viernes, 1 de mayo de 2020

Leaves

Nunca habría pensado que pudiera llegar a verme en una situación como la que tenía entre manos, pero ahí estaba yo, con aquellos dos, sin saber qué iba a terminar pasando pero con la idea clara de que no me movía de allí hasta que llegase el final, que ya me encargaría yo de que fuera feliz...

Aquella noche sólo quería un poco de paz, tranquilidad y desconexión sin tener que soportar escuchar penurias de nadie, sólo quería estar yo, sola, conmigo, y así habría sido si no hubieran llegado aquellos 2 y se hubieran puesto ahí enfrente: en un instante, mi círculo de meditación se vio invadido por una pareja que aun hablando poco más que en susurros, si es que a lo que estaban haciendo se le podía llamar hablar, más de una persona podría haber llegado a sentirse incómoda teniendo a esa distancia semejante escena, que no por haber sólo adultos era menos evidente. ¿No tendrían otro sitio para meterse mano? Parecía más que evidente que los 16 años no los iban a cumplir ninguno... ¿Qué necesidad había de que estuvieran montando semejante espectáculo? Pero lo que para muchos no era precisamente caómodo, a mí, hasta cierto punto, hasta me divertía: ¡viva la gente sin complejos! Y si además, según los movimientos que ella pudiera hacer, se adivinaba parte de su pecho descubierto, ¿qué más pedir? Mi mente rápidamente empezó a maquinar, "lo que hacía yo ahora mismo con estos dos en el Leaves..."

La verdad es que si dijera que me molestaba verles, mentiría, no sólo porque todo aquello me parecía bastante divertido, rayando en lo cómico inclso: lo que más me gustaba era esa sensación de estar espiando a aquellas dos personas que llamaban tanto mi atención: él era corpulentro, rubio con algunos matices anaranjados, que las canas querían dominar y tenía unos ojos azules que me recordaron al iceberg de la película "Titanic", ese azulado grisáceo que se te queda grabado en la retina, con una camisa granate que le quedaba realmente bien, y ella... Ella era mi personificación de cómo debería haber sido la muñeca más famosa del mundo: alta, rubia dejando ver sensualmente el moreno natural de su pelo, blusa blanca semitransparente, pantalón ancho negro y... esos ojos... aquellas preciosidades verde gato no deberían llamarse ojos, aquellas dos maravillas esmeraldas merecían un altar en que se admirasen. Joder, hasta el mismísimo Lucifer sería un dócil angelito con una sola mirada. Y cuando de vez en cuando, me miraba... Me sentía descubierta en mi pequeña labor de espionaje, pero era incapaz de apartar los ojos de los suyos. De ella. De él. De como les daba igual dónde estuvieran y quién pudiera verles.

Y... de la misma forma que pareció llegar la alegría para mi vista, llegó la sensación de que aquello parecía poco más que un anuncio de una película porno de las malas; como si quería ver la historia interminable veía la película, cogí la pequeña mochila que me hacía las veces de bolso y justo cuando estaba a punto de pasar por delante de ellos y ella, roja como un tomate, no sé si porque eran conscientemente incómodos de que había estado disfrutando de su jueguecito o porque pudieran haberme molestado... La cosa es que ella me dijo que no me fuera por ellos, les conté que de todas formas estaba a punto de irme, y sin saber muy bien cómo, acabaron proponiéndome tomar una copa en un local cercano al que iban bastante. No tenía nada mejor que hacer así que acepté y mientras charlamos, no me di cuenta de que íbamos a entrar, ¡oh, sorpresa!, precisamente en el Leaves. ¿Pero qué...? Mi teoría de que las casualidades no existen tenía una oportunidad de reafirmación inigualable...

Antes de que el color pudiera volver a sus caras al ver que saludaba al dueño, flirteaba sin pudor con él y confirmábamos que al día siguiente tendríamos un ratito para jugar a "las nubes del gris", se llevaron otra sorpresa: ahí estaba Rocío, mi Rocío, subida a la barra, medio tumbada sobre ella, con los brazos cruzados, mi copa entre ellos y su pecho, mirándome con una sonrisa lobuna esperando a que llegara a dónde estaba para ronronear:
- No kiss, no drink, baby!!
- ¿Ah, no? -la provoqué-. ¿Y... qué has hecho hoy para saborear mi lengua?
- Tengo el teléfono de Gabi.
- ¡Dioossss! ¡Sólo por eso mereces que te haga correrte dos veces esta noche, te quiero! Lo sabes, ¿verdad?
- Pueesss... si no me das mi beso... no sé si creerte...
La besé como sabía que le gustaba, mordiendo su labio inferior, acariciándole el mentón con suavidad. Nunca sabré qué tiene esta mujer... sólo sé que es irresistible.
- Para, que me pongo mala y hasta dentro de una hora, no tengo descanso y... -se dio cuenta de la forma en que nos miraban aquellos "intrusos"-. Perdonad... ¿Qué deseáis tomar?
- 2 gin-tonic de Beefeater, por favor...

En cuanto tuvieron las copas en la mano vi que mi rincón favorito estaba libre y con un gesto les invité a que nos sentásemos allí. En ese momento el local estaba vacío, pero no tardaría mucho rato en haber un ambiente más animado, así que la solución más inteligente era aprovechar la calma mientras durase, y si podía hacerlo con mi doble compañía particular, mejor que mejor. Así, me enteré de que él se llamaba David, era medio alemán, medio gallego, acento que por mucho que pretendiese ocultar, acababa saliendo en los momentos en los que menos quería, y ella se llamaba Anna, canaria de padres asturianos; estaba claro que de esa mezcla sólo podía salir una bomba de relojería. No me equivoqué: apenas 15 minutos después, el local estaba abarrotado. Y aunque casi todo el peso de la conversación, cuando menos lo esperaba, David hizo estallar la bomba de relojería:
- Pues estoy yo pensando... ¿Qué te parece si nos divertimos un ratito?
- Te escucho...
- ¿Qué te parece si Anna y yo jugamos un rato y te enseñamos lo que es un buen polvazo?
- ¡Mira! Yo tengo una idea mejor: vosotros os quitáis la ropa, que meterse mano es muy incómodo, y cuando me canse de juegos de niños de 6 años te enseño lo que es un buen orgasmo.
- ¿Y quién te ha dicho que yo vaya a follar contigo?
- ¿Y a ti que con quien quiera follar sea contigo?
- Davicito, cariñito... se comenta en Twitter que el zascazo ¡se ha escuchado desde Australia!
- ¡Zascazo el que te quiero meter yo! Mira, morena, vamos a llegar a un punto intermedio: nosotros empezamos, y si te apetece unirte... eres bienvenida. ¿Bien, Anna?

Ella asintió y fuimos derechos a la sala que nos interesaba. Inspirado por "el cuarto rojo" de "Cincuenta sombras de Grey", cada zona tenía un color: la de voyeurismo eran las salas azules, las de BDSM eran las rojas, las gais eran naranjas, las orgías se hacían en las moradas... Estábamos a punto de abrir la puerta de una de las habitaciones de la sala azul cuando Rocío llegó corriendo con una tarjeta en la mano, me susurró al oído "no te canses demasiado" y dijo en voz alta
- Para los clientes diamante de lo bueno, lo mejor... me ha dicho Jorge que te abra la habitación gris, que en las otras a veces, la gente no reconoce los carteles... Aquí no os molesta nadie, sólo se puede abrir desde dentro. ¡Divertíos!-. Me guñó un ojo y se fue por donde había venido.
Entramos en aquella habitación, que sólo usaba el dueño (y que yo conocía bastante bien) y mientras yo me sentaba en aquél cómodo sillon, ansiosa porque la película continuara y aumentara el ritmo, ellos empezaron a desnudarse, como si yo no estuviera allí, a una velocidad bastante agradable para la vista; como si yo estuviera en mi propia diversión, me senté cómoda en el sillón, subiendo los pies, como si estuviera en mi cine particular.

En cuanto Anna me miró, supo que todo estaba listo para pasar a la acción: se agarró al cuello de David, le surrurró algo al oído a lo que él negó, volvió a sonreírle a él... Y empezó por fin la parte interesante. De un certero empujón le lanzó sobre aquella cama de 2x2 y sin tiempo que pderder se arrodilló entre sus piernas, le agarró la polla y empezó a lamerla, muy, muy despacio, como, quien quiere comprobar si le gusta un caramelo que no ha probado nunca, abarcando cada vez un poco más de terreno, sin dejar de mover, con la misma tranquilidad, la mano de abajo a arriba, haciendo que empezara a bufar; sin darle tiempo a reaccionar, se la metió entera en la boca, devorándola, desde la base hasta casi sacársela de la boca, acelerando y frenando sin un ritmo concreto, clavándole con mayor o menor suavidad las uñas en los muslos según los movimientos que hiciera, impidiendo que se moviera. Cuando él estaba a punto de correrse, ella frenó en seco, me miró y aún sujetando aquél miembro me tentó, ofreciéndomelo claramente, pero no, todavía no iba a tocarle un pelo, primero tenía que ver hasta dónde llegaban solos y hacerme a la idea de hasta dónde estarían dispuestos a llegar. Siguió, con una sonrisa lobuna, y volvió a llenarse la boca con la misma habilidad con la que lo saboreaba segundos antes, y aceleró, se puso de rodillas , con los codos pegados a los muslos de David, impidiendo que cerrara las piernas, y de nuevo se metía y sacaba de la boca con una habilidad pasmosa aquella polla, hasta que él no pudo aguantar más, empezaron a temblarle las piernas y ella quiso apartarse, pero le sujetó la cabeza, teniendo que tragarse lo que él no había permitido que terminase fuera. Tal como ella se levantó, él la sujetó, intentando atraerla hacia sí y aunque ella no estaba por la labor, la besó, tiró un poco de ella e invirtieron los papeles: entonces era ella la que estaba en la cama, y él quien iba a darle placer a ella, y vaya si devolvió el gesto: con rudeza, le abrió las piernas, se metió entre ellas y fue derecho a atacar a su clítoris, sin tocar nada más, sin tener la más mínima consideración con ella, incluso pensé que por su cara diría que le estaba haciendo daño, sospecha que confirmó ella misma cuando gritó "¡te tengo dicho que no me muerdas así, que me haces daño!" Si había un momento en el que debiera dejar de mirar y entrar en batalla, sin duda era ese...

Con el mismo desprecio con el que él llevaba un rato tratándola a ella, le agarré del brazo, bufé "quita, coño... ¡Mira y aprende!"; antes de que Anna pudiera decir nada le puse un dedo en la boca, me acerqué y le dije "si te hago daño o estás incómoda, dímelo y paro... pero déjame intentar que te corras", quité el dedo, le di un ligero beso en los labios y con suavidad, empecé a tantear sus ingles, sólo sus ingles, con la yema de un dedo, arriba, abajo, arriba... pasaba por encima de su depilado pubis y repetía la operación; tenía que relajarse un poco o todo aquello acabaría siendo un absoluto desastre... En cuanto noté que su cuerpo empezaba a relajarse, lamí con cuidado uno de sus pezones a la vez que con delicadeza masajeaba el otro con la mano, rozando con el dedo el otro pezón, que empezaba a ponerse duro. En aquél momento miré a David que empezaba a frotarse su incipiente erección; vaya, ¡al final no iba a ser yo quien terminase mirándolo todo! Volviendo a mi objetivo principal, seguí lamiendo el pezón de Anna, esta vez con un poco más de ímpetu, succionando ligeramente, y ella gritó "otra vez". Sus deseos eran órdenes para mi, así que repetí, cambiando de pecho, mientras mi mano libre empezaba a acariciar de nuevo sus ingles, acercándose ya a donde quería llegar, de forma que cuando mi dedo rozó su clítoris gritó "joder, más", ya no pude controlarme más: seguí lamiendo y acariciando aquellos pezones, pellizcándolos con suavidad, tirando de ellos con delicadeza a la vez que mi dedo seguía frotando aquél pequeño bultito y ella empezaba a revolverse bajo las sábanas. No sabía si era todo a lo que estaba dispuesta y si quieres saber algo, tienes que preguntar: le lamí el labio inferior, a punto de besarla, pero ella me agarró y me dio un beso que hizo que me volviera loca del todo: primero su lengua provocó a la mía y al notarla receptiva, la dejé hacer, recorriendo mi boca, buscando mi lengua y saboreándolo todo; cuando pude resistir su hechizo el tiempo suficiente, la miré y le pregunté:
- ¿Puedo bajar?
- Lo estoy deseando...

Sus deseos seguían siendo órdenes, y ya no sólo eran sus deseos, también eran los míos, y sin quererla hacer esperar, bajé por su cuerpo, sin despegar la lengua de su piel, por sus labios, su cuello, su pecho, su abdomen, su ombligo... hasta que llegué al punto en que hacía rato deseaba estar. Antes de comenzar el ataque, soplé con suavidad aquél bulto hinchado y ella gritó "sigue, sigue...". Era todo lo que necesitaba oír, todo estaba bien y ella quería disfrutar, ¿cómo iba yo a negarle aquello? Sin perder un segundo, empecé a lamer aquél delicioso clítoris, cuya dueña al notar el roce dio un sonoro grito. David seguía tocándose, y viendo que estaba preparado para un nuevo asalto, en plan dominatriz le bufé "tú, quitame el pantalón"; él rápidamente obedeció y cuando me quitó el pantalón y el tanga de raso que llevaba, acariciando mis nalgas, preguntó "¿puedo?". Podía, ¡claro que podía! Con un gesto entendió que tenía permiso y sin pensarlo 2 veces, metió 2 dedos en mi interior. ¿Así pretendía que Anna disfrutara? Suerte tenía de que me iba el sexo duro...

Era evidente que él sólo era capaz de pensar en él y ella merecía que alguien lo hiciera en ella y yo estaba encantada de ser la encargada de llevar a cabo esa misión: estaba centrada en su placer, en que llegara al orgasmo, lamiendo su clítoris, mordisqueandolo con dulzura, dejando que las sensaciones la invadieran, lo cual parecía estar logrando bastante bien, a juzgar por los gemidos con los que no dejaba de regalarme los oídos. Joder, podría haberme pasado horas escuchando aquella música celestial... Empezó a gritar cuando sin dejar de lamer aquella fuente de deseo, con suavidad, metí 2 dedos en su ardiente y húmeda vagina, que pedían caricias a gritos, que metiera y sacara los dedos, lubricando más aún si cabe todo ese delicioso volcán, mientras a su vez, tras ponerse un condón, David me penetró sin contemplaciones, entraba y salía de mi con rudeza, aunque dándome un infinito placer... ¡Vaya, al final iba a saber lo que se hacía! Aunque ya podría esmerarse un poquito en querer saber qué quería su partenaire y ser un poquito menos egoísta... Cada embestida de David era una oleada de placer que yo sentía, cada instante de placer que yo sentía era un instante de placer que le devolvía a él y un nuevo lametazo que le daba a ella, un ligero mordisco, un poco más de velocidad en el movimiento de los dedos...

Así estuvimos muy poco tiempo más, el suficiente para que entre gritos y temblores Anna tuviera un orgasmo tan increíble que acabó haciendo un squirting brutal, agarrándose a las sábanas y retorciéndolas, clavando las uñas sobre el colchón; tan excitante fue que David tardó apenas unos segundos en aferrarse a mi cintura, poniéndose totalmente rígido y gruñendo, hundiendo sus manos en mi piel, llegando a hacerme algo de daño, lo que hizo que llegara yo también, alejándome de Anna lo suficiente como para no morderle en pleno orgasmo mío, aferrándome yo también como pude al colchón, tras un grito en el que todo lo acumulado desde que les puse los ojos encima salió como una gran liberación. Y pensar que cuando salí de casa mi plan era acabar viendo una película tirada en el sofá...

Conforme recuperamos el resuello, mientras ellos se vestían, sin que se dieran cuenta, le envié un whatsapp a Rocío: “si se quedan a tomar algo, a la siguiente les invito yo... ¿Tienes ya un ratito de descanso?”. Su respuesta me hizo sonreír. Cuando acabaron de volver a vestirse, David dijo, aún con la respiración acelerada:
- Ha sido increíble... ¿Tomamos una copa los 3 y repetimos en un rato?
- Ay, David, David, David... mira que lo siento, pero tengo a Rocío esperando. Quizá otro día, al fin y al cabo... ¿Quién sabe cuándo podemos encontrarnos aquí?
- Ha sido... ¡nunca me había corrido así!
- Me alegra saber que te has quedado satisfecha.
- Satisfecha es quedarme ¡cortísima! Espero que nos encontremos otra vez... -me guiñó un ojo-.

Tal como les había explicado la camarera, la puerta se abría desde dentro sin problema, y como les había avisado, ahí estaba mi gata ronroneando.
- Bueno, chicos -les dediqué una sonrisa maliciosa-, ¡pasadlo bien! Si me disculpáis... ¿Cuánto rato tienes libre, Rocío?
- Me quedan... -miró el móvil- 25 minutos.
- Tenemos tiempo de sobra. Pasa y cierra...

No hay comentarios:

Publicar un comentario