sábado, 29 de marzo de 2014

Interesante entrevista (dedicado al periodista de investigación Antonio Salas)

"Me llamo Lara, soy periodista y mañana voy a tener el privilegio de conocer al causante de querer que este fuera mi trabajo: el gran Antonio Salas, periodista de investigación y escritor"...
-Larita, como llegue a sus oídos de esa forma va a pensar que estás enamorada de él... -me dice mi amiga mientras nos tomamos una cerveza en una terraza cuando lee que estoy posteando en mi blog mi trabajo.
-¿Qué dices, Lourdes? Anda, calla que vaya ánimos me das, chica...
-Como si fuera mentira lo que digo... A ver, ¿qué ropa te vas a poner mañana para hacerle la entrevista al tío ese?
-Antonio, se llama Antonio, no "el tío ese", tenle un respeto.
-Bueno, Antonio, pero contesta: ¿qué te vas a poner? Porque no creo que vayas en sudadera y vaqueros.
-Por supuesto que no, tengo que dar una imagen de profesional: la americana azul marino de raya diplomática, la blusa blanca con volantitos en el escote, un pantalón negro y los botines de tacón.
-¿Y debajo?
-¡¡Lourdes!!
-¿¿Qué?? Anda, dímelo...
-Pues... La verdad... Es que había pensado en el sujetador blanco de encaje y el tanga negro que me compré la semana pasada.
-¡Puta! Y luego dice que no quiere ligar...
-Y no quiero: quiero-dar-buena-impresión. ¿Dónde está el problema?
-Bueno, chica, que no hay más ciego que el que no quiere ver. Ya me contarás mañana que tal te va la entrevista. Yo quiero escucharla, eh... Y a ver si me consigues un autógrafo...

Hoy es el gran día, voy a hacerle la entrevista a mi referente, pero hasta las 5 de la tarde no he quedado con él así que tengo tiempo de arreglarme. Me meto en la ducha y el agua caliente recorriendo mi cuerpo hace que mi mente perversa empiece a imaginar unas manos fuertes y grandes rozando cada rincón de mi piel y mis pezones comienzan a hincharse y ponerse duros y mi sexo se va calentando por momentos; no puedo evitar pensar que el hombre que está rozando mi cuerpo juguetea con la parte más privada de mi cuerpo mientras mis manos devuelven en su miembro el deseo que me está provocando. Estoy a punto de aliviar ese deseo cuando el sonido del móvil me saca de mi ensoñación; a toda prisa acabo de ducharme y me lanzo a ver qué me revela la pantalla: 4 llamadas perdidas de Lourdes (qué oportuna eres, guapa), 15 interacciones nuevas en twitter y 1 mensaje de WhatsApp de "numero desconocido": "ah, ¿pero es que se puede ocultar el número?" no me da tiempo a acabar de pensarlo, la curiosidad me pica demasiado.
-¿Lara? -y sabe cómo me llamo, o al menos eso parece; a ver quién demonios es.
-¿Quién quiere saberlo? Si eres Alberto os podéis ir a la mierda tú y quien te haya dado mi número.
-Vaya, tiene carácter la chica... Me vas a perdonar, pero estoy fuera de Madrid y mi vuelo se retrasa una hora, ¿te supone algún problema?
-¡Ah, vale, ya sé quién eres! Perdona, Antonio, y no hay problema, tranquilo. Entonces, ¿cómo te viene bien encontrarnos?
-En Méndez Álvaro hay una pequeña terraza que da casi enfrente de la estación, te veo allí.
-Vale, pues así lo hacemos: yo a las 5 estaré allí y espero que llegues.
-Perfecto. Entonces hasta luego, Lara.
-¡¡Chao!!

Se me ha hecho un poco tarde poniendo a punto la grabadora pero por suerte mi tardanza no excede del "retraso elegante femenino" y por suerte parece que Antonio no ha llegado aún así que haciendo caso a su petición pido una naranjada para relajar los nervios que empiezan a apropiarse de mi estómago y me siento en la mesa más cercana al bordillo dispuesta a preparar la inminente aparición de mi misterioso interlocutor. Cuando casi me he acabado el refresco un BMW azul marino se para justo enfrente de mí y la ventanilla del conductor se baja permitiendome ver al ocupante del asiento del piloto: un hombre con gafas de sol de aviador, pelo corto negro, afeitado, con americana negra y una camisa blanca que deja entrever un poco de pecho. Uff, me encantaría pasar un buen rato haciendo travesuras con él...
-¿Lara? ¿Nos vamos? -quiero decirle que sí pero mi garganta se cierra y mis cuerdas vocales se niegan a hacer su trabajo, así que opto por la solución más sensata: coger el bolso y dirigirme al coche. -Si no te importa dejamos las presentaciones para cuando aparque -me dice este Adonis con una voz que enseguida me deja cautivada, una voz fuerte pero dulce a la vez.
-Sin problema -es lo único que consigo vocalizar.
El misterioso moreno conduce lo que a mí me parece una eternidad, aunque siendo objetiva no creo que condujera más de un cuarto de hora, hasta que entramos en un parking subterráneo con varias salidas peatonales, entre ellas a la céntrica calle Princesa. Saco del bolso una libretita para apuntar a dónde nos dirigimos cuando el trajeado me mira de reojo, suelta una sonora carcajada.
-No quieras intentar ubicarte, este parking es público y donde vamos no hay registro de quien entra. -no sé si siento más excitación por la situación o más temor a que pueda pasarme algo malo. -Y relájate un poco, ¡que no te van a secuestrar!
Abre el maletero del coche y saca una pequeña maleta y con un gesto con la mano mis piernas siguen sus pasos como los ratones al flautista de Hamelín; entramos en un ascensor con apariencia de espejo que aprovecho para comprobar que mi pelo esta donde debe y que mi ropa esté en condiciones cuando de repente esa voz vuelve a hipnotizarme:
-Perdona, soy un maleducado: soy Antonio Salas, Toni para los amigos, la gente con la que trato en las infiltraciones... y para las chicas guapas.
-Encantada, Lara Sánchez. -Me da dos besos y tengo la tentación de darle el segundo en esos labios que ahora mismo me encantaría saborear pero me contengo, no soy una suelta. Tras lo que a mí se me hace un suplicio, por fin las puertas del ascensor se abren y ante mis ojos hay un largo pasillo con múltiples puertas a cada lado del pasillo: si no fuera porque ninguna tiene número diría que es un hotel, lo que provoca que me sienta un poco más como si me hubiera metido en la boca de un enorme lobo. Antonio abre la quinta puerta a la izquierda según salimos del pequeño habitáculo; entramos a lo que parece un pequeño apartamento y con un gesto con la mano me invita a sentarme, sube la maleta a la cama, la abre y saca una toalla.
-El vuelo me ha dejado hecho polvo, ¿te importa si...?
-No, no, ¡tranquilo! Puedo esperar... Y si por mi fuera me metía contigo en la ducha.
-¿Decías?
-No, nada, que aquí espero.
Sólo de pensar lo que había estado a punto de hacer esta mañana en el sitio en el que va a pasar él los próximos minutos mi sexo empieza a calentarse, a modo de castigo por no darle lo que quería, pero quiero concentrarme en el trabajo, que es por lo que estoy ahora mismo con este Adonis de cuerpo perfecto... al menos lo poco que he visto, así que voy poniendo encima de la mesa mi bolígrafo preferido y la libretita en la que tengo apuntadas las preguntas que no quiero que se me olviden, aunque espero poder hacerle unas cuantas más cuando suena mi teléfono: por el tono sé que es mi querida Lourdes, tan inoportuna como siempre.
-Ya se puede estar muriendo alguien.
-¿Estás ya con él? ¿Está bueno? ¿Te ha tirado fichas? ¿Has tenido sexo ya con él?
-Sí, mucho, no, ¡puta! Sabes que a mí sólo me gusta montármelo contigo, cariño, ¡miauuu!
-Pero, ¿qué dices, loca? Bueno, ya en serio,¿cómo va la entrevista?
-Aún no va, ahora mismo está en la ducha, aunque si por mi fuera me habría metido con él.
-¿En la ducha? ¿Y qué coño hace en la ducha, no le enseñaron de pequeño a salir limpito de casa? Y tú, pequeña guarrilla... Si te conoceré yo ya... Y cuéntame cómo es, quiero saberlo ¡todo!
-Es alto, pelo corto moreno, voz que hipnotiza y unos ojos negros en los que me... Bueno, cuando llegue a casa te aviso y quedamos en la puerta para ir a tomarnos una copa, ¿vale?
-Te está mirando... Mejor cuelgo, ¡eh!
-Sííí.
Antonio acaba de salir de la ducha y en un descuido, ha debido coger ropa limpia y vestirse en el baño, con las ganas que tenía de ver la mayor parte posible de su cuerpo desnudo y por culpa de mi querida amiga me lo he perdido... Lourdes, ésta me la pagas. Cuando vuelvo a mirarle está cerrando la maleta, y aún vestido, puedo observarle bien: lleva unos vaqueros azules ajustados que le hacen un culito que tengo que contenerme mucho para no tocar, deportivas negras y una camiseta negra que se pega a su torso como un guante y que marca sus abdominales y resalta sus musculosos brazos. Mmmm, este hombre cada segundo me gusta más...
-Bueno, pues ya estoy a tu entera disposición, chica guapa a la que le gusta Saratoga.
-Me vas a sacar los colores. -Ruborizada le invito a sentarse enfrente de mí pero a él le parece mejor idea hacerlo a mi lado, cosa que me encanta, así puedo oler su colonia, tan hipnotizante como mi entrevistado. ¿Empezamos? -Vamos allá. Y por cierto, no es exactamente Saratoga, es Leo Jiménez en solitario.
Saco del bolso la grabadora y como en las antiguas series policíacas americanas la pongo encima de la mesa y con mirada seria le pregunto:
-¿Te importa?
-Mientras no utilices el archivo de audio de forma pública, no.
-Está bien, entonces empezamos -le miro de reojo y enciendo la grabadora. -Buenas tardes, Antonio y muchas gracias por tu amabilidad al concederme esta entrevista.
-Toni, por favor, y no hay nada que agradecer; en todo caso gracias a tí por interesarte por mi trabajo.
-Bien, Toni, ¿qué es lo que te resulta más difícil de llevar cuando estás infiltrado?
-Creo que lo que más me cuesta es levantarme cada mañana sin saber si me acostaré o me dejarán tirado en cualquier cuneta.
-Duro, sin duda. ¿Y lo más gratificante de tu trabajo?
-Pues, en general, el que mucha gente sepa lo que pasa en el mundo, que mujeres que están en el abismo de la prostitución consigan salir de ese mundo, que jóvenes "skins" se den cuenta de que no es el mejor camino que tomar en la vida, y ahora mismo, poder tener cerca a morenas de ojos azules a las que me encantaría enseñar la parte más "personal" de Antonio Salas -dice con voz picarona mientras apoya una mano en mi muslo y empieza a subirla peligrosamente haciendo que un escalofrío recorra toda mi espalda y mi interior vuelva a arder. -Y si además la chica guapa con su indumentaria me alegra la vista... pues mejor que mejor. Y ¿cuál es la parte más difícil del trabajo de mi bella entrevistadora?
-Aquí las preguntas, de momento, las hago yo, Adonis... -le contesto con la más picara de las intenciones.- Pero esta parte de mi trabajo me atrae bastante, y más si tenemos en cuenta que estas situaciones nunca suelen ser desagradables... -le susurro mientras me acerco a él con intención de saborear esos labios que me están llamando a gritos. Estoy a punto de rozarlos cuando vuelve a sonar el "tu destino" de Leo Jiménez. -¡Mierda, Lourdes! ¿¡Qué pasa ahora!?
-Vaya, parece que te he cogido en un momento agradable, eh, putilla... Estábais ya bailando samba en horizontal?
-No, en el principio del comienzo, pero como eres tan oportuna... -bajo la voz intentando que sólo mi amiga me escuche; no sé si Antonio se está enterando de la conversación, pero al mirarle de reojo y sonrojada como una niña suelta una enorme carcajada. -Lourdes, ésta me la pagas, te juro por lo que más quieras que me la pagas. -Bueno, ¿qué quieres?
-Nada, que Alberto me ha pedido tu teléfono y... bueno... digamos que... en cualquier momento tu móvil te dará señales de vida suyas.
-Alberto... Alberto... ¿Alberto, el de la discoteca del viernes, al que YO NO QUISE darle MI número?
-Síííííí.
-En cuanto acabe la entrevista te juro que te mato... Te mato, te mato, ¡¡TE MATO!!
-Vale, pero antes de matarme cómete al bombón que tienes cerca, anda.
-Si dejas de llamar quizá pueda hacerlo.
-¡Bueno, bueno, ya te dejo! ¡Suerte, puta! ¡Te quiero!
-Yo también te quiero, zorra... ¡hasta luego! Perdona, Toni, tengo una amiga un poco... inoportuna, digá... No me da tiempo a decir más; se lanza a mis labios y mi cerebro desconecta: empieza a llegar lo que tanto había deseado y quiero centrarme en este momento, en saborear sus labios, que sus manos recorran mi cuerpo, quitar la ropa que cubre el suyo y entregarnos al placer. Aunque no quiero dejar de besarle mi cabeza intenta despegarse. -Dame un momento que apago el móvil. -A tientas porque no quiero soltar a mi Adonis consigo encontrar el teléfono, pulsar el botón de apagado y olvidarme del mundo; nunca había sentido tanta pasión ni me había excitado tanto un beso, y no es algo que me importe ahora mismo: lo único que atrapa mi atención es el ansia de tener más, de dar y recibir placer a este cuerpazo. Él deja de besarme un momento, empieza a desabrocharme los botones de la blusa y mis pezones anhelantes del tacto de sus manos y su lengua se ponen duros esperando a sentir ese roce que haga que me vuelva aún un poco más loca por este hombre.
-Parece que aquí hace calor... -murmura mientras su lengua dibuja circulitos haciendo que todo mi cuerpo arda deseando ser completamente suyo mientras mis pechos de la excitación empiezan a dolerme; mmmm, bendito dolor... De repente para en seco, se levanta y me agarra de la mano para no quedarse solo de pie. Yo también me levanto y en cuanto mi espalda acaba de ponerse erguida sus fuertes manos se agarran a mi trasero mientras sus deliciosos labios se entretienen saboreando mi cuello. -Me encanta cuando sabéis echaros el perfume y que ahora no tenga que comérmelo -me susurra al oído haciendo que mis piernas empiecen a dejar de sujetarme; mis labios recorren entre besos y pequeños mordiscos su precioso cuello. -Chica guapa, vestida sexy, con unos ojos increíbles y una colonia deliciosa... ¿qué más puedo pedir?- Mis manos cobran vida propia y le quitan la camiseta a la vez que las suyas casi me arrancan la blusa para ir directas al cierre de mi sujetador, que desabrocha con una destreza increíble. Noto que sus piernas lentamente empiezan a dar pasos hacia atrás y las mías las siguen en sentido contrario hasta que se oye un pequeño golpecito y sus rodillas de doblan para sentarse en la cama y mis piernas se abren para apoyarse a ambos lados de sus caderas. Se tumba en la cama y con la fuerza justa hace que la que este boca arriba sea yo quitándome el pantalón casi de un tirón, mira mi tanguita y mirándome con una sonrisa maliciosa hace un gesto con la mano para despedirse de él y al verlo yo no puedo evitar soltar una carcajada.
-¡Estás loco!
-Sólo un poco -Antes casi de acabar la frase su cabeza se pierde entre mis piernas y su lengua empieza a jugar con mi juguetito ardiente, deseando que eso no sea todo lo que reciba de él y deseando darle a él, al menos, tanto placer como el que estoy teniendo yo: con un certero movimiento de piernas hago que suba besando mi estómago en dirección a mis pechos, entreteniéndose en dar pequeños mordisquitos a mis pezones. -¿Por qué quieres que pare, no te gusta?
-Me estaba encantando, pero en esta situación tengo una norma: o disfrutamos los dos, o no disfruta ninguno, así que dile adiós a tu ropa. -Con toda la rapidez que puedo le desabrocho los vaqueros y tiro de ellos hacia abajo junto con su ropa interior, cojo su miembro duro y erecto y empiezo a lamerlo preparándolo para lo que le espera. Cuando introduzco en mi boca la punta de su sexo a él se le escapa un gemido que me hace entender que le gusta lo que está recibiendo. Cada milímetro que introduzco más es un gemido que mi Adonis deja salir de su garganta, hasta que sus caderas se apartan de mí. -Ahora soy yo la que duda de que te guste.
-No, por favor, me encanta, pero si sigues voy a durar mucho menos de lo que quiero, y como tú misma has dicho o disfrutamos los dos o ninguno.
Me sujeta por las caderas y con suavidad me invita a subirme encima de él como una amazona para montar a su caballo y mi cuerpo, que parece que tome sus propias decisiones le deja hacer, preparándose mi entrepierna para recibirle. Cuando empiezo a impacientarme su miembro entra en mi sexo y sólo con la punta me derrito de placer. Poco a poco me penetra mientras mis manos recorren su pecho y su estómago haciendo que quiera derretirme en ese momento. Mis manos se apoyan en sus muslos para empezar a cabalgar sobre él pero me agarra y tira de mis brazos hacia sus hombros mientras su cadera se mueve a un ritmo acompasado pero cada vez más rápido y con cada embestida la sacudida de placer que recibe mi cuerpo es cada vez mayor. Nuestros cuerpos entran en un dulce combate por ser el que más pasión le dé al otro a la vez que nuestros labios no dejan de saborearse mutuamente, con sus dedos hundiéndose en mi melena, dándome algún pequeño tirón de vez en cuando, haciendo que el placer de ambos aumente cada vez más; mis manos recorren todo su cuerpo y las suyas se mantienen fijas en mi cintura, impidiendo que mis piernas suban cabalgando más de lo que él quiere permitirme. Mi orgasmo está a punto de llegar haciendo que desee gritar como no lo había hecho hasta ahora en mi vida pero mi garganta no quiere dejar salir ese placer y mis manos encuentran la forma de canalizarlo tirándole del pelo a él, haciendo que un sonoro gemido salga de lo más profundo de su ser. Nuestro orgasmo llega a la vez con ambos mirándonos a los ojos y con mis manos agarradas a sus brazos dándole las gracias por todo lo que han hecho sobre mí. Del esfuerzo nos cuesta respirar, y con una dulzura que no me había dejado notar hasta ahora se gira en la cama tumbándome a su lado suavemente; siguiendo la costumbre a la que he llegado con los hombres tengo la intención de levantarme, vestirme y acabar la entrevista, pero me agarra del brazo y con la cabeza me niega el permiso para salir de esa cama, vuelve a besarme rodeando mi espalda con su brazo y yo le abrazo con intención de no soltarle nunca.
-¿Te ha gustado?
-Gustarme es poco, nunca había tenido tanto placer con un hombre. Y... ¿a tí?
-Si por mí fuera repetiría una y mil veces, pero...
-Lo sabía. -intento de nuevo levantarme, ahora entre decepcionada conmigo misma y molesta y otra vez me lo impide.
-No me has dejado acabar, impaciente -dice riéndose-, pero como acabo de hacerlo y con quien acabo de hacerlo. Y ahora mismo estaría dispuesto a hacerlo el resto de mi vida.
-Toni... ¿me estás diciendo...?
-Te estoy diciendo que me gustas, Lara, que aún sin conocerte en persona ya me gustabas, que gracias al pajarito y a "la gran F" sabía como eres y que leyendo tu blog he conocido tu manera de ser.
-Yo, yo... No sé qué decir. La verdad es que hace tiempo que me gustas, muchísimo, y no hay nada más en el mundo que me hiciera tan feliz como al menos intentar algo contigo.
-Entonces... ¿qué te parece si enciendes el móvil... llamas a tu amiga Lourdes... y le dices que sales de este loft con novio y una entrevista perfecta?
-¡No parece mala idea! Me levanto como una flecha de la cama en tiempo justo para coger el móvil; con él en la mano vuelvo al confortable colchón con mi Adonis, lo enciendo y casi sin poder marcar de los nervios que me atenazan en este momento llamo a mi mejor amiga.
-Pon el altavoz.
-Pero, ¿no dices que...?
-No vais a emitir la llamada en ningún sitio, ¿verdad? Pues ponlo.
-Bueno....
Primer tono... segundo tono... tercer tono... al cuarto mi amiga por fin contesta.
-¡Puta! ¿Cómo ha ido? ¿Ya has salido? ¡Dime que has ligado con él!
-Loudes, zorra mía, ¿A qué no sabes con quien estoy tumbada, desnuda en la cama?

Nota al lector:
Quiero dejar claro que esto es un relato, es una historia, totalmente ficticia: ni lo que aquí se narra ha sucedido, ni existe Lara, ni la autora tiene el privilegio de conocer a Antonio Salas; la única finalidad de esta historia es literaria, sin ánimo de ofender a nadie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario