miércoles, 19 de marzo de 2014

Preparando la playa

Son las 7 de la mañana de lo que va a ser un caluroso día de verano y mi novio, como siempre, ya está levantado, cuando de repente le apetece que pasemos el fin de semana juntos en la playa. Yo aún estoy acostada pero eso no es un problema para él, ya tendré tiempo de dormir luego.
-Carol, ¿estás despierta? Cariño, hazme caso... -susurra mientras mordisquea el tatuaje de mi escápula.- Mi niña, abre los ojitos...
-Mmmmmggggg... ¿qué quieres? -abro un ojo y miro el despertador- es pronto, ¿qué pasa?
-Que estaba pensando que el año pasado como te pasaste todo el verano trabajando y no tuviste ni un solo de fiesta, este hay que recuperar los días de playa perdidos... Así que he pensado que querrías que pasáramos el fin de semana allí tú y yo solitos... Aunque siempre puedo dejar que te vuelvas a dormir y morirnos de calor en casa...
-¿Qué? ¿Tú y yo, un fin de semana en playa, solos? ¿Dónde hay que firmar? Dame dos minutos que cojo las toallas y un poco de ropa para cambiarme y estoy lista.
-Sabía que ibas a decir que sí, y como cuando antes salgamos antes llegamos lo he preparado todo antes de llamarte.
-Qué haría yo sin tí a veces... Hace mucho que no te digo que te quiero, ¿verdad? -le rodeo el cuello con mis brazos y tengo que contenerme para no darle un mordisco en vez de un beso.
En diez minutos me he vestido, he cogido lo justo y me he puesto el bikini que me regaló hace unos días y mi vestido preferido que sé que a él le encanta porque se transparenta cualquier cosa que me ponga debajo. Mmmm, me encanta excitar a mi chico... Cuando llevamos unos 20 kilómetros mi chico me mira de reojo y se da cuenta de que llevo el bikini que me ha regalado y por lo que el bulto de sus pantalones me revela, le gusta bastante como me queda.

-Te queda genial, sabía que iba a dar en el clavo... ¡Qué buen gusto tengo!
-Me alegro de que te guste lo que ves, me lo pondré todo lo a menudo que pueda -le respondo con una mirada pícara y mi sonrisa más maliciosa.
-Sí, bueno, a mí me gusta más quitártelo... Y ese vestidito si por mí fuera ya estaría quitado...-dice mientras muestra la más ardiente de sus sonrisas.
-¿Y a qué esperas? -le contesto yo entre ruborizada, sorprendida y excitada.
Sin pensarlo un segundo su mano izquierda sujeta el volante y la derecha de lanza a mi muslo izquierdo y empieza a deslizarse en dirección a mi ingle haciendo que mi sexo empiece a arder. Sube hasta cuerdecita que ata la parte interior de mi traje de baño en las caderas y tira de ella para desatar la prenda que cubre mi tesoro y roza con malicia mi ingle y la parte interior de mi muslo, poniendo empeño en no llegar a tocar mi sexo aunque yo lo estoy deseando pero para mi desesperación como está conduciendo no puede seguir jugando así que quita la mano de mi pierna y yo no puedo evitar que se me escape un gemido de excitación. Por suerte un poco más adelante hay un área de descanso vacío y a mi chico le falta tiempo para dirigirse allí; cuando aparca el coche se abalanza sin miramientos de nuevo sobre mi sexo: con un rápido movimiento introduce la yema de sus dedos en mi sexo ardiente mientras me da pequeños mordiscos en el cuello. Uff, cómo sabe lo que tiene que hacer para que en décimas de segundo esté a su completa disposición, pero no va a ser él el único que disfrute, así que en un momento que baja la guardia mis manos van hacia su pantalón para liberar su miembro de la prisión que en ese momento es su ropa interior; con toda la rapidez de la que soy capaz me deshago de su ropa interior para poder darle placer sin impedimentos. Mientras él introduce completamente dos dedos dentro de mí haciendo que un placer inmenso me inunde mi lengua se desliza rápidamente por su miembro erecto y me centro en asegurarme de que le guste lo que está dando y recibiendo así que empiezo a lamer rápidamente su sexo a la vez que él acelera el movimiento de sus dedos dentro del mío; mi lengua recorre todo su sexo saboreándolo y dándole suaves mordiscos que hacen que sus piernas tiemblen a la vez que sus dedos en forma de gancho cada segundo me den más placer haciendo que mis muslos sean cada vez menos capaces de sujetarme; siento que en cualquier momento mis piernas van a dejar de sostenerme.
-Uff, Carol, me encanta cómo sabes cuando lamer, morder o succionar... Como sigas así voy a correrme en nada.
-Jorge, como siempre tu tacto brilla por su ausencia... Bueno, si tan caliente estás va siendo hora de completar el trabajo.
Antes de que le de tiempo a decir nada me abalanzo sobre él y mientras nuestras lenguas luchan en una pelea desenfrenada por demostrar quién de los dos tiene más ganas de hacer que el otro se estremezca de placer con fiereza agarro su miembro y lo introduzco en mi interior deseoso de recibirle. A él se le escapa un gemido que hace que yo no pueda evitar sentirme poderosa al saber que le está encantando lo que está recibiendo. Mi chico aprovecha que mis pechos están a la altura de su boca para lamer mis pezones que hace rato estaban duros y anhelantes del roce de sus labios y yo no puedo evitar soltar un gemido; estoy deseando que su lengua rodee mis pezones erectos y que su boca muerda mis pechos mientras sus manos me hacen acercarme cada vez más al mayoe de los placeres. Mis caderas parece que adquieran vida propia: se vuelven locas en un continuo vaivén de adelante a atrás a la vez que su lengua ayuda a que mi cuerpo acabe de derretirse de placer moviendo sus caderas para ayudar a las mías a que ambos lleguemos a la vez al orgasmo.
-Ca... Ca...Carol... pa... pa... para un poco que no... que no me quiero...
-Calla y déjame hacer.
-Que aún no quie...
No le dejo acabar; le doy un tirón de pelo mientras muerdo su labio inferior para que se centre en lo que quiero: en disfrutar. Sé que no quiere llegar al orgasmo todavía, que quiere que lleguemos juntos, pero el mío está a punto de llegar aunque me encanta someterle a la dulce tortura de retrasar su clímax, me vuelve loca tener la capacidad de ser yo quien domine la situación. Sólo con mirarle sabe que no tiene posibilidad ninguna de protestar y mis movimientos de cadera hablan por mí: si paras ahora mismo te mato. Cuando se da cuenta de que mi orgasmo está a punto de llegar él tensa cada músculo de su cuerpo haciendo que sus dedos se hundan en mi espalda, haciendo que a mí se me escape otro gemido que hace que ambos sepamos que el gran final es inminente. Nuestro orgasmo llega a la vez y nos alcanza destrozados por el esfuerzo pero con ganas de disfrutar a tope del que probablemente sea el fin de semana más placentero que habremos tenido en mucho tiempo.


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