Vamos
camino de Vera y tú no tienes ganas de conducir, y como sabes que
tengo tantas ganas de ir cogiéndole el punto al coche, me dejas
llevarlo un ratito. Te has levantado un poco indispuesto y casi no
has podido pegar ojo en toda la noche, quiero pensar que por las
ganas de pasar un fin de semana en la playa tú y yo solitos, que
después del verano pasado todos los días trabajando con el abuelo
no pudimos hacer nada, así que has decidido que este nos vamos a dar
el gustazo. De vez en cuando te miro de reojo, con la excusa de
vigilar el retrovisor y me encanta ver la carita que tienes así,
dormidito, y soltando esos pequeños ronquiditos que tanto me gustan.
Uff, no sé cómo puedes ponerme tanto simplemente con esa cara de
niño bueno...
"Céntrate
en la carreteraa..." te oigo decir en mis pensamientos, así que
vuelvo a concentrar toda mi atención en "la difícil tarea de
la conducción", pero a 300 metros de llegar a un desvío a un
área de descanso dejada de la mano de dios noto un dulce roce en la
rodilla derecha. Pego un respingo y una sonrisa pícara se escapa de
mis labios, humm, quieres jugar... No, no quieres jugar y yo me he
emocionado para nada: el roce no era tu mano, era el llavero de las
llaves del coche, que me roza al levantar el pie del acelerador...
¡Qué desilusión! Yo pensando que querías que te diera una alegría
al cuerpo, y más con el calentón que me ha entrado con el roce de
las putas llaves -pienso mientras sueltas el ronquido que certifica
que has entrado en estado de REM.- A tomar por culo la líbido.
Pero
justo cuando empiezo a fruncir el ceño por pasarme el día pensando
en lo salida que estoy, noto otro roce en el muslo derecho, muy
suave, pero un roce al fin y al cabo. Como acabo de llevarme el
chasco no hago caso y voy buscando algún cartel que me de la alegría
de saber que hay algún área de servicio en el que pueda estirar las
piernas un poco, comerme un bocata, meterme un monster de piruleta en
el cuerpo y bueno, todas esas cosas que uno necesita hacer cuando va
de viaje, pero este tramo de carretera, por no tener, no tiene casi
ni la señalización kilométrica, y estoy empezando a ponerme de
mala hostia, cuando ¡por fín! mis plegarias son escuchadas por no
sé que santo, pero me da igual el que sea, la cosa es que por fin
veo lo que tanto deseaba: "2000 M. zona de servicio".
Suspiro entre contenta y aliviada, y aprovechando que no me vas a
echar la bronca porque llevamos el GPS y me chivará por dónde salir
después, voy en dirección a la salida del que hasta dentro de un
rato va a ser mi pequeño paraíso. Te miro de reojo otra vez; sigues
dormido, y debería hacerlo, pero me da lástima despertarte, así
que pienso que voy a esperar a haber aparcado y ya entonces si
quieres ir al baño y esas cosas, bien, y si no, pues por lo menos no
te he jodido el sueño. Cuando pongo el intermitente hacia mi oasis
particular oigo en susurros:
-Hay
camas... Ummmmmmmmmmm...
-Javi,
¿qué dices?
¿Tu
respuesta? un atronador ronquido y media vuelta en el asiento. A
veces pareces un tigre de bengala en huelga de hambre.
-Mmmmmmmmmmm,
nenaaaaa... Charlie ha visto que hay camas y tú pareces cansadita...
-Charlie,
soy Susi, ¿quieres jugar un poquito?
-¡No,
quiero cambiarle el agua al canario, que me duele la tripa de tener
que aguantarme.
-Joder,
hijo mío, me encanta tu romanticismo, brilla por su ausencia...
Te
ríes pero a mí no me hace ninguna gracia, así que me limito a
hacer como que no hemos dicho nada. Me miras y yo sueltas, esa frase
que tanto me cabrea:
-Ya
se ha enfurruñado.
-No,
¿por qué me iba a enfurruñar? -¿Porque otra vez mis ganas de
disfrutar antes de llegar al hotel se han esfumado por tercera vez en
poco tiempo?-
Llegamos
al área de servicio, y casi no me da tiempo a echar el freno de mano
cuando te veo a una velocidad increíblemente alta desabrocharte el
cinturón de seguridad, coger tu bolsita y entrar cartera en mano en
el "bar-restaurante" y me dejas allí, con la cara
desencajada y gritándote:
-¿¡Pero
dónde vas, que el servicio está ahí fuera?!- Como si estuviera
diciéndoselo a la pared; ni me dices donde vas, ni me dices si me
has escuchado. Mi mala hostia aumenta hasta el nivel que cualquier
técnico de tráfico catalogaría como "no acercarse, conductora
estresada". Luego te quejas de que cuando me cabreo no hablo...
Habla mister simpatía recién despierto. Mientras tú estás ahí
dentro haciendo vete tú a saber qué, yo voy al baño a lavarme un
poco la cara y cuando salgo te encuentro apoyado en la puerta,
meciendo un llavero con una llave en la mano y mirándome con esa
cara que tú y sólo tú sabes poner cuando quieres despertar mis más
bajos instintos y quieres disfrutar un rato en la cama... o donde se
tercie.
-Ven,
ven... Me dices mientras me coges de la mano y me llevas dentro, casi
a rastras, mientras intento decirte a gritos que no he cerrado el
coche. Frenas en seco, pones cara de "me vas a tocar las pelotas
tanto que me voy a pasar 4 días sin hablarte", me clavas los
ojos y a escasos milímetros de mis labios dices la palabra mágica:
mentira. Y tienes razón, había cerrado el coche nada más bajarme
del coche y antes de salir disparada a un lavabo sorprendentemente
limpio. Lo siguiente mi cerebro sólo es capaz de asimilarlo a
trozos: "habitación.... 3 horas... ducha...".
-¿Qué?
-Que
nos dejan una habitación 2 horas para que tú puedas descansar un
poco, yo duerma un rato más a ver si se me pasa el mal cuerpo y nos
demos una ducha antes de seguir.
-Anda,
¡mira que majos! Pero, ¿2 horas? ¿cómo es eso? Ah, bueno, que son
ya las 10 de la mañana, habrán salido temprano de alguna
habitación, ¡Pues mira qué bien!
-Si,
muy bien, de puta madre, pero date prisa que no me han querido cobrar
pero tenemos que estar fuera de la habitación antes de las 12.
-Pues
venga, ya tenías que haber abierto la puerta.
Entramos
como si alguien nos estuviera siguiendo. La habitación está en un
primer piso pero me metes en el ascensor, me tapas los ojos con el
pañuelo que llevaba puesto en el cuello para que no me de frío en
la garganta y que había tirado a los asientos de atrás del coche.
¿Cómo lo has cogido sin que yo me haya dado cuenta? Con razón no
lo encontraba... Te pones detrás de mí y yo espero que me des un
palmetazo en el culo, pero no, lo que haces es enredar con mi pelo y
hacerme cosquillas en el cuello.
-Calla.
-Me dices y me das mi ansiado cachetito en el culo.
-Javi,
que me...
-Que
te calles o te amordazo.
-No
serás capaz...
-¿Que
no? Buena cosa me has dicho... -No sé de dónde pero me noto una
bola en la boca...
-¿Gué
ed esgo? Intento preguntar mnientras noto como si estuvieras atándome
lo que me acabas de meter en la boca igual que un bozal. La bola está
blandita, pero no me hace gracia; no soy un perro, y yo te pedí
permiso para atarte en casa... Miras mi reflejo en el espejo del
ascensor, se te escapa una sonrisilla y mi oído oye un susurro:
-¿No
querías sado? Pues no vas a ser siempre tú la que mande.
-Bego...
No
hay peros que valgan; vas a ver tú lo que es bueno. Mmmmmmm, la
verdad es que no se está tan mal así. Noto como tus manos me están
rozando los pezones buscando que se pongan duritos, y no voy a
reconocertelo, pero me está encantando. Con una mano sigues
rozándome el pezón mientras la otra empieza a bajar por mi barriga
pero te paras a jugar con mi ombligo. Mierda, yo estoy deseando que
me metas mano y tú te dedicas a jugar a tocar el timbre... ¿y de
dónde coño habrás sacado la mordaza? Cómo se nota que te gusta
torturarme. En cuanto la puerta del ascensor se cierra, me das un
mordisco en el cuello, y... ¡¡eh!! ¿quién ha apagado la luz?
-Que
la puerta se va a abrir rápido, no querrás que alguien me vea
metiéndote mano...
-¡¡¡¡¡Gadi,
bo dead guabo!!!!! -Me siento ridícula intentando hablar y oyéndome
como si tuviera en la boca un kilo de polvorones sin masticar, cuando
la puerta del ascensor se abre y tú tiras de mí hacia atrás. ¿ya
vamos a salir? ¡Si no se ha movido! ¿Qué pasa? ¡Dime algo, coño!
Noto que empiezo a agobiarme cuando me doy un golpe en las
pantorrillas. Hago aspavientos con los brazos, pero no consigo tocar
nada, y menos a tí; oigo otra vez cerrarse una puerta, y entre el
golpe y el frio que noto, o mucho me equivoco, o me he dado con la
barra de una cama. Intento quitarme lo que me has puesto en los ojos,
que aunque es muy suave, no me gusta, no sé dónde estoy, dónde
estás... me estoy agobiando porque intento quitarme esto pero lo has
atado con ganas.
-Ahora
sí, vamos a disfrutar de las 2 horitas que tenemos, que yo estoy
deseando metértela y no puedo aguantar hasta llegar al hotel a
Vera... Y por lo que parece, tú tampoco.
¡Claro
que no soy capaz de aguantar! Pasado el cabreo momentáneo de la
mordaza y resignada a no poder ver nada te voy a dejar hacer. Me
rindo, no puedo hacer otra cosa, cuando noto que empiezas a rozar mi
cuello otra vez, pero ahora no es con mi pelo, pero es suavecito.
Alguien ha hecho un buen pedido en la página de amantis y no he sido
yo...
-¿Estás
cachondita? Porque si no lo estás voy a hacer que te pongas. -Dices
mientras noto como vuelves a rozarme los pezones, y de nuevo bajas
una mano, y ahora sí, introduces esa mano mágica dentro de mi
pantalón y te pones s jugar con ese bultito del que tan amiguitos
son tus dedos. -Vete preparando para saber lo que es bueno. Uy, si ya
vas empezando a estar mojadita, qué bien me lo voy a pasar jugando a
las torturas. Mmmmmmmmm, qué rico... ¿Te gusta que te toque ahi,
eh? -Me estás metiendo un dedito y yo no quiero contestar, ahora
mismo sólo quiero quitarme esta cosa de la boca, bajarte los
pantalones y comerme esa parte de tu cuerpo que tanto me gusta
saborear, pero cuando consigo palpar el botón y voy a
desabrochártelo das un paso atrás.
-Aún
no puedes por portarte mal.
¿Mal?
¿Yo? ¿Qué he hecho? Intento preguntar, pero me siento gilipollas
así que prefiero esperar a que me quites esto y entonces pedir
explicaciones. Me sientas en la cama y cuando quiero darme cuenta
noto como me tumbas en la cama, me sujetas y me atas algo suave en el
pie izquierdo, luego en el derecho... Intento protestar, pero me das
un manotazo en la mano por intentar sentarme en la cama.
-Quieta.
-Murmuras. Pero yo no quiero estarme quieta, quiero quitarte la ropa
y meterte mano, quiero quitarme la ropa yo y que me comas de pies a
cabeza,pero no me dejas, me das un manotazo más fuerte, ahora en un
muslo. -Te he dicho que te estés quieta. No te doy permiso para
moverte... Aún. Uff, pensando, imaginando, sabía que me iba a
encantar ser tu sumisa y que seas tú quien mande; lo que no sabía
es que me iba a gustar tanto. Sólo de pensar en lo que me espera me
estoy poniendo cachondísima, pero no me da tiempo de seguir centrada
en mi calentón porque noto cómo me coges la mano derecham me pones
algo y me la atas también. Escucho tus pasos y un roce en la mano
izquierda, y ya estoy totalmente atada.
-Be
diede gayobdidiba. Soy capaz de intentar decir. Pero no quiero
balbucear con esta cosa metida en la boca, quiero lipiiarme la saliva
que empieza a escurrirseme por las comisuras de los labios. Quítame
esto ya, por favor, pienso esperando que seas bueno y lo hagas, pero
no sólo no me quitas el bozal sino que encima te pones encima de mí
y empiezas a deslizar algo metálico y fresquito sobre mi tripa.
¿¡También me vas a poner los pendientes en los pezones?! Esto es
una sesión de sadomasoquismo en toda regla...¡¡Y me encanta!!
Mientras me pones el frío pendiente en una teta jugueteas con mi
botoncito a la vez que lames el pezón libre y yo me derrito de
gusto. Ya me da igual que me ates, que me pegues... Sólo quiero que
no pares.
-¿Te
gusta? Susurras en mi oído y contesto de la única forma que puedo:
con gemidos para tí solito, para que sepas que me encanta.
Mmmmmmmmmm, estoy deseando que me metas esa preciosidad que tienes
entre las piernas y que tanto deseo tener a mi alcance para poder
jugar. Y por fin, por primera vez desde que me bajé del coche haces
lo que estoy deseando que hagas y empiezas a desnudarme dándome
mordisquitos por cada parte del cuerpo que acabas de dejar sin ropa;
me vas bajando poco a poco el tanga que me regalaste y yo quiero
darte placer, pero estoy atada y no puedo casi moverme así que
vuelvo a rendirme y dejarte hacer. Para acabar de quitarme la ropa me
sueltas sólo una pierna y aprovechas que la camiseta no tiene
tirantes para echarla todo lo posible hacia abajo. Cuando ya había
asumido que no iba a poder ver absolutamente nada me quitas el
pañuelo de los ojos, que tengo que abrir y cerrar varias veces para
aliviarlos un poco del fogonazo que me pega la luz de golpe y te veo
con mi Charlie en la mano, jugando con él. Me miras con cara de niño
bueno:
-¿Quieres
jugar con él?
-¡¡¿¿De verdad lo preguntas??!! ¡¡Claro que
quiero!!
-¿Quieres que te la meta ya? Preguntas y yo asiento con la
cabeza como una loca. Te veo sonreír y darte la vuelta. Estás
cogiendo algo de la bolsa, pero ¿qué? Tienes en la mano un bote de
lubricante con sabor a chocolate y con su sonrisilla maliciosa me lo
enseñas, lo abres y pones un poquito sobre los pezones. Uff, cada
segundo que pasa estoy más caliente. Estoy deseando que me la metas,
pero no lo haces, te entretienes lamiéndome y haciendo que me
impaciente, te sientas encima de la cama y empiezas a meter y sacar
un dedito con una gotita de lubricante, te levantas y te arrodillas
entre mis piernas, echas otra gotita de lubricante y tu lengua hace
el trabajo que yo quiero que haga tu entrepierna, pero sabes como
hacer para que me muera de placer y me dejo llevar. Dejas de lamer y
sigues jugando con esos dedos proverbiales que tienes mientras me
miras y cuando llego al séptimo cielo miras el reloj, guardas el
lubricante en la bolsa, me desatas y me quitas la mordaza.
-Pero
nene -por fin consigo poder hablar, aunque tengo la boca dolorida y
me cuesta un poco vocalizar- yo me he quedado a gusto, pero ¿y tú?
-Yo
tengo el aguante suficiente para llegar al hotel. Por cierto, son las
12 menos 5, date prisa en vestirte porfa, y dame las llaves del coche
que ahora te toca dormir a tí...
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