En el mismo instante en el que pusieron un pie en el aeropuerto de Montpellier, cada uno estaba sumido en un pensamiento, pero todos estaban conectados: había que descubrir qué había estado pasando en Selnav, y había que hacerlo YA. A Valérie casi no le dio tiempo a encender el móvil antes de que empezase a vibrar como un loco; un mensaje destacaba sobre todos los demás: cuando leyó "desfalco confirmado, ese tío está en problemas", se le heló la sangre: por una parte, reconocía avergonzada, deseaba que lo que les habían dicho fuera verdad, pero por otra, el sólo pensar en todo lo que le venía encima a su amiga le rompía el corazón. No le dio tiempo a decir nada, Amandine, sólo con ver su cara, supo que tenía que empezar a preocuparse.
- ¿Qué pasa?
- Cielo, tranquila... Tendremos que...
- Valérie, que ¿qué pasa?
- Amandine...
- ¡HABLA! -gritó Amandine, empezando a sentir la ansiedad anudarse en su estómago-.
- Está bien... Compruébalo tú misma -puso la pantalla del móvil en su campo de visión y vio como aquella cara también se ensombrecía-.
- Vale... Hora de sacar la basura. Llama al bufete y que vean por dónde podemos pillarle antes. Y quiero que empieces a tramitarme el divorcio en cuanto salgamos de aquí.
- De hecho -sonrió Valérie- si me acompañas al despacho, puedes firmar la demanda hoy mismo.
- ¿Y a qué estamos esperando? -el brillo volvió a la cara de Amandine. En ese momento sonó su móvil-. Dime... sí, acabamos de bajar del avión, ¿cuándo llegas?... Perfecto. ¿Te parece bien si nos vemos en el despacho de Valérie? Apunta...
El trayecto hasta el bufete de abogados en el que trabajaba Valérie, fue de un dilencio sepulcral, hasta que apenas una manzana antes de llegar, tiró del freno de mano en medio de la carretera y gritó:
- ¡Dilo ya, Amandine, por dios!
- ¿Que diga qué?
- ¿Te estás quedando conmigo? Has decubierto no sólo que esa cosa a la que aún tienes que llamar "marido" se ha llevado de tu empresa todavía no sabemos cuánto dinero, además, y perdona que meta el dedo en la llaga, has abierto los ojos sabiendo tú mismita de qué pie cojea ese cabrón, por no hablar de que, y no se te ocurra negármelo, te has quedado prendadita del canario. Esto te lo digo como tu abogada: cuidado con lo que haces y dónde pones la cabeza; como amiga... ¡tíratelo a la mínima oportunidad!
- ¡Valérie Baudoin! -chilló aguantando la risa-. ¿Por qué clase de depravada me has tomado? Casi no le conozco y...
- Y él te hacía los mismos ojitos que le hacías tú, y que por cierto, hace meses que no te veo hacerle a...
- Querida Valérie, dos puntos -dijo Amandine teatralmente, fingiendo escribir una nota-, si se te ocurre pronnciar el nombre del trabajador que roba a mi empresa, te despediré. Con amor, Mandy -la miró con una sonrisa inocente-.
- ¡Bueno, bueno! hay que ver lo mal que nos ha sentado la vuelta a la rutina...
Como era habitual en ella cuando tenía algo importante en la cabeza, entró con la mano levantada a modo de saludo, pero -eso sí que era extraño-, se paró en seco en mitad del bufete y exclamó:
- ¡Señoras y señores! Buenos días. Muchos de ustedes ya la conocen, pero para quien todavía no hayan tenido el placer, les presento a la señora Amandine Martin, que solicita nuestros servicios para que cursemos su demanda de divorcio y realicemos una auditoría de su empresa; Didier, llama a Selnav y prepara la auditoría YA. Simon, a mi despacho, AHORA.
La compañera al que reclamaba era, dentro de que ni siquiera en su propio bufete confiaba en nadie, sin duda era con el que menos reticencias tenía. Aquella muchacha rubia, menuda, de ojos azul oscuro y piel ligeramente morena, había sacado a su jefa de más de un apuro y si había un buen momento para devolverle el favor, sin duda era ese. Le explicó el panorama que se les planteaba tanto en referencia al futuro de Amandine a nivel personal como lo que habían averiguado de Selnav. También ayudaba a que pudiera apoyarse en la chica el hecho de que hacía un par de años, habían coincidido en una fiesta en Cap D'Agde y aunque en un primer momento ambas fingieron no reconocerse, acabaron teniendo un buen par de orgasmos juntas; Amandine no podía evitar mirarle con la sensación de que la conocía de algo aunque no lograra ubicarle hasta que un flash iluminó su mente.
- Un momento, ¿tú eres...?
- Sí, señora Martin, la sirvienta de Calígula en la fiesta romana de disfraces hace un par de años... Pero ahora, si no le importa, refiero centrarme en el trabajo. ¿Qué necesita, jefa?
- ¿Ves? ¡Por esto me encanta esta chica! -Valérie le dio dos palmaditas en el hombro-. Verás, Simon, como sabes, tanto en el tema del desfalco como en el divorcio, el señor Martin puede intentar tirarlo todo para atrás aprovechándose del posible conflicto de intereses que puedan plantearme; ya sé que el derecho mercantil es tu fuerte, así que, si te parece bien, me gustaría que aunque yo esté metida hasta el cuello, porque no puedo dejar en la estacada a la señora Martin, si hay algún problema, la cara visible seas tú, ¿estás de acuerdo?
- ¿Cómo no estarlo, jefa? Esta puede ser la ocasión perfecta parta que compruebe que puede confiar en mí, le prometo que no se arrepentirá. Si en cuanto al tema del divorcio puedo ayudarles también, sólo tiene que pedírmelo.
- Pues, ahora que lo dices, en realidad, sí. ¿Sigue tu hermano Michel teniendo la oficina de investigación privada?
- Sí, jefa, ahora mismo le llamo.
- Rauda, veloz y sin quejas, ¿seguro que no eres Google? Porque tienes lo que más busco en una mujer...
En menos de 5 minutos, entre Vanessa (Simon en el trabajo), Amandine y Valérie sopesaron con el hermano de la primera las posibilidades, no sólo de conseguir pruebas de la infidelidad de Loïc con aquella secretaria, con un poco de suerte, podría hasta servir de apoyo a Víctor y la gente de WhiteOverBlack. De hecho, como si le hubieran invocado, tal como Valérie pronunció su nombre, el teléfono sonó.
- ¿Diga?
- Si estás con Amandine, no digas que soy yo; necesito tu ayuda para darle una sorpresa, ¿le gustan más las flores o los bombones?
- ¿Cuándo tendrías la segunda cita para teñirme el pelo? Es que a esa hora me pilla muy mal...
- ¿Y... algunos en concreto?
- Pues estoy pensando en un tono praline, un avellana...
- Vale, entiendo que la tienes cerca y que bombones de avellana y praline... ¿voy bien?
- Ajá...
- ¿Sabes algún sitio concreto en el que pueda comprarlos?
- Ajá...
- Valérie, ¡así no me ayudas!
- Lo sé, pero me pillas con una clienta en el despacho, en cuanto pueda, te devuelvo la llamada, ¿vale?
- No tardes, por favor, embarco en 10 minutos.
- De acuerdo, entonces quedamos en eso... ¡Un beso, guapi! -colgó aguantando las ganas de soltar una carcajada-. Mandy, ¿podrías esperarme un segundito? La naturaleza me está llamando y mi suelo pélvico no da para más...
- Anda, ¡ve! Pero no te quejes la próxima vez que te diga que tienes la vejiga del tamaño de una mosca -rió-.
Casi sin darle tiempo a cerrar la puerta, tecleó a la velocidad de la luz "le encantan de chocolate con leche y con relleno de trocitos de avellana, apunta esta dirección y di que la señorita Baudoin te ha hecho un encargo para la señora Martin..."
Cuando quisieron darse cuenta, ya habían redactado la demanda de divorcio que Valérie presentaría en el juzgado a primera hora del día siguiente, acordado con Michel cuál sería la ruta a seguir, en la que harían seguimiento tanto a Loïc como a su secretaria, aunque a ella sólo fuera por precaución, habían comenzado todo el proceso de la auditoría de Selnav y hablado con la gente de la empresa de Víctor, que les dio el visto bueno para enlazar todas las informaciones. Al salir del bufete, le costó, pero Valérie convenció a Amandine para salir a cenar y tomar unas copas. A las 3 de la madrugada, con una cantidad considerable de vodka en el cuerpo, decidieron que ya habían tenido suficiente fiesta, por no hablar de que a las dos, los pies las estaban matando, así que lo mejor era irse a casa; entonces Amandine empezó a rumiar una idea en su mente: siempre que había estado con Valérie había sido también con Loïc, y nunca había quedado decepcionada con sus encuentros, pero si era sincera, en los últimos de ellos, había sentido mayor conexión y placer con ella que con él. Tenía muy claro que no era lesbiana ni lo sería nunca, lo cual no le había impedido, y no iba a empezar a hacerlo entonces, hacer lo que le apeteciera con quien quisiera; si ambas estaban dispuestas, podrían pasarlo muy bien esa noche. En esos pensamientos estaba sumida cuando su amiga la devolvió a la realidad.
- Un euro por tus pensamientos.
- ¿En serio quieres saberlo? ¿Y si tiene que ver contigo?
- Siempre quiero saberlo, y más si tiene que ver conmigo, ¡claro! Oh, oh... miedo me da cuando me miras con esa cara.
- Val... cariño... tú me quieres mucho, ¿verdad? -ronroneó-. ¿No tienes ganas de jugar un ratito?
- La verdad es que necesito un... espera -frunció el ceño-. ¿Qué está pasando por esa cabecita? No... tú no estarás pensando...
- Estaba pensando que... tú... yo... - empezó a juguetear con su pelo-. Que yo quiero... disfrutarte... sola.
- ¿EN SERIO? No juegues con eso, Mandy, sabes que más allá de los juegos no sería capaz de tocarte, en "mi vida normal" -hizo el gesto de las comillas con los dedos- eres mi hermana, pero que en la cama no tendría miramientos contigo...
- ¿Y quién te está pidiendo que los tengas? -una sonrisa lobuna asomó por el rostro de aquella pelirroja-. De verdad, no quiero que pienses que te lo estoy diciendo por despecho, últimamente eras tú la que me hacía llegar al orgasmo y...
No la dejó terminar de hablar, antes de que pudieran darse cuenta, Valérie estaba besando a Amandine con una mezcla de deseos: el sexual, el que siempre había tenido de poder hacer aquello como siempre había imaginado y el de que aquella pelirroja no se echara atrás. La besó con dulzura al principio, con pasión después; en cuanto las lenguas se rozaron, fue como si una cuerda que las amarraba se soltara y empezaron a subir la intensidad de aquellos besos, mientras las manos se deslizaban por el cuerpo de la otra, amparadas en la intimidad que les regalaba aquél callejón oscuro en el que acababan de esconderse. Antes de que aquello pudiera írsele de las manos, la morena dio un tirón de la mano a su amiga y sin decir nada, se metieron en un taxi que las llevó a su casa. Sabían que Loïc podría estar haciendo sus propios movimientos y probablemente, el detective lo hubiera contratado él, buscando cómo tratar de ponerla a ella entre la espada y la pared; para no decir nada que no debieran,casi no hablaron en todo el viaje: Amandine, que se las sabía todas, fingió estar más borracha de lo que realmente estaba, confiando en que Valérie sería su escudera fiel, le decía en un tono lo suficientemente audible para que se la escuchara en susurros "he bebido para olvidar, pero mañana lo que recordaré será la resaca...". Como ya les había pasado más de una vez, el taxista intentó tomarse más confianzas de la cuenta y al ver que hacía un desvío "sospechoso" en su ruta, Amandine empezó a bufar "voy a vomitar, voy a vomitar". Al decirlo la tercera vez, ¡magia! el conductor retomó el rumbo que no tenía que haber abandonado; con tal de no acabar con el "regalito" dentro, no quiso ni cobrarles la carrera, todo fuera porque aquellas dos, se bajaran cuanto antes. Al subir al ático de Valérie, mientras conectaba el inhibidor de frecuencia -no era la primera vez que se había encontrado un micro-, le susurraba al oído a su amiga:
- No me extrañaría que haya alguien vigilando así que primero vamos a fingir que cada una se va a una habitación, y si en 10 minutos no te has dormido, te espero en mi cama.
- ¿Quieres que me duerma? -Amandine no supo cómo tomarse aquello-. Si no quieres...
- ¡Calla! susurró Valérie-. Con un gesto, le indicó dónde debía mirar. Efectivamente, debajo de un taburete de la cocina, había un micro colocado-. Amandine, cielo, tómate esta pastilla, mañana tendrás menos resaca; voy a darte un vasito de agua -sonrió, puso el micro debajo del grifo, que empapó el aparato, abrió la puerta de la terraza y desde ahí, lo lanzó a la calle. Dos minutos después, apagó el inhibidor y quitándose los tacones, gimió- ¡Dios, estaba deseando quitarme estos malditos zapatos! Ahora, ya podemos hablar tranquilas. "No me fío todavía", le escribió Amandine en snapchat, a lo que Valérie respondió "ya he comprobado todo, sólo había ese micro y se ha dado un buen bañito".
- Además -dijo, acercándose a su oreja-, querida Mandy, ¿no has escuchado un coche dar un acelerón? Juraría que quien puso el micro se sabe descubierto y ha huido... Así que, ahora, cariño... Viene cuando no te dejo dormir.
Después de cerrar las cortinas y las persianas, mientras la invitada se quitaba los tacones y soltaba un gritito de alivio, la anfitriona se acercaba por detrás y empezó a besarle la nuca mientras enredaba sus dedos en aquella melena color rojo fuego que llevaba tanto tiempo volviéndola loca, tratando de controlarse, de no asustarla, de no dejarse llevar hasta el peligroso punto de no retorno, pero la dueña de aquel pelo se dio la vuelta, arrodillándose en el sofá, lanzándose de nuevo a aquella boca que quería saborear; las lenguas entraron en una nueva batalla y las manos volaron, rozaron aquellos cuerpos cuya ropa empezaba a volar por aquella habitación, sin nada que las detuviese esa vez. Mientras se seguían besando, devorando, como pudieron, llegaron hasta aquella cama que las esperaba, con aquellas sábanas negras de satén preparadas para recibirlas. Se tumbaron y Amandine quiso empezar a acariciar el pecho de Valérie, pero ésta la sujetó de las manos y le pidió que la dejara hacer. Con una tranquilidad que habría desquiciado a cualquiera, soltó aquellas manos para centrarse en aquellos pezones que tantas veces había saboreado antes, pero siempre en incómoda compañía; sin perder el tiempo, mientras su boca acogía uno de aquellos pechos, una de sus manos acariciaba el otro y la otra se deslizaba como una culebra por aquel abdomen suave y firme, hasta llegar a ese monte de Venus que estaba deseando calentar. Con los dedos, empezó a hacer cosquillas en aquella zona, la rozaba con mimo, la acariciaba, la preparaba, esperando el momento justo en el que escuchó un "sigue" que casi se quedó en el aire. Se encajó entre aquellos muslos ardientes y con suavidad, primero empezó a soplar sobre aquella zona perfectamente depilada, luego, despacio, empezó a juguetear con la lengua, rozando ese pequeño bulto que en ese momento, por fin, iba a ser para ella sola.
Con un dedo, un solo dedo, despacio, entró en la que ella siempre llamaba "mi gruta maravillosa", pero su partenaire la retó con una sola frase, que sonó a un completo desafío: "serás capaz de hacerme gritar sólo con la lengua?". No sabía aquella mujer que acababa de desatar a la fiera... Los deseos de aquella mujer eran órdenes para ella, todo lo que quisiera aquella noche lo tendría, y si eso quería, eso iba a darle. Sacó el dedo de su volcán particular y empezó a lamer, morder y succionar el clítoris de su objeto de deseo; rápidamente, Amandine empezó a temblar, pero lejos de lo que temía Valérie, sólo era capaz de decir "sigue" entre gemidos. Cada vez más excitada, le costaba más mantener el control, y sorprendiéndola de nuevo, la pelirroja le tiró en un descuido de la pierna, lo justo para que se tumbara; no estaba dispuesta a ser la única que sintiera placer en aquella habitación, y si hacía algo, lo hacía bien, o no lo hacía, además, ella se lo merecía, se merecía tener tanto placer como diera. Ahí empezó la particular guerra de aquellas dos mujeres, cuyas bombas llegaban en forma de lametazos, las balas eran placenteros mordiscos y ganaba la primera que llegase al orgasmo, aunque quedaron en empate, porque las dos explotaron en el mismo instante.
- Joder, joder, joder... Ya puedo morirme -sonrió Valérie-.
- Cuando quieras, repetimos antes de que estires la pata... - murmuró tratando de volver a respirar normalmente-. ¿Qué? ¿Por qué me miras así?
- Porque siendo capaz de enamorar como lo haces con esa mirada, no sé cómo ese imbécil te ha dejado escapar. Nunca sabrá lo que ha perdido...
- Ese es su problema, Val, el mío ha terminado ya y era tenerle a él encima.
- O debajo, o detrás, o delante...
Ambas acabaron riendo a carcajadas, con agujetas de tanto reír y con una sonrisa en la cara, Amandine porque tenía claro que al día siguiente empezaba su nueva vida y Valérie porque sabía que al día siguiente, tendría a su lado al que tenía que ser su nuevo amor.