"María empezó a lamer los pezones de Rocío..." No, no me gusta, suena demasiado explícito. "María deslizaba su lengua por el pecho de Rocío y ésta se derretía de placer con ese roce. Cada segundo que pasaba sus gemidos eran más fuertes y..." Y nada, ¡joder! porque María y Rocío son dos mujeres, ninguna de las dos tiene pene y un consolador en un relato erótico es menos creíble que el hecho de que Nacho Vidal sufriera un caso crónico de impotencia. Mierda, ¿por qué me meteré yo en estos fregados si a la hora de la verdad no sé ni por dónde empezar, ni de qué manera darle forma ni como demonios encaminarlo? A ver, cómo puedo yo solucionar esto, qué se me ocurre, por dónde tiro... No, si me lo tengo merecido, me está bien empleado por meterme en terrenos que no conozco: ¿cómo demonios voy a ser capaz de escribir yo relatos lésbicos si yo soy heterosexual? No tengo ni idea de cómo podría excitar a las lesbianas, ni de si algo que escriba puede resultarles ofensivo... ¿Por qué tiene que ser tan complicado? Con un relato heterosexual todo tiende a ser más fácil, más accesible; en cuanto la historia se te atasca un poco siempre tienes la opción de poder recurrir a que llegue el momento en el que llega la penetración, pero así, sin hombres con los que poder darle el calentón a la historia... ¿Cómo van a...? ¡Claro, parezco estúpida! "y para devolverle todo el placer que estaba recibiendo, sus dedos se dirigían ansiosos hacia el ardiente sexo de aquella mujer que tanto disparaba su líbido." Suena un poco a guión de película pornográfica mala, pero tampoco está tan mal. Benditos sean los dedos y la persona que descubrió la masturbación femenina. A ver, ruego a todas las musas que escuchen mi súplica que me inspiren...
-Laura, amor, ¿cómo lo llevas?
-Bueno, estaba empezando a arrancar la parte interesante de la historia cuando ha sonado el teléfono... Joder, Sara, no pensaba que escribir esto pudiera llegar a complicarse tanto: me atasco cada dos por tres y me agobio, y no sé por dónde tirar, y me agobio, y me cabreo, y me agobio, y me entran ganas de llorar, y me agobio, y me encabrono conmigo misma, y me agobio, y...
-Vale, ya, ya puedo hacerme una idea, gracias. Escúchame: relájate y verás como todo empieza a salir solo, verás como al final todo te sale bien. Vamos, eres buenísima escribiendo, estará genial.
-Bueno, no sé; con que pueda terminarlo me daría por satisfecha, y más con lo cuesta arriba que se me está haciendo todo esto.
-Verás como escribes un pedazo de relato, tonta. Y si no se te ocurre nada que puedan hacer las protagonistas... pues... ¡siempre puedes recurrir al porno!
-Pero eso no me sirve de nada, es demasiado mecánico, demasiado explícito, que es precisamente lo que no quiero, lo que quiero es que no quede vulgar... Bueno, sea como sea tengo que acabarlo así que algo se me tiene que ocurrir... ¡Ya está! ¿Cómo no he sido capaz de pensarlo antes? Si me ayudo de eso el relato casi que se escribe solo. Pero qué lista soy a veces...
-Bueno, veo que tu problema está solucionado... Te dejo, escribe mucho y bien, ¡y! recuerda que quiero ser la primera en leerlo: prometo ser tu más feroz crítica. Sé buena, ¡te quiero!
-¡Y yo! Y sí, serás la primera en sacarle todo el jugo, tranquila.
¿Pero cómo no se me había ocurrido antes? Yo soy una mujer; sé lo que me gusta y lo que me excita... ¿quién mejor que yo para ser capaz de plasmarlo en cualquiera de sus vertientes? Y al ser un relato lésbico puedo repartir el placer que siento al hacer lo que me gusta entre las dos protagonistas de la historia. Además, así quizá pueda darme algún que otro gustazo sin necesidad de nadie pensando en lo que podría haber pasado con Carla o con Helena; ahora que lo pienso fui tonta al rechazar esas dos magníficas oportunidades que me brindaron de disfrutar con esos dos bellezones. Vale que en aquella época yo estaba saliendo con un chico y que a mi las chicas nunca me habían llamado la atención en el aspecto sexual. Es más, tenía tan claro que no me gustaban las mujeres que podía permitirme el lujo de regalar besos en los labios de vez en cuando; si llego a saber cómo iba a terminar todo con ese completo imbécil me habría dejado hacer por ellas. El hecho de haber podido tener una rubia y una morena para mí sola... Ahora que lo pienso tampoco habría sido una mala idea:ellas fueron las que me tiraron fichas a mí, todas éramos adultas y sabíamos lo que hacíamos estragos causados por el alcohol aparte... Nunca me había pasado esto, pero ahora mismo me estoy excitando sólo de imaginar que estoy con cualquiera de las dos chicas: ella y yo juntas, desnudas en una cama enorme, con nuestras caderas bailando con el único objetivo de que las de la otra se sumen a la danza, con nuestras lenguas peleando y nuestros labios apresados mientras nuestros dedos adquieren personalidad propia dedicándose a recorrer nuestros cuerpos, dirigiéndose con impaciencia hacia nuestros sexos, humedeciéndolos con el roce sobre nuestros pequeños botoncitos, entrando y saliendo suavemente, preparando el terreno para cuando llegue la lengua después de pasar un rato jugueteando con los pezones de la otra, poniéndolos duros, deseando tener cada vez más y más placer, con su lengua recorriendo mi abdomen, dándome dulces mordiscos mientras desliza su suave cuerpo entre mis piernas hasta llegar a unir el ardor de su lengua con el de lo más profundo de mi ser; permitiéndome a mí misma disfrutar del delicioso momento, saboreando la excitación por llevar a cabo lo prohibido de estar con una persona con tu mismo sexo, sabiendo perfectamente cómo y dónde dar el mayor de todos los placeres.
No sé cuál será el resultado de lo que estoy intentando escribir, no sé si me gustará como ha quedado, no sé si quedaré satisfecha; si soy sincera ahora mismo me es totalmente indiferente: en este preciso instante no soy capaz de pensar en nada que no sea tener placer; el estar sola en casa no resulta ningún inconveniente; así puedo desfogarme sin miedo a que nadie me vea dándome placer a mi misma, rozando y pellizcando mis pezones con una mano dejando a la otra ayudarme a imaginar disfrutando, a que pueda moldear completamente la historia exactamente como quiero plasmarla, aunque en este instante mi atención no esté puesta ahí sino en mi deliciosa película mental: mis dedos alcanzan mi sexo en el momento justo en que ¿por qué no? en mi imaginación las tres juntas nos vamos a satisfacer; mi rubia saborea mis labios mientras mi morena empieza a abrirse paso con los suyos en dirección a mi sexo, ardiente y deseoso de que empiece el juego. Mi mente calenturienta continúa imaginando sin límites ni tabúes: la lengua de la chica llega a mi punto de mayor placer y comienza a lamerlo despacio al principio, después dando pequeños mordiscos, succionando a la vez que me giro lo justo para que mientras ella sigue moviéndose mi lengua pueda empezar a recorrer el pecho de la otra chica; aunque me están encantando los besos que nos estamos dando ella también debe y merece recibir placer y qué mejor forma de dárselo que transmitirle a ella el que me están dando a mí: mi lengua hace pequeños círculos alrededor de sus pechos cuando la que está jugando con mi sexo acelera el ritmo haciendo que se me escape un pequeño gemido de placer, señal bien recibida por ambas compañeras: una presiona con sus manos sobre mi nuca para que todo su pecho entre en mi boca a la vez que pellizca mis senos mientras la otra introduce un dedo en mi sexo, haciendo que mi placer se multiplique, deseando que aumente la temperatura del juego, que las tornas cambien y ser yo quien hunda mis dedos en su interior; que sea ella quien no pueda parar de gemir pero las oleadas de placer que entre las dos se están encargando de darme es tan intenso que sólo me permite moverme lo justo para que mis caderas se contoneen al compás del intenso movimiento de los dedos unido al calor de la lengua rozando palpitante mi punto más sensible, con mis pezones poniéndose duros por los suaves pellizcos que están recibiendo y devolviendo toda esa intensidad, pellizcando y lamiendo todo lo que roza mis manos y mis labios, para que la piel que roce esté tan sensible y tan receptible como la mía. Los gemidos salen de mi garganta haciendo que con cada uno de ellos las tres tengamos más ganas de seguir jugando, disfrutando, entrando en una espiral deliciosamente viciosa: yo gimo; la morena introduce otro dedo en mi sexo húmedo y ardiente, anhelante de movimiento; yo me afano en succionar con más ansia el pecho de la rubia; ella arquea la espalda reprimiendo un gemido sin éxito; yo gimo, la morena introduce y saca los dedos con un poco más de dureza; mis caderas se deslizan buscando que mi lengua llegue al sexo de la rubia deseando que ella también disfrute de esas oleadas de placer; los gemidos de la rubia aumentan la intensidad hasta convertirse en deliciosos gritos; yo sonrío satisfecha y empiezo a lamer el pequeño punto de placer de la rubia; ella gime; yo gimo; la morena gime...
He llegado a un punto en el que sólo tengo una opción: acabar con lo que he empezado en el sentido más amplio de la palabra, así que cuando el roce de mis dedos en mi botón de me hace poco introduzco un dedo en mi sexo ardiente y empiezo a moverlo dentro como si fuera un pequeño gancho mientras sigo dejando volar mi imaginación completando mi fantasía: en mi mente las tres estamos entregadas por completo a darnos placer: mis dedos están entrando y saliendo vigorosamente del sexo de mi morena, los cde ella se encierran dentro del mío y mi rubia está satisfaciéndose a sí misma mirando como nosotras intercambiamos nuestro deleite. Cuando la jugadora solitaria llega al orgasmo se une a nosotras: la rubia y la morena empiezan a besarse a punto de comerse a besos mientras el ritmo y la fuerza de los dedos de la chica dentro de mí aumentan a una velocidad de vértigo.
En el mismo momento en que mi compañera de juegos llega al orgasmo en mi fantasía yo alcanzo el mío en la realidad. Estoy relajada como hace mucho que no lograba estar y lista para acabar mi relato, sabiendo perfectamente cómo quiero que siga y acabe la historia y conmigo deseando que mi fantasía algún día se haga realidad. Quién sabe, nadie conoce lo que está por llegarle...
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