martes, 1 de diciembre de 2020

La magia se llamaba Víctor (capítulo 3)

- ¿Un... un desfalco? No... no puede... no puede haber hecho eso...
- Amandine...
- ¿Están seguros de que ha sido Loïc?
- Casi por completo; para aseguarnos habría que hacer una auditoría. Conozco una asesoría bastante  buena, he trabajado alguna vez con ellos y...
- Llámales. YA. Que este hijo de puta no se entere.
- No va a saber nada hasta el momento necesario, suelen hacerlo de forma que se entere el menor número de gente posible, así, si hay algo mal hecho, no les da tiempo a tapar el rastro. Si me disculpas un segundo, voy a llamarles ahora mismo.
¿Cómo podía ser aquello? ¿Por qué Loïc había hecho eso? ¿Cómo había llegado a ese punto? Definitivamente, sacaba dos cosas en claro: 
1.-No le conocía absolutamente de nada.
2.-Realmente, era un ser sin el menor escrúpulo.

Pero si algo tenía claro era que no iba a permitir que lo que a ella le había costado tanto esfuerzo sacar adelante, por lo que tan duro había luchado su familia durante tantos años, ese desgraciado lo derramara por el sumidero: si su abuelo estuviera allí, estaba segura de que habría puesto el grito en el cielo; si hasta ese momento quedaba algo de bondad en los sentimientos que le unían a él, se habían esfumado. En ese instante no sólo terminaba todo: acababa de abrir la puerta de la jaula a la Amandine que a Loïc nunca le gustó ver, pero esta vez, además, le iba a dar miedo, mucho miedo.

Le había costado, pero por fin había abierto los ojos, por fin iba a comenzar a ponerlo todo en su sitio, por fin comenzaba su liberación, pero en contra de lo que pensaba hacía unos minutos, lo primero en la lista era limpiar la empresa de su sucia presencia; estaba demasiado sumida en la rabia, en sus propios pensamientos, para darse cuenta de que a Víctor le sonaba el teléfono, sólo reparó en él cuando le escuchó hablar en un perfecto francés:
- ¿Diga?... Sí, estoy en Las Palmas... en principio, una semana más... ¿muy urgente?... entonces parece gordo... de acuerdo... que llamen y si hace falta, llamo a Marco... de acuerdo, gracias, Irina-. Colgó y vio a Amandine boquiabierta.-¿Qué te pasa? Parece que hayas visto un fantasma...
- No sabía que hablaras francés, y menos, tan fluido... ¿tienes familia allí?
- Familia no, trabajo en Montpellier desde hace 10 años. 
Empezaron a hablar un poco de la que para ambos era su zona de control hasta que Valérie llegó hasta ellos como una exhalación.
- Vale, acabo de hablar con Irina, dice que si hay alguien que pueda sacar toda la mierda que tengamos que sacar son los de BlackOverWhite, por lo visto tienen... ¿Qué pasa, qué he dicho?- no entendía nada, sólo veía que de repente, el color de la cara de Víctor se fue de paseo-. Víctor, ¿estás bien?
- Eh... sí, creo que sí. Una cosa... ¿Irina te ha dicho que tengas que hablar con alguien en concreto de BlackOverWhite?
- Sí, con un tal... Víctor Sánchez.
Víctor tragó saliva y las miró a ambas antes de tenderle la mano a Valérie y decir: 
- No vas a tener que llamarle... Soy Víctor Sánchez.
- ¿¡TÚ!?- gritaron ambas al unísono-. Joder... ¡Viva las casualidades! -exclamó Valérie. Están empezando a enviarme documentación de la empresa y si podemos empezar a revisar hoy, lo siento, pero me siento más tranquila que si lo hago mañana... ¿cuándo podríamos empezar?
- Por mi... ya. Necesito que me contéis todo la información que podáis darme ahora mismo.

Apenas 5 minutos después, lo tuvo clarísimo: iba a necesitar a Marco; cuanto antes empezara a rascar información, más pruebas podrian salvar. No había tiempo que perder así que enseguida le llamó, con los datos necesarios para empezar a rastrear el mundo virtual como sólo él sabía hacerlo.  Marco, además del hacker de la empresa era el mejor amigo de Víctor desde que tenían 4 años, si en alguien confiaba Víctor ciegamente, sin duda era en él. Mientras aquél comenzaba a hacer lo que todos en BlackOverWhite llamaban "la magia Marciana", Valérie y Víctor miraban con lupa la documentación que iba llegándole a esta de Selnav, la empresa de publicidad de Amandine, cientos de archivos para revisar; de repente, Víctor gritó: 
- ¡BINGO! Amandine, aquí hay algo raro... ¿Habéis hecho alguna campaña de publicidad con una empresa de República Dominicana?
- ¿República Dominicana? Está en la otra punta del mundo, ¿cómo vamos a trabajar con alguien tan lejos?
- ¿Segura? -Víctor quería tenerlo todo bien atado, si por algo había destacado en su empresa, era por su insistencia en no dejar nada en el aire-.
- ¡Completamente! - Amandine hundió la cara entre sus manos-. Entonces, es verdad que Loïc ha estado... No puede ser... no puede ser... ¡No puede ser!

Le costó mucho contenerse pero Amandine tenía una especie de "código de orgullo" en el que la primera norma era "que nadie te vea llorar" así que como pudo tragó saliva y con una sonrisa amarga pidió que la dejaran sola unos instantes, aunque no pudo acabar la petición sin que las lágrimas inundaran su rostro. Trató de contenerse, trató de volver a cerrar esa compuerta, pero fue imposible: por más que intentaba parar, más lloraba, no podía ni siquiera pedir un poco de agua. No, no podía respirar, no podía hablar, no podía pensar, lo único que su cuerpo le permitía hacer era llorar, hasta que Víctor por fin pudo romper el bucle: al cogerla de la mano, el cuerpo de Amandine se puso en alerta y Amandine pudo por fin tomar una bocanada de aire y pedirles a aquellos dos que la dejaran sola un instante, algo a lo que ambos, obviamente, se negaron. ¿Cómo iban a dejarla sola con aquél nivel de ansiedad? Era una locura, además de que en el fondo, ni ella quería quedarse sola, ni ellos que se fueran. Tras unos instantes en los que las ideas parecieron volver a su debido lugar, con una sonrisa le agradeció al chico el detalle y mientras se enjugó las lágrimas le pidió a su amiga que sacara sus cosas de aquella habitación de hotel y preguntó a Víctor si conocía algún lugar decente para poder pasar los días que le quedaban allí, pues si algo tenía claro es que se merecía esas vacaciones y nada ni nadie iba a conseguir que volviera a Montpellier antes de tiempo. Su amiga accedió a sacar las cosas de la habitación que habría compartido con ese engendro pero se negó en rotundo a que se fuera sola a otro hotel así que decidieron que ambas se irían a otro sitio pero a Loïc Valérie le diría que Amandine estaba camino de Francia, si es que no había pisado ya suelo galo. Como un caballero andante, Víctor se ofreció a llevarlas en su coche y ayudarlas con todo el equipaje, a lo que ellas accedieron entre agradecidas y aliviadas. En cuanto ambas le dieron el OK, él envió un whatsapp con una orden: "meted el troyano en Selnav YA. Empezamos el trabajo".
Durante el trayecto, Valérie y Víctor charlaban sobre la empresa de publicidad de Amandine y ésta le explicaba alguno de los mayores clientes que habían logrado, asombrando con muchos de ellos a éste, que cada vez se sorprendía más, aunque seguía sin dar con lo que le contaban con el vínculo a Santo Domingo. ¿Qué tendría que ver aquello con esas cuentas? ¿Era el marido de esa mujer e lque estaba llevando a cabo el desfalco? Pero era el marido de la dueña, podía disponer del dinero de la empresa, que era también suya, a no ser...
- Amandine, ¿en qué régimen estás casada? 
- En separación de bienes, ¿por qué? 
- Tu marido figura como propietario de Selnav?
- No, está sólo a mi nombre, aunque me ha pedido muchas veces que la pusiera al 50% con él, nunca tuve intención de hacerlo: la empresa la levantó mi padre con el sudor de su frente y no permitiré nunca que ese patán se apropie de su esfuerzo.
- ¿Acabas de llamarle "patán"? Oh, sí, Dios existe y acaba de iluminar a mi amiga... ¡Gracias, señor!- Valérie no pudo evitar aquél chascarrillo, muerta de risa.
- No pensarás que eres la única que sabe insultarle... - Amandine se hizo la ofendida-. Algún día la alumna debía superar a la maestra, ¿no?
- Touchée – rió su amiga-.

A Víctor le gustaba más ver a aquella mujer riendo así que durante el trayecto al hotel fue haciendo lo posible porque no pudiera hacer nada que no fuera reír, aunque al acercarse, su rostro se fue oscureciendo. Por el camino, ellas habían acordado que Amandine esperaría en la habitación de su amiga, en la que se escondería hasta que no hubiera moros en la costa, que Valérie iría a recoger las cosas de las dos y que Víctor era su "escolta sorpresa" por si la cosa se ponía fea, pero en el último momento, Amandine se empecinó en que quería recoger sus cosas ella misma.
- Mandy, cielo, yo puedo cogerlo todo, ¡de verdad! Y si lo que te preocupa es que le diga a esa ameba 4 cositas, no te preocupes, que aquí San Víctor me ayudará a mantener la templanza.
- Val, es... yo... quiero dar la cara y... y...
- Y ¿qué, Amandine? ¿Y flagelarte viendo a ese tío? ¿Sólo pensarás en si esa zorra está de nuevo en la habitación o la registrarás buscándola? Por favor, sólo tienes que esperar tomando una tila, que no te irá nada mal, mientras nosotros "hacemos el trabajo sucio", ¡no seas terca!
- Amandine, creo que Valérie tiene razón, lo mejor es no darle más oportunidades a ese hombre para hacerte daño. Si prefieres quedarte en el coche, puedo aparcar aquí cerca y...
-Está bien -suspiró-, os haré caso y os esperaré en su habitación -señaló a Valérie-, pero por favor, por favor, ¡por favor! No entres en su juego, no quiero más problemas, sólo quiero que todo termine...
- Trato hecho.
Finalmente, llevaron a cabo el plan inicial y casi sin tener tiempo de cerrar la puerta de aquella habitación, temblando como una hoja, el teléfono sonó y sólo escuchó "entramos". Durante unos segundos sólo escuchó a Valérie murmurar "no voy a insultarle, no voy a insultarle" y el sonido de unos nudillos golpeando una puerta. Tardó varios segundos en escuchar aquella voz, que intentando llevarse a quien estaba llevando a cabo su particular misión de película de espías, con una falsa cara de pena dijo:
- Val. Por favor, ¡tienes que ayudarme! Amandine no...
- Monsieur Martin, he venido a recoger los objetos personales de mi cliente -incluso ella estaba asombrada por la frialdad en el tono de su voz-, le ruego me permita llevar a cabo mi labor y marcharme. Mi cliente me ha pedido que recoja sus enseres y a ello vengo, cuanto antes empiece, antes termine y cuanto antes termine, antes me iré.
- Venga, Val, tú puedes convencerla, sabes cómo manejarla... -la agarró del brazo intentando atraerla hacia él-. Vamos, haz tu magia y esta noche podremos pasarlo genial los 4, ¡Sandra está deseando apuntarse a nuestros juegos! Mandy la pone cachondísima y...
- Monsieur Martin, sólo se lo diré una vez: suélteme el brazo, permítame recoger los enseres de mi cliente y no vuelva a dirigirse a mí.
- No sabes lo dura que me la pones cuando te metes en el papel de abogada de hielo, nena...
- Se lo advertí, monsieur... Víctor, por favor -dijo en español, sin darle tiempo a aquél imbécil para reaccionar-, ¿puedes pasar y ayudarme a cumplir mi cometido?
- Por supuesto, ahora mismo, señorita Baudoin -dijo aquél, que también utilizó su particular as acompañado de Airam, uno de los guardias de seguridad del hotel y hermano de Víctor-, si hay algún problema, Airam quizá nos pueda ayudar a solucionarlos -dijo, clavándole una mirada fría como el hielo a aquél tipo: ¿cómo una mujer como, Amandine había acabado con alguien como él?-. Disculpe, señor, ¿puede la señorita comenzar a recoger o hay algún inconveniente?
- Coge lo que quieras de esa perra... En cuanto vuelva a casa, me las vais a pagar las dos...
- Monsieur Martin, le ruego que modere su lenguaje así como le recomiendo que no diga cosas que pueden ser tomadas por un juez como una amenaza, tenga en cuenta que tengo 2 testigos -tuvo que reprimir una sonrisa maliciosa; guiñandole con disimulo un ojo a Víctor, dijo- bueno, el tiempo es oro y el mío además muy caro... Víctor, ¿Puedes coger esas maletas rosas, por favor? Yo voy cogiendo las cosas del cuarto de baño...

Hasta que no escuchó una puerta cerrarse y a Valérie bufar "maldito gilipollas", Amandine no se atrevió a salir de aquella ducha en la que se había escondido, acurrucada, con una sensación que no sabría definir si era de miedo, angustia o liberación, aunque hasta que no escuchó "Mandy, ya", realmente no fue capaz de salir. No era lo más probable, pero no descartaba que Loïc hubiera entrado pegado a su amiga; cuando escuchó el susurro de una voz masculina, sin darse cuenta, de su garganta salió un primer "se ha acabado" que nadie escuchó, al que le siguieron varios, a un volumen cada vez más alto, hasta que en plena crisis de ansiedad, ni siquiera se dio cuenta de que su amiga y aquella voz masculina habían entrado a la carrera en aquél baño. No supo de quién eran esos brazos, solo que eran fuertes y ese olor la calmaba como hacía mucho tiempo que no lo lograba nadie, y que sí, esa mano sí la conocía, era Valérie acariciándole el pelo mientras le susurraba "ya está... ya está, Amandine... ya está...". Ahí, al abrigo de la única persona con la que se permitía bajar la guardia y de aquellos brazos desconocidos pero envolventes, por fin, se permitió dejar que todo el estrés, la angustia, la pena y el asco que sentía dejaran de devorarla por dentro, saliendo en forma de lágrimas, unas lágrimas que sentía que no sólo le limpiaban los ojos. Esas lágrimas eran las que mataban a la antigua Amandine y daban paso a una nueva mujer, mucho más fuerte, más empoderada... y que estaba decidida a hacer estallar una bomba que, curiosamente, aunque aún lo lo sabía, a ella sólo la reforzaría.


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