sábado, 29 de marzo de 2014

Interesante entrevista (dedicado al periodista de investigación Antonio Salas)

"Me llamo Lara, soy periodista y mañana voy a tener el privilegio de conocer al causante de querer que este fuera mi trabajo: el gran Antonio Salas, periodista de investigación y escritor"...
-Larita, como llegue a sus oídos de esa forma va a pensar que estás enamorada de él... -me dice mi amiga mientras nos tomamos una cerveza en una terraza cuando lee que estoy posteando en mi blog mi trabajo.
-¿Qué dices, Lourdes? Anda, calla que vaya ánimos me das, chica...
-Como si fuera mentira lo que digo... A ver, ¿qué ropa te vas a poner mañana para hacerle la entrevista al tío ese?
-Antonio, se llama Antonio, no "el tío ese", tenle un respeto.
-Bueno, Antonio, pero contesta: ¿qué te vas a poner? Porque no creo que vayas en sudadera y vaqueros.
-Por supuesto que no, tengo que dar una imagen de profesional: la americana azul marino de raya diplomática, la blusa blanca con volantitos en el escote, un pantalón negro y los botines de tacón.
-¿Y debajo?
-¡¡Lourdes!!
-¿¿Qué?? Anda, dímelo...
-Pues... La verdad... Es que había pensado en el sujetador blanco de encaje y el tanga negro que me compré la semana pasada.
-¡Puta! Y luego dice que no quiere ligar...
-Y no quiero: quiero-dar-buena-impresión. ¿Dónde está el problema?
-Bueno, chica, que no hay más ciego que el que no quiere ver. Ya me contarás mañana que tal te va la entrevista. Yo quiero escucharla, eh... Y a ver si me consigues un autógrafo...

Hoy es el gran día, voy a hacerle la entrevista a mi referente, pero hasta las 5 de la tarde no he quedado con él así que tengo tiempo de arreglarme. Me meto en la ducha y el agua caliente recorriendo mi cuerpo hace que mi mente perversa empiece a imaginar unas manos fuertes y grandes rozando cada rincón de mi piel y mis pezones comienzan a hincharse y ponerse duros y mi sexo se va calentando por momentos; no puedo evitar pensar que el hombre que está rozando mi cuerpo juguetea con la parte más privada de mi cuerpo mientras mis manos devuelven en su miembro el deseo que me está provocando. Estoy a punto de aliviar ese deseo cuando el sonido del móvil me saca de mi ensoñación; a toda prisa acabo de ducharme y me lanzo a ver qué me revela la pantalla: 4 llamadas perdidas de Lourdes (qué oportuna eres, guapa), 15 interacciones nuevas en twitter y 1 mensaje de WhatsApp de "numero desconocido": "ah, ¿pero es que se puede ocultar el número?" no me da tiempo a acabar de pensarlo, la curiosidad me pica demasiado.
-¿Lara? -y sabe cómo me llamo, o al menos eso parece; a ver quién demonios es.
-¿Quién quiere saberlo? Si eres Alberto os podéis ir a la mierda tú y quien te haya dado mi número.
-Vaya, tiene carácter la chica... Me vas a perdonar, pero estoy fuera de Madrid y mi vuelo se retrasa una hora, ¿te supone algún problema?
-¡Ah, vale, ya sé quién eres! Perdona, Antonio, y no hay problema, tranquilo. Entonces, ¿cómo te viene bien encontrarnos?
-En Méndez Álvaro hay una pequeña terraza que da casi enfrente de la estación, te veo allí.
-Vale, pues así lo hacemos: yo a las 5 estaré allí y espero que llegues.
-Perfecto. Entonces hasta luego, Lara.
-¡¡Chao!!

Se me ha hecho un poco tarde poniendo a punto la grabadora pero por suerte mi tardanza no excede del "retraso elegante femenino" y por suerte parece que Antonio no ha llegado aún así que haciendo caso a su petición pido una naranjada para relajar los nervios que empiezan a apropiarse de mi estómago y me siento en la mesa más cercana al bordillo dispuesta a preparar la inminente aparición de mi misterioso interlocutor. Cuando casi me he acabado el refresco un BMW azul marino se para justo enfrente de mí y la ventanilla del conductor se baja permitiendome ver al ocupante del asiento del piloto: un hombre con gafas de sol de aviador, pelo corto negro, afeitado, con americana negra y una camisa blanca que deja entrever un poco de pecho. Uff, me encantaría pasar un buen rato haciendo travesuras con él...
-¿Lara? ¿Nos vamos? -quiero decirle que sí pero mi garganta se cierra y mis cuerdas vocales se niegan a hacer su trabajo, así que opto por la solución más sensata: coger el bolso y dirigirme al coche. -Si no te importa dejamos las presentaciones para cuando aparque -me dice este Adonis con una voz que enseguida me deja cautivada, una voz fuerte pero dulce a la vez.
-Sin problema -es lo único que consigo vocalizar.
El misterioso moreno conduce lo que a mí me parece una eternidad, aunque siendo objetiva no creo que condujera más de un cuarto de hora, hasta que entramos en un parking subterráneo con varias salidas peatonales, entre ellas a la céntrica calle Princesa. Saco del bolso una libretita para apuntar a dónde nos dirigimos cuando el trajeado me mira de reojo, suelta una sonora carcajada.
-No quieras intentar ubicarte, este parking es público y donde vamos no hay registro de quien entra. -no sé si siento más excitación por la situación o más temor a que pueda pasarme algo malo. -Y relájate un poco, ¡que no te van a secuestrar!
Abre el maletero del coche y saca una pequeña maleta y con un gesto con la mano mis piernas siguen sus pasos como los ratones al flautista de Hamelín; entramos en un ascensor con apariencia de espejo que aprovecho para comprobar que mi pelo esta donde debe y que mi ropa esté en condiciones cuando de repente esa voz vuelve a hipnotizarme:
-Perdona, soy un maleducado: soy Antonio Salas, Toni para los amigos, la gente con la que trato en las infiltraciones... y para las chicas guapas.
-Encantada, Lara Sánchez. -Me da dos besos y tengo la tentación de darle el segundo en esos labios que ahora mismo me encantaría saborear pero me contengo, no soy una suelta. Tras lo que a mí se me hace un suplicio, por fin las puertas del ascensor se abren y ante mis ojos hay un largo pasillo con múltiples puertas a cada lado del pasillo: si no fuera porque ninguna tiene número diría que es un hotel, lo que provoca que me sienta un poco más como si me hubiera metido en la boca de un enorme lobo. Antonio abre la quinta puerta a la izquierda según salimos del pequeño habitáculo; entramos a lo que parece un pequeño apartamento y con un gesto con la mano me invita a sentarme, sube la maleta a la cama, la abre y saca una toalla.
-El vuelo me ha dejado hecho polvo, ¿te importa si...?
-No, no, ¡tranquilo! Puedo esperar... Y si por mi fuera me metía contigo en la ducha.
-¿Decías?
-No, nada, que aquí espero.
Sólo de pensar lo que había estado a punto de hacer esta mañana en el sitio en el que va a pasar él los próximos minutos mi sexo empieza a calentarse, a modo de castigo por no darle lo que quería, pero quiero concentrarme en el trabajo, que es por lo que estoy ahora mismo con este Adonis de cuerpo perfecto... al menos lo poco que he visto, así que voy poniendo encima de la mesa mi bolígrafo preferido y la libretita en la que tengo apuntadas las preguntas que no quiero que se me olviden, aunque espero poder hacerle unas cuantas más cuando suena mi teléfono: por el tono sé que es mi querida Lourdes, tan inoportuna como siempre.
-Ya se puede estar muriendo alguien.
-¿Estás ya con él? ¿Está bueno? ¿Te ha tirado fichas? ¿Has tenido sexo ya con él?
-Sí, mucho, no, ¡puta! Sabes que a mí sólo me gusta montármelo contigo, cariño, ¡miauuu!
-Pero, ¿qué dices, loca? Bueno, ya en serio,¿cómo va la entrevista?
-Aún no va, ahora mismo está en la ducha, aunque si por mi fuera me habría metido con él.
-¿En la ducha? ¿Y qué coño hace en la ducha, no le enseñaron de pequeño a salir limpito de casa? Y tú, pequeña guarrilla... Si te conoceré yo ya... Y cuéntame cómo es, quiero saberlo ¡todo!
-Es alto, pelo corto moreno, voz que hipnotiza y unos ojos negros en los que me... Bueno, cuando llegue a casa te aviso y quedamos en la puerta para ir a tomarnos una copa, ¿vale?
-Te está mirando... Mejor cuelgo, ¡eh!
-Sííí.
Antonio acaba de salir de la ducha y en un descuido, ha debido coger ropa limpia y vestirse en el baño, con las ganas que tenía de ver la mayor parte posible de su cuerpo desnudo y por culpa de mi querida amiga me lo he perdido... Lourdes, ésta me la pagas. Cuando vuelvo a mirarle está cerrando la maleta, y aún vestido, puedo observarle bien: lleva unos vaqueros azules ajustados que le hacen un culito que tengo que contenerme mucho para no tocar, deportivas negras y una camiseta negra que se pega a su torso como un guante y que marca sus abdominales y resalta sus musculosos brazos. Mmmm, este hombre cada segundo me gusta más...
-Bueno, pues ya estoy a tu entera disposición, chica guapa a la que le gusta Saratoga.
-Me vas a sacar los colores. -Ruborizada le invito a sentarse enfrente de mí pero a él le parece mejor idea hacerlo a mi lado, cosa que me encanta, así puedo oler su colonia, tan hipnotizante como mi entrevistado. ¿Empezamos? -Vamos allá. Y por cierto, no es exactamente Saratoga, es Leo Jiménez en solitario.
Saco del bolso la grabadora y como en las antiguas series policíacas americanas la pongo encima de la mesa y con mirada seria le pregunto:
-¿Te importa?
-Mientras no utilices el archivo de audio de forma pública, no.
-Está bien, entonces empezamos -le miro de reojo y enciendo la grabadora. -Buenas tardes, Antonio y muchas gracias por tu amabilidad al concederme esta entrevista.
-Toni, por favor, y no hay nada que agradecer; en todo caso gracias a tí por interesarte por mi trabajo.
-Bien, Toni, ¿qué es lo que te resulta más difícil de llevar cuando estás infiltrado?
-Creo que lo que más me cuesta es levantarme cada mañana sin saber si me acostaré o me dejarán tirado en cualquier cuneta.
-Duro, sin duda. ¿Y lo más gratificante de tu trabajo?
-Pues, en general, el que mucha gente sepa lo que pasa en el mundo, que mujeres que están en el abismo de la prostitución consigan salir de ese mundo, que jóvenes "skins" se den cuenta de que no es el mejor camino que tomar en la vida, y ahora mismo, poder tener cerca a morenas de ojos azules a las que me encantaría enseñar la parte más "personal" de Antonio Salas -dice con voz picarona mientras apoya una mano en mi muslo y empieza a subirla peligrosamente haciendo que un escalofrío recorra toda mi espalda y mi interior vuelva a arder. -Y si además la chica guapa con su indumentaria me alegra la vista... pues mejor que mejor. Y ¿cuál es la parte más difícil del trabajo de mi bella entrevistadora?
-Aquí las preguntas, de momento, las hago yo, Adonis... -le contesto con la más picara de las intenciones.- Pero esta parte de mi trabajo me atrae bastante, y más si tenemos en cuenta que estas situaciones nunca suelen ser desagradables... -le susurro mientras me acerco a él con intención de saborear esos labios que me están llamando a gritos. Estoy a punto de rozarlos cuando vuelve a sonar el "tu destino" de Leo Jiménez. -¡Mierda, Lourdes! ¿¡Qué pasa ahora!?
-Vaya, parece que te he cogido en un momento agradable, eh, putilla... Estábais ya bailando samba en horizontal?
-No, en el principio del comienzo, pero como eres tan oportuna... -bajo la voz intentando que sólo mi amiga me escuche; no sé si Antonio se está enterando de la conversación, pero al mirarle de reojo y sonrojada como una niña suelta una enorme carcajada. -Lourdes, ésta me la pagas, te juro por lo que más quieras que me la pagas. -Bueno, ¿qué quieres?
-Nada, que Alberto me ha pedido tu teléfono y... bueno... digamos que... en cualquier momento tu móvil te dará señales de vida suyas.
-Alberto... Alberto... ¿Alberto, el de la discoteca del viernes, al que YO NO QUISE darle MI número?
-Síííííí.
-En cuanto acabe la entrevista te juro que te mato... Te mato, te mato, ¡¡TE MATO!!
-Vale, pero antes de matarme cómete al bombón que tienes cerca, anda.
-Si dejas de llamar quizá pueda hacerlo.
-¡Bueno, bueno, ya te dejo! ¡Suerte, puta! ¡Te quiero!
-Yo también te quiero, zorra... ¡hasta luego! Perdona, Toni, tengo una amiga un poco... inoportuna, digá... No me da tiempo a decir más; se lanza a mis labios y mi cerebro desconecta: empieza a llegar lo que tanto había deseado y quiero centrarme en este momento, en saborear sus labios, que sus manos recorran mi cuerpo, quitar la ropa que cubre el suyo y entregarnos al placer. Aunque no quiero dejar de besarle mi cabeza intenta despegarse. -Dame un momento que apago el móvil. -A tientas porque no quiero soltar a mi Adonis consigo encontrar el teléfono, pulsar el botón de apagado y olvidarme del mundo; nunca había sentido tanta pasión ni me había excitado tanto un beso, y no es algo que me importe ahora mismo: lo único que atrapa mi atención es el ansia de tener más, de dar y recibir placer a este cuerpazo. Él deja de besarme un momento, empieza a desabrocharme los botones de la blusa y mis pezones anhelantes del tacto de sus manos y su lengua se ponen duros esperando a sentir ese roce que haga que me vuelva aún un poco más loca por este hombre.
-Parece que aquí hace calor... -murmura mientras su lengua dibuja circulitos haciendo que todo mi cuerpo arda deseando ser completamente suyo mientras mis pechos de la excitación empiezan a dolerme; mmmm, bendito dolor... De repente para en seco, se levanta y me agarra de la mano para no quedarse solo de pie. Yo también me levanto y en cuanto mi espalda acaba de ponerse erguida sus fuertes manos se agarran a mi trasero mientras sus deliciosos labios se entretienen saboreando mi cuello. -Me encanta cuando sabéis echaros el perfume y que ahora no tenga que comérmelo -me susurra al oído haciendo que mis piernas empiecen a dejar de sujetarme; mis labios recorren entre besos y pequeños mordiscos su precioso cuello. -Chica guapa, vestida sexy, con unos ojos increíbles y una colonia deliciosa... ¿qué más puedo pedir?- Mis manos cobran vida propia y le quitan la camiseta a la vez que las suyas casi me arrancan la blusa para ir directas al cierre de mi sujetador, que desabrocha con una destreza increíble. Noto que sus piernas lentamente empiezan a dar pasos hacia atrás y las mías las siguen en sentido contrario hasta que se oye un pequeño golpecito y sus rodillas de doblan para sentarse en la cama y mis piernas se abren para apoyarse a ambos lados de sus caderas. Se tumba en la cama y con la fuerza justa hace que la que este boca arriba sea yo quitándome el pantalón casi de un tirón, mira mi tanguita y mirándome con una sonrisa maliciosa hace un gesto con la mano para despedirse de él y al verlo yo no puedo evitar soltar una carcajada.
-¡Estás loco!
-Sólo un poco -Antes casi de acabar la frase su cabeza se pierde entre mis piernas y su lengua empieza a jugar con mi juguetito ardiente, deseando que eso no sea todo lo que reciba de él y deseando darle a él, al menos, tanto placer como el que estoy teniendo yo: con un certero movimiento de piernas hago que suba besando mi estómago en dirección a mis pechos, entreteniéndose en dar pequeños mordisquitos a mis pezones. -¿Por qué quieres que pare, no te gusta?
-Me estaba encantando, pero en esta situación tengo una norma: o disfrutamos los dos, o no disfruta ninguno, así que dile adiós a tu ropa. -Con toda la rapidez que puedo le desabrocho los vaqueros y tiro de ellos hacia abajo junto con su ropa interior, cojo su miembro duro y erecto y empiezo a lamerlo preparándolo para lo que le espera. Cuando introduzco en mi boca la punta de su sexo a él se le escapa un gemido que me hace entender que le gusta lo que está recibiendo. Cada milímetro que introduzco más es un gemido que mi Adonis deja salir de su garganta, hasta que sus caderas se apartan de mí. -Ahora soy yo la que duda de que te guste.
-No, por favor, me encanta, pero si sigues voy a durar mucho menos de lo que quiero, y como tú misma has dicho o disfrutamos los dos o ninguno.
Me sujeta por las caderas y con suavidad me invita a subirme encima de él como una amazona para montar a su caballo y mi cuerpo, que parece que tome sus propias decisiones le deja hacer, preparándose mi entrepierna para recibirle. Cuando empiezo a impacientarme su miembro entra en mi sexo y sólo con la punta me derrito de placer. Poco a poco me penetra mientras mis manos recorren su pecho y su estómago haciendo que quiera derretirme en ese momento. Mis manos se apoyan en sus muslos para empezar a cabalgar sobre él pero me agarra y tira de mis brazos hacia sus hombros mientras su cadera se mueve a un ritmo acompasado pero cada vez más rápido y con cada embestida la sacudida de placer que recibe mi cuerpo es cada vez mayor. Nuestros cuerpos entran en un dulce combate por ser el que más pasión le dé al otro a la vez que nuestros labios no dejan de saborearse mutuamente, con sus dedos hundiéndose en mi melena, dándome algún pequeño tirón de vez en cuando, haciendo que el placer de ambos aumente cada vez más; mis manos recorren todo su cuerpo y las suyas se mantienen fijas en mi cintura, impidiendo que mis piernas suban cabalgando más de lo que él quiere permitirme. Mi orgasmo está a punto de llegar haciendo que desee gritar como no lo había hecho hasta ahora en mi vida pero mi garganta no quiere dejar salir ese placer y mis manos encuentran la forma de canalizarlo tirándole del pelo a él, haciendo que un sonoro gemido salga de lo más profundo de su ser. Nuestro orgasmo llega a la vez con ambos mirándonos a los ojos y con mis manos agarradas a sus brazos dándole las gracias por todo lo que han hecho sobre mí. Del esfuerzo nos cuesta respirar, y con una dulzura que no me había dejado notar hasta ahora se gira en la cama tumbándome a su lado suavemente; siguiendo la costumbre a la que he llegado con los hombres tengo la intención de levantarme, vestirme y acabar la entrevista, pero me agarra del brazo y con la cabeza me niega el permiso para salir de esa cama, vuelve a besarme rodeando mi espalda con su brazo y yo le abrazo con intención de no soltarle nunca.
-¿Te ha gustado?
-Gustarme es poco, nunca había tenido tanto placer con un hombre. Y... ¿a tí?
-Si por mí fuera repetiría una y mil veces, pero...
-Lo sabía. -intento de nuevo levantarme, ahora entre decepcionada conmigo misma y molesta y otra vez me lo impide.
-No me has dejado acabar, impaciente -dice riéndose-, pero como acabo de hacerlo y con quien acabo de hacerlo. Y ahora mismo estaría dispuesto a hacerlo el resto de mi vida.
-Toni... ¿me estás diciendo...?
-Te estoy diciendo que me gustas, Lara, que aún sin conocerte en persona ya me gustabas, que gracias al pajarito y a "la gran F" sabía como eres y que leyendo tu blog he conocido tu manera de ser.
-Yo, yo... No sé qué decir. La verdad es que hace tiempo que me gustas, muchísimo, y no hay nada más en el mundo que me hiciera tan feliz como al menos intentar algo contigo.
-Entonces... ¿qué te parece si enciendes el móvil... llamas a tu amiga Lourdes... y le dices que sales de este loft con novio y una entrevista perfecta?
-¡No parece mala idea! Me levanto como una flecha de la cama en tiempo justo para coger el móvil; con él en la mano vuelvo al confortable colchón con mi Adonis, lo enciendo y casi sin poder marcar de los nervios que me atenazan en este momento llamo a mi mejor amiga.
-Pon el altavoz.
-Pero, ¿no dices que...?
-No vais a emitir la llamada en ningún sitio, ¿verdad? Pues ponlo.
-Bueno....
Primer tono... segundo tono... tercer tono... al cuarto mi amiga por fin contesta.
-¡Puta! ¿Cómo ha ido? ¿Ya has salido? ¡Dime que has ligado con él!
-Loudes, zorra mía, ¿A qué no sabes con quien estoy tumbada, desnuda en la cama?

Nota al lector:
Quiero dejar claro que esto es un relato, es una historia, totalmente ficticia: ni lo que aquí se narra ha sucedido, ni existe Lara, ni la autora tiene el privilegio de conocer a Antonio Salas; la única finalidad de esta historia es literaria, sin ánimo de ofender a nadie.

miércoles, 19 de marzo de 2014

La teoría del yin-yang

Dicen que la teoría del yin y el yang es la representación más sencilla y completa del equilibrio: nada es completamente bueno, siempre esconde algo malo y nada es completamente malo, siempre esconde algo bueno, como una vez por suerte pude comprobar y disfrutar. Ya ha pasado mucho tiempo, pero cada vez que lo recuerdo siento como si estuviera pasando ahora mismo; de hecho a veces incluso echo de menos sentir en mi nuca el aliento caliente de aquel rubio de ojos azules que sigue volviendome loca. Si pudiera volver a ese momento lo haría con los ojos cerrados.
Era una fría y para mí en un principio triste tarde en de invierno malagueño y en ese momento no podía ir peor: había discutido con mi prima, había discutido con mi tía, hacía unos días había cortado con mi rollo... Pero por suerte ahí estaba él, en aquella sala de chat, como si estuviera esperándome para ser la tabla de salvación a la que aferrarme aquella tarde y la excepción a mi norma número 1: no me gustan los chicos rubios, ni los chicos con los ojos azules, y menos los chicos rubios con los ojos azules. Tras un rato hablando de cosas sin importancia y de tonterías varias mi rubio dió el primero de los pasos que andaríamos esa tarde:
-Mira, yo esta tarde no tengo plan y tú parece que te vendrá bien salir un poco de tu casa y hablar con alguien... ¿te apetecería quedar un rato?
-Bueno, no tengo nada que perder y si no me gusta lo que hay, con largarme a mi casa, arreglado. Vale, si quieres quedamos un rato, que la verdad es que seguramente me vendrá bien. ¿Te parece bien si quedamos en el vialia en...no sé...una hora?
-Venga, perfecto. ¡Ahí te espero! Mira, te doy mi número y cuando llegues me avisas.
-Vale, te doy yo también el mío, así el primero que llegue que avise. Un beso y hasta dentro de un rato.
-Hasta ahora, guapa...
Una hora después allí estaba yo esperando al chico con el que había quedado y del que no sabía absolutamente nada, pero en ese momento me daba exactamente igual, y allí estaba Jesús: rubio, de piel blanca, unos ojos azul claro en los que me habría encantado ser lágrima para poder nadar en ellos y llevaba un jersey rojo que le destacaba los ojos aún más. Nos dimos los dos besos de rigor y empezamos a hablar de todo un poco mientras me inundaba una sensación de paz que hacía mucho que no experimentaba, era como si le conociera de toda la vida. Varias veces estuve tentada de besarle pero entonces era muy vergonzosa y tampoco quería que pensara que me lío con todos los chicos que conozco, aunque a él no podía compararle con los demás, por mucho que quisiera, era totalmente diferente a todos los chicos que había conocido hasta entonces.
Me habría pasado con él lo poco que quedaba de tarde con Jesús, la noche y el resto del tiempo del mundo si hubiera podido, a su lado era como si el tiempo se hubiera parado y todo fuera perfecto, no quería que ese momento terminara, pero como siempre suele pasar en estas situaciones, cuando más a gusto estaba con él tuve que ir, sin ninguna gana hacia la parada del autobús que me recogería, mecería hasta llegar a la parada de enfrente de casa de mi tía y me escupiera de nuevo a la realidad, pero aún me quedaba tiempo, hasta que yo no montara en el autobús y lo viera arrancar conmigo dentro, mi cita no se iba a mover un milímetro de allí; cuando por fin me decidí a besarle, cuando mis labios estaban a punto de rozar los suyos llegó el maldito cacharro y como si fuera la cenicienta salí corriendo para montarme en aquel transporte que me dejaría en casa justo a tiempo para no quebrantar el toque de queda impuesto por mi tía y el se quedó allí con cara de perrito abandonado esperando a que su dueña le cogiera amorosamente y lo llevara de vuelta a casa. Esa cara y esa mirada triste me partieron el corazón así que como en unos días tendría que irme de su casa sí o sí iba a darle el gustazo de tener motivos para echarme: justo antes de que el conductor arrancara un grito salió de mi garganta pidiendole que abriera la puerta, que me había equivocado de línea y salí corriendo al encuentro de mi ángel, que ya había unos pocos pasos en dirección contraria a mi casa.
-¡Jesús! ¡No te vayas, por favor!
-¿Pero tú no te habías subido al...?
No le dejé acabar la frase, no podía reprimir más mis impulsos y me lancé a besar esos dulces y carnosos labios que había estado toda la tarde deseando saborear.
-¿Pero qué haces, morena? ¿Tú crees que me puedes dar un beso así porque sí y quedarte tan tranquila? Ahora me toca a mí besarte a tí... -me dijo y se lanzó como una fiera a mis labios, que estaban deseando seguir saboreando los suyos y que nuestras lenguas iniciaran una lucha feroz por rozar a la otra y imprimir más pasión al momento. Tanto beso liberó nuestras manos que empezaron a recorrer la espalda del otro, logrando las suyas que cada roce de sus dedos hiciera que deseara cada vez más sentir sus manos recorriendo mi cuerpo desnudo y poder comerme a besos su anatomía despojada de cualquier prenda de ropa. Los dedos de su mano derecha se enredaban entre mi pelo mientras la izquierda rozaba mi culo con firmeza, lo cual hacía que mi sexo se despertara y yo empezara a desear más de ese chico. Quería que ese chico me diera todo el placer del mundo y darle todo el que fuera capaz de darle, deseaba estar entre sus brazos y no podìa dejar de besarle, era como si me fuera a faltar el aire si lo hiciera. Mis manos cobraron vida propia y mientras una bajó lentamente por su espalda hasta llegar a su culo y sujetarlo con fuerza la otra inconscientemente se dirigió a su miembro, que sólo con el roce de mi mano pareció entrar en un ardiente sueño.
-Ven conmigo, conozco un sitio en el que podremos estar solos.
-Si me lo pidieras ahora mismo me tiraría del puente más alto que encontrara.
Me cogió de la mano y fuimos paseando al parque más famoso de Málaga, dejando de besarnos sólo para mirarnos a los ojos, soltar una carcajada y decir que nos habíamos vuelto locos. Cuando llegamos a un rincón escondido en el que no podría vernos nadie al pasar me tumbó en el frio cesped y empezó a besar mi cuello mientras una de sus manos se metía furtiva por debajo de mi cazadora y mi jersey y las mías rozaban la suave piel de su espalda notando como el vello se le erizaba del frío. Con una destreza que no había descubierto hasta entonces en ningún chico rozó mis caderas y mi sexo volvió a enloquecer deseando sentirle dentro. Mis manos se pelearon con su pantalón mientras mis labios seguían saboreando los suyos; tras unos instantes de pelea conseguí deshacerme de las prendas que escondían su sexo palpitante deseoso de liberarse a la vez que sus manos hacían lo propio con mi ropa. Él rápidamente introdujo sus dedos en mi interior ardiente y empezó a moverlos a un ritmo acompasado que poco a poco iba acelerando dándome cada vez más placer; yo quería devolverle todo el placer que me estaba dando, quería que él también disfrutara, así que agarré su miembro con intención de que mi lengua le demostrara el inmenso placer que estaba sintiendo, pero mi ángel no quería que yo hiciera eso: él quería que llegara al orgasmo, él quería llegar, pero no como yo lo intentaba. De un tirón se deshizo de mi ropa y dejó mis piernas desnudas y mi sexo preparado para recibirle, cosa que no tardó mucho en hacer: con rapidez se quitó el pantalón, se tumbó sobre mí y me penetró lentamente, como queriendo torturarme de placer, mmmmmm, dulce tortura, y poco a poco empezó a acelerar sus movimientos hasta llegar al punto en que casi no podía respirar, tanto placer no me lo permitía y mi cerebro estaba demasiado ocupado dejándose llevar para darle a mis pulmones la orden de llenarse. Mi orgasmo y el suyo llegaron a la vez, lo cual nos dejó agotados a ambos, tirados en el cesped, con la luna llena como testigo de aquella preciosa noche que jamás olvidaré y sé que Jesús tampoco. Sólo espero poder revivir aquella tarde al menos una vez en la vida. ¿Será posible? El tiempo lo dirá.

Preparando la playa

Son las 7 de la mañana de lo que va a ser un caluroso día de verano y mi novio, como siempre, ya está levantado, cuando de repente le apetece que pasemos el fin de semana juntos en la playa. Yo aún estoy acostada pero eso no es un problema para él, ya tendré tiempo de dormir luego.
-Carol, ¿estás despierta? Cariño, hazme caso... -susurra mientras mordisquea el tatuaje de mi escápula.- Mi niña, abre los ojitos...
-Mmmmmggggg... ¿qué quieres? -abro un ojo y miro el despertador- es pronto, ¿qué pasa?
-Que estaba pensando que el año pasado como te pasaste todo el verano trabajando y no tuviste ni un solo de fiesta, este hay que recuperar los días de playa perdidos... Así que he pensado que querrías que pasáramos el fin de semana allí tú y yo solitos... Aunque siempre puedo dejar que te vuelvas a dormir y morirnos de calor en casa...
-¿Qué? ¿Tú y yo, un fin de semana en playa, solos? ¿Dónde hay que firmar? Dame dos minutos que cojo las toallas y un poco de ropa para cambiarme y estoy lista.
-Sabía que ibas a decir que sí, y como cuando antes salgamos antes llegamos lo he preparado todo antes de llamarte.
-Qué haría yo sin tí a veces... Hace mucho que no te digo que te quiero, ¿verdad? -le rodeo el cuello con mis brazos y tengo que contenerme para no darle un mordisco en vez de un beso.
En diez minutos me he vestido, he cogido lo justo y me he puesto el bikini que me regaló hace unos días y mi vestido preferido que sé que a él le encanta porque se transparenta cualquier cosa que me ponga debajo. Mmmm, me encanta excitar a mi chico... Cuando llevamos unos 20 kilómetros mi chico me mira de reojo y se da cuenta de que llevo el bikini que me ha regalado y por lo que el bulto de sus pantalones me revela, le gusta bastante como me queda.

-Te queda genial, sabía que iba a dar en el clavo... ¡Qué buen gusto tengo!
-Me alegro de que te guste lo que ves, me lo pondré todo lo a menudo que pueda -le respondo con una mirada pícara y mi sonrisa más maliciosa.
-Sí, bueno, a mí me gusta más quitártelo... Y ese vestidito si por mí fuera ya estaría quitado...-dice mientras muestra la más ardiente de sus sonrisas.
-¿Y a qué esperas? -le contesto yo entre ruborizada, sorprendida y excitada.
Sin pensarlo un segundo su mano izquierda sujeta el volante y la derecha de lanza a mi muslo izquierdo y empieza a deslizarse en dirección a mi ingle haciendo que mi sexo empiece a arder. Sube hasta cuerdecita que ata la parte interior de mi traje de baño en las caderas y tira de ella para desatar la prenda que cubre mi tesoro y roza con malicia mi ingle y la parte interior de mi muslo, poniendo empeño en no llegar a tocar mi sexo aunque yo lo estoy deseando pero para mi desesperación como está conduciendo no puede seguir jugando así que quita la mano de mi pierna y yo no puedo evitar que se me escape un gemido de excitación. Por suerte un poco más adelante hay un área de descanso vacío y a mi chico le falta tiempo para dirigirse allí; cuando aparca el coche se abalanza sin miramientos de nuevo sobre mi sexo: con un rápido movimiento introduce la yema de sus dedos en mi sexo ardiente mientras me da pequeños mordiscos en el cuello. Uff, cómo sabe lo que tiene que hacer para que en décimas de segundo esté a su completa disposición, pero no va a ser él el único que disfrute, así que en un momento que baja la guardia mis manos van hacia su pantalón para liberar su miembro de la prisión que en ese momento es su ropa interior; con toda la rapidez de la que soy capaz me deshago de su ropa interior para poder darle placer sin impedimentos. Mientras él introduce completamente dos dedos dentro de mí haciendo que un placer inmenso me inunde mi lengua se desliza rápidamente por su miembro erecto y me centro en asegurarme de que le guste lo que está dando y recibiendo así que empiezo a lamer rápidamente su sexo a la vez que él acelera el movimiento de sus dedos dentro del mío; mi lengua recorre todo su sexo saboreándolo y dándole suaves mordiscos que hacen que sus piernas tiemblen a la vez que sus dedos en forma de gancho cada segundo me den más placer haciendo que mis muslos sean cada vez menos capaces de sujetarme; siento que en cualquier momento mis piernas van a dejar de sostenerme.
-Uff, Carol, me encanta cómo sabes cuando lamer, morder o succionar... Como sigas así voy a correrme en nada.
-Jorge, como siempre tu tacto brilla por su ausencia... Bueno, si tan caliente estás va siendo hora de completar el trabajo.
Antes de que le de tiempo a decir nada me abalanzo sobre él y mientras nuestras lenguas luchan en una pelea desenfrenada por demostrar quién de los dos tiene más ganas de hacer que el otro se estremezca de placer con fiereza agarro su miembro y lo introduzco en mi interior deseoso de recibirle. A él se le escapa un gemido que hace que yo no pueda evitar sentirme poderosa al saber que le está encantando lo que está recibiendo. Mi chico aprovecha que mis pechos están a la altura de su boca para lamer mis pezones que hace rato estaban duros y anhelantes del roce de sus labios y yo no puedo evitar soltar un gemido; estoy deseando que su lengua rodee mis pezones erectos y que su boca muerda mis pechos mientras sus manos me hacen acercarme cada vez más al mayoe de los placeres. Mis caderas parece que adquieran vida propia: se vuelven locas en un continuo vaivén de adelante a atrás a la vez que su lengua ayuda a que mi cuerpo acabe de derretirse de placer moviendo sus caderas para ayudar a las mías a que ambos lleguemos a la vez al orgasmo.
-Ca... Ca...Carol... pa... pa... para un poco que no... que no me quiero...
-Calla y déjame hacer.
-Que aún no quie...
No le dejo acabar; le doy un tirón de pelo mientras muerdo su labio inferior para que se centre en lo que quiero: en disfrutar. Sé que no quiere llegar al orgasmo todavía, que quiere que lleguemos juntos, pero el mío está a punto de llegar aunque me encanta someterle a la dulce tortura de retrasar su clímax, me vuelve loca tener la capacidad de ser yo quien domine la situación. Sólo con mirarle sabe que no tiene posibilidad ninguna de protestar y mis movimientos de cadera hablan por mí: si paras ahora mismo te mato. Cuando se da cuenta de que mi orgasmo está a punto de llegar él tensa cada músculo de su cuerpo haciendo que sus dedos se hundan en mi espalda, haciendo que a mí se me escape otro gemido que hace que ambos sepamos que el gran final es inminente. Nuestro orgasmo llega a la vez y nos alcanza destrozados por el esfuerzo pero con ganas de disfrutar a tope del que probablemente sea el fin de semana más placentero que habremos tenido en mucho tiempo.


domingo, 16 de marzo de 2014

fin de semana

Vamos camino de Vera y tú no tienes ganas de conducir, y como sabes que tengo tantas ganas de ir cogiéndole el punto al coche, me dejas llevarlo un ratito. Te has levantado un poco indispuesto y casi no has podido pegar ojo en toda la noche, quiero pensar que por las ganas de pasar un fin de semana en la playa tú y yo solitos, que después del verano pasado todos los días trabajando con el abuelo no pudimos hacer nada, así que has decidido que este nos vamos a dar el gustazo. De vez en cuando te miro de reojo, con la excusa de vigilar el retrovisor y me encanta ver la carita que tienes así, dormidito, y soltando esos pequeños ronquiditos que tanto me gustan. Uff, no sé cómo puedes ponerme tanto simplemente con esa cara de niño bueno...
"Céntrate en la carreteraa..." te oigo decir en mis pensamientos, así que vuelvo a concentrar toda mi atención en "la difícil tarea de la conducción", pero a 300 metros de llegar a un desvío a un área de descanso dejada de la mano de dios noto un dulce roce en la rodilla derecha. Pego un respingo y una sonrisa pícara se escapa de mis labios, humm, quieres jugar... No, no quieres jugar y yo me he emocionado para nada: el roce no era tu mano, era el llavero de las llaves del coche, que me roza al levantar el pie del acelerador... ¡Qué desilusión! Yo pensando que querías que te diera una alegría al cuerpo, y más con el calentón que me ha entrado con el roce de las putas llaves -pienso mientras sueltas el ronquido que certifica que has entrado en estado de REM.- A tomar por culo la líbido.
Pero justo cuando empiezo a fruncir el ceño por pasarme el día pensando en lo salida que estoy, noto otro roce en el muslo derecho, muy suave, pero un roce al fin y al cabo. Como acabo de llevarme el chasco no hago caso y voy buscando algún cartel que me de la alegría de saber que hay algún área de servicio en el que pueda estirar las piernas un poco, comerme un bocata, meterme un monster de piruleta en el cuerpo y bueno, todas esas cosas que uno necesita hacer cuando va de viaje, pero este tramo de carretera, por no tener, no tiene casi ni la señalización kilométrica, y estoy empezando a ponerme de mala hostia, cuando ¡por fín! mis plegarias son escuchadas por no sé que santo, pero me da igual el que sea, la cosa es que por fin veo lo que tanto deseaba: "2000 M. zona de servicio". Suspiro entre contenta y aliviada, y aprovechando que no me vas a echar la bronca porque llevamos el GPS y me chivará por dónde salir después, voy en dirección a la salida del que hasta dentro de un rato va a ser mi pequeño paraíso. Te miro de reojo otra vez; sigues dormido, y debería hacerlo, pero me da lástima despertarte, así que pienso que voy a esperar a haber aparcado y ya entonces si quieres ir al baño y esas cosas, bien, y si no, pues por lo menos no te he jodido el sueño. Cuando pongo el intermitente hacia mi oasis particular oigo en susurros:
-Hay camas... Ummmmmmmmmmm...
-Javi, ¿qué dices?
¿Tu respuesta? un atronador ronquido y media vuelta en el asiento. A veces pareces un tigre de bengala en huelga de hambre.
-Mmmmmmmmmmm, nenaaaaa... Charlie ha visto que hay camas y tú pareces cansadita...
-Charlie, soy Susi, ¿quieres jugar un poquito?
-¡No, quiero cambiarle el agua al canario, que me duele la tripa de tener que aguantarme.
-Joder, hijo mío, me encanta tu romanticismo, brilla por su ausencia...
Te ríes pero a mí no me hace ninguna gracia, así que me limito a hacer como que no hemos dicho nada. Me miras y yo sueltas, esa frase que tanto me cabrea:
-Ya se ha enfurruñado.
-No, ¿por qué me iba a enfurruñar? -¿Porque otra vez mis ganas de disfrutar antes de llegar al hotel se han esfumado por tercera vez en poco tiempo?-
Llegamos al área de servicio, y casi no me da tiempo a echar el freno de mano cuando te veo a una velocidad increíblemente alta desabrocharte el cinturón de seguridad, coger tu bolsita y entrar cartera en mano en el "bar-restaurante" y me dejas allí, con la cara desencajada y gritándote:
-¿¡Pero dónde vas, que el servicio está ahí fuera?!- Como si estuviera diciéndoselo a la pared; ni me dices donde vas, ni me dices si me has escuchado. Mi mala hostia aumenta hasta el nivel que cualquier técnico de tráfico catalogaría como "no acercarse, conductora estresada". Luego te quejas de que cuando me cabreo no hablo... Habla mister simpatía recién despierto. Mientras tú estás ahí dentro haciendo vete tú a saber qué, yo voy al baño a lavarme un poco la cara y cuando salgo te encuentro apoyado en la puerta, meciendo un llavero con una llave en la mano y mirándome con esa cara que tú y sólo tú sabes poner cuando quieres despertar mis más bajos instintos y quieres disfrutar un rato en la cama... o donde se tercie.
-Ven, ven... Me dices mientras me coges de la mano y me llevas dentro, casi a rastras, mientras intento decirte a gritos que no he cerrado el coche. Frenas en seco, pones cara de "me vas a tocar las pelotas tanto que me voy a pasar 4 días sin hablarte", me clavas los ojos y a escasos milímetros de mis labios dices la palabra mágica: mentira. Y tienes razón, había cerrado el coche nada más bajarme del coche y antes de salir disparada a un lavabo sorprendentemente limpio. Lo siguiente mi cerebro sólo es capaz de asimilarlo a trozos: "habitación.... 3 horas... ducha...".
-¿Qué?
-Que nos dejan una habitación 2 horas para que tú puedas descansar un poco, yo duerma un rato más a ver si se me pasa el mal cuerpo y nos demos una ducha antes de seguir.
-Anda, ¡mira que majos! Pero, ¿2 horas? ¿cómo es eso? Ah, bueno, que son ya las 10 de la mañana, habrán salido temprano de alguna habitación, ¡Pues mira qué bien!
-Si, muy bien, de puta madre, pero date prisa que no me han querido cobrar pero tenemos que estar fuera de la habitación antes de las 12.
-Pues venga, ya tenías que haber abierto la puerta.
Entramos como si alguien nos estuviera siguiendo. La habitación está en un primer piso pero me metes en el ascensor, me tapas los ojos con el pañuelo que llevaba puesto en el cuello para que no me de frío en la garganta y que había tirado a los asientos de atrás del coche. ¿Cómo lo has cogido sin que yo me haya dado cuenta? Con razón no lo encontraba... Te pones detrás de mí y yo espero que me des un palmetazo en el culo, pero no, lo que haces es enredar con mi pelo y hacerme cosquillas en el cuello.
-Calla. -Me dices y me das mi ansiado cachetito en el culo.
-Javi, que me...
-Que te calles o te amordazo.
-No serás capaz...
-¿Que no? Buena cosa me has dicho... -No sé de dónde pero me noto una bola en la boca...
-¿Gué ed esgo? Intento preguntar mnientras noto como si estuvieras atándome lo que me acabas de meter en la boca igual que un bozal. La bola está blandita, pero no me hace gracia; no soy un perro, y yo te pedí permiso para atarte en casa... Miras mi reflejo en el espejo del ascensor, se te escapa una sonrisilla y mi oído oye un susurro:
-¿No querías sado? Pues no vas a ser siempre tú la que mande.
-Bego...
No hay peros que valgan; vas a ver tú lo que es bueno. Mmmmmmm, la verdad es que no se está tan mal así. Noto como tus manos me están rozando los pezones buscando que se pongan duritos, y no voy a reconocertelo, pero me está encantando. Con una mano sigues rozándome el pezón mientras la otra empieza a bajar por mi barriga pero te paras a jugar con mi ombligo. Mierda, yo estoy deseando que me metas mano y tú te dedicas a jugar a tocar el timbre... ¿y de dónde coño habrás sacado la mordaza? Cómo se nota que te gusta torturarme. En cuanto la puerta del ascensor se cierra, me das un mordisco en el cuello, y... ¡¡eh!! ¿quién ha apagado la luz?
-Que la puerta se va a abrir rápido, no querrás que alguien me vea metiéndote mano...
-¡¡¡¡¡Gadi, bo dead guabo!!!!! -Me siento ridícula intentando hablar y oyéndome como si tuviera en la boca un kilo de polvorones sin masticar, cuando la puerta del ascensor se abre y tú tiras de mí hacia atrás. ¿ya vamos a salir? ¡Si no se ha movido! ¿Qué pasa? ¡Dime algo, coño! Noto que empiezo a agobiarme cuando me doy un golpe en las pantorrillas. Hago aspavientos con los brazos, pero no consigo tocar nada, y menos a tí; oigo otra vez cerrarse una puerta, y entre el golpe y el frio que noto, o mucho me equivoco, o me he dado con la barra de una cama. Intento quitarme lo que me has puesto en los ojos, que aunque es muy suave, no me gusta, no sé dónde estoy, dónde estás... me estoy agobiando porque intento quitarme esto pero lo has atado con ganas.
-Ahora sí, vamos a disfrutar de las 2 horitas que tenemos, que yo estoy deseando metértela y no puedo aguantar hasta llegar al hotel a Vera... Y por lo que parece, tú tampoco.
¡Claro que no soy capaz de aguantar! Pasado el cabreo momentáneo de la mordaza y resignada a no poder ver nada te voy a dejar hacer. Me rindo, no puedo hacer otra cosa, cuando noto que empiezas a rozar mi cuello otra vez, pero ahora no es con mi pelo, pero es suavecito. Alguien ha hecho un buen pedido en la página de amantis y no he sido yo...
-¿Estás cachondita? Porque si no lo estás voy a hacer que te pongas. -Dices mientras noto como vuelves a rozarme los pezones, y de nuevo bajas una mano, y ahora sí, introduces esa mano mágica dentro de mi pantalón y te pones s jugar con ese bultito del que tan amiguitos son tus dedos. -Vete preparando para saber lo que es bueno. Uy, si ya vas empezando a estar mojadita, qué bien me lo voy a pasar jugando a las torturas. Mmmmmmmmm, qué rico... ¿Te gusta que te toque ahi, eh? -Me estás metiendo un dedito y yo no quiero contestar, ahora mismo sólo quiero quitarme esta cosa de la boca, bajarte los pantalones y comerme esa parte de tu cuerpo que tanto me gusta saborear, pero cuando consigo palpar el botón y voy a desabrochártelo das un paso atrás.
-Aún no puedes por portarte mal.
¿Mal? ¿Yo? ¿Qué he hecho? Intento preguntar, pero me siento gilipollas así que prefiero esperar a que me quites esto y entonces pedir explicaciones. Me sientas en la cama y cuando quiero darme cuenta noto como me tumbas en la cama, me sujetas y me atas algo suave en el pie izquierdo, luego en el derecho... Intento protestar, pero me das un manotazo en la mano por intentar sentarme en la cama.
-Quieta. -Murmuras. Pero yo no quiero estarme quieta, quiero quitarte la ropa y meterte mano, quiero quitarme la ropa yo y que me comas de pies a cabeza,pero no me dejas, me das un manotazo más fuerte, ahora en un muslo. -Te he dicho que te estés quieta. No te doy permiso para moverte... Aún. Uff, pensando, imaginando, sabía que me iba a encantar ser tu sumisa y que seas tú quien mande; lo que no sabía es que me iba a gustar tanto. Sólo de pensar en lo que me espera me estoy poniendo cachondísima, pero no me da tiempo de seguir centrada en mi calentón porque noto cómo me coges la mano derecham me pones algo y me la atas también. Escucho tus pasos y un roce en la mano izquierda, y ya estoy totalmente atada.
-Be diede gayobdidiba. Soy capaz de intentar decir. Pero no quiero balbucear con esta cosa metida en la boca, quiero lipiiarme la saliva que empieza a escurrirseme por las comisuras de los labios. Quítame esto ya, por favor, pienso esperando que seas bueno y lo hagas, pero no sólo no me quitas el bozal sino que encima te pones encima de mí y empiezas a deslizar algo metálico y fresquito sobre mi tripa. ¿¡También me vas a poner los pendientes en los pezones?! Esto es una sesión de sadomasoquismo en toda regla...¡¡Y me encanta!! Mientras me pones el frío pendiente en una teta jugueteas con mi botoncito a la vez que lames el pezón libre y yo me derrito de gusto. Ya me da igual que me ates, que me pegues... Sólo quiero que no pares.
-¿Te gusta? Susurras en mi oído y contesto de la única forma que puedo: con gemidos para tí solito, para que sepas que me encanta. Mmmmmmmmmm, estoy deseando que me metas esa preciosidad que tienes entre las piernas y que tanto deseo tener a mi alcance para poder jugar. Y por fin, por primera vez desde que me bajé del coche haces lo que estoy deseando que hagas y empiezas a desnudarme dándome mordisquitos por cada parte del cuerpo que acabas de dejar sin ropa; me vas bajando poco a poco el tanga que me regalaste y yo quiero darte placer, pero estoy atada y no puedo casi moverme así que vuelvo a rendirme y dejarte hacer. Para acabar de quitarme la ropa me sueltas sólo una pierna y aprovechas que la camiseta no tiene tirantes para echarla todo lo posible hacia abajo. Cuando ya había asumido que no iba a poder ver absolutamente nada me quitas el pañuelo de los ojos, que tengo que abrir y cerrar varias veces para aliviarlos un poco del fogonazo que me pega la luz de golpe y te veo con mi Charlie en la mano, jugando con él. Me miras con cara de niño bueno:
-¿Quieres jugar con él? 
-¡¡¿¿De verdad lo preguntas??!! ¡¡Claro que quiero!! 
-¿Quieres que te la meta ya? Preguntas y yo asiento con la cabeza como una loca. Te veo sonreír y darte la vuelta. Estás cogiendo algo de la bolsa, pero ¿qué? Tienes en la mano un bote de lubricante con sabor a chocolate y con su sonrisilla maliciosa me lo enseñas, lo abres y pones un poquito sobre los pezones. Uff, cada segundo que pasa estoy más caliente. Estoy deseando que me la metas, pero no lo haces, te entretienes lamiéndome y haciendo que me impaciente, te sientas encima de la cama y empiezas a meter y sacar un dedito con una gotita de lubricante, te levantas y te arrodillas entre mis piernas, echas otra gotita de lubricante y tu lengua hace el trabajo que yo quiero que haga tu entrepierna, pero sabes como hacer para que me muera de placer y me dejo llevar. Dejas de lamer y sigues jugando con esos dedos proverbiales que tienes mientras me miras y cuando llego al séptimo cielo miras el reloj, guardas el lubricante en la bolsa, me desatas y me quitas la mordaza.
-Pero nene -por fin consigo poder hablar, aunque tengo la boca dolorida y me cuesta un poco vocalizar- yo me he quedado a gusto, pero ¿y tú?

-Yo tengo el aguante suficiente para llegar al hotel. Por cierto, son las 12 menos 5, date prisa en vestirte porfa, y dame las llaves del coche que ahora te toca dormir a tí...

viaje aprovechado

Llevaba sin pisar Córdoba desde que lo dejé con Jaime hace un par de años; no había tenido ni motivos, ni tiempo ni ganas, pero después de un duro año de trabajo por fin mañana son mis vacaciones y el cuerpo me pide inundarse un poquito de esa alegría que siempre me han hecho sentir sus calles blancas, sus patios llenos de flores, ese cierto aire de historia que me inspira la Mezquita que tanto tiempo llevo sin visitar, y ese bar cerca en el que hacen unas tortillas de patata de un palmo de grande en el que tantas tardes he pasado disfrutando con la que durante un tiempo fue mi gente, riéndome de todo con mis amigas cerveza en mano o quedando con mi ex cuando salía de trabajar antes de irnos por ahí un rato, así que aquí estoy, acabando de preparar la maleta y con el billete de AVE encima de la pequeña mesa que tengo en mi habitación a la vez que hablo con un chico al que he conocido en twitter y con el que después he tenido contacto por facebook y que parece bastante buen chico; me pica la curiosidad por ver si Josema es como en sus fotos de perfil: alto, pelirrojo engañoso (según él es rubio), gordito, una perilla bien cuidada y con unos ojos azul claro en los que me perdería encantada.
-¿Entonces a qué hora llegas?
-A las 11 de la mañana si no hay ningún retraso. ¿Te apetecería quedar, no sé, a eso de las 12, que me de tiempo de dejar las cosas en el hotel?
-Tengo una idea mejor: sabiendo a qué hora llegas estaré allí una hora antes, sabré en que anden para tu AVE, te esperaré y te haré de taxista y guía turístico, ¿qué te parece?
-Bueno, por mí perfecto, ¡pero! me tienes que invitar a una cerveza en cuanto me baje del tren.
-Trato hecho.
Entonces quedamos así. Y bueno, me voy a ir ya a la cama que si no me quedaré dormida y perderé el tren. Hasta mañana, pelirrojo.
-Hasta mañana, bella Natalia.
Me ha costado un montón conseguir dormir un poco, de hecho sólo he dormido 2 horas seguidas, y cuando estaba empezando a hacerlo a gusto ha sonado el maldito despertador. Menos mal que el viaje es corto y no he dejado de hablar un minuto con mi pelirrojo interesante, que ha hecho que mi curiosidad hacia él haya aumentado minuto a minuto. Por fin he llegado, ahora sólo espero que no se haya arrepentido y me quede aquí tirada, empezaría bien las vacaciones...  A ver si le veo... joder, aquí hay demasiada gente, no veo nada. De repente noto como me dan un cachete en el culo.
-¿Pero tú eres gilipollas o qué? -Me giro con intención de darle una hostia a quien haya sido capaz de golpear mi precioso culo sin mi permiso pero veo que es un niño pequeño. -Perdona, guapo, pensaba que eras un hombre malo.
-Perdona, guapa, pero es que no lo he podido resistir. -El niño va de la mano de su padre que ante la ocurrencia del niño no puede evitar soltar una carcajada.
-Oye, Mario, que esas cosas no se hacen. Como se entere tu madre nos va a dar una torta a los dos. Pídele perdón a esta chica.
No, no, tranquilo, y disculpe por haberle hablado así al niño.
Cojo mi maleta mirando hacia todos los lados a ver si consigo ver alguna cara que me resulte familiar cuando oigo entre risas:
-Joder, Natalia, menos mal que ha sido un crío, si llega a ser el padre te lo comes con patatas.
-Tanto no, pero si hubieras sido tú igual me habría enfadado un poco menos, fíjate tú. -Le digo mirándole con cara de niña buena mientras aprovecho para echarle un vistazo rápido: es como en las fotos, pero me parece un poco más guapo y no es pelirrojo, es rubio.
-¿Qué tal el viaje?
-Bueno, por suerte no ha sido muy largo y gracias a tí no se me ha hecho muy pesado, rubio.
-¿Ves? Ya te dije que te estabas confundiendo con mi color de pelo. -Me dice a carcajada limpia. -Bueno, bella dama, ¿me permite ayudarle cogiéndole la bolsa tamaño "cadáver partido en dos"?
-Jaja, por supuesto, amable caballero, aunque procure no volver a meterse con mi bolsa, que la pobre escucha y se pone triste.
Vamos hasta su coche para meter las cosas y cuando coge mi maleta su mano roza mi mano, lo cual hace que un escalofrío recorra toda mi espalda. Las dejamos y nos vamos a tomar una cerveza para conocernos un poco más; así a mitad de la segunda cerveza me explica que andaluz por parte de madre y polaco por parte de padre y que por eso en facebook tiene un apellido imposible de pronunciar y acabado en icz, que es lo único que consigo recordar y que es de Jaén pero que por azares del destino acabó en la cuidad del Califa. A punto de acabar la cuarta le suena el teléfono.
-Preciosa, tengo que cogerlo, perdona.
-No, no, habla tranquilo, por mí no te cortes.
-Dime... ¿qué cojones quieres ahora, Carla? ... no, yo no tengo la culpa de ... ah, que ahora que la niña se enganche del pelo de las crías se meten con ella es mi culpa, ¿no? ... Carla, que no me grites ... mira, me estás hartando ... vale, que sí, que lo que tú digas ... que sí, que si tú lo dices será verdad ... Hale, hasta luego tía, que no me interesa tu vida.
-¿Estás...casado? -Le pregunto aunque no sé si quiero saber la respuesta.
-Divorciado, tengo una niña de 7 años, y como tristemente has podido comprobar, no me llevo demasiado bien con la madre.
-Tranquilo, no tienes que explicarme nada si no quieres, no tengo problema.
-No, de hecho quería contártelo, pero en persona; estas cosas me gusta hablarlas cara a cara. -Se acerca a mí y me susurra en el oído: -Espero que no te importe.
-No, tranquilo, no pasa nada. Oye, ¿te importa si damos una vuelta? No soy de estar mucho rato en el mismo sitio y como sigamos aquí voy a acabar más borracha que una cuba, y no es plan contarle a mis compañeras de trabajo a la vuelta "pasé mi primer día de vacaciones en un bar y acabé bebíendome todas las existencias de cerveza" jajaja.
-No, ¡por dios! Aunque estoy tan a gusto contigo que me encantaría pasar todo el día juntos, si no te importa. -No, no me importa, estoy deseando pasar con él hoy, mañana... si por mí fuera no me separaría de él en los 15 días que voy a pasar aquí. Me encantaría no separarnos ni un sólo minuto, y ahora mismo mataría porque me besara, pero aunque estoy deseando hacerlo, no voy a ser yo quien se lance; no quiero arriesgarme a que me aparte la cara o que piense que soy una zorra que se enrolla con cualquiera.- Mira, si te parece bien vamos al hotel, dejamos tus cosas y te enseño esto, que aunque hayas vivido aquí seguro que hay sitios preciosos que aún no conoces.
Llegamos al hotel y tan amable como en la estación me ayuda a subir las cosas a la habitación. Menos mal que me echa una mano; sola no habría sido capaz de subirlo todo de vez.
-¿Te importa si voy un momento al lavabo? Necesito arreglarme un poco el maquillaje, que si se me corre el perfilador voy a acabar pareciendo un mapache.
-A mí me seguirías pareciendo preciosa aunque fueras un oso panda... y muy sexy, sobretodo con esa falda y esos zapatos. -Vaya, no esperaba que se hubiera fijado en mi ropa, pero el que lo haya hecho me ha encantado y hace que tenga aún más ganas de comérmelo a besos. -Pero ve tranquila al baño, yo aquí te espero, que no tengo nada mejor que hacer.
Como me temía el maquillaje se me ha estropeado un poco pero he llegado a tiempo; con un poco de agua y una nueva pasada de perfilador me veo de nuevo perfecta. Cuando salgo del lavabo él está sentado en el borde de la cama, mirándome de una forma que hace que sienta que me está desnudando con la mirada.
-¿Nos vamos ya que pueda hacer de tu guía turístico ya o quieres descansar un poco? Mira que aquí nos echamos unas siestas muy buenas... y hacemos unas recargas de pilas mejores. -Se acerca a mí, me agarra por la cintura y yo siento otro escalofrío recorrerme la espalda.. Si supiera que no me ibas a abofetear si te besara, te comería a besos ahora mismo.
Yo si fuera tú lo intentaría; en esta vida hay que arrepentirse de lo que no se hace... y a un hombre con esos ojazos no soy capaz de pegarle... -le digo mientras me acerco un poco más a esos labios que ya me muero por devorar. O me besa él o me aplico mi consejo y me lanzo yo. -No soy tan mala, en contra de lo que por lo que veo opinas de mí.
Suelta una mano de mi cintura y la desliza hacia mi culo atrayéndome hacia él y sus labios rozan los míos. Me encanta esa sensación, pero acaba de desatar a la diosa lujuria que hay en mi interior, despertando el fuego que tanto tiempo llevaba controlando pero que ya se ha desatado en mi interior. Él empieza a besarme y yo me dejo llevar, quiero saborear sus labios, quiero rozar cada milímetro de su cuerpo y que me haga enloquecer con el roce de sus grandes manos por mi cuerpo. Nuestras lenguas empiezan a luchar y mi sexo empieza a arder de deseo de que él lo posea. Noto como mientras me sigue besando intenta bajar la cremallera de mi falda y yo sólo soy capaz de querer desnudarle cuando con una destreza que nunca había disfrutado mueve su pie para que el mío se despegue del suelo y aprovecha para agarrar mi pierna a la altura de la rodilla en cuanto lo levanto un poco, baja el otro brazo hacia mi culo y con un roce que mi cerebro por sí sólo interpreta como una señal hace que de un salto mis piernas rodeen sus caderas. Cuando lo hago el aprovecha para acercarse a la cama y sentarse conmigo aferrada a él como una lapa a una roca. Sigo devorando sus labios y mi interior sigue pidiendo más, no se conforma con lo que tiene. Él me quita la camiseta y yo aprovecho que deja de besarme para casi arrancarle esa camisa azul preciosa que lleva. Al quitarme la camiseta sus fuertes manos rozan mis pechos y mis pezones responden a su suave caricia endureciéndose tanto como no recuerdo que lo hubieran hecho nunca. Con ansia me desabrocha el sujetador que hace volar por la habitación y su lengua empieza a juguetear con mis pezones mientras mi sexo cada segundo arde más y está más deseoso de recibirle. Le empujo ligeramente para que se tumbe en la cama y aprovecho para recorrer su pecho rozándole con un dedo mientras me deleito besándole en el cuello. Cuando intento desabocharle el cinturón no sé como lo consigue, pero se pone encima de mí y empieza a besarme el cuello, a bajar por la linea que divide mis pechos centrándose en mis pezones y sigue bajando dándome suaves mordisquitos en el estómago mientras sus habilidosas manos tiran de mi falda hasta hacer que me desprenda de ella y bajan mi tanga hasta dejarlo tirado en el suelo y se entretiene a jugar con el punto más sensible que pueda tener cualquier mujer con su lengua mientras con la introduce y saca de mi interior la yema de dos dedos haciendo que me derrita de placer tumbada en esa cama. Yo quiero levantarme para desnudarle y devolverle todo el placer que me está dando, sólo soy capaz de pensar en lamer esa parte de su cuerpo que estoy deseando sentir dentro de mí, pero cuando consigo llegar al botón de su pantalón vaquero para como si acabara de ver al diablo delante de él, me mira a los ojos y mirándome con una mezcla de deseo y dulzura me dice:
-No quiero que hagas eso ahora. Ahora quiero que disfrutes y que sepas cuánto te deseo y cuánto desearía ser el único que disfrutara de tu cuerpo.
-Pero...
No hay peros que valgan. Natalia, por favor...
Veo que diga lo que diga no va a servir absolutamente de nada, así que cierro los ojos y me dejo llevar. De nuevo me besa, pero esta vez con una dulzura que no habría sido incapaz de imaginar en él pero deja de besarme de nuevo, se levanta y con una mirada lujuriosa se acerca de nuevo a mí y sus manos vuelven a hacer que mi sexo se derrita deseando que por fin le pueda dar todo el placer que deseo. Con un suave tirón de los brazos me ayuda a sentarme en la cama y se tumba boca arriba.
-Cariño, ahora me toca hacer a mí... -le digo y me subo sobre él, agarrando su sexo duro y ardiente y lo introduzco en el mío. Mis caderas se vuelven locas y empiezan a moverse como si tuvieran vida propia con el único propósito de devolverle todo el placer que me ha dado, darle todo el que quiero y un poquito más. Mientras mis caderas se mueven las suyas ayudan a que mi sexo se derrita aún más subiendo y bajando acompasadamente a la vez que seguimos besándonos apasionadamente. Mi orgasmo llega y mi garganta suelta un grito que ya no era capaz de contener más tiempo a la vez que él hunde sus dedos en mis muslos en una ruda forma de darme a entender que también él ha llegado a su máximo punto de placer.
Agotada, me tumbo sobre él mientras el me abraza, haciéndome sentir amada, deseada y protegida, me mira y me susurra:
-Mi bella Natalia, por fin mi sueño se ha hecho realidad. No sé si volverá a pasar, no sé si querrás estar conmigo un minuto más o si querrás darme la oportunidad de dejarme intentar hacerte feliz; sólo espero haber conseguido que hayas disfrutado.
-Querido Josema, por lo pronto tengo 15 días para saborear aquí, y espero que no todos sean en esta habitación, pero que todos sean contigo...

bienvenida a tu dulce despertar

Tengo puestas a las t.A.T.u. a todo volumen en el ordenador en lo que cualquier otro día podría haber sido una de mis autoproclamadas sesiones de "viva el rollo bollo", pero hoy es distinto, hoy sé que es el gran día, el día en que por fin te voy a tener delante y voy a saber si realmente soy capaz de llevar a cabo todo lo que mi mente calenturienta ha estado imaginando que te hacía en sueños, duchándome o poniéndome mi tanga preferido. Tantas fantasías que quiero cumplir y tantas dudas que se pasean por mi cabecita... "all the things she said..." ¿seré capaz de mirarla a la cara o como cuando me suele pasar agacharé la cabeza y no seré capaz de levantarla? "run into my head..." lo que no voy a consentir es que te vayas sin haberte dado al menos un beso, que con Jenni y Erika en su día no le dí importancia, pero de hace un tiempo a aquí, por tu culpa, me pica la curiosidad de si me habría gustado... Joder, ¡qué imbécil fui! Si lo hubiera hecho, como fue el primer impulso que tuve, al menos sabría si me gusta este rollo o no, si soy hetero, o bisexual, o qué cojones soy yo. Una y mil veces he soñado que le echaba coraje y rozaba los labios de Jenni y la locura se desataba en ese baño... Pero se quedará en eso, en un sueño, y eso me pasa por gilipollas y por rajada. ¿Y si...? No, si me siento incómoda sé que me entenderás y que no volveremos a tocar el tema, pero por probar no pierdo nada. Además, ¡qué coño! En esta vida tienes que arrepentirte de lo que no haces, así que voy a fantasear un poquito más contigo mientras llamas para decirme que has llegado y no, a ver si así me relajo un poco, que de los nervios estoy tensando demasiado la espalda y empieza a dolerme. Estoy deseando que llegues y los segundos parece que no quieran pasar... Buff, me estoy poniendo histérica yo sola. Son las 3 y hasta las 5 más o menos no creo que estés como muy cerca a unos 20 kilómetros así que me voy a pintar un poco, que quiero que me veas perfecta y que tengas tantas ganas de comerme como dices. Mmmmmmmmmm, sólo de imaginarte rozando mis labios un escalofrío recorre mi espalda y mi sexo empieza a prepararse para que hagas con él todo lo que quieras.
A la mierda las rusas, tengo mono de heavy metal y "mi" Leo Jiménez me espera en el móvil, lo cual me viene bastante bien porque así Javi puede meterse un rato en el portátil, aunque me encantaría que estuviera metido en otro sitio, pero paso de decirle nada, que luego me dice que soy una pesada. "Tendrás a tu hombre..." ya tengo los ojos perfilados y la primera capa de rimmel dada, voy a vestirme que si no me vas a pillar con el culo al aire y no es plan. "De padre canel... Taata, ¡¡tata Nora!!" Vale, WhatsApp tuyo: "espero que tengas tantas ganas de que te coma como yo de comerte a tí, preciosa... ;)". Cómo sabes calentar el ambiente, cabrona. Tengo ganas de que me comas, tengo ganas de probar esos labios tuyos preciosos y tengo ganas de hacer todo lo que se me pase por la cabeza contigo y con Javi. Toma respuesta. "Tú ve preparándote, que esta noche te vamos a hacer tocar el cielo con las manos, te voy a comer enterita..." Mierda, me he puesto nerviosa y me he dado en la espinilla con la media por tu culpa. María, como me sigas calentando en vez de con un vestidito corto y los botines voy en sudadera y deportivas... -.-'. "Vale, vale, ya me callo, perdona... pero solo hasta que estes vestidita, y no lo hagas mucho, que quiero desnudarte con los dientes rapidito". Sí me vas a desnudar, sí, si esto me gusta tanto como creo que me va a gustar...
- Con que te vas a poner sexy para poner cachondilla a María, ¿eh? Qué mala eres.
-Oye, será que para tí no me pongo sexy y guapa. Si te fijaras un poquito más en mí de vez en cuando...-me pone de mala leche cuando se pone así: ¡si me encanta que se le haga la boca agua con un rápido vistazo! Pero bueno, ya estoy acostumbrada.
-Ah, ¿sí? Pues te vas a tener que volver a vestir, porque antes que ella estoy yo que estoy aquí. -dice mientras roza mi cuello arañandome un poco el culo de lo que me está pretando. -Esta noche no me dejarás solito para jugar sólo con ella, ¿no?
-Cari, no te pongas celoso que vamos a jugar los dos y lo sabes. La diferencia es que en vez del típico trío con dos chicas se centran en él y hoy os vais a centrar chico y chica en mí... ¡¡Y ME ENCANTA!!
-Ay, viciosilla, viciosilla, qué peligro tienes...- me dice mientras su mano empieza a juguetear con mi sexo...-Por hoy te dejare que alguien más que yo juegue con mi niña, pero no te acostumbres, ¡eh!
-No, papaaaaaaaahhhmmmmm.
-Bueno, mejor me estoy quieto que sólo falta que te llame estando en plena faena y nos quedemos a medias.

Son exactamente las 4:54 cuando me llega otro WhatsApp tuyo: "prepárate cariño, dentro de 10 minutos vas a empezar a pensar en tu Laura Manzanedo de una manera totalmente distinta, estoy ya en el restaurante que me dijiste, aquí os espero". Ya estás aquí, ¡¡ya estás aquí!!, ¡¡YA ESTÁS AQUIÍ!! El corazón me late a mil por hora y no sé si coger primero el móvil, las llaves de casa o el bolso. Oookiii, en 2 minutos estamos ahí, ve pidiendo un par de cervezas y lo que tú quieras, pero si quieres comida espera a que pongan la bebida y entonces ya pide, que si no los cabrones no te ponen tapa. Ah, vamos de camino ya. te quieroooooooooooooo!!
-Relájate, que te va a dar algo, nena, ni que te fueran a violar.
-Hii, qué majo, madre... Bueno, vamos, que ya me están empezando a temblar las piernas.

Como te he avisado en 2 minutos hemos llegado al bar y es imposible no reconocerte: el pelo super corto, la piel blanca como la leche, la mini de cuadros que te he visto en unas cuantas fotos y una camiseta negra ajustadita que me deja ver parte de esos pechos tuyos que tantas ganas tengo ganas de palpar... uff, ahora mismo te sobaba de pies a cabeza.
-¡Aquí llega la tía más sexy, guapa y maciza del mundo, bombón! ¡Eh, Javi, tío bueno! -Sí, definitivamente eres tú.
-¡Churri! Ven aquí que te voy a pegar un bocao que te voy a sorber hasta los tuetanillos! ¿Cómo estás, cariño? ¿Qué tal el viaje?
-Pues, bueno, hasta que he llegado a Madrid un poco puteada, que el tráfico por allí sabes que es para morirse, pero en cuanto he salido perfecto. Y tu espera, ¿qué tal ha ido?
-¡¡¡MAL!!! Este no ha hecho más que meterse conmigo por culpa de mi impaciencia y de mis nervios.
-Es que es verdad, no por más veces que miraras el móvil iba a llegar antes, impaciente.
-Psse, visto así... Pero bueno, ya has llegado que es lo importante. ¿Has pedido algo ya?
-Si, 3 cervezas, que dicen que por aquí hay un par que están buenísimas.
-Sííííííiíí, la Alhambra está buenísima, ya verás.
-Por cierto, cariño, ¿me acompañas al baño? Es que llevo un par de horas aguantando y como no conozco esto me daba cosa preguntar...
-Nena, que aquí no nos comemos a nadie. Anda, que... Vamos, anda, ¡tira... tira!
-No hagáis cosas raras, ¿eh?
-No, tranquilo, sólo le voy a arrancar un trozo de pantorrilla, jajaja.
-Calla, que aquí se lo creen, nena. -me acerco a tu oreja para que no me oiga nadie- ojo con lo que dices, que aquí a la gente le gusta demasiado hablar...
Vamos al baño, y en cuanto deslizo el cerrojo te abalanzas hacia mí.
-Qué ganas tenía de poder devorarte...
-¡No des voces! Y lo siento cari, pero vas a tener que esperar un poquito, aquí no podemos hacer nada. Estoy deseando dejarte hacer, pero ahora no se puede. No te enfades, por favor.
-No, tranquila, no pasa nada. Pero que sepas que te voy a comer enterita. y... un besito no me negarás, ¿no? Que con los dos besos del saludo me has dejado con la miel en los labios... -me miras fijamente, te acercas a mí y a escasos milímetros de mis labios me susurras -...si mi ama me lo permite.
-Humm, nno sé, no sé... -Sin que te lo esperes me lanzo a tus labios y te doy un pequeño mordisquito en el labio inferior.- ¿Y si el besito se lo doy yo a mi sumisa? Uff, sólo con eso mi entrepierna ya ha empezado a arder, esto va a ser muy divertido.
-Sí, sí, que sea mi ama la que me de un besito, pero pequeñito que así luego la pillo con más ganas. Te acercas un poco más a mí y cuando noto tu aliento en mis labios rozo dulcemente los tuyos.
-Que sepas que estoy deseando meterte la lengua hasta el esófago...
-Y tú que me va a encantar ser tu Laura Manzanedo particular.
-Mmmmmmmmmm, mi Laurita... se me caen las babas.
-¿Ves, cariño? Tú no eres estrictamente hetero, no lo eras antes de conocerme y no lo serás cuando yo me vaya.

Nos tomamos un par de cervezas y decidimos ir al hostal en el que te vas a quedar para dejar tus cosas y que te vean un poco, porque lo que es dormir, ahí, como que no vas a hacerlo. Te dan la llave de tu habitación y mientras tú desapareces con la maleta por un pasillo de un color crema muy agradable, Javi y yo te esperamos en la puerta fumándose él un cigarro.
-¿No habréis hecho nada en el lavabo?
-Pues claro que hemos hecho: hemos entrado, nos hemos bajado la ropa, hemos hecho pis, nos la hemos subido, nos hemos lavado las manos y hemos salido. ¿Por?
-No, no, digo, ¡a ver si ya habíais calentado motores!
-No que no estaba la cosa en condiciones.
-Tranquilo, Javi, que no me he comido a Nora... aún.

Nos vamos a tomar un par de cervezas más y nos vamos a cenar, que aunque por esta zona con 3 cervezas estés cenado yo tengo hambre, y ¡qué coño! que me quiero beber por lo menos un par de copas, como mínimo, para envalentonarme para lo que se va a venir. Mientras cenamos nosotras nos metemos con Dani y Javi disfruta viéndonos hablar como si nos conociéramos de toda la vida y riéndose al escucharnos despellejar a Rebeca. Nos tomamos un par de copas y cuando ya empieza a costarme vocalizar decidimos que va siendo hora de ir al grano así que nos vamos a la navecita que tenemos en el campo para pasar allí la noche y devorarnos, sin que nadie salga "vivo" de esta situación. Llegamos y aunque a Javi le cuesta un poco abrir la puerta entramos y te llevo de la mano a la pequeña habitación en la que tenemos una cama de matrimonio siempre preparada para lo que pueda pasar. En cuanto la ves me miras, sonríes acercándote a mí, rodeas mi cuello con tus brazos y con una sonrisa maliciosa dices:
-Cariño, bienvenida a tu dulce despertar.
No me da tiempo a decir nada, porque cuando quiero darme cuenta te has lanzado a mis labios y los estás devorando. Noto como tu lengua pelea con mis dientes y la mía también quiere saborear, así que se dirige a su encuentro. Me besas apasionadamente y yo te devuelvo cada uno de los besos que me estás regalando y cada vez quiero más, quiero que sigas besándome, quiero que me desnudes, quiero que roces la parte más privada de mi cuerpo, quiero rozar tu cuerpo y que me hagas tocar el séptimo cielo con las manos. Quiero que Javi y tú os aliéis para hacerme experimentar el mayor de los placeres. Mientras nuestros labios se saborean y nuestras lenguas pelean entre ellas una de tus manos baja rozando mi clavícula hasta uno de mis pechos, que tú agarras con fuerza aunque sin llegar a apretar y la otra de desliza por mi espalda hacia mi culo, con un movimiento de arriba a abajo con los dedos y yo me estremezco, sabes cómo calentar el ambiente, pero de verdad. Javi está diciendo algo pero no sé qué; mis oídos no quieren funcionar, se han aliado con mi sexo para que todos mis sentidos se centren en cada una de las sensaciones que me provocas con cada roce, con cada beso que me das a la vez que yo me deleito recorriendo con mis manos toda tu espalda y rozando tu culo deseando que empiece la fiesta. De repente doy un respingo: sin esperarlo una mano golpea mi trasero y se dirige hacia mi entrepierna.
-Sois malas, habéis empezado sin mí, ésta te la guardo.
-Perdona, Javi -dejas de besarme de golpe- la culpa es mia, he sido yo la que me he lanzado, no te enfades con ella. Es que tenía tantas ganas de comérmela que no he podido esperar.
-Bueno, pues ya que habéis empezado, que siga la fiesta, pero los 3, que yo también quiero comerme a mi niña.
-Quieres que nos comamos a la vez a mi ama?
-Primero tendremos que desnudarla...
-¡¡Eh, que yo también quiero despelotar a alguien!!
Yo empiezo a quitarle la camiseta a Javi mientras tú te peleas con las medias, teniendo cuidado de no quitarme el tanga, que de momento quieres que siga puesto y él casi te arranca la camiseta. Al ver como la piel de tus pechos mi sexo arde aún más y me lanzo a quitarle los pantalones mientras te desabrocha la faldita. Nos tumbamos en la cama y él empieza a rozar mis pezones, que enseguida se ponen duros deseando que alguien los lama y los muerda, mientras tú nos miras con cara de deseo.
-Mmmm, ¿ves como estás buenísima? Javi está deseando devorarte.
-Y yo a él... con mi sumisa atadita para que tenga más ganas de hacer ella lo mismo. -Saco unas esposas del bolso y enseñándotelas con mirada pícara no me hace falta decirte lo que quiero que hagas, pero eso no es lo que quiero. Lo que quiero es que hagas lo que yo quiera, cuando yo quiera. -¿Dónde cree que va mi sumisa? Negando con la cabeza te agarro de una muñeca, te pongo una esposa y con la otra te sujeto al cabecero de la cama a la vez que mi lengua recorre tus pezones, que se están poniendo tan duros como los míos.-Y tú, cariño, no te vayas muy lejos y ponle tú la otra esposa.
-¿Que yo qué?
-Que le pongas la otra esposa o te amarro a tí también.
A él le falta tiempo para cumplir mi orden, y en cuanto estás a disposición de lo que quiera hacer contigo empujo a Javi a la cama, me subo encima de él y empiezo a besarle como lo estaba haciendo hace un momento contigo, como si quisiera saborearle hasta el alma. Él me tumba en la cama y empieza a morder mis pechos a la vez que su mano hace que mi interior arda aún más. Con dos dedos juguetea con mi sexo, introduciendo la yema de los dedos y sacándola, volviendo a meterlos y volviendo a sacarlos, preparándome para lo que se avecina. Cojo su instrumento y lo beso poco a poco mirándote de reojo para poder ver tu reacción, cojo un pequeño bote de lubricante que tenía preparado, pongo una gota en la punta y lo lamo como si fuera un helado mientras te oigo gemir. Miro hacia tí y le veo haciendo con tu sexo lo que hace un momento estaba haciendo con el mío. Chico listo, ha pensado en que a tí también hay que calentarte desde un principio. Cuando ve que le he pillado se levanta, me da un azote en el culo y me da un tirón en la pierna de una forma en la que no hace falta que diga nada, sé que está pidiendo que me ponga a 4 patas en la cama. -Mirándola a ella, aprovecha-. Me pongo en posición y cuando empiezo a rozar tu botoncito con la yema de un dedo humedecida con lubricante me penetra con fuerza. Cuanto más me entrego yo a la labor de darte placer, con más fuerza me penetra él. Mi cuerpo se tensa por la mezcla de la excitación que me provoca darte placer y recibirlo yo. Cuando acaba vuelvo a besarle apasionadamente y te suelto las esposas, ha llegado tu turno.
.Cariño, descansa un poquito, que te lo has ganado. -Me lanzo de nuevo a tus labios, que no puedo creerme que me está pasando, pero los echaba de menos. -Y ahora vamos a ver si de verdad me vas a comer o te has estado tirando el farol, cariño.
-Lo vas a poder comprobar, cielo, y te repito, que a partir de esta noche, empezarás a pensar en tu Laura de otra forma.
Te lanzas a lamer mi pecho, pero sólo te centras en uno mientras ofreces a Javi hacer lo propio con el otro y yo sólo puedo derretirme ante tanta excitación. Ufff, esto es muchísimo mejor de lo que yo esperaba... Mi chico sigue dedicado a su labor pero tú bajas rozando con la punta de tu lengua, jugando con ella por mi estómago, poco a poco, y te deslizas hasta mi ingle. Cuando noto que tu lengua se dirige hasta mi sexo intento decirte que si no quieres no estás obligada a que me hagas llegar al orgasmo con esa lengua que tan bien has usado besándome, pero antes de decir "Ma" estás disfrutando de mi botoncito, lamiéndomo, mordisqueándolo... Yo no puedo ser menos, no puedo permitirme ser la única que tiene placer, así que empiezo a introducirte un par de dedos y haciendo con ellos dentro de tí una especie de gancho puedo notar como tú también estás disfrutando, pero me hace sentir mal que tu utilices esa lengua prodigiosa así que aunque nunca me había pasado me dejo llevar por el deseo de hacerte lo mismo. Sigo haciendo que mis dedos te den el mayor de los placeres y con mi lengua intento que tu mayor momento de placer llegue antes, cuando noto que el mío está a punto de llegar. Quiero decírtelo pero de mi garganta lo único que consigue salir son gemidos y a tí te oigo jadear, cada vez más rapido.
-Espera, espera, sé que estás a punto de llegar, así que esto sí que va a ser como yo quiero, ama. -Con el dedo le haces una señal a mi chico para que vuelva a la cama. -Metesela, quiero que se corra con los dos a la vez, pero el orgasmo se lo vas a dar tú, yo quiero disfrutar de este momento besándola.
Hacéis lo que mandas y entre los dos conseguís que tenga el mejor orgasmo de mi vida y yo no tengo fuerzas para más así que me tumbo en la cama destrozada.
-Ahora metesela a ella, y haz lo necesario para que se corra. Vuelvo a besarte mientras ahora eres tú la que disfruta el portento que es mío, sólo mío, pero por una vez quiero compartir y él consigue que te haga gritar como no lo habías hecho en toda la noche.
Acabamos reventados, los 3 tumbados en la cama, yo en medio de los dos, riéndonos y halagando lo que nos ha gustado de los otros 2. Un rato después Javi se queda dormido y nosotras decidimos hacer lo mismo. Me das un beso de buenas noches, me muerdes la oreja y me susurras:
-Esta vez ha sido como tú quieres. La próxima seremos tú y yo solitas...