así que entré en la primera peluquería que ví me corté el pelo, me dejé flequillo y me teñí el pelo de rojo: ésa iba a ser la nueva Natalia: peliroja, con el pelo a poco más de media melena y un flequillo que la ayudara a llevar a cabo miradas lascivas sin ser delatada. En cuanto salí de la peluquería me fui a casa, dejé la maleta encima de la cama sin abrir (ya tendría tiempo) y salí a planear mi dulce venganza aferrándome a los botellines que albergaran a las amargas cervezas que estaba decidida a tomarme, aunque mientras caminaba decidiría en qué lugar lo haría; por una parte me apetecía recorrer toda Córdoba y llegar a aquel bar al lado de la mezquita, pero ahí había estado con "mi" rubio, de cuyo recuerdo llevaba huyendo desde el momento en que nos separamos para seguir con nuestras vidas; había algo en mi interior que no quería que volviera a encontrarme con él, algo que deseaba volver a verle y algo que me planteaba la opción de ser capaz de tenerlo delante de nuevo y dejar que pasara lo que debiera. He estado a punto de llamarle tantas veces que ya he perdido la cuenta, pero por un motivo o por otro, siempre he acabado arrepintiéndome, esperando a que fuera él quien me buscase, pero parecía que ya se había olvidado de mí. ¿¡Qué coño!? No iba a pasarme la vida esperando a que él mostrase algo de interés. Estaba dándole vueltas al tema, sin prestar atención a lo que había medio metro más allá de mis pies cuando noté que algo chocaba contra mí.
- ¿¡No ves por dónde andas!? ¿Estás cie...? ¿Josema?
- Vaya, veo que al menos recuerdas mi nombre, bella Natalia...
- Suelo acordarme de los nombres de toda la gente a la que conozco.
- Pero por lo que veo, el uso de los teléfonos móviles, las redes sociales y esas cosas no forma parte de tu memoria.
- Mira, no estoy de humor, ¿vale? Además, tú también podrías haber llamado, ¿Para qué iba a hacerlo yo? ¿Para llevarme un chasco? No, gracias.
- Veo que sigues teniendo el mismo carácter... aunque ahora estás más guapa. Te queda muy bien ese color de pelo....Y esas botas... y... Oye, ¿y si nos tomamos una cerveza y nos ponemos al día?
- Bueno, no creo que me venga mal... ¿Dónde vamos?
Comenzamos a caminar y cuando quise darme cuenta estábamos en el mismo bar en que nos tomamos aquella primera cerveza de mis vacaciones, charlando como dos amigos que se conocen de toda la vida entre los que hay tal tensión sexual no resuelta que si pusieran un papel entre ellos muy probablemente saldría ardiendo. Él tenía clavados en mí sus ojazos azules y yo hacía lo propio, acompañando mi mirada con la más pícara de las sonrisas, sopesando la idea de que el fuera la pequeña pieza que me faltaba para ejecutar mi venganza; que él fuera consciente o no del papel que jugaría en ese momento era algo secundario, al fin y al cabo durante seis largos meses no se había dignado a saber nada de mí, con lo cual su interés no era demasiado alto, o al menos no lo suficiente como para mover ficha, y como a morro morro y medio, decidí que sería el ayudante perfecto.
- Y bueno, ¿Qué tal estás?
- Genial... ¿Y tú?
- Bueno, ahí voy... estoy hasta arriba de trabajo, mi ex mujer no me deja en paz... Te he echado de menos... -murmuró-.
- ¿Qué es lo último que has dicho?
- Que necesito unas vacaciones. Y hablando de vacaciones, antes tengo que arreglar unos asuntos en Madrid... Y creo recordar que tú eres de allí... ¿Qué te parece si cambiamos las tornas y esta vez eres tú la que me hace de guía a mí y me llevas a los sitios que necesite? Con mi coche, por supuesto.
- ¡Me encantaría! Es más, si quieres, tengo una habitación libre en casa. Si tengo que hacerte de guía turístico y casi que de chófer, nos beneficia a los dos, así ninguno pierde tiempo.
- Y ¿en qué cama me harás dormir?
- Hum... No sé... Si te portas bien, me pensaré si te dejo dormir en mi cama.
Sin saberlo me había puesto en bandeja de plata la oportunidad que estaba esperando. Iba a conseguir vengarme y volver a disfrutar de él, ¿Qué más podía pedir? La tarde continuó entre risas, copas y coqueteos hasta bien entrada la madrugada, con sus manos intentando volver a recorrer mi cuerpo y mis labios deseando saborear de nuevo los suyos; todo llegaría de nuevo, pero aquel no era el momento, no lo tenía todo controlado, que era lo que yo quería, lo que yo necesitaba. Me moría de ganas de que nuestros labios se reencontrasen y que nuestras manos recorrieran de nuevo el cuerpo del otro, me moría por hacer que se deleitase con el placer de mi lengua rozando su sexo antes de que volviera a estar dentro de mí, invadiéndome con esas oleadas de placer que hasta entonces sólo él había sido capaz de hacerme sentir, pero no podía, no debía dejarme llevar por el deseo, tenía que mantener la cabeza fría o todo mi plan se iría al traste. Él tenía que salir hacia Madrid a las 6 de la mañana y cuando quisimos darnos cuenta eran las 4:40 así que decidimos que lo mejor sería que yo durmiera en su casa, pero aprovechando que aún no había deshecho mi maleta pasamos primero por la mía para recogerla. De camino cada vez que cambiaba de marcha su brazo rozaba con picardía mi muslo, haciendo que un escalofrío recorriera mi espalda y mi sexo pidiera a gritos dejarme llevar, cosa que aunque me costó un mundo logré no hacer. No podía entregarle lo que él quería hasta el momento perfecto, el cual estaba mucho más cerca de lo que yo esperaba.
El camino a Madrid fue mucho más entretenido de lo que pensaba: Josema me contó un montón de cosas y yo le hice algunas confesiones, nos reímos y habríamos dado rienda suelta a la pasión en un momento de descanso si no hubiera sido por una llamada de mi mejor amiga, la más oportuna que había hecho desde que nos conocíamos.
- Nat, cari, qué te iba yo a decir... que tu querido no me quiso dar las llaves de tu casa, dice que sólo te las va a dar a tí, blablabla... que antes quiere aclarar las cosas contigo, blablabla... que si no se fía de dármelas a mí, blablabla... Por cierto, ¿qué le has hecho? Cuando bajó con la rubia que me dijiste esta blanco como la leche...
- Esto... Marta, amor, espera un momentito que voy conduciendo y éstas cosas no son para hablarlas así. -aparqué y mientras bajábamos el coche desactivé el altavoz- Mira, no te preocupes que éste me devuelve las llaves de mi casa como que me llamo Natalia. Y no le dije nada del otro mundo, sólo le dije que se iba a enterar de quien soy yo, y ¡vaya si lo va a saber!
- ¿Qué planeas? Cuando pones ese tono de voz me das miedo.
- Nada fácil... -justo cuando iba a explicarle mi plan Josema estaba detrás de mí, sujetándome por la cintura y empezando a recorrer mi cuello, comiéndoselo a besos- Ya te contaré. En un par de horas te espero en casa.
- ¿Cómo que en casa? ¿En Madrid?
- Sííííí. Voy a echarle una mano a un conocido.
- ¿Sólo soy un conocido? Qué desilusión...
- Josema, calla por favor, ¡que no quiero que mi amiga se entere! Eh, bueno, Martita, te dejo que voy a estirar un poco las piernas y vuelvo a subirme al coche, en cuanto llegue a casa te doy un toque.
- Vale, cari... ¡y no te comas mucho al cordobés! Jajaja...
- En cuanto llegue, créeme que lo que más voy a hacer es comérmelo...
Aunque yo no quería hacerlo, tuve que acabar contándole a Josema todo lo que había pasado, el plan que ya había trazado al milímetro y el papel que jugaba en él; aunque al principio puso el grito en el cielo, conforme iba explicándole la venganza que tenía preparada parecía que la idea le atraía más. En cuanto llegamos a mi casa lo primero que hice fue llamar a Marta para confirmar lo que ya sabía, que iba a tener toda su cooperación: yo quedaría con el imbécil con la excusa de dejarle darme la explicación que tanto sentía no haberme dado, pero ella estaría en la esquina preparada para darme la señal y saber cuando empezar la función, matando tres pájaros de un tiro: yo volvería a disfrutar con mi rubio, me vengaría de mi ex y él sentiría la misma humillación que yo. A cambio de su colaboración Josema sólo quería grabar otro momento íntimo cuya destinataria sería su ex mujer: así le demostraría que no sólo era capaz de sobrevivir sin ella sino que además el sexo que tenía había mejorado notablemente: para que pareciera que le habían tendido una trampa Marta entraría un momento antes en la habitación para colocar una falsa cámara oculta, encargada de filmar tan delicioso momento.
3 días después llegó el momento de poner en práctica todo lo que habíamos planeado: todo estaba preparado para llevar a cabo las dos venganzas, que decidimos que irían unidas. Al fin y al cabo, ¿Qué mejor forma de hacer pasar por casual un encuentro preparado minuciosamente? Que la supuesta pillada formase parte del vídeo. Pero aunque pasamos el día preparándolo todo, no salió exactamente como esperábamos: en cuanto acabamos de comer, traicionada por una mezcla de ansia y nervios, cometí un grave error: bajé la guardia y me dejé llevar. Me lancé a besar a Josema con toda la pasión que llevaba escondida desde que volví a verle y mis manos dejaron de hacerme caso, arrancándole la ropa casi con desesperación mientras sus labios empezaban a devorar los míos, peleándose con mi ropa. En un instante ya estábamos en la cama, medio desnudos, deseando volver a hacer que el otro se derritiera de placer, cuando frenó en seco y fulminándome con la mirada lanzó la bomba de relojería, lo único que esperaba que no pasara.
- No puedo, Natalia, no puedo hacer esto. Si quieres hacer que ese cabrón lo pase tan mal como te lo hizo pasar a tí me parece genial, no te voy a dejar colgada, pero quiero pensar que aunque sea en el fondo de verdad... te gusto. Si no te importa, prefiero que al menos la parte de enviar la grabación la olvidemos, sólo quiero centrarme en volver a estar contigo, saborearte otra vez... y no voy a poder pensando que lo que hagamos ses porque tenemos que hacerlo.
- Si lo tienes claro, está bien, quito la cámara y solucionado. En cuanto a gustos... Josema, verás... me gustas muchísimo, habría estado dispuesta a intentar algo contigo pero de pronto desapareciste. Han pasado 6 meses y aún sabiendo que seguía ahí no has hecho nada por volver a vernos, no... No me has llamado, ni me has buscado, ni me has...
- ¿Estás segura? ¿Quién crees que te mandaba una rosa al trabajo cada mañana? ¿Por qué crees que el mismo día que te llamaron para decirte que te habían despedido tenías trabajo en Córdoba? Mi bella Natalia, quería ser tu príncipe azul...
- Los príncipes azules no existen, pero debo reconocer que eres lo que más se le parece... Y hablando de parecer, como sigamos así se nos va a joder todo lo que hemos planificado.
- ¿Y si te dejas llevar de una santa vez y que sea lo que tiene que ser? -En cuanto acabó de decir eso sus brazos se aferraron a su cintura acercándome bruscamente a él, quedándose nuestros labios a escasos centímetros-. Por favor, aunque sólo sea esta vez. Si en cuanto el tío se vaya quieres fingir que no me conoces de nada, de acuerdo, pero si vas a hacer eso, al menos déjame despedirme de tu cuerpo.
- Espera un momento -cogí el teléfono dispuesta a hacerle caso, aunque sólo fuera por esa vez, decidida a dejar de contenerme. - Marta, cambio de planes: llámale y dile que has estado hablando conmigo y que quiero arreglarlo con él, o lo que sea, y haz lo imposible por convencerle de que venga a casa a prepararme alguna sorpresa, que aproveche y abra con la llave que aún tiene, que te he dicho que vengo a hacer unas cosas y que llegaré en un par de horas. Apago el móvil, voy a estar ocupada un rato, luego nos vemos y comentamos la jugada. -Apagué el teléfono, lo lancé al sofá y le miré con ansia. -¿Contento? Y ahora, vamos a querernos un ratito.
Nos lanzamos a deshacernos de nuestra ropa camino de mi cama, mientras nos íbamos deshaciendo en besos y caricias. Mientras mis labios se afanaban en devorar su cuello mis manos, rápidas como un rayo fueron directas a desabrochar su pantalón y en cuanto éste cayó al suelo intenté zafarme de sus brazos lo suficiente como para quedar a la altura de su miembro, deseando empezar a darle el placer que llevaba tanto tiempo negándole. Con rapidez saqué su miembro de su ropa interior y comencé a lamerlo, haciendo que cada segundo se pusiera más duro y erecto, desde la punta hasta la base y en sentido contrario, varias veces, hasta que empezó a suspirar con ansia de más, con las piernas empezando a temblarle al mismo tiempo que sus dedos se enredaban en mi pelo, dándome ligeros tirones que hacían que mis ganas de seguir aumentasen y si interior deseara sentirle de nuevo; no me dio tiempo a pensarlo siquiera porque de repente sus manos habían bajado por mi espalda, deslizándose hacia mi pecho, jugueteando con mis pezones, duros como piedras. Como forma de devolverle el placer mi boca albergó todo su miembro, lamiéndolo con la presión justa para que no le clavara los dientes pero le diera el mayor placer posible, introduciendo todo su miembro y dando pequeños mordiscos en la base, suaves pero firmes, consiguiendo que los gemidos comenzasen a salir de su garganta y aumentando mi deseo. Cuando no pudo aguantar más placer dio un paso hacia atrás, me levantó y señaló la cama, que ahí estaba, esperando para llevar a cabo su mejor función, dirigiéndonos hacia ella despacio, sin prisa, con sus manos deslizándose por mi abdomen hasta llegar a mi ardiente sexo y jugueteando con él, buscando que sus gemidos no fueran los últimos que se escucharan. Con una destreza que no había tenido nadie hasta ese momento me sujetó con un brazo por la cintura, mientras con el otro se apoyaba en el confortable colchón, tumbándome con la mayor de las dulzuras, sin separarse de mí un solo instante; en cuanto notó que mi espalda descansaba completamente abrió mis piernas con su lengua recorriendo mis muslos y volviendo a mi sexo, una y otra vez, matándome de placer hasta que por fin introdujo su sexo, haciendo que una enorme oleada de placer me invadiera de nuevo. Empezó sus embestidas entrando y saliendo despacio, pero en seguida aceleró sus movimientos, provocando que mi placer aumentase por segundos hasta que sus piernas se aflojaron por la fuerza del tirón que mis piernas, enredadas a la altura de sus rodillas dieron obligándole a dejar de estar de pie y tenerme en el filo de la cama para tumbarse dentro conmigo, sacando su sexo el tiempo justo para ponerme sobre él como si fuera a cabalgarle, permitiéndome marcar el ritmo, moviendo mis caderas adelante y atrás, saboreando un placer que hacía tiempo que no tenía y que sólo él había sido capaz de darme. Mis gemidos salieron sin descanso de mi garganta al tiempo que sus caderas y las mías se movían acompasadas, con un único fin: el de llegar al mayor de todos los placeres.
Justo en el momento en que estaba a punto de llegar al orgasmo escuché el ruido de una llave entrando en una cerradura, abriéndose y permitiéndonos escuchar a la persona que estábamos esperando.
- Ya está aqui, ¿no? Pues se va a enterar de lo que ha dejado pasar...
Josema me hizo levantarme y ponerme tan como estaba él hace un instante, boca arriba y él empezó de nuevo sus embestidas, esta vez como nunca lo había hecho hasta ahora, llegando al borde del dolor, algo extraño porque aunque sentía un ligero dolor el placer era mucho mayor, haciendo que mis gemidos pasasen a ser sonoros gritos que desembocaron en el más delicioso de todos los orgasmos que había tenido justo en el momento en que el incauto abrió la puerta.
- ¿Pero qué estás haciendo? Eres una maldita zorra. Con que me habías perdonado, ¿no?
- Josema, mi amor, ¿me disculpas un momentito? -Josema se apartó, dejando la distancia justa para que pudiese levantarme. Con una tranquilidad pasmosa cogí la camisa que había dejado tirada en el suelo, me abroché dos botones y me acerqué a él con la mejor de mis sonrisas. -Te dije que te iba a devolver la jugada, y eso estoy haciendo. Jode, ¿verdad? Pues ya sabes lo que sentí yo cuando te ví con esa tía aquí, que te recuerdo, es mi cama, no la tuya. Así que ya estamos en paz, guapo. Ya has tenido lo que te mereces, y ya estás saliendo por la puerta. ¡Ah! Y no te molestes, en cuanto te largues voy a ir a comprar una cerradura nueva, así que puedes quedarte la llave. Venga... ¡largo!
No pasaron más de tres minutos desde que abrió la puerta y la cerró saliendo de mi casa para no volver a entrar. Nada más salir nos vestimos y con Josema agarrado a mí llegué hasta el sofá donde había tirado el teléfono, lo encendí y casi sin darme tiempo a desbloquearlo empezó a sonar: era Marta llamando.
-¿Qué ha pasado? Estoy en la esquina y acabo de verle pasar hecho una fiera. ¿Os ha pillado?
- ¿Que si nos ha pillado? Sube y te cuento...
El camino a Madrid fue mucho más entretenido de lo que pensaba: Josema me contó un montón de cosas y yo le hice algunas confesiones, nos reímos y habríamos dado rienda suelta a la pasión en un momento de descanso si no hubiera sido por una llamada de mi mejor amiga, la más oportuna que había hecho desde que nos conocíamos.
- Nat, cari, qué te iba yo a decir... que tu querido no me quiso dar las llaves de tu casa, dice que sólo te las va a dar a tí, blablabla... que antes quiere aclarar las cosas contigo, blablabla... que si no se fía de dármelas a mí, blablabla... Por cierto, ¿qué le has hecho? Cuando bajó con la rubia que me dijiste esta blanco como la leche...
- Esto... Marta, amor, espera un momentito que voy conduciendo y éstas cosas no son para hablarlas así. -aparqué y mientras bajábamos el coche desactivé el altavoz- Mira, no te preocupes que éste me devuelve las llaves de mi casa como que me llamo Natalia. Y no le dije nada del otro mundo, sólo le dije que se iba a enterar de quien soy yo, y ¡vaya si lo va a saber!
- ¿Qué planeas? Cuando pones ese tono de voz me das miedo.
- Nada fácil... -justo cuando iba a explicarle mi plan Josema estaba detrás de mí, sujetándome por la cintura y empezando a recorrer mi cuello, comiéndoselo a besos- Ya te contaré. En un par de horas te espero en casa.
- ¿Cómo que en casa? ¿En Madrid?
- Sííííí. Voy a echarle una mano a un conocido.
- ¿Sólo soy un conocido? Qué desilusión...
- Josema, calla por favor, ¡que no quiero que mi amiga se entere! Eh, bueno, Martita, te dejo que voy a estirar un poco las piernas y vuelvo a subirme al coche, en cuanto llegue a casa te doy un toque.
- Vale, cari... ¡y no te comas mucho al cordobés! Jajaja...
- En cuanto llegue, créeme que lo que más voy a hacer es comérmelo...
Aunque yo no quería hacerlo, tuve que acabar contándole a Josema todo lo que había pasado, el plan que ya había trazado al milímetro y el papel que jugaba en él; aunque al principio puso el grito en el cielo, conforme iba explicándole la venganza que tenía preparada parecía que la idea le atraía más. En cuanto llegamos a mi casa lo primero que hice fue llamar a Marta para confirmar lo que ya sabía, que iba a tener toda su cooperación: yo quedaría con el imbécil con la excusa de dejarle darme la explicación que tanto sentía no haberme dado, pero ella estaría en la esquina preparada para darme la señal y saber cuando empezar la función, matando tres pájaros de un tiro: yo volvería a disfrutar con mi rubio, me vengaría de mi ex y él sentiría la misma humillación que yo. A cambio de su colaboración Josema sólo quería grabar otro momento íntimo cuya destinataria sería su ex mujer: así le demostraría que no sólo era capaz de sobrevivir sin ella sino que además el sexo que tenía había mejorado notablemente: para que pareciera que le habían tendido una trampa Marta entraría un momento antes en la habitación para colocar una falsa cámara oculta, encargada de filmar tan delicioso momento.
3 días después llegó el momento de poner en práctica todo lo que habíamos planeado: todo estaba preparado para llevar a cabo las dos venganzas, que decidimos que irían unidas. Al fin y al cabo, ¿Qué mejor forma de hacer pasar por casual un encuentro preparado minuciosamente? Que la supuesta pillada formase parte del vídeo. Pero aunque pasamos el día preparándolo todo, no salió exactamente como esperábamos: en cuanto acabamos de comer, traicionada por una mezcla de ansia y nervios, cometí un grave error: bajé la guardia y me dejé llevar. Me lancé a besar a Josema con toda la pasión que llevaba escondida desde que volví a verle y mis manos dejaron de hacerme caso, arrancándole la ropa casi con desesperación mientras sus labios empezaban a devorar los míos, peleándose con mi ropa. En un instante ya estábamos en la cama, medio desnudos, deseando volver a hacer que el otro se derritiera de placer, cuando frenó en seco y fulminándome con la mirada lanzó la bomba de relojería, lo único que esperaba que no pasara.
- No puedo, Natalia, no puedo hacer esto. Si quieres hacer que ese cabrón lo pase tan mal como te lo hizo pasar a tí me parece genial, no te voy a dejar colgada, pero quiero pensar que aunque sea en el fondo de verdad... te gusto. Si no te importa, prefiero que al menos la parte de enviar la grabación la olvidemos, sólo quiero centrarme en volver a estar contigo, saborearte otra vez... y no voy a poder pensando que lo que hagamos ses porque tenemos que hacerlo.
- Si lo tienes claro, está bien, quito la cámara y solucionado. En cuanto a gustos... Josema, verás... me gustas muchísimo, habría estado dispuesta a intentar algo contigo pero de pronto desapareciste. Han pasado 6 meses y aún sabiendo que seguía ahí no has hecho nada por volver a vernos, no... No me has llamado, ni me has buscado, ni me has...
- ¿Estás segura? ¿Quién crees que te mandaba una rosa al trabajo cada mañana? ¿Por qué crees que el mismo día que te llamaron para decirte que te habían despedido tenías trabajo en Córdoba? Mi bella Natalia, quería ser tu príncipe azul...
- Los príncipes azules no existen, pero debo reconocer que eres lo que más se le parece... Y hablando de parecer, como sigamos así se nos va a joder todo lo que hemos planificado.
- ¿Y si te dejas llevar de una santa vez y que sea lo que tiene que ser? -En cuanto acabó de decir eso sus brazos se aferraron a su cintura acercándome bruscamente a él, quedándose nuestros labios a escasos centímetros-. Por favor, aunque sólo sea esta vez. Si en cuanto el tío se vaya quieres fingir que no me conoces de nada, de acuerdo, pero si vas a hacer eso, al menos déjame despedirme de tu cuerpo.
- Espera un momento -cogí el teléfono dispuesta a hacerle caso, aunque sólo fuera por esa vez, decidida a dejar de contenerme. - Marta, cambio de planes: llámale y dile que has estado hablando conmigo y que quiero arreglarlo con él, o lo que sea, y haz lo imposible por convencerle de que venga a casa a prepararme alguna sorpresa, que aproveche y abra con la llave que aún tiene, que te he dicho que vengo a hacer unas cosas y que llegaré en un par de horas. Apago el móvil, voy a estar ocupada un rato, luego nos vemos y comentamos la jugada. -Apagué el teléfono, lo lancé al sofá y le miré con ansia. -¿Contento? Y ahora, vamos a querernos un ratito.
Nos lanzamos a deshacernos de nuestra ropa camino de mi cama, mientras nos íbamos deshaciendo en besos y caricias. Mientras mis labios se afanaban en devorar su cuello mis manos, rápidas como un rayo fueron directas a desabrochar su pantalón y en cuanto éste cayó al suelo intenté zafarme de sus brazos lo suficiente como para quedar a la altura de su miembro, deseando empezar a darle el placer que llevaba tanto tiempo negándole. Con rapidez saqué su miembro de su ropa interior y comencé a lamerlo, haciendo que cada segundo se pusiera más duro y erecto, desde la punta hasta la base y en sentido contrario, varias veces, hasta que empezó a suspirar con ansia de más, con las piernas empezando a temblarle al mismo tiempo que sus dedos se enredaban en mi pelo, dándome ligeros tirones que hacían que mis ganas de seguir aumentasen y si interior deseara sentirle de nuevo; no me dio tiempo a pensarlo siquiera porque de repente sus manos habían bajado por mi espalda, deslizándose hacia mi pecho, jugueteando con mis pezones, duros como piedras. Como forma de devolverle el placer mi boca albergó todo su miembro, lamiéndolo con la presión justa para que no le clavara los dientes pero le diera el mayor placer posible, introduciendo todo su miembro y dando pequeños mordiscos en la base, suaves pero firmes, consiguiendo que los gemidos comenzasen a salir de su garganta y aumentando mi deseo. Cuando no pudo aguantar más placer dio un paso hacia atrás, me levantó y señaló la cama, que ahí estaba, esperando para llevar a cabo su mejor función, dirigiéndonos hacia ella despacio, sin prisa, con sus manos deslizándose por mi abdomen hasta llegar a mi ardiente sexo y jugueteando con él, buscando que sus gemidos no fueran los últimos que se escucharan. Con una destreza que no había tenido nadie hasta ese momento me sujetó con un brazo por la cintura, mientras con el otro se apoyaba en el confortable colchón, tumbándome con la mayor de las dulzuras, sin separarse de mí un solo instante; en cuanto notó que mi espalda descansaba completamente abrió mis piernas con su lengua recorriendo mis muslos y volviendo a mi sexo, una y otra vez, matándome de placer hasta que por fin introdujo su sexo, haciendo que una enorme oleada de placer me invadiera de nuevo. Empezó sus embestidas entrando y saliendo despacio, pero en seguida aceleró sus movimientos, provocando que mi placer aumentase por segundos hasta que sus piernas se aflojaron por la fuerza del tirón que mis piernas, enredadas a la altura de sus rodillas dieron obligándole a dejar de estar de pie y tenerme en el filo de la cama para tumbarse dentro conmigo, sacando su sexo el tiempo justo para ponerme sobre él como si fuera a cabalgarle, permitiéndome marcar el ritmo, moviendo mis caderas adelante y atrás, saboreando un placer que hacía tiempo que no tenía y que sólo él había sido capaz de darme. Mis gemidos salieron sin descanso de mi garganta al tiempo que sus caderas y las mías se movían acompasadas, con un único fin: el de llegar al mayor de todos los placeres.
Justo en el momento en que estaba a punto de llegar al orgasmo escuché el ruido de una llave entrando en una cerradura, abriéndose y permitiéndonos escuchar a la persona que estábamos esperando.
- Ya está aqui, ¿no? Pues se va a enterar de lo que ha dejado pasar...
Josema me hizo levantarme y ponerme tan como estaba él hace un instante, boca arriba y él empezó de nuevo sus embestidas, esta vez como nunca lo había hecho hasta ahora, llegando al borde del dolor, algo extraño porque aunque sentía un ligero dolor el placer era mucho mayor, haciendo que mis gemidos pasasen a ser sonoros gritos que desembocaron en el más delicioso de todos los orgasmos que había tenido justo en el momento en que el incauto abrió la puerta.
- ¿Pero qué estás haciendo? Eres una maldita zorra. Con que me habías perdonado, ¿no?
- Josema, mi amor, ¿me disculpas un momentito? -Josema se apartó, dejando la distancia justa para que pudiese levantarme. Con una tranquilidad pasmosa cogí la camisa que había dejado tirada en el suelo, me abroché dos botones y me acerqué a él con la mejor de mis sonrisas. -Te dije que te iba a devolver la jugada, y eso estoy haciendo. Jode, ¿verdad? Pues ya sabes lo que sentí yo cuando te ví con esa tía aquí, que te recuerdo, es mi cama, no la tuya. Así que ya estamos en paz, guapo. Ya has tenido lo que te mereces, y ya estás saliendo por la puerta. ¡Ah! Y no te molestes, en cuanto te largues voy a ir a comprar una cerradura nueva, así que puedes quedarte la llave. Venga... ¡largo!
No pasaron más de tres minutos desde que abrió la puerta y la cerró saliendo de mi casa para no volver a entrar. Nada más salir nos vestimos y con Josema agarrado a mí llegué hasta el sofá donde había tirado el teléfono, lo encendí y casi sin darme tiempo a desbloquearlo empezó a sonar: era Marta llamando.
-¿Qué ha pasado? Estoy en la esquina y acabo de verle pasar hecho una fiera. ¿Os ha pillado?
- ¿Que si nos ha pillado? Sube y te cuento...
No hay comentarios:
Publicar un comentario