domingo, 6 de diciembre de 2020

la magia se llamaba Víctor (capítulo 4)

 En el mismo instante en el que pusieron un pie en el aeropuerto de Montpellier, cada uno estaba sumido en un pensamiento, pero todos estaban conectados: había que descubrir qué había estado pasando en Selnav, y había que hacerlo YA. A Valérie casi no le dio tiempo a encender el móvil antes de que empezase a vibrar como un loco; un mensaje destacaba sobre todos los demás: cuando leyó "desfalco confirmado, ese tío está en problemas", se le heló la sangre: por una parte, reconocía avergonzada, deseaba que lo que les habían dicho fuera verdad, pero por otra, el sólo pensar en todo lo que le venía encima a su amiga le rompía el corazón. No le dio tiempo a decir nada, Amandine, sólo con ver su cara, supo que tenía que empezar a preocuparse.
- ¿Qué pasa?
- Cielo, tranquila... Tendremos que...
- Valérie, que ¿qué pasa?
- Amandine...
- ¡HABLA! -gritó Amandine, empezando a sentir la ansiedad anudarse en su estómago-.
- Está bien... Compruébalo tú misma -puso la pantalla del móvil en su campo de visión y vio como aquella cara también se ensombrecía-.
- Vale... Hora de sacar la basura. Llama al bufete y que vean por dónde podemos pillarle antes. Y quiero que empieces a tramitarme el divorcio en cuanto salgamos de aquí.
- De hecho -sonrió Valérie- si me acompañas al despacho, puedes firmar la demanda hoy mismo.
- ¿Y a qué estamos esperando? -el brillo volvió a la cara de Amandine. En ese momento sonó su móvil-. Dime... sí, acabamos de bajar del avión, ¿cuándo llegas?... Perfecto. ¿Te parece bien si nos vemos en el despacho de Valérie? Apunta...

El trayecto hasta el bufete de abogados en el que trabajaba Valérie, fue de un dilencio sepulcral, hasta que apenas una manzana antes de llegar, tiró del freno de mano en medio de la carretera y gritó:
- ¡Dilo ya, Amandine, por dios!
- ¿Que diga qué?
- ¿Te estás quedando conmigo? Has decubierto no sólo que esa cosa a la que aún tienes que llamar "marido" se ha llevado de tu empresa todavía no sabemos cuánto dinero, además, y perdona que meta el dedo en la llaga, has abierto los ojos sabiendo tú mismita de qué pie cojea ese cabrón, por no hablar de que, y no se te ocurra negármelo, te has quedado prendadita del canario. Esto te lo digo como tu abogada: cuidado con lo que haces y dónde pones la cabeza; como amiga... ¡tíratelo a la mínima oportunidad!
- ¡Valérie Baudoin! -chilló aguantando la risa-. ¿Por qué clase de depravada me has tomado? Casi no le conozco y...
- Y él te hacía los mismos ojitos que le hacías tú, y que por cierto, hace meses que no te veo hacerle a...
- Querida Valérie, dos puntos -dijo Amandine teatralmente, fingiendo escribir una nota-, si se te ocurre pronnciar el nombre del trabajador que roba a mi empresa, te despediré. Con amor, Mandy -la miró con una sonrisa inocente-.
- ¡Bueno, bueno! hay que ver lo mal que nos ha sentado la vuelta a la rutina...

Como era habitual en ella cuando tenía algo importante en la cabeza, entró con la mano levantada a modo de saludo, pero -eso sí que era extraño-, se paró en seco en mitad del bufete y exclamó:
- ¡Señoras y señores! Buenos días. Muchos de ustedes ya la conocen, pero para quien todavía no hayan tenido el placer, les presento a la señora Amandine Martin, que solicita nuestros servicios para que cursemos su demanda de divorcio y realicemos una auditoría de su empresa; Didier, llama a Selnav y prepara la auditoría YA. Simon, a mi despacho, AHORA.

La compañera al que reclamaba era, dentro de que ni siquiera en su propio bufete confiaba en nadie, sin duda era con el que menos reticencias tenía. Aquella muchacha rubia, menuda, de ojos azul oscuro y piel ligeramente morena, había sacado a su jefa de más de un apuro y si había un buen momento para devolverle el favor, sin duda era ese. Le explicó el panorama que se les planteaba tanto en referencia al futuro de Amandine a nivel personal como lo que habían averiguado de Selnav. También ayudaba a que pudiera apoyarse en la chica el hecho de que hacía un par de años, habían coincidido en una fiesta en Cap D'Agde y aunque en un primer momento ambas fingieron no reconocerse, acabaron teniendo un buen par de orgasmos juntas; Amandine no podía evitar mirarle con la sensación de que la conocía de algo aunque no lograra ubicarle hasta que un flash iluminó su mente.
- Un momento, ¿tú eres...?
- Sí, señora Martin, la sirvienta de Calígula en la fiesta romana de disfraces hace un par de años... Pero ahora, si no le importa, refiero centrarme en el trabajo. ¿Qué necesita, jefa?
- ¿Ves? ¡Por esto me encanta esta chica! -Valérie le dio dos palmaditas en el hombro-. Verás, Simon, como sabes, tanto en el tema del desfalco como en el divorcio, el señor Martin puede intentar tirarlo todo para atrás aprovechándose del posible conflicto de intereses que puedan plantearme; ya sé que el derecho mercantil es tu fuerte, así que, si te parece bien, me gustaría que aunque yo esté metida hasta el cuello, porque no puedo dejar en la estacada a la señora Martin, si hay algún problema, la cara visible seas tú, ¿estás de acuerdo?
- ¿Cómo no estarlo, jefa? Esta puede ser la ocasión perfecta parta que compruebe que puede confiar en mí, le prometo que no se arrepentirá. Si en cuanto al tema del divorcio puedo ayudarles también, sólo tiene que pedírmelo.
- Pues, ahora que lo dices, en realidad, sí. ¿Sigue tu hermano Michel teniendo la oficina de investigación privada?
- Sí, jefa, ahora mismo le llamo.
- Rauda, veloz y sin quejas, ¿seguro que no eres Google? Porque tienes lo que más busco en una mujer...

En menos de 5 minutos, entre Vanessa (Simon en el trabajo), Amandine y Valérie sopesaron con el hermano de la primera las posibilidades, no sólo de conseguir pruebas de la infidelidad de Loïc con aquella secretaria, con un poco de suerte, podría hasta servir de apoyo a Víctor y la gente de WhiteOverBlack. De hecho, como si le hubieran invocado, tal como Valérie pronunció su nombre, el teléfono sonó.
- ¿Diga?
- Si estás con Amandine, no digas que soy yo; necesito tu ayuda para darle una sorpresa, ¿le gustan más las flores o los bombones?
- ¿Cuándo tendrías la segunda cita para teñirme el pelo? Es que a esa hora me pilla muy mal...
- ¿Y... algunos en concreto?
- Pues estoy pensando en un tono praline, un avellana...
- Vale, entiendo que la tienes cerca y que bombones de avellana y praline... ¿voy bien?
- Ajá...
- ¿Sabes algún sitio concreto en el que pueda comprarlos?
- Ajá...
- Valérie, ¡así no me ayudas!
- Lo sé, pero me pillas con una clienta en el despacho, en cuanto pueda, te devuelvo la llamada, ¿vale?
- No tardes, por favor, embarco en 10 minutos.
- De acuerdo, entonces quedamos en eso... ¡Un beso, guapi! -colgó aguantando las ganas de soltar una carcajada-. Mandy, ¿podrías esperarme un segundito? La naturaleza me está llamando y mi suelo pélvico no da para más...
- Anda, ¡ve! Pero no te quejes la próxima vez que te diga que tienes la vejiga del tamaño de una mosca -rió-.

Casi sin darle tiempo a cerrar la puerta, tecleó a la velocidad de la luz "le encantan de chocolate con leche y con relleno de trocitos de avellana, apunta esta dirección y di que la señorita Baudoin te ha hecho un encargo para la señora Martin..."

Cuando quisieron darse cuenta, ya habían redactado la demanda de divorcio que Valérie presentaría en el juzgado a primera hora del día siguiente, acordado con Michel cuál sería la ruta a seguir, en la que harían seguimiento tanto a Loïc como a su secretaria, aunque a ella sólo fuera por precaución, habían comenzado todo el proceso de la auditoría de Selnav y hablado con la gente de la empresa de Víctor, que les dio el visto bueno para enlazar todas las informaciones. Al salir del bufete, le costó, pero Valérie convenció a Amandine para salir a cenar y tomar unas copas. A las 3 de la madrugada, con una cantidad considerable de vodka en el cuerpo, decidieron que ya habían tenido suficiente fiesta, por no hablar de que a las dos, los pies las estaban matando, así que lo mejor era irse a casa; entonces Amandine empezó a rumiar una idea en su mente: siempre que había estado con Valérie había sido también con Loïc, y nunca había quedado decepcionada con sus encuentros, pero si era sincera, en los últimos de ellos, había sentido mayor conexión y placer con ella que con él. Tenía muy claro que no era lesbiana ni lo sería nunca, lo cual no le había impedido, y no iba a empezar a hacerlo entonces, hacer lo que le apeteciera con quien quisiera; si ambas estaban dispuestas, podrían pasarlo muy bien esa noche. En esos pensamientos estaba sumida cuando su amiga la devolvió a la realidad.
- Un euro por tus pensamientos.
- ¿En serio quieres saberlo? ¿Y si tiene que ver contigo?
- Siempre quiero saberlo, y más si tiene que ver conmigo, ¡claro! Oh, oh... miedo me da cuando me miras con esa cara.
- Val... cariño... tú me quieres mucho, ¿verdad? -ronroneó-. ¿No tienes ganas de jugar un ratito?
- La verdad es que necesito un... espera -frunció el ceño-. ¿Qué está pasando por esa cabecita? No... tú no estarás pensando...
- Estaba pensando que... tú... yo... - empezó a juguetear con su pelo-. Que yo quiero... disfrutarte... sola.
- ¿EN SERIO? No juegues con eso, Mandy, sabes que más allá de los juegos no sería capaz de tocarte, en "mi vida normal" -hizo el gesto de las comillas con los dedos- eres mi hermana, pero que en la cama no tendría miramientos contigo...
- ¿Y quién te está pidiendo que los tengas? -una sonrisa lobuna asomó por el rostro de aquella pelirroja-. De verdad, no quiero que pienses que te lo estoy diciendo por despecho, últimamente eras tú la que me hacía llegar al orgasmo y...

No la dejó terminar de hablar, antes de que pudieran darse cuenta, Valérie estaba besando a Amandine con una mezcla de deseos: el sexual, el que siempre había tenido de poder hacer aquello como siempre había imaginado y el de que aquella pelirroja no se echara atrás. La besó con dulzura al principio, con pasión después; en cuanto las lenguas se rozaron, fue como si una cuerda que las amarraba se soltara y empezaron a subir la intensidad de aquellos besos, mientras las manos se deslizaban por el cuerpo de la otra, amparadas en la intimidad que les regalaba aquél callejón oscuro en el que acababan de esconderse. Antes de que aquello pudiera írsele de las manos, la morena dio un tirón de la mano a su amiga y sin decir nada, se metieron en un taxi que las llevó a su casa. Sabían que Loïc podría estar haciendo sus propios movimientos y probablemente, el detective lo hubiera contratado él, buscando cómo tratar de ponerla a ella entre la espada y la pared; para no decir nada que no debieran,casi no hablaron en todo el viaje: Amandine, que se las sabía todas, fingió estar más borracha de lo que realmente estaba, confiando en que Valérie sería su escudera fiel, le decía en un tono lo suficientemente audible para que se la escuchara en susurros "he bebido para olvidar, pero mañana lo que recordaré será la resaca...". Como ya les había pasado más de una vez, el taxista intentó tomarse más confianzas de la cuenta y al ver que hacía un desvío "sospechoso" en su ruta, Amandine empezó a bufar "voy a vomitar, voy a vomitar". Al decirlo la tercera vez, ¡magia! el conductor retomó el rumbo que no tenía que haber abandonado; con tal de no acabar con el "regalito" dentro, no quiso ni cobrarles la carrera, todo fuera porque aquellas dos, se bajaran cuanto antes. Al subir al ático de Valérie, mientras conectaba el inhibidor de frecuencia -no era la primera vez que se había encontrado un micro-, le susurraba al oído a su amiga:
- No me extrañaría que haya alguien vigilando así que primero vamos a fingir que cada una se va a una habitación, y si en 10 minutos no te has dormido, te espero en mi cama.
- ¿Quieres que me duerma? -Amandine no supo cómo tomarse aquello-. Si no quieres...
- ¡Calla! susurró Valérie-. Con un gesto, le indicó dónde debía mirar. Efectivamente, debajo de un taburete de la cocina, había un micro colocado-. Amandine, cielo, tómate esta pastilla, mañana tendrás menos resaca; voy a darte un vasito de agua -sonrió, puso el micro debajo del grifo, que empapó el aparato, abrió la puerta de la terraza y desde ahí, lo lanzó a la calle. Dos minutos después, apagó el inhibidor y quitándose los tacones, gimió- ¡Dios, estaba deseando quitarme estos malditos zapatos! Ahora, ya podemos hablar tranquilas. "No me fío todavía", le escribió Amandine en snapchat, a lo que Valérie respondió "ya he comprobado todo, sólo había ese micro y se ha dado un buen bañito".
- Además -dijo, acercándose a su oreja-, querida Mandy, ¿no has escuchado un coche dar un acelerón? Juraría que quien puso el micro se sabe descubierto y ha huido... Así que, ahora, cariño... Viene cuando no te dejo dormir.

Después de cerrar las cortinas y las persianas, mientras la invitada se quitaba los tacones y soltaba un gritito de alivio, la anfitriona se acercaba por detrás y empezó a besarle la nuca mientras enredaba sus dedos en aquella melena color rojo fuego que llevaba tanto tiempo volviéndola loca, tratando de controlarse, de no asustarla, de no dejarse llevar hasta el peligroso punto de no retorno, pero la dueña de aquel pelo se dio la vuelta, arrodillándose en el sofá, lanzándose de nuevo a aquella boca que quería saborear; las lenguas entraron en una nueva batalla y las manos volaron, rozaron aquellos cuerpos cuya ropa empezaba a volar por aquella habitación, sin nada que las detuviese esa vez. Mientras se seguían besando, devorando, como pudieron, llegaron hasta aquella cama que las esperaba, con aquellas sábanas negras de satén preparadas para recibirlas. Se tumbaron y Amandine quiso empezar a acariciar el pecho de Valérie, pero ésta la sujetó de las manos y le pidió que la dejara hacer. Con una tranquilidad que habría desquiciado a cualquiera, soltó aquellas manos para centrarse en aquellos pezones que tantas veces había saboreado antes, pero siempre en incómoda compañía; sin perder el tiempo, mientras su boca acogía uno de aquellos pechos, una de sus manos acariciaba el otro y la otra se deslizaba como una culebra por aquel abdomen suave y firme, hasta llegar a ese monte de Venus que estaba deseando calentar. Con los dedos, empezó a hacer cosquillas en aquella zona, la rozaba con mimo, la acariciaba, la preparaba, esperando el momento justo en el que escuchó un "sigue" que casi se quedó en el aire. Se encajó entre aquellos muslos ardientes y con suavidad, primero empezó a soplar sobre aquella zona perfectamente depilada, luego, despacio, empezó a juguetear con la lengua, rozando ese pequeño bulto que en ese momento, por fin, iba a ser para ella sola. 

Con un dedo, un solo dedo, despacio, entró en la que ella siempre llamaba "mi gruta maravillosa", pero su partenaire la retó con una sola frase, que sonó a un completo desafío: "serás capaz de hacerme gritar sólo con la lengua?". No sabía aquella mujer que acababa de desatar a la fiera... Los deseos de aquella mujer eran órdenes para ella, todo lo que quisiera aquella noche lo tendría, y si eso quería, eso iba a darle. Sacó el dedo de su volcán particular y empezó a lamer, morder y succionar el clítoris de su objeto de deseo; rápidamente, Amandine empezó a temblar, pero lejos de lo que temía Valérie, sólo era capaz de decir "sigue" entre gemidos. Cada vez más excitada, le costaba más mantener el control, y sorprendiéndola de nuevo, la pelirroja le tiró en un descuido de la pierna, lo justo para que se tumbara; no estaba dispuesta a ser la única que sintiera placer en aquella habitación, y si hacía algo, lo hacía bien, o no lo hacía, además, ella se lo merecía, se merecía tener tanto placer como diera. Ahí empezó la particular guerra de aquellas dos mujeres, cuyas bombas llegaban en forma de lametazos, las balas eran placenteros mordiscos y ganaba la primera que llegase al orgasmo, aunque quedaron en empate, porque las dos explotaron en el mismo instante.
- Joder, joder, joder... Ya puedo morirme -sonrió Valérie-.
- Cuando quieras, repetimos antes de que estires la pata... - murmuró tratando de volver a respirar normalmente-. ¿Qué? ¿Por qué me miras así?
- Porque siendo capaz de enamorar como lo haces con esa mirada, no sé cómo ese imbécil te ha dejado escapar. Nunca sabrá lo que ha perdido...
- Ese es su problema, Val, el mío ha terminado ya y era tenerle a él encima.
- O debajo, o detrás, o delante...

Ambas acabaron riendo a carcajadas, con agujetas de tanto reír y con una sonrisa en la cara, Amandine porque tenía claro que al día siguiente empezaba su nueva vida y Valérie porque sabía que al día siguiente, tendría a su lado al que tenía que ser su nuevo amor.

martes, 1 de diciembre de 2020

Mientras duermes...

 Mientras duermes, yo no puedo más que mirarte, por más que quiera dormir, te miro, observo tu respiración que noto en mi mano, con el rítmico subir y bajar de tu pecho, a la vez que tu olor me ayuda a relajarme, invitándome a cerrar los ojos arrullada por el sonido de tu respiración tranquila. 

Pero no, yo no puedo dormir, estoy demasiado ocupada, no puedo más que mirarte, olerte, acariciarte y pedir que el instante dure un poquito más, solo un poquito más, el tiempo justo para seguir disfrutando un segundo más, sólo un segundo, ¡no pido más que eso! Porque soy de la firme opinión de que cuanto más egoísta eres con estos instantes, antes se volatilizan, así que me conformo con un solo segundo más, uno aunque sea, en el que con tus ojos cerrados puedo volar, no demasiado lejos, no demasiado alto. Porque si no es agarrada a tu mano, no me sirve volar alto, ni mucho, que volar sin ti, no es volar.

Y así, mientras duermes, me acabo durmiendo yo, sin separar mi mano de tu costado un milímetro, acompasando mi respiración a la tuya, cayendo yo en ese dulce descanso que en unos segundos verá el duermevela en el que empiezo a entrar, con mis ojos cerrándose, contemplando esa sonrisa pícara que me hace preguntarme qué será lo que estás soñando, qué será lo que está pasando por esa cabecita.

Mientras duermes...

La magia se llamaba Víctor (capítulo 3)

- ¿Un... un desfalco? No... no puede... no puede haber hecho eso...
- Amandine...
- ¿Están seguros de que ha sido Loïc?
- Casi por completo; para aseguarnos habría que hacer una auditoría. Conozco una asesoría bastante  buena, he trabajado alguna vez con ellos y...
- Llámales. YA. Que este hijo de puta no se entere.
- No va a saber nada hasta el momento necesario, suelen hacerlo de forma que se entere el menor número de gente posible, así, si hay algo mal hecho, no les da tiempo a tapar el rastro. Si me disculpas un segundo, voy a llamarles ahora mismo.
¿Cómo podía ser aquello? ¿Por qué Loïc había hecho eso? ¿Cómo había llegado a ese punto? Definitivamente, sacaba dos cosas en claro: 
1.-No le conocía absolutamente de nada.
2.-Realmente, era un ser sin el menor escrúpulo.

Pero si algo tenía claro era que no iba a permitir que lo que a ella le había costado tanto esfuerzo sacar adelante, por lo que tan duro había luchado su familia durante tantos años, ese desgraciado lo derramara por el sumidero: si su abuelo estuviera allí, estaba segura de que habría puesto el grito en el cielo; si hasta ese momento quedaba algo de bondad en los sentimientos que le unían a él, se habían esfumado. En ese instante no sólo terminaba todo: acababa de abrir la puerta de la jaula a la Amandine que a Loïc nunca le gustó ver, pero esta vez, además, le iba a dar miedo, mucho miedo.

Le había costado, pero por fin había abierto los ojos, por fin iba a comenzar a ponerlo todo en su sitio, por fin comenzaba su liberación, pero en contra de lo que pensaba hacía unos minutos, lo primero en la lista era limpiar la empresa de su sucia presencia; estaba demasiado sumida en la rabia, en sus propios pensamientos, para darse cuenta de que a Víctor le sonaba el teléfono, sólo reparó en él cuando le escuchó hablar en un perfecto francés:
- ¿Diga?... Sí, estoy en Las Palmas... en principio, una semana más... ¿muy urgente?... entonces parece gordo... de acuerdo... que llamen y si hace falta, llamo a Marco... de acuerdo, gracias, Irina-. Colgó y vio a Amandine boquiabierta.-¿Qué te pasa? Parece que hayas visto un fantasma...
- No sabía que hablaras francés, y menos, tan fluido... ¿tienes familia allí?
- Familia no, trabajo en Montpellier desde hace 10 años. 
Empezaron a hablar un poco de la que para ambos era su zona de control hasta que Valérie llegó hasta ellos como una exhalación.
- Vale, acabo de hablar con Irina, dice que si hay alguien que pueda sacar toda la mierda que tengamos que sacar son los de BlackOverWhite, por lo visto tienen... ¿Qué pasa, qué he dicho?- no entendía nada, sólo veía que de repente, el color de la cara de Víctor se fue de paseo-. Víctor, ¿estás bien?
- Eh... sí, creo que sí. Una cosa... ¿Irina te ha dicho que tengas que hablar con alguien en concreto de BlackOverWhite?
- Sí, con un tal... Víctor Sánchez.
Víctor tragó saliva y las miró a ambas antes de tenderle la mano a Valérie y decir: 
- No vas a tener que llamarle... Soy Víctor Sánchez.
- ¿¡TÚ!?- gritaron ambas al unísono-. Joder... ¡Viva las casualidades! -exclamó Valérie. Están empezando a enviarme documentación de la empresa y si podemos empezar a revisar hoy, lo siento, pero me siento más tranquila que si lo hago mañana... ¿cuándo podríamos empezar?
- Por mi... ya. Necesito que me contéis todo la información que podáis darme ahora mismo.

Apenas 5 minutos después, lo tuvo clarísimo: iba a necesitar a Marco; cuanto antes empezara a rascar información, más pruebas podrian salvar. No había tiempo que perder así que enseguida le llamó, con los datos necesarios para empezar a rastrear el mundo virtual como sólo él sabía hacerlo.  Marco, además del hacker de la empresa era el mejor amigo de Víctor desde que tenían 4 años, si en alguien confiaba Víctor ciegamente, sin duda era en él. Mientras aquél comenzaba a hacer lo que todos en BlackOverWhite llamaban "la magia Marciana", Valérie y Víctor miraban con lupa la documentación que iba llegándole a esta de Selnav, la empresa de publicidad de Amandine, cientos de archivos para revisar; de repente, Víctor gritó: 
- ¡BINGO! Amandine, aquí hay algo raro... ¿Habéis hecho alguna campaña de publicidad con una empresa de República Dominicana?
- ¿República Dominicana? Está en la otra punta del mundo, ¿cómo vamos a trabajar con alguien tan lejos?
- ¿Segura? -Víctor quería tenerlo todo bien atado, si por algo había destacado en su empresa, era por su insistencia en no dejar nada en el aire-.
- ¡Completamente! - Amandine hundió la cara entre sus manos-. Entonces, es verdad que Loïc ha estado... No puede ser... no puede ser... ¡No puede ser!

Le costó mucho contenerse pero Amandine tenía una especie de "código de orgullo" en el que la primera norma era "que nadie te vea llorar" así que como pudo tragó saliva y con una sonrisa amarga pidió que la dejaran sola unos instantes, aunque no pudo acabar la petición sin que las lágrimas inundaran su rostro. Trató de contenerse, trató de volver a cerrar esa compuerta, pero fue imposible: por más que intentaba parar, más lloraba, no podía ni siquiera pedir un poco de agua. No, no podía respirar, no podía hablar, no podía pensar, lo único que su cuerpo le permitía hacer era llorar, hasta que Víctor por fin pudo romper el bucle: al cogerla de la mano, el cuerpo de Amandine se puso en alerta y Amandine pudo por fin tomar una bocanada de aire y pedirles a aquellos dos que la dejaran sola un instante, algo a lo que ambos, obviamente, se negaron. ¿Cómo iban a dejarla sola con aquél nivel de ansiedad? Era una locura, además de que en el fondo, ni ella quería quedarse sola, ni ellos que se fueran. Tras unos instantes en los que las ideas parecieron volver a su debido lugar, con una sonrisa le agradeció al chico el detalle y mientras se enjugó las lágrimas le pidió a su amiga que sacara sus cosas de aquella habitación de hotel y preguntó a Víctor si conocía algún lugar decente para poder pasar los días que le quedaban allí, pues si algo tenía claro es que se merecía esas vacaciones y nada ni nadie iba a conseguir que volviera a Montpellier antes de tiempo. Su amiga accedió a sacar las cosas de la habitación que habría compartido con ese engendro pero se negó en rotundo a que se fuera sola a otro hotel así que decidieron que ambas se irían a otro sitio pero a Loïc Valérie le diría que Amandine estaba camino de Francia, si es que no había pisado ya suelo galo. Como un caballero andante, Víctor se ofreció a llevarlas en su coche y ayudarlas con todo el equipaje, a lo que ellas accedieron entre agradecidas y aliviadas. En cuanto ambas le dieron el OK, él envió un whatsapp con una orden: "meted el troyano en Selnav YA. Empezamos el trabajo".
Durante el trayecto, Valérie y Víctor charlaban sobre la empresa de publicidad de Amandine y ésta le explicaba alguno de los mayores clientes que habían logrado, asombrando con muchos de ellos a éste, que cada vez se sorprendía más, aunque seguía sin dar con lo que le contaban con el vínculo a Santo Domingo. ¿Qué tendría que ver aquello con esas cuentas? ¿Era el marido de esa mujer e lque estaba llevando a cabo el desfalco? Pero era el marido de la dueña, podía disponer del dinero de la empresa, que era también suya, a no ser...
- Amandine, ¿en qué régimen estás casada? 
- En separación de bienes, ¿por qué? 
- Tu marido figura como propietario de Selnav?
- No, está sólo a mi nombre, aunque me ha pedido muchas veces que la pusiera al 50% con él, nunca tuve intención de hacerlo: la empresa la levantó mi padre con el sudor de su frente y no permitiré nunca que ese patán se apropie de su esfuerzo.
- ¿Acabas de llamarle "patán"? Oh, sí, Dios existe y acaba de iluminar a mi amiga... ¡Gracias, señor!- Valérie no pudo evitar aquél chascarrillo, muerta de risa.
- No pensarás que eres la única que sabe insultarle... - Amandine se hizo la ofendida-. Algún día la alumna debía superar a la maestra, ¿no?
- Touchée – rió su amiga-.

A Víctor le gustaba más ver a aquella mujer riendo así que durante el trayecto al hotel fue haciendo lo posible porque no pudiera hacer nada que no fuera reír, aunque al acercarse, su rostro se fue oscureciendo. Por el camino, ellas habían acordado que Amandine esperaría en la habitación de su amiga, en la que se escondería hasta que no hubiera moros en la costa, que Valérie iría a recoger las cosas de las dos y que Víctor era su "escolta sorpresa" por si la cosa se ponía fea, pero en el último momento, Amandine se empecinó en que quería recoger sus cosas ella misma.
- Mandy, cielo, yo puedo cogerlo todo, ¡de verdad! Y si lo que te preocupa es que le diga a esa ameba 4 cositas, no te preocupes, que aquí San Víctor me ayudará a mantener la templanza.
- Val, es... yo... quiero dar la cara y... y...
- Y ¿qué, Amandine? ¿Y flagelarte viendo a ese tío? ¿Sólo pensarás en si esa zorra está de nuevo en la habitación o la registrarás buscándola? Por favor, sólo tienes que esperar tomando una tila, que no te irá nada mal, mientras nosotros "hacemos el trabajo sucio", ¡no seas terca!
- Amandine, creo que Valérie tiene razón, lo mejor es no darle más oportunidades a ese hombre para hacerte daño. Si prefieres quedarte en el coche, puedo aparcar aquí cerca y...
-Está bien -suspiró-, os haré caso y os esperaré en su habitación -señaló a Valérie-, pero por favor, por favor, ¡por favor! No entres en su juego, no quiero más problemas, sólo quiero que todo termine...
- Trato hecho.
Finalmente, llevaron a cabo el plan inicial y casi sin tener tiempo de cerrar la puerta de aquella habitación, temblando como una hoja, el teléfono sonó y sólo escuchó "entramos". Durante unos segundos sólo escuchó a Valérie murmurar "no voy a insultarle, no voy a insultarle" y el sonido de unos nudillos golpeando una puerta. Tardó varios segundos en escuchar aquella voz, que intentando llevarse a quien estaba llevando a cabo su particular misión de película de espías, con una falsa cara de pena dijo:
- Val. Por favor, ¡tienes que ayudarme! Amandine no...
- Monsieur Martin, he venido a recoger los objetos personales de mi cliente -incluso ella estaba asombrada por la frialdad en el tono de su voz-, le ruego me permita llevar a cabo mi labor y marcharme. Mi cliente me ha pedido que recoja sus enseres y a ello vengo, cuanto antes empiece, antes termine y cuanto antes termine, antes me iré.
- Venga, Val, tú puedes convencerla, sabes cómo manejarla... -la agarró del brazo intentando atraerla hacia él-. Vamos, haz tu magia y esta noche podremos pasarlo genial los 4, ¡Sandra está deseando apuntarse a nuestros juegos! Mandy la pone cachondísima y...
- Monsieur Martin, sólo se lo diré una vez: suélteme el brazo, permítame recoger los enseres de mi cliente y no vuelva a dirigirse a mí.
- No sabes lo dura que me la pones cuando te metes en el papel de abogada de hielo, nena...
- Se lo advertí, monsieur... Víctor, por favor -dijo en español, sin darle tiempo a aquél imbécil para reaccionar-, ¿puedes pasar y ayudarme a cumplir mi cometido?
- Por supuesto, ahora mismo, señorita Baudoin -dijo aquél, que también utilizó su particular as acompañado de Airam, uno de los guardias de seguridad del hotel y hermano de Víctor-, si hay algún problema, Airam quizá nos pueda ayudar a solucionarlos -dijo, clavándole una mirada fría como el hielo a aquél tipo: ¿cómo una mujer como, Amandine había acabado con alguien como él?-. Disculpe, señor, ¿puede la señorita comenzar a recoger o hay algún inconveniente?
- Coge lo que quieras de esa perra... En cuanto vuelva a casa, me las vais a pagar las dos...
- Monsieur Martin, le ruego que modere su lenguaje así como le recomiendo que no diga cosas que pueden ser tomadas por un juez como una amenaza, tenga en cuenta que tengo 2 testigos -tuvo que reprimir una sonrisa maliciosa; guiñandole con disimulo un ojo a Víctor, dijo- bueno, el tiempo es oro y el mío además muy caro... Víctor, ¿Puedes coger esas maletas rosas, por favor? Yo voy cogiendo las cosas del cuarto de baño...

Hasta que no escuchó una puerta cerrarse y a Valérie bufar "maldito gilipollas", Amandine no se atrevió a salir de aquella ducha en la que se había escondido, acurrucada, con una sensación que no sabría definir si era de miedo, angustia o liberación, aunque hasta que no escuchó "Mandy, ya", realmente no fue capaz de salir. No era lo más probable, pero no descartaba que Loïc hubiera entrado pegado a su amiga; cuando escuchó el susurro de una voz masculina, sin darse cuenta, de su garganta salió un primer "se ha acabado" que nadie escuchó, al que le siguieron varios, a un volumen cada vez más alto, hasta que en plena crisis de ansiedad, ni siquiera se dio cuenta de que su amiga y aquella voz masculina habían entrado a la carrera en aquél baño. No supo de quién eran esos brazos, solo que eran fuertes y ese olor la calmaba como hacía mucho tiempo que no lo lograba nadie, y que sí, esa mano sí la conocía, era Valérie acariciándole el pelo mientras le susurraba "ya está... ya está, Amandine... ya está...". Ahí, al abrigo de la única persona con la que se permitía bajar la guardia y de aquellos brazos desconocidos pero envolventes, por fin, se permitió dejar que todo el estrés, la angustia, la pena y el asco que sentía dejaran de devorarla por dentro, saliendo en forma de lágrimas, unas lágrimas que sentía que no sólo le limpiaban los ojos. Esas lágrimas eran las que mataban a la antigua Amandine y daban paso a una nueva mujer, mucho más fuerte, más empoderada... y que estaba decidida a hacer estallar una bomba que, curiosamente, aunque aún lo lo sabía, a ella sólo la reforzaría.