Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero debo reconocer que muy de vez en cuando llega la excepción que hace que la norma se cumpla, aunque para seguir tirando de sabiduría popular tuve que tropezar dos veces en la misma piedra para poder ganar esta experiencia vital.
Conocí a Javier el 23 de junio de 2010 después de llevar un mes sin levantar cabeza y cuando menos le esperaba. En ese momento hacía poco más de un mes, el tiempo que llevaba con la cabeza más hundida en el suelo que las avestruces en la tierra cuando se esconden, después de haberme llevado un enorme combo de chascos: había pasado por dos relaciones bastante turbulentas que me habían dejado con el autoestima por los suelos, pero me estoy adelantando, así que iré por partes.
Otra cosa que en la inmensa mayoría de ocasiones es cierto es que la distancia, cuanto mayor es, con más fuerza hace el olvido. A finales de 2008 conocí a un chico que aunque ni era especialmente actractivo, ni educado, ni demasiado sociable... Pero me trataba como toda mujer quiere que lo hagan: continuamente estaba pendiente de mí, era la primera persona con la que hablaba nada más levantarme y la última antes de acostarme, se pasaba el día enviándome imágenes de cosas bonitas y mensajes románticos, daba la cara por mí cuando alguien se metía conmigo... Pero todo a través de un ordenador. Unas semanas después por fin pudimos encontrarnos en persona aunque nada fuera como yo esperaba: pasé de cruzar España con el colchón de un trabajo y un piso asegurado a que todo eso fuera mentira, hasta el punto de acabar a punto de dormir en la calle, deprimida y muerta de frío. Con todo el dolor de mi alma volví al último sitio al que querría haber ido pero seguí con él porque al fin y al cabo el tenía las manos atadas y no podía ayudarme. Seguimos juntos varios meses, pero de nuevo todo era a través de un teléfono o un ordenador y a mí eso no me llenaba, por lo que cuando conocí al que a día de hoy considero casi el peor error que he cometido en mi vida tomé la decisión de liberarle de la losa que era aquella relación para que según creía en ese momento cada uno pudiéramos seguir adelante, mas lo que quería era poder empezar ese gran error sin que el remordimiento me arrancase el sueño.
Pasé 8 meses manteniendo aquel error hasta que una tarde, por un tema de médicos de un familiar, a él por fin se le cayó la careta: me permitió comprobar lo poco que confiaba en mí, lo inútil que me consideraba y lo inferior a él que me veía y me hizo el favor de dejarme, algo que me ha costado mucho tiempo entender. Me había manipulado como había querido para conseguir sus objetivos que eran tener quien le aliviara los dolores de genitales y utilizarme de trampolín hacia una desesperación mayor que la mía por no afrontar una sanísima soledad que ambas necesitábamos y que ninguna queríamos disfrutar. Podría pasar horas volviendo a recriminarle a ella todo lo que no hizo por mí y cómo dejó patente varias veces que para ella era más importante la calle que la sangre, pero ni yo ganaría nada ni él se lo merece. En cuanto el chico con el que lo había dejado se enteró me pidió que le diera una segunda oportunidad y yo, entre el dolor, el remordimiento y el despecho, acepté, acabando de destrozarme el corazón con esa relación y ese chico; poco tiempo después las tornas cambiaron y fue el quien vino a mi casa, y tal como nos pasó la primera vez, apenas estuvimos 3 semanas juntos, logrando que de 9 meses que estuvimos juntos pasáramos compartiendo espacio y tiempo un mes y medio, y acabando definitivamente la relación esta vez él, por mail y alegando que se había enamorado de una chica con la que anteriormente había tenido un niño.
Así que por fin, poco más de un mes después, llegó Javier a arreglar los trocitos de mi corazón resquebrajado. Gracias a él pasé dos meses y medio maravillosos, casi los más felices de mi vida, en los que aunque de nuevo él tampoco era la personificación de un mimoso oso de peluche era atento, educado, dulce y me trataba con respeto... ¿Qué más podía pedir? Por desgracia todo estaba siendo demasiado bonito para ser verdad, así que ahí acabé yo, después de saborear la felicidad de nuevo en el punto de partida, sola y con el corazón hecho pedazos como un vaso de cristal arrojado al suelo. Como pasa en tantas ocasiones, hay gente que piensa que puede utilizar a la gente a conveniencia importándole un bledo el daño que puedan ocasionar y en ese caso los damnificados fuimos nosotros: yo en el momento en que él, con la esperanza de que la segunda oportunidad que le daba a aquella mujer que no la merecía le saliera bien, dejándome a mí de nuevo sola y con el corazón roto y él cuando pudo comprobar por sí mismo que nunca había dejado de ser un juguete para ella.
Cuando me explicó la situación me pidió que no le guardase rencor, que no le esperase y que si tenía oportunidad de seguir adelante sin él lo hiciera sin miramientos y eso fue lo que traté de hacer, aunque nada estaba más lejos de lo que estaba por llegarme todavía. Poco después, presionada por mi situación amorosa y que el sitio en el que mejor debería sentirme era una especie de campo de concentración llegó el que hasta ahora ha sido el peor, con diferencia, de todos los errores de mi vida. Sólo llevábamos 5 días juntos cuando el lobo disfrazado de cordero enseñó la pata aunque estúpida de mí, fui incapaz de verlo: apenas llevábamos seis meses juntos cuando una tarde, embarazada de casi tres, por primera y afortunadamente única vez llegué a temer por mi vida, hasta el punto de rezar para morir rápidamente y sin dolor. Recuerdo perfectamente la fecha e incluso la hora: había discutido con su familia por intentar ayudarles, recibiendo como pago que dos "hombres" se tirasen como fieras a pegarme, aunque al parecer en el último momento no sé si la cordura o la falta de ganas de pasar la noche en un calabozo les frenaron. Yo ya estaba cansada de aguantar así que estaba decidida a encaminarme a hacer lo que siempre te dicen que hagas, denunciar, pero no salí a tiempo de aquella casa: en el mismo instante en que yo iba a abrir la puerta de la habitación llegó él; a su padre y su hermano les faltó tiempo para vociferar mil y un mentiras y calentarle lo suficiente para lograr lo que querían, lo que necesitaban: que me quedase callada. A partir de ese momento, todo pasó tan rápido... Intenté explicarme, con la esperanza inútil de que me escuchase, de que conociendo a todos fuera capaz de darse cuenta de que la situación no era como se la habían pintado... Pero sólo logré que me llamase zorra y empotrándome contra una puerta incrustara sus dedos y su mano alrededor de mi cuello, sin soltarme hasta que con el que creí que era mi último aliento le dije "me vas a matar... -lo que hizo que aumentara la fuerza de la presión- y vas a matar a tu hija -estaba convencido de que iba a ser niña ese ser que crecía dentro de mí-." Sólo entonces me soltó, y aunque se pasó la noche llorando y no volvió a pegarme, nunca ahorró en insultos para dirigirse a mí, hasta que llegó la mañana en que cansada y con el apoyo de nuevo de Javier, me harté y decidí salir de aquel infierno en el que se había convertido mi vida.
El 23 de diciembre hace 3 años que salí de aquella casa, y con ello del mismísimo infierno, 3 años en los que he vivido momentos mejores, peores, felices, tristes... Pero todos con Javier a mi lado, con mi ángel salvador que me arrancó del mayor de los infiernos. Pasé con su apoyo por toda la burocracia de denuncias, juicios, agobios, llantos por todo lo sufrido, sin dejarme sola ni un solo minuto y dándome fuerzas en los momentos en que más lo he necesitado, haciéndome recordar que las mujeres somos personas y merecemos que nos traten como a tal y no ha permitido que vuelvan a pisotearme ni una sola vez más y no pasa un día en que no me despierte con un beso y un "buenos días mi niña". Así que sí, en la inmensa mayoría de las ocasiones segundas partes ni fueron, ni son, ni serán buenas, pero eso hace que quede un pequeño rayito de esperanza, simplemente hay que dejar que el tiempo lleve a cabo su trabajo.
De lo k se deduce k muchas veces segundas partes si son buenas,y k no por estar en la primera o estar en el primer capitulo vas a ser el protagonista
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