A las 5 de la mañana, Valérie apenas podía dormir, en parte porque los ronquidos de Amandine en la habitación de al lado no quedaban lo bastante amortiguados, en parte porque lo que ella llamaba "el gran dilema de la semana" la estaba devorando: estaba segura de que todo saldría a pedir de boca, pero ¿y si aquella simpática "dragona" se ofendía por no contarle nada? Pero si se lo contaba, ¡no era una sorpresa! Por eso se llaman así, porque no sabes que te las van a dar... Después de dos horas desvelada, se decidió por la opción que le hacía sentir mejor en ese momento:
- ¡AMANDINE! ¡DESPIERTA!- saltó sobre la cama de aquella-, ¡venga arriba!
- Valérie, ¿qué quieres a estas horas? Santo cielo, déjame disfrutar de la hora de sueño que me queda,
vete a la cama a soñar con...
- Con tu prima la suiza... Llevo toda la noche sin poder dormir por tu culpa, y no sólo por el rato de juerga y desenfreno, y si yo no puedo dormir... ¡Tú tampoco!
- ¿Qué dices, loca? Anda, quita y déjame dormir, tú haz lo que quieras, pero yo estoy muy a gusto aquí calentita.
- Bueno, entonces recurriré al comodín de la llamada... Víiiiictoooooor, escucha como ronca mi pelirrooooooojaaaaaaaa.... -canturreaba con el móvil en la mano a punto de marcar.
- Está bien, está bien, hazme un maldito litro de café y no esperes que te deje una gota...
A las 7, Amandine ya se había dado cuenta un buen rato antes de que Valérie no paraba de mirar el reloj: ¿qué estaría pasando por su cabeza en aquél momento? Veía en su rostro los estragos del estrés de los últimos días y... sabía que algo le rondaba la mente, pero ¿qué era? No sabía si era por algún caso importante que tuviera entre manos y no le había comentado... No, no podía ser, había delegado todo lo que tenía para centrarse en su negocio y todo el tema de Selnav; quizá era aquello que podría empezar a surgir entre ella y Vanessa, aunque tampoco estaba tan cansina como solía hacer cuando estaba "loquitamente enamorada" como decía cuando realmente alguien le atraía. No, estaba segura de que no era eso, pero ¿qué le rondaba por la cabeza? Lo único que tenía claro es que llevaba sin verla con esa chispa, esa alegría, desde antes de que Roxanne se fuera...
- Tierra llamando a Amandine, ¡vuelve!
- ¡Roxanne! Perdona... ¿qué decías?
- Mandy...
- Perdón, perdón, Val, ha sido un lapsus, yo... yo sólo...
- Tranquila -Valérie mostró una media sonrisa amarga-, tarde o temprano, tendré que acostumbrarme. ¿Nos vamos al bufete? Quiero llegar temprano y adelantar todo lo que pueda el día del juicio final...
- ¿Ya? Pero si aún falta casi media hora... ¿No te apetece tomar un café calentito antes de irnos? Por favooooor, me muero de sueño...
- Pues te aguantas, ¡haberte acostado pronto ayer! -rio con una carcajada-. Vamos marmota, ¡esa ameba no va a pisarse sola!
El trayecto en el taxi era entre ellas tan animado como de costumbre, añadiendo que Amandine no paraba de bostezar y Valérie de reír al verla. La primera empezaba a escamarse por que la segunda no dejase de mirar la hora mientras aporreaba a una velocidad frenética la pantalla del teclado, cuando le sonó el teléfono:
- Buenos días, preciosa mía... ¿Qué llevas puesto esta mañana?
- ¿Qué coño dices y qué haces hablando en italiano?
- Ehm... Un momentín, bombón... Mandy, por favor, ¿puedes mirar si tengo en el maletín la carpeta del caso de Ignace Tours? No recuerdo si lo metí ayer...
- Vale, no puedes hablar...
- No muy bien... Cari, estoy a punto de llegar al trabajo así que no puedo juguetear ahora mismo, me das unos diez minutos que llegue al bufete y te llamo tranquila?
- ¿Que suba o que tardáis 10 minutos en llegar?
- Que me sube la bilirrubina, rubia.
- ¡Me encanta tu capacidad de disimulo! De aquí a que te llame Almodóvar en España -Víctor no pudo evitar echarse a reír-.
- ¿A que sí? Si es que soy la mejor... Por cierto, ¿ya has llegado a Milán?
- Sí, estoy dentro de la cafetería que da a la puerta del bufete... Vale, os estoy viendo llegar. Por cierto, no he podido resistirme y le he comprado a Amandine además de los bombones 3 docenas de rosas negras, las vi anoche a última hora y no he podido resistirme, ¿crees que le gustarán?
- Totalmente... Mandy, te importa cogerme esto mientras pago? No doy a basto... -aprovechó que Amandine salió del taxi y susurró ¡le encantan! Pagó al taxista y dijo- Bueno, amor, en un ratito hablamos, ¿vale?
- Gracias, Valérie, eres un sol...
- Déjate de soles y comete la luna, ¡anda!
Exactamente 10 minutos después de que colgara el teléfono, Vanessa asomó la cabeza, sin saber muy bien qué estaba pasando, para avisar de que había alguien preguntando por Amandine, que no entendía cómo podía ser si nadie sabía que estaba allí, y menos de Selnav, pero no le dio tiempo a contestar porque Valérie le pidió que le dejara pasar. Cuál fue la sorpresa de la primera cuando al darse la vuelta, ahí estaba él.
- ¡Tú! ¿Aquí? Pero... ¿qué haces aquí? ¿Cuándo has llegado? ¿Ha pasado...? ¿Dónde has comprado eso?
- Las preguntas de una en una, gracias... Llegué anoche, se puede decir que trabajo para vosotras, compré estos bombones en una confi...
- Ya, ya sé dónde los has comprado... ¡Muy bien! ¡Muy... muy bien! -Amandine estaba casi tan roja como su pelo-. Y tú, tú lo sabías, ¿verdad? Por eso mirabas tanto el reloj y estabas tan ensimismada, y yo pensando que era por Roxanne...
- No metas aquí a Roxanne y escúchame...
- No tengo nada que escuchar. Buenos días, señores.
Y tal como estaba levantada, sin mirar a ninguno de los dos, salió del despacho dando un portazo que hizo retumbar el suelo.
- He metido la pata, me temo...
- Hemos, cariño, hemos metido la pata, hasta la ingle.
En el mismo momento en que salió por la puerta, se arrepintió de haber actuado de aquella forma, pero su orgullo no le permitía dar la vuelta y entrar de nuevo; estaba dolida por esa encerrona que le habían hecho los dos y de Víctor no podía decir nada, al fin y al cabo casi no le conocía, pero Valérie... ella sabía perfectamente que no le gustaban las sorpresas. Aunque había que reconocer que el molestarse en buscar su confitería favorita había sido un detalle... y ¿eran rosas negras lo que tenía en la espalda? Ella y su maldita afición por no dejar hablar a nadie, cualquier día la iban a llevar a un punto de no retorno y entonces, le tocaría llorar. Pero tampoco podía fingir que no había pasado nada, ¡Valérie no había tenido confianza para decirle nada! Estaba hecha un remolino de emociones, cuando intentando centrarse por quinta vez en un documento que tenía que leer, escuchó la puerta de su despacho abrirse con un estruendo.
- ¿Qué coño haces entrando así?
- Encontrar el punto de equilibrio: tu cierras de un portazo y yo abro de otro, si te parece bien, ¡genial! y si no, es lo que hay.
- Val. yo...
- Sé que la he cagado al no decirte nada, pero Víctor quería darte una sorpresa, y pensé que te gustaría y... yo...
- Ven aquí, ¡tonta! -Amandine se levantó y ambas se dieron un abrazo.-.
- Vaya, vaya, cualquier día acabáis siendo siamesas de tan pegaditas que estáis siempre... -para variar, Loïc estaba en el lugar más inoportuno, en el momento en que menos debía estar-.
- Mira, pedazo de...
- Déjalo, Valérie, de esto puedo encargarme sola. Es más, pensaba hacer esto de otra forma, pero... Loïc Martin, como directora general de esta empresa le informo de su despido inmediato. Por favor, recoja sus cosas, a ser posible sin montar uno de los espectáculos a los que tan aficionado es, a ser posible, ahora mismo.
- ¡Hija de puta! Te voy a hundir...
- Lo dudo bastante, pero si quiere intentarlo... es libre de hacerlo.
- Te vas a acordar de mi -bufaba mientras se dirigía a la puerta-.
- Ah... ¡Señor Martin, por favor!
- ¿Qué coño quieres, perra sarnosa?
- Cierre la puerta al salir.
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