Nunca habría llegado a imaginar cómo
pueden llegar a cambiar las cosas en un solo segundo, los giros que
nos tiene preparados el destino y el daño que podemos llegar a ser
capaces de soportar. A veces pienso que la vida en ocasiones no es
más que una continua cadena de decepciones, dolor y sufrimiento; de
hecho yo empiezo a pensar que si no he cubierto aún el cupo del mío,
espero estar bastante cerca, porque no creo que sea capaz de resistir
mucho más, sobretodo teniendo en cuenta que el mayor de los golpes
que ha sufrido mi corazón ha sido apenas hace unas horas: si alguien
me hubiera dicho que la persona a la que más he amado nunca sería
la encargada de poner fin a mi vida, seguramente se habría llevado
una bofetada, pero la vida y la muerte son caprichosas, y nadie conoce
las cartas que ambas juegan para cada uno...
Todo empezó esta mañana: para mi
podría ser como cualquier otro día, pero tal como había decidido
hacía unos días, no lo era: aquella era la mañana en la que le
diría a Ángel, mi novio desde hace 4 años, que no soy capaz de
pasar un día más separada de él, que me haría la mujer más feliz
del mundo pudiendo siendo él lo último que veía al dormirme y lo
primero que observaba al despertarme a partir de hoy, iba a
proponerle que se viniera a vivir a mi casa, dar un paso más en
nuestra relación comenzando nuestro camino de convivencia, poder
pasar juntos mucho más tiempo y afianzar aún más nuestro amor. Y
dispuesta a ello salté de la cama, dispuesta a comerme el día,
deseando que llegase el momento en que por fin le veía, después de
una semana en la que nuestras comunicaciones se resumían a fríos
mensajes de WhatsApp; creía que él, como yo, estaba deseando verme
y pasar un rato juntos, tras tantos días saturados de trabajo. En
gran parte había llegado a esa determinación de proponerle vivir
juntos para que estas jornadas maratonianas de trabajo nos fueran más
llevaderas al saber que cuando llegásemos a casa, sabríamos que ahí
estaría nuestra pareja, con una gran sonrisa en la cara para
preguntarnos qué tal nos había ido el día o que aunque el día
fuera digno de ser tirado a la basura un beso hiciera que nos
olvidásemos de todo. Y con esa idea firme en mi mente, me levanté
de un salto de la cama, me duché deseando que llegara el momento en
que con una sonrisa me mostrase su alegría al ir a buscarle al
trabajo y la noche de pasión que ya le tenía preparada y me puse mi
atuendo preferido: mi conjunto de sujetador y culotte negro de
encaje, un vestido ajustado color ciruela que me quedaba justo por
encima de las rodillas y mis zapatos de tacón negro preferidos. Me
maquillé como sólo lo hago en las ocasiones especiales y me recogí
el pelo en un moño alto que a él le encanta que me haga; según me
dice siempre que me lo hace, además de poder disfrutar mejor de mi
perfume, tiene mejor acceso a mi cuello para entretenerse con una
dulce tortura de besos; ya preparada y ansiosa de que llegase la
noche me voy feliz a trabajar.
Son las 5 de la tarde y no aguanto más:
las ganas de ver a Ángel no me dejan esperar a que quedemos, así
que como sé que él sale a las 6 me da tiempo de ir a buscarle al
trabajo; ¡algo bueno tenía que tener por una vez que cada uno
trabajemos en una punta de la cuidad! Así que con la satisfacción
del trabajo cumplido por hoy, ¡voy a hacerle la gran proposición a
mi chico! ¿O debería dejarlo para otro día un poco más propicio?
Quizá sea yo que hoy con lo nerviosa que estoy vea fantasmas donde
no los hay, pero tengo la impresión de que hoy le pasa algo a mi
chico; no es normal que no me haya respondido a ninguno de los 8
mensajes que le he enviado hoy, siempre me los contesta al momento...
Bueno, puede tener el móvil en silencio, o estar demasiado cargado
de trabajo y no ha tenido un respiro para responderme... Sí,
seguramente tiene el teléfono sin sonido. Son las... ¡mierda, las
5:15! Como siga dejándome llevar por mis mil pensamientos no voy a
llegar a tiempo... Suerte que hoy no parece haber mucho tráfico,
aunque como no me dé prisa conseguir aparcamiento va a ser una
auténtica odisea... No tengo tiempo que perder.
Perfecto, he conseguido ser capaz de
atravesar la cuidad, esquivar tres atascos y aparcar a la primera y
aún son falta un cuarto de hora para las 6, ¡si es que soy la
versión femenina y mejorada de Fernando Alonso! Bueno, ya sólo
queda esperar a que Ángel salga; mientras voy a intentar
localizarle... A ver, dónde tengo el móvil... "Cariño, siento
ser tan pesada hoy... ¿Te apetece tomar una cervecita fresca al
salir del trabajo? ¡Voy a buscarte al trabajo!". ¿Lo verá...?
Entregado está...
De repente suena mi móvil sin darme
tiempo a bloquearlo siquiera. ¡Es Ángel, por fin! "Nada,
cariño, tenía el móvil en silencio, perdón. Lo siento, pero estoy
muy cansado, ¿mejor mañana?" Qué raro, él nunca le dice que
no a una cerveza... Sí que ha tenido que estar liado hoy el pobre,
pero aquí estoy yo, para darle un pequeño descanso y, sí, está
decidido, hacerle la gran pregunta. Espero que él tenga las mismas
ganas que yo, si no me voy a llevar un chasco... Ya son las 6 en
punto, mi chico va a salir de un instante a otro por esa puerta. Sí,
hay está mi... Un momento, ¿qué demonios hace Ángel tan agarrado
a esa rubia? ¿Qué hace esa chica sonriéndole tanto? Esos labios
están ya demasiado cerca, no irán a... ¡¿SE ESTÁN BESANDO?!
Claro, ahora lo entiendo, con razón estás tan cansado... Pues te vas a enterar de quién soy yo. Dios
bendiga al inventor del teléfono...
- ¿Diga?
- Hola, "Angelito". ¿Qué haces?
- Pues aquí, a punto de salir de
trabajar, ¿y tú, cariño?
- Enfrente de tí, viendo como acabas
de comerte la boca con una rubia en la puerta del trabajo,
prácticamente en mi cara.
- Pero, ¿qué me estás contando,
Sherezade? ¿Qué rubia? ¿Qué comerme la boca? Chica, tú estás
loca...
- ¿Seguro? Ve a la parada de
autobuses que hay a unos 30 metros de donde estás y mira al frente;
a ver si enfrente estoy yo apoyada en mi coche o esto también son
imaginaciones mías.
- Pues claro que son... hostia...
Cariño, yo...
- "Cariño, yo..." ¿qué? Vete a la
mierda, o mejor, como seguro que preferirás, con esa rubia. Hasta
nunca, Ángel.
Corriendo como una exhalación y a
punto de que le atropellen dos coches, Ángel cruza los escasos
metros que nos separan; no sé qué pretende, pero yo sólo quiero
subirme en el coche y salir como alma que lleva el diablo de allí, y
estoy a punto de abrir la puerta del coche cuando noto que me agarra
del brazo.
- Sherezade, por favor, espera, te lo
puedo explicar.
- Ni tienes, ni quiero que me
expliques nada. Mañana en cuanto salga de trabajar pasaré por tu
casa para recoger las pocas cosas que tengo en tu casa y llevaré las
tuyas. Y si me haces el favor de que tu vecina, esa anciana tan
simpática me las guarde y pueda darle tus cosas a ella, ahorrándome
el tener que verte la cara te lo agradeceré.
- Sherezade, de verdad, yo te quiero a
ti y sólo a tí, Sandra sólo es...
- Ah, que encima me brindas el gran
honor de saber cómo se llama tu nueva novia... No me interesa, y
desde este momento tú tampoco. Como te he dicho hace un momento,
hasta nunca, Ángel. No... quiero... volver... a verte... en lo...
que me quede... de vida. ¿Entendido?
- Cariño, por favor, no me hagas
esto...
- Ahora soy cariño, pero bien que
hace un minuto era una loca... Pues la loca está harta y se va de
aquí. Mañana, sin falta, quiero mis cosas. Y ahora, si me
disculpas, tengo cosas que hacer, como ir a mi casa a sacar tus cosas
y a tirar al retrete la que iba a ser la copia de tus llaves. Porque,
¿sabes qué? Iba a pedirte que nos fuéramos a vivir juntos a mi
casa, pero acabo de comprobar que hacerlo habría sido una enorme
estupidez.
- ¿Irnos a vivir juntos? ¿En serio? Estaba deseándolo, mi amor... De verdad, puedo explicarte lo que has visto hace un momento, no era lo que tú...
- Que no me expliques nada, que no quiero saber nada. Que sigas con tu maldita vida y no vuelvas a cruzarte en la mía. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer.
- ¿Irnos a vivir juntos? ¿En serio? Estaba deseándolo, mi amor... De verdad, puedo explicarte lo que has visto hace un momento, no era lo que tú...
- Que no me expliques nada, que no quiero saber nada. Que sigas con tu maldita vida y no vuelvas a cruzarte en la mía. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer.
Sin darle tiempo a decir nada más,
consigo que me suelte el brazo, y sin mirarle me meto en el coche,
cierro la puerta de un portazo a punto de pillarle los dedos al
intentar volver a sujetarme del brazo, arranco y salgo de allí
deseando irme de allí. No quiero volver a ver a Ángel, no quiero
volver a saber nada de él... Ni siquiera quiero llorar por él, sólo
quiero que se acabe el día de hoy, meterme en la cama y que llegue
mañana, que según se suele decir, será otro día, pero mis ojos no
están de acuerdo y empiezan a dejar salir una lágrima detrás de
otra, hasta que no consigo ver nada, sólo soy capaz de llorar y de
intentar diferenciar algo más que manchas. Tengo que parar el coche
o puedo tener un accidente. Me seco las lágrimas que no dejan de
brotar de mis ojos, regando mis mejillas, intento tranquilizarme y
empiezo a buscar un sitio en el que poder apartarme; no puedo
conducir en estas condiciones. Unos segundos después encuentro un
sitio en el que poder aparcar: ahí podré dejar de llorar o seguir
haciéndolo, pero al menos no seré un peligro. Pongo el indicador de
dirección y... ¿¡Pero qué hace ese loco!? ¡Va en dirección
contraria, y viene directo hacia mi, y yo no puedo apartarme, tengo
un coche detrás y le chocaría! Tengo que meterme en el
aparcamiento, tengo que apartarme...
De repente abro los ojos. ¿Qué pasa?
¿Dónde estoy? Hace una décima de segundo estaba en mi coche.. Y
ahora sólo veo paredes blancas y me duele todo el cuerpo, intento
moverme pero no puedo, el dolor es demasiado grande y mis ojos no son
capaces de permanecer abiertos más de 3 segundos seguidos; me
encuentro cansada, y dolorida... Pero ¿qué hago aquí? Intento
pensar y poco a poco mi memoria va haciendo su trabajo, poco a poco
van viniendo imágenes a mi mente: las lágrimas, el hueco para
aparcar... y aquél loco a contradirección que en vista de cómo y
dónde estoy, debió de acabar chocando conmigo. Estoy a punto de
dejarme vencer por el cansancio y tratar de dormir un poco cuando
escucho una voz que me suena muy familiar. No puede ser, no puede
estar aquí, ¡no quiero que esté aquí! Pero en contra de lo que
deseo, efectivamente, mis oídos no me engañaban; unos segundos
después de que su voz llegue a mis oídos Ángel entra corriendo en
aquella habitación de hospital en la que mi única compañía son
una máquina que controla el flujo del gotero y aquél aparato que al
compás de los latidos de mi corazón emite los pitidos que muestran
que aún sigo en el mundo de los vivos.
- Sherezade, mi amor, me has dado un susto enorme. Cuando me llamaron del hospital y me dijeron que habías tenido un accidente y que estabas inconsciente pensé que te perdía para siempre... Por un instante he pensado que no volverías a alegrarme los días con tus preciosos ojos y tu pícara sonrisa. Cariño, quiero decirte tantas cosas, y no sé por dónde empezar...
- Sherezade, mi amor, me has dado un susto enorme. Cuando me llamaron del hospital y me dijeron que habías tenido un accidente y que estabas inconsciente pensé que te perdía para siempre... Por un instante he pensado que no volverías a alegrarme los días con tus preciosos ojos y tu pícara sonrisa. Cariño, quiero decirte tantas cosas, y no sé por dónde empezar...
Quiero gritarle que se vaya, que gran parte de la culpa de que yo esté tirada en esta maldita cama de hospital es suya, que si no hubiera descubierto su traición habríamos ido en dirección contraria, y estaría en mi casa, no sé si con el corazón roto, pero al menos en el calor de mi hogar, y no en aquella fría habitación, pero no consigo que de mi garganta solo salga una sola palabra, casi inaudible: fuera.
- ¿Qué te pasa, mi amor, qué
necesitas? -se acerca corriendo hasta mis labios, al no ser capaz de
escuchar el hilo de voz que he conseguido que salga de mi boca.
- Fuera.
- ¿Qué?
- Fuera -repito de nuevo, haciendo un esfuerzo aún mayor que el primero. Con las pocas fuerzas que tengo clavo mis ojos en los suyos y haciendo de nuevo un titánico sacrificio consigo susurrar- ya.
- ¿Qué?
- Fuera -repito de nuevo, haciendo un esfuerzo aún mayor que el primero. Con las pocas fuerzas que tengo clavo mis ojos en los suyos y haciendo de nuevo un titánico sacrificio consigo susurrar- ya.
-Por favor, mi amor, no me pidas que me
vaya... No... No puedes estar hablando en serio... Ni tú puedes
estar hablando en serio ni yo quiero dejarte sola.
Pero yo sí quiero que lo haga, aunque no pueda decírselo y hacerle lo que se merece, que no es menos que darle un bofetón y echarle de allí de una patada. Si pudiera levantarme de esta maldita cama, sin duda le echaría yo misma, pero creo que sólo tengo una opción y tengo que tratar de gastar ese cartucho; en mi empeño de sacar fuerzas de donde no las tengo logro que un susurro más salga de mis labios.
- Enfer...mera...
- ¿Qué puedo hacerte mi amor, qué necesitas? ¿Quieres que llame a una enfermera? Tratando de dosificar las pocas fuerzas que tengo para lo que voy a hacer en los próximos segundos intento responder afirmativamente con la cabeza pero no puedo: además de notar algo duro que me impide agachar la cabeza un dolor insoportable recorre mi cuello como un latigazo- No, no te muevas, mi amor, tienes puesto un collarín para que no muevas el cuello. Mira, vamos a hacerlo de otra manera: para evitarte esfuerzos y dolor intentaré que lo que te pregunte puedas responderlo con sí o no; un parpadeo es no y dos son sí, ¿de acuerdo? -por última vez en mi vida le hago caso, en gran medida porque tiene razón y es la mejor manera de ahorrar energía: para responderle de forma afirmativa abro y cierro los ojos dos veces. -Voy a llamarla ahora mismo. ¡Una enfermera, por favor!
Pero yo sí quiero que lo haga, aunque no pueda decírselo y hacerle lo que se merece, que no es menos que darle un bofetón y echarle de allí de una patada. Si pudiera levantarme de esta maldita cama, sin duda le echaría yo misma, pero creo que sólo tengo una opción y tengo que tratar de gastar ese cartucho; en mi empeño de sacar fuerzas de donde no las tengo logro que un susurro más salga de mis labios.
- Enfer...mera...
- ¿Qué puedo hacerte mi amor, qué necesitas? ¿Quieres que llame a una enfermera? Tratando de dosificar las pocas fuerzas que tengo para lo que voy a hacer en los próximos segundos intento responder afirmativamente con la cabeza pero no puedo: además de notar algo duro que me impide agachar la cabeza un dolor insoportable recorre mi cuello como un latigazo- No, no te muevas, mi amor, tienes puesto un collarín para que no muevas el cuello. Mira, vamos a hacerlo de otra manera: para evitarte esfuerzos y dolor intentaré que lo que te pregunte puedas responderlo con sí o no; un parpadeo es no y dos son sí, ¿de acuerdo? -por última vez en mi vida le hago caso, en gran medida porque tiene razón y es la mejor manera de ahorrar energía: para responderle de forma afirmativa abro y cierro los ojos dos veces. -Voy a llamarla ahora mismo. ¡Una enfermera, por favor!
Unos segundos después aparece por la habitación una mujer de unos 50 años, pequeña y regordeta, pero con cara de afable, que se acerca pero al ver desde donde solicitan su ayuda no llega a entrar; se da la vuelta y andando lo más rápido que puede grita:
-¡Avisad al doctor Navarro, la chica de
la 528 se ha despertado, la del tráfico, yo voy a ir viendo como
está mientras llega! -aún no había acabado de decirlo cuando un
enorme sonido atronó mis oídos unos instantes: "doctor
Navarro, doctor Navarro, acuda a la habitación 528, por favor,
doctor Navarro, acuda a la habitación 528". Y aún no había
acabado de retumbar en mi cabeza aquella agónica megafonía cuando,
ésta vez sí, aquella enfermera entró rauda en la habitación.
Primero comprobó todas las máquinas, y después se acercó a mi y
tocándome la mano, con una sonrisa reconfortante me miró y empezó
a hacerme preguntas:
-Hola guapa, menos mal que ya te has
despertado, ¡que teníamos ganas de ver ya esos ojazos abiertos! Voy
a hacerte unas preguntas, ¿de acuerdo? No va a ser nada complicado,
son para ver un poquito como encima como estás.
- Le he pedido que si la respuesta es sí o no responda parpadeando; quería mover el cuello y le cuesta hablar -se apresuró a explicarle Ángel.
- Entonces lo haremos así... Me llamo Prudencia, y tú, ¿sabes cómo te llamas? -dos parpadeos-. Bien, sí que lo sabes... ¿Te acuerdas de la edad que tienes? -dos nuevos parpadeos-. ¿También? ¡Muy bien, guapa! Vamos, que lo estás haciendo muy bien. -¿Sabes dónde estás? -otros dos parpadeos-. Vale, preciosa, vamos muy bien, ya acabo, cariño, que no quiero agotarte. ¿Te acuerdas de lo que te ha pasado? -esta vez parpadeo una tercera vez, esperando que aquella mujer tan simpática lo interprete como el "más o menos" que no soy capaz de articular-. Bueno, lo tomaré como un más o menos. -Mientras iba preguntando iba escribiendo algo en un papel que le da a un hombre alto y de mediana edad que acaba de entrar como un rayo en la habitación.
- Buenas noches, guapa, ¡por fin me dejas ver esos ojazos abiertos... pero no te pongas roja, mujer! Vamos a ver... Voy a enseñarte una luz y tú tienes que seguirla con los ojos... Mira a la derecha... Ahora a la izquierda... Arriba... Abajo... Muy bien, perfecto. A ver... Sherezade, te cuento por qué estás aquí: has tenido un accidente de coche y a consecuencia del impacto del otro conductor te has roto cuatro costillas: vas a notar que te cuesta respirar, pero no te preocupes que es totalmente normal; en principio parece que no tienes daños cerebrales y físicos no creo que te quede más que la cicatriz que te va a quedar en la frente de los puntos que hemos tenido que darte, pero eso seguro que con un flequillo te lo tapas muy bien, que las chicas para eso sois buenísimas. Mañana te haremos algunas pruebas para asegurarnos de que todo está bien y con un poco de suerte en un par de días te daremos el alta, ¿de acuerdo? -dos parpadeos de nuevo. -Sí -responden al unísono la enfermera y el causante de que esté ahí. -Bueno, pues ya dicho esto, yo me voy a ir y te voy a dejar descansar... Lo dicho, mañana nos vemos. -Prudencia, que el novio no se quede mucho rato que la chica necesita descansar.
- Le he pedido que si la respuesta es sí o no responda parpadeando; quería mover el cuello y le cuesta hablar -se apresuró a explicarle Ángel.
- Entonces lo haremos así... Me llamo Prudencia, y tú, ¿sabes cómo te llamas? -dos parpadeos-. Bien, sí que lo sabes... ¿Te acuerdas de la edad que tienes? -dos nuevos parpadeos-. ¿También? ¡Muy bien, guapa! Vamos, que lo estás haciendo muy bien. -¿Sabes dónde estás? -otros dos parpadeos-. Vale, preciosa, vamos muy bien, ya acabo, cariño, que no quiero agotarte. ¿Te acuerdas de lo que te ha pasado? -esta vez parpadeo una tercera vez, esperando que aquella mujer tan simpática lo interprete como el "más o menos" que no soy capaz de articular-. Bueno, lo tomaré como un más o menos. -Mientras iba preguntando iba escribiendo algo en un papel que le da a un hombre alto y de mediana edad que acaba de entrar como un rayo en la habitación.
- Buenas noches, guapa, ¡por fin me dejas ver esos ojazos abiertos... pero no te pongas roja, mujer! Vamos a ver... Voy a enseñarte una luz y tú tienes que seguirla con los ojos... Mira a la derecha... Ahora a la izquierda... Arriba... Abajo... Muy bien, perfecto. A ver... Sherezade, te cuento por qué estás aquí: has tenido un accidente de coche y a consecuencia del impacto del otro conductor te has roto cuatro costillas: vas a notar que te cuesta respirar, pero no te preocupes que es totalmente normal; en principio parece que no tienes daños cerebrales y físicos no creo que te quede más que la cicatriz que te va a quedar en la frente de los puntos que hemos tenido que darte, pero eso seguro que con un flequillo te lo tapas muy bien, que las chicas para eso sois buenísimas. Mañana te haremos algunas pruebas para asegurarnos de que todo está bien y con un poco de suerte en un par de días te daremos el alta, ¿de acuerdo? -dos parpadeos de nuevo. -Sí -responden al unísono la enfermera y el causante de que esté ahí. -Bueno, pues ya dicho esto, yo me voy a ir y te voy a dejar descansar... Lo dicho, mañana nos vemos. -Prudencia, que el novio no se quede mucho rato que la chica necesita descansar.
- ¿No puedo quedarme con ella? No
quiero dejarla sola.
-Está bien, pero no le des demasiada
conversación; necesita un buen descanso, tanto por ella como por la
criatura.
- ¿Criatura? ¿Qué criatura? No me diga que mi novia... Que yo...
- Si todo va bien, que no tiene porqué no hacerlo, en unos meses seréis padres, sí. Pero está embarazada de unas 4 semanas, así que no le ha dado tiempo aún a saberlo. Bueno, yo os dejo solos, pero lo dicho, no la canses mucho.
- De acuerdo, muchas gracias.
- Gracias por nada, hombre, sólo estoy haciendo mi trabajo.
El médico se va y Ángel vuelve a entrar en la habitación, pero por suerte para mi Prudencia todavía no ha salido, ¡estoy salvada! Intento llamarla pero de nuevo mi garganta no está por la labor, pero afortunadamente logro mi objetivo.
- Enfer...mera... favor...
- ¡Dime, cariño!
- Él... fuera... favor...
- Sherezade, por favor, no me hagas esto...
- ¿Criatura? ¿Qué criatura? No me diga que mi novia... Que yo...
- Si todo va bien, que no tiene porqué no hacerlo, en unos meses seréis padres, sí. Pero está embarazada de unas 4 semanas, así que no le ha dado tiempo aún a saberlo. Bueno, yo os dejo solos, pero lo dicho, no la canses mucho.
- De acuerdo, muchas gracias.
- Gracias por nada, hombre, sólo estoy haciendo mi trabajo.
El médico se va y Ángel vuelve a entrar en la habitación, pero por suerte para mi Prudencia todavía no ha salido, ¡estoy salvada! Intento llamarla pero de nuevo mi garganta no está por la labor, pero afortunadamente logro mi objetivo.
- Enfer...mera... favor...
- ¡Dime, cariño!
- Él... fuera... favor...
- Sherezade, por favor, no me hagas esto...
¿Quieres que tu novio se vaya?
- Él... fuera... favor...
- Creo que lo mejor va a ser que salgas de la habitación, al menos un ratito hasta que se tranquilice. No te digo que te vayas porque me da penita que la pobre se quede aquí solita, pero al menos déjala descansar un poquito...
- Él... fuera... favor...
- Creo que lo mejor va a ser que salgas de la habitación, al menos un ratito hasta que se tranquilice. No te digo que te vayas porque me da penita que la pobre se quede aquí solita, pero al menos déjala descansar un poquito...
- Sherezade, no te voy a dejar sola, he
estado a punto de perderte, he sido un imbécil, pero quiero
arreglarlo. ¡Por favor, dame una oportunidad! ¿Quieres que me ponga
de rodillas y te suplique que me perdones? Pídemelo y lo haré sin
dudar; pídeme lo que quieras, pero no que me vaya.
- Fuera... ya...
Quiero gritarle que se vaya de allí, que no ha estado a punto de perderme, que ya lo ha hecho y que sí, que es un completo imbécil, pero que por suerte me he dado cuenta a tiempo, pudiendo no cometer un gran error, pero cuando intento empezar a hablar, de repente siento que me cuesta respirar más que hasta ahora, mis latidos empiezan a martillearme la cabeza y la máquina que refleja mis pulsaciones se vuelve loca. Intento respirar pero noto que mis pulmones cada vez se llenan de menos aire y cómo la sangre deja de recorrer mi cuerpo, y un enorme cansancio. Sólo quiero dormir, sólo quiero cerrar los ojos... A partir de ese instante, sólo alcanzo a oír vagamente gritos: Ángel pidiendo a gritos un médico, varios médicos cerca de mí, noto una multitud de manos tocándome, gente gritando... Lo último que escucho es a un hombre gritar "¡rápido, se nos va! ¿Dónde coño está ese desfribrilador?" y a Ángel llorando y pidiéndome que no me vaya y le deje solo. Pero por más que lo intenten, ya puedo ver a mi lado a la bella parca, que me tiene sujeta de la mano y sorprendentemente, me hace sentir una paz que nunca había tenido.
- Vamos, Sherezade, tenemos que irnos ya...
- Pero... Pero... Pero yo... Ángel... ¡Ángel! ¡Ángel, ayúdame, tira de mi, no quiero irme, quiero perdonarte, quiero volver a pelearme contigo! ¡Quiero...!
- Sherezade, es tu momento, y cuanto antes lo aceptes mejor. Dame la mano.
- Fuera... ya...
Quiero gritarle que se vaya de allí, que no ha estado a punto de perderme, que ya lo ha hecho y que sí, que es un completo imbécil, pero que por suerte me he dado cuenta a tiempo, pudiendo no cometer un gran error, pero cuando intento empezar a hablar, de repente siento que me cuesta respirar más que hasta ahora, mis latidos empiezan a martillearme la cabeza y la máquina que refleja mis pulsaciones se vuelve loca. Intento respirar pero noto que mis pulmones cada vez se llenan de menos aire y cómo la sangre deja de recorrer mi cuerpo, y un enorme cansancio. Sólo quiero dormir, sólo quiero cerrar los ojos... A partir de ese instante, sólo alcanzo a oír vagamente gritos: Ángel pidiendo a gritos un médico, varios médicos cerca de mí, noto una multitud de manos tocándome, gente gritando... Lo último que escucho es a un hombre gritar "¡rápido, se nos va! ¿Dónde coño está ese desfribrilador?" y a Ángel llorando y pidiéndome que no me vaya y le deje solo. Pero por más que lo intenten, ya puedo ver a mi lado a la bella parca, que me tiene sujeta de la mano y sorprendentemente, me hace sentir una paz que nunca había tenido.
- Vamos, Sherezade, tenemos que irnos ya...
- Pero... Pero... Pero yo... Ángel... ¡Ángel! ¡Ángel, ayúdame, tira de mi, no quiero irme, quiero perdonarte, quiero volver a pelearme contigo! ¡Quiero...!
- Sherezade, es tu momento, y cuanto antes lo aceptes mejor. Dame la mano.
Intento pelear, pero tras unos segundos
me doy cuenta de que es inútil resistirme, así que cedo y le doy la
mano a aquella mujer, me levanto de la cama y salimos de la
habitación. Mientras lo hacemos veo mi cuerpo inerte en aquella
cama, a toda aquella gente peleando por devolverme a la vida sin
éxito y a Ángel llorando como un niño. Lo siento, pero quizá la
culpa sea mia: si no hubiera ido a buscarte al trabajo no te habrá
visto con aquella chica, ni habría tomado la dirección contraria a
la que debía, quizá lo que debí hacer era esperarte en casa, con aquella cajita de madera, pero lo hice, y ahora deberé esperarte para volver a
reunirnos.