domingo, 16 de marzo de 2014

fin de semana

Vamos camino de Vera y tú no tienes ganas de conducir, y como sabes que tengo tantas ganas de ir cogiéndole el punto al coche, me dejas llevarlo un ratito. Te has levantado un poco indispuesto y casi no has podido pegar ojo en toda la noche, quiero pensar que por las ganas de pasar un fin de semana en la playa tú y yo solitos, que después del verano pasado todos los días trabajando con el abuelo no pudimos hacer nada, así que has decidido que este nos vamos a dar el gustazo. De vez en cuando te miro de reojo, con la excusa de vigilar el retrovisor y me encanta ver la carita que tienes así, dormidito, y soltando esos pequeños ronquiditos que tanto me gustan. Uff, no sé cómo puedes ponerme tanto simplemente con esa cara de niño bueno...
"Céntrate en la carreteraa..." te oigo decir en mis pensamientos, así que vuelvo a concentrar toda mi atención en "la difícil tarea de la conducción", pero a 300 metros de llegar a un desvío a un área de descanso dejada de la mano de dios noto un dulce roce en la rodilla derecha. Pego un respingo y una sonrisa pícara se escapa de mis labios, humm, quieres jugar... No, no quieres jugar y yo me he emocionado para nada: el roce no era tu mano, era el llavero de las llaves del coche, que me roza al levantar el pie del acelerador... ¡Qué desilusión! Yo pensando que querías que te diera una alegría al cuerpo, y más con el calentón que me ha entrado con el roce de las putas llaves -pienso mientras sueltas el ronquido que certifica que has entrado en estado de REM.- A tomar por culo la líbido.
Pero justo cuando empiezo a fruncir el ceño por pasarme el día pensando en lo salida que estoy, noto otro roce en el muslo derecho, muy suave, pero un roce al fin y al cabo. Como acabo de llevarme el chasco no hago caso y voy buscando algún cartel que me de la alegría de saber que hay algún área de servicio en el que pueda estirar las piernas un poco, comerme un bocata, meterme un monster de piruleta en el cuerpo y bueno, todas esas cosas que uno necesita hacer cuando va de viaje, pero este tramo de carretera, por no tener, no tiene casi ni la señalización kilométrica, y estoy empezando a ponerme de mala hostia, cuando ¡por fín! mis plegarias son escuchadas por no sé que santo, pero me da igual el que sea, la cosa es que por fin veo lo que tanto deseaba: "2000 M. zona de servicio". Suspiro entre contenta y aliviada, y aprovechando que no me vas a echar la bronca porque llevamos el GPS y me chivará por dónde salir después, voy en dirección a la salida del que hasta dentro de un rato va a ser mi pequeño paraíso. Te miro de reojo otra vez; sigues dormido, y debería hacerlo, pero me da lástima despertarte, así que pienso que voy a esperar a haber aparcado y ya entonces si quieres ir al baño y esas cosas, bien, y si no, pues por lo menos no te he jodido el sueño. Cuando pongo el intermitente hacia mi oasis particular oigo en susurros:
-Hay camas... Ummmmmmmmmmm...
-Javi, ¿qué dices?
¿Tu respuesta? un atronador ronquido y media vuelta en el asiento. A veces pareces un tigre de bengala en huelga de hambre.
-Mmmmmmmmmmm, nenaaaaa... Charlie ha visto que hay camas y tú pareces cansadita...
-Charlie, soy Susi, ¿quieres jugar un poquito?
-¡No, quiero cambiarle el agua al canario, que me duele la tripa de tener que aguantarme.
-Joder, hijo mío, me encanta tu romanticismo, brilla por su ausencia...
Te ríes pero a mí no me hace ninguna gracia, así que me limito a hacer como que no hemos dicho nada. Me miras y yo sueltas, esa frase que tanto me cabrea:
-Ya se ha enfurruñado.
-No, ¿por qué me iba a enfurruñar? -¿Porque otra vez mis ganas de disfrutar antes de llegar al hotel se han esfumado por tercera vez en poco tiempo?-
Llegamos al área de servicio, y casi no me da tiempo a echar el freno de mano cuando te veo a una velocidad increíblemente alta desabrocharte el cinturón de seguridad, coger tu bolsita y entrar cartera en mano en el "bar-restaurante" y me dejas allí, con la cara desencajada y gritándote:
-¿¡Pero dónde vas, que el servicio está ahí fuera?!- Como si estuviera diciéndoselo a la pared; ni me dices donde vas, ni me dices si me has escuchado. Mi mala hostia aumenta hasta el nivel que cualquier técnico de tráfico catalogaría como "no acercarse, conductora estresada". Luego te quejas de que cuando me cabreo no hablo... Habla mister simpatía recién despierto. Mientras tú estás ahí dentro haciendo vete tú a saber qué, yo voy al baño a lavarme un poco la cara y cuando salgo te encuentro apoyado en la puerta, meciendo un llavero con una llave en la mano y mirándome con esa cara que tú y sólo tú sabes poner cuando quieres despertar mis más bajos instintos y quieres disfrutar un rato en la cama... o donde se tercie.
-Ven, ven... Me dices mientras me coges de la mano y me llevas dentro, casi a rastras, mientras intento decirte a gritos que no he cerrado el coche. Frenas en seco, pones cara de "me vas a tocar las pelotas tanto que me voy a pasar 4 días sin hablarte", me clavas los ojos y a escasos milímetros de mis labios dices la palabra mágica: mentira. Y tienes razón, había cerrado el coche nada más bajarme del coche y antes de salir disparada a un lavabo sorprendentemente limpio. Lo siguiente mi cerebro sólo es capaz de asimilarlo a trozos: "habitación.... 3 horas... ducha...".
-¿Qué?
-Que nos dejan una habitación 2 horas para que tú puedas descansar un poco, yo duerma un rato más a ver si se me pasa el mal cuerpo y nos demos una ducha antes de seguir.
-Anda, ¡mira que majos! Pero, ¿2 horas? ¿cómo es eso? Ah, bueno, que son ya las 10 de la mañana, habrán salido temprano de alguna habitación, ¡Pues mira qué bien!
-Si, muy bien, de puta madre, pero date prisa que no me han querido cobrar pero tenemos que estar fuera de la habitación antes de las 12.
-Pues venga, ya tenías que haber abierto la puerta.
Entramos como si alguien nos estuviera siguiendo. La habitación está en un primer piso pero me metes en el ascensor, me tapas los ojos con el pañuelo que llevaba puesto en el cuello para que no me de frío en la garganta y que había tirado a los asientos de atrás del coche. ¿Cómo lo has cogido sin que yo me haya dado cuenta? Con razón no lo encontraba... Te pones detrás de mí y yo espero que me des un palmetazo en el culo, pero no, lo que haces es enredar con mi pelo y hacerme cosquillas en el cuello.
-Calla. -Me dices y me das mi ansiado cachetito en el culo.
-Javi, que me...
-Que te calles o te amordazo.
-No serás capaz...
-¿Que no? Buena cosa me has dicho... -No sé de dónde pero me noto una bola en la boca...
-¿Gué ed esgo? Intento preguntar mnientras noto como si estuvieras atándome lo que me acabas de meter en la boca igual que un bozal. La bola está blandita, pero no me hace gracia; no soy un perro, y yo te pedí permiso para atarte en casa... Miras mi reflejo en el espejo del ascensor, se te escapa una sonrisilla y mi oído oye un susurro:
-¿No querías sado? Pues no vas a ser siempre tú la que mande.
-Bego...
No hay peros que valgan; vas a ver tú lo que es bueno. Mmmmmmm, la verdad es que no se está tan mal así. Noto como tus manos me están rozando los pezones buscando que se pongan duritos, y no voy a reconocertelo, pero me está encantando. Con una mano sigues rozándome el pezón mientras la otra empieza a bajar por mi barriga pero te paras a jugar con mi ombligo. Mierda, yo estoy deseando que me metas mano y tú te dedicas a jugar a tocar el timbre... ¿y de dónde coño habrás sacado la mordaza? Cómo se nota que te gusta torturarme. En cuanto la puerta del ascensor se cierra, me das un mordisco en el cuello, y... ¡¡eh!! ¿quién ha apagado la luz?
-Que la puerta se va a abrir rápido, no querrás que alguien me vea metiéndote mano...
-¡¡¡¡¡Gadi, bo dead guabo!!!!! -Me siento ridícula intentando hablar y oyéndome como si tuviera en la boca un kilo de polvorones sin masticar, cuando la puerta del ascensor se abre y tú tiras de mí hacia atrás. ¿ya vamos a salir? ¡Si no se ha movido! ¿Qué pasa? ¡Dime algo, coño! Noto que empiezo a agobiarme cuando me doy un golpe en las pantorrillas. Hago aspavientos con los brazos, pero no consigo tocar nada, y menos a tí; oigo otra vez cerrarse una puerta, y entre el golpe y el frio que noto, o mucho me equivoco, o me he dado con la barra de una cama. Intento quitarme lo que me has puesto en los ojos, que aunque es muy suave, no me gusta, no sé dónde estoy, dónde estás... me estoy agobiando porque intento quitarme esto pero lo has atado con ganas.
-Ahora sí, vamos a disfrutar de las 2 horitas que tenemos, que yo estoy deseando metértela y no puedo aguantar hasta llegar al hotel a Vera... Y por lo que parece, tú tampoco.
¡Claro que no soy capaz de aguantar! Pasado el cabreo momentáneo de la mordaza y resignada a no poder ver nada te voy a dejar hacer. Me rindo, no puedo hacer otra cosa, cuando noto que empiezas a rozar mi cuello otra vez, pero ahora no es con mi pelo, pero es suavecito. Alguien ha hecho un buen pedido en la página de amantis y no he sido yo...
-¿Estás cachondita? Porque si no lo estás voy a hacer que te pongas. -Dices mientras noto como vuelves a rozarme los pezones, y de nuevo bajas una mano, y ahora sí, introduces esa mano mágica dentro de mi pantalón y te pones s jugar con ese bultito del que tan amiguitos son tus dedos. -Vete preparando para saber lo que es bueno. Uy, si ya vas empezando a estar mojadita, qué bien me lo voy a pasar jugando a las torturas. Mmmmmmmmm, qué rico... ¿Te gusta que te toque ahi, eh? -Me estás metiendo un dedito y yo no quiero contestar, ahora mismo sólo quiero quitarme esta cosa de la boca, bajarte los pantalones y comerme esa parte de tu cuerpo que tanto me gusta saborear, pero cuando consigo palpar el botón y voy a desabrochártelo das un paso atrás.
-Aún no puedes por portarte mal.
¿Mal? ¿Yo? ¿Qué he hecho? Intento preguntar, pero me siento gilipollas así que prefiero esperar a que me quites esto y entonces pedir explicaciones. Me sientas en la cama y cuando quiero darme cuenta noto como me tumbas en la cama, me sujetas y me atas algo suave en el pie izquierdo, luego en el derecho... Intento protestar, pero me das un manotazo en la mano por intentar sentarme en la cama.
-Quieta. -Murmuras. Pero yo no quiero estarme quieta, quiero quitarte la ropa y meterte mano, quiero quitarme la ropa yo y que me comas de pies a cabeza,pero no me dejas, me das un manotazo más fuerte, ahora en un muslo. -Te he dicho que te estés quieta. No te doy permiso para moverte... Aún. Uff, pensando, imaginando, sabía que me iba a encantar ser tu sumisa y que seas tú quien mande; lo que no sabía es que me iba a gustar tanto. Sólo de pensar en lo que me espera me estoy poniendo cachondísima, pero no me da tiempo de seguir centrada en mi calentón porque noto cómo me coges la mano derecham me pones algo y me la atas también. Escucho tus pasos y un roce en la mano izquierda, y ya estoy totalmente atada.
-Be diede gayobdidiba. Soy capaz de intentar decir. Pero no quiero balbucear con esta cosa metida en la boca, quiero lipiiarme la saliva que empieza a escurrirseme por las comisuras de los labios. Quítame esto ya, por favor, pienso esperando que seas bueno y lo hagas, pero no sólo no me quitas el bozal sino que encima te pones encima de mí y empiezas a deslizar algo metálico y fresquito sobre mi tripa. ¿¡También me vas a poner los pendientes en los pezones?! Esto es una sesión de sadomasoquismo en toda regla...¡¡Y me encanta!! Mientras me pones el frío pendiente en una teta jugueteas con mi botoncito a la vez que lames el pezón libre y yo me derrito de gusto. Ya me da igual que me ates, que me pegues... Sólo quiero que no pares.
-¿Te gusta? Susurras en mi oído y contesto de la única forma que puedo: con gemidos para tí solito, para que sepas que me encanta. Mmmmmmmmmm, estoy deseando que me metas esa preciosidad que tienes entre las piernas y que tanto deseo tener a mi alcance para poder jugar. Y por fin, por primera vez desde que me bajé del coche haces lo que estoy deseando que hagas y empiezas a desnudarme dándome mordisquitos por cada parte del cuerpo que acabas de dejar sin ropa; me vas bajando poco a poco el tanga que me regalaste y yo quiero darte placer, pero estoy atada y no puedo casi moverme así que vuelvo a rendirme y dejarte hacer. Para acabar de quitarme la ropa me sueltas sólo una pierna y aprovechas que la camiseta no tiene tirantes para echarla todo lo posible hacia abajo. Cuando ya había asumido que no iba a poder ver absolutamente nada me quitas el pañuelo de los ojos, que tengo que abrir y cerrar varias veces para aliviarlos un poco del fogonazo que me pega la luz de golpe y te veo con mi Charlie en la mano, jugando con él. Me miras con cara de niño bueno:
-¿Quieres jugar con él? 
-¡¡¿¿De verdad lo preguntas??!! ¡¡Claro que quiero!! 
-¿Quieres que te la meta ya? Preguntas y yo asiento con la cabeza como una loca. Te veo sonreír y darte la vuelta. Estás cogiendo algo de la bolsa, pero ¿qué? Tienes en la mano un bote de lubricante con sabor a chocolate y con su sonrisilla maliciosa me lo enseñas, lo abres y pones un poquito sobre los pezones. Uff, cada segundo que pasa estoy más caliente. Estoy deseando que me la metas, pero no lo haces, te entretienes lamiéndome y haciendo que me impaciente, te sientas encima de la cama y empiezas a meter y sacar un dedito con una gotita de lubricante, te levantas y te arrodillas entre mis piernas, echas otra gotita de lubricante y tu lengua hace el trabajo que yo quiero que haga tu entrepierna, pero sabes como hacer para que me muera de placer y me dejo llevar. Dejas de lamer y sigues jugando con esos dedos proverbiales que tienes mientras me miras y cuando llego al séptimo cielo miras el reloj, guardas el lubricante en la bolsa, me desatas y me quitas la mordaza.
-Pero nene -por fin consigo poder hablar, aunque tengo la boca dolorida y me cuesta un poco vocalizar- yo me he quedado a gusto, pero ¿y tú?

-Yo tengo el aguante suficiente para llegar al hotel. Por cierto, son las 12 menos 5, date prisa en vestirte porfa, y dame las llaves del coche que ahora te toca dormir a tí...

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