martes, 21 de abril de 2015

El fin de mi camino

Nunca habría llegado a imaginar cómo pueden llegar a cambiar las cosas en un solo segundo, los giros que nos tiene preparados el destino y el daño que podemos llegar a ser capaces de soportar. A veces pienso que la vida en ocasiones no es más que una continua cadena de decepciones, dolor y sufrimiento; de hecho yo empiezo a pensar que si no he cubierto aún el cupo del mío, espero estar bastante cerca, porque no creo que sea capaz de resistir mucho más, sobretodo teniendo en cuenta que el mayor de los golpes que ha sufrido mi corazón ha sido apenas hace unas horas: si alguien me hubiera dicho que la persona a la que más he amado nunca sería la encargada de poner fin a mi vida, seguramente se habría llevado una bofetada, pero la vida y la muerte son caprichosas, y nadie conoce las cartas que ambas juegan para cada uno...

Todo empezó esta mañana: para mi podría ser como cualquier otro día, pero tal como había decidido hacía unos días, no lo era: aquella era la mañana en la que le diría a Ángel, mi novio desde hace 4 años, que no soy capaz de pasar un día más separada de él, que me haría la mujer más feliz del mundo pudiendo siendo él lo último que veía al dormirme y lo primero que observaba al despertarme a partir de hoy, iba a proponerle que se viniera a vivir a mi casa, dar un paso más en nuestra relación comenzando nuestro camino de convivencia, poder pasar juntos mucho más tiempo y afianzar aún más nuestro amor. Y dispuesta a ello salté de la cama, dispuesta a comerme el día, deseando que llegase el momento en que por fin le veía, después de una semana en la que nuestras comunicaciones se resumían a fríos mensajes de WhatsApp; creía que él, como yo, estaba deseando verme y pasar un rato juntos, tras tantos días saturados de trabajo. En gran parte había llegado a esa determinación de proponerle vivir juntos para que estas jornadas maratonianas de trabajo nos fueran más llevaderas al saber que cuando llegásemos a casa, sabríamos que ahí estaría nuestra pareja, con una gran sonrisa en la cara para preguntarnos qué tal nos había ido el día o que aunque el día fuera digno de ser tirado a la basura un beso hiciera que nos olvidásemos de todo. Y con esa idea firme en mi mente, me levanté de un salto de la cama, me duché deseando que llegara el momento en que con una sonrisa me mostrase su alegría al ir a buscarle al trabajo y la noche de pasión que ya le tenía preparada y me puse mi atuendo preferido: mi conjunto de sujetador y culotte negro de encaje, un vestido ajustado color ciruela que me quedaba justo por encima de las rodillas y mis zapatos de tacón negro preferidos. Me maquillé como sólo lo hago en las ocasiones especiales y me recogí el pelo en un moño alto que a él le encanta que me haga; según me dice siempre que me lo hace, además de poder disfrutar mejor de mi perfume, tiene mejor acceso a mi cuello para entretenerse con una dulce tortura de besos; ya preparada y ansiosa de que llegase la noche me voy feliz a trabajar.

Son las 5 de la tarde y no aguanto más: las ganas de ver a Ángel no me dejan esperar a que quedemos, así que como sé que él sale a las 6 me da tiempo de ir a buscarle al trabajo; ¡algo bueno tenía que tener por una vez que cada uno trabajemos en una punta de la cuidad! Así que con la satisfacción del trabajo cumplido por hoy, ¡voy a hacerle la gran proposición a mi chico! ¿O debería dejarlo para otro día un poco más propicio? Quizá sea yo que hoy con lo nerviosa que estoy vea fantasmas donde no los hay, pero tengo la impresión de que hoy le pasa algo a mi chico; no es normal que no me haya respondido a ninguno de los 8 mensajes que le he enviado hoy, siempre me los contesta al momento... Bueno, puede tener el móvil en silencio, o estar demasiado cargado de trabajo y no ha tenido un respiro para responderme... Sí, seguramente tiene el teléfono sin sonido. Son las... ¡mierda, las 5:15! Como siga dejándome llevar por mis mil pensamientos no voy a llegar a tiempo... Suerte que hoy no parece haber mucho tráfico, aunque como no me dé prisa conseguir aparcamiento va a ser una auténtica odisea... No tengo tiempo que perder.

Perfecto, he conseguido ser capaz de atravesar la cuidad, esquivar tres atascos y aparcar a la primera y aún son falta un cuarto de hora para las 6, ¡si es que soy la versión femenina y mejorada de Fernando Alonso! Bueno, ya sólo queda esperar a que Ángel salga; mientras voy a intentar localizarle... A ver, dónde tengo el móvil... "Cariño, siento ser tan pesada hoy... ¿Te apetece tomar una cervecita fresca al salir del trabajo? ¡Voy a buscarte al trabajo!". ¿Lo verá...? Entregado está...

De repente suena mi móvil sin darme tiempo a bloquearlo siquiera. ¡Es Ángel, por fin! "Nada, cariño, tenía el móvil en silencio, perdón. Lo siento, pero estoy muy cansado, ¿mejor mañana?" Qué raro, él nunca le dice que no a una cerveza... Sí que ha tenido que estar liado hoy el pobre, pero aquí estoy yo, para darle un pequeño descanso y, sí, está decidido, hacerle la gran pregunta. Espero que él tenga las mismas ganas que yo, si no me voy a llevar un chasco... Ya son las 6 en punto, mi chico va a salir de un instante a otro por esa puerta. Sí, hay está mi... Un momento, ¿qué demonios hace Ángel tan agarrado a esa rubia? ¿Qué hace esa chica sonriéndole tanto? Esos labios están ya demasiado cerca, no irán a... ¡¿SE ESTÁN BESANDO?! Claro, ahora lo entiendo, con razón estás tan cansado... Pues te vas a enterar de quién soy yo. Dios bendiga al inventor del teléfono...
- ¿Diga?
- Hola, "Angelito". ¿Qué haces?
- Pues aquí, a punto de salir de trabajar, ¿y tú, cariño?
- Enfrente de tí, viendo como acabas de comerte la boca con una rubia en la puerta del trabajo, prácticamente en mi cara.
- Pero, ¿qué me estás contando, Sherezade? ¿Qué rubia? ¿Qué comerme la boca? Chica, tú estás loca...
- ¿Seguro? Ve a la parada de autobuses que hay a unos 30 metros de donde estás y mira al frente; a ver si enfrente estoy yo apoyada en mi coche o esto también son imaginaciones mías.
- Pues claro que son... hostia... Cariño, yo...
- "Cariño, yo..." ¿qué? Vete a la mierda, o mejor, como seguro que preferirás, con esa rubia. Hasta nunca, Ángel.
Corriendo como una exhalación y a punto de que le atropellen dos coches, Ángel cruza los escasos metros que nos separan; no sé qué pretende, pero yo sólo quiero subirme en el coche y salir como alma que lleva el diablo de allí, y estoy a punto de abrir la puerta del coche cuando noto que me agarra del brazo.
- Sherezade, por favor, espera, te lo puedo explicar.
- Ni tienes, ni quiero que me expliques nada. Mañana en cuanto salga de trabajar pasaré por tu casa para recoger las pocas cosas que tengo en tu casa y llevaré las tuyas. Y si me haces el favor de que tu vecina, esa anciana tan simpática me las guarde y pueda darle tus cosas a ella, ahorrándome el tener que verte la cara te lo agradeceré.
- Sherezade, de verdad, yo te quiero a ti y sólo a tí, Sandra sólo es...
- Ah, que encima me brindas el gran honor de saber cómo se llama tu nueva novia... No me interesa, y desde este momento tú tampoco. Como te he dicho hace un momento, hasta nunca, Ángel. No... quiero... volver... a verte... en lo... que me quede... de vida. ¿Entendido?
- Cariño, por favor, no me hagas esto...
- Ahora soy cariño, pero bien que hace un minuto era una loca... Pues la loca está harta y se va de aquí. Mañana, sin falta, quiero mis cosas. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer, como ir a mi casa a sacar tus cosas y a tirar al retrete la que iba a ser la copia de tus llaves. Porque, ¿sabes qué? Iba a pedirte que nos fuéramos a vivir juntos a mi casa, pero acabo de comprobar que hacerlo habría sido una enorme estupidez.
- ¿Irnos a vivir juntos? ¿En serio? Estaba deseándolo, mi amor... De verdad, puedo explicarte lo que has visto hace un momento, no era lo que tú...
- Que no me expliques nada, que no quiero saber nada. Que sigas con tu maldita vida y no vuelvas a cruzarte en la mía. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer.

Sin darle tiempo a decir nada más, consigo que me suelte el brazo, y sin mirarle me meto en el coche, cierro la puerta de un portazo a punto de pillarle los dedos al intentar volver a sujetarme del brazo, arranco y salgo de allí deseando irme de allí. No quiero volver a ver a Ángel, no quiero volver a saber nada de él... Ni siquiera quiero llorar por él, sólo quiero que se acabe el día de hoy, meterme en la cama y que llegue mañana, que según se suele decir, será otro día, pero mis ojos no están de acuerdo y empiezan a dejar salir una lágrima detrás de otra, hasta que no consigo ver nada, sólo soy capaz de llorar y de intentar diferenciar algo más que manchas. Tengo que parar el coche o puedo tener un accidente. Me seco las lágrimas que no dejan de brotar de mis ojos, regando mis mejillas, intento tranquilizarme y empiezo a buscar un sitio en el que poder apartarme; no puedo conducir en estas condiciones. Unos segundos después encuentro un sitio en el que poder aparcar: ahí podré dejar de llorar o seguir haciéndolo, pero al menos no seré un peligro. Pongo el indicador de dirección y... ¿¡Pero qué hace ese loco!? ¡Va en dirección contraria, y viene directo hacia mi, y yo no puedo apartarme, tengo un coche detrás y le chocaría! Tengo que meterme en el aparcamiento, tengo que apartarme...

De repente abro los ojos. ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? Hace una décima de segundo estaba en mi coche.. Y ahora sólo veo paredes blancas y me duele todo el cuerpo, intento moverme pero no puedo, el dolor es demasiado grande y mis ojos no son capaces de permanecer abiertos más de 3 segundos seguidos; me encuentro cansada, y dolorida... Pero ¿qué hago aquí? Intento pensar y poco a poco mi memoria va haciendo su trabajo, poco a poco van viniendo imágenes a mi mente: las lágrimas, el hueco para aparcar... y aquél loco a contradirección que en vista de cómo y dónde estoy, debió de acabar chocando conmigo. Estoy a punto de dejarme vencer por el cansancio y tratar de dormir un poco cuando escucho una voz que me suena muy familiar. No puede ser, no puede estar aquí, ¡no quiero que esté aquí! Pero en contra de lo que deseo, efectivamente, mis oídos no me engañaban; unos segundos después de que su voz llegue a mis oídos Ángel entra corriendo en aquella habitación de hospital en la que mi única compañía son una máquina que controla el flujo del gotero y aquél aparato que al compás de los latidos de mi corazón emite los pitidos que muestran que aún sigo en el mundo de los vivos.
- Sherezade, mi amor, me has dado un susto enorme. Cuando me llamaron del hospital y me dijeron que habías tenido un accidente y que estabas inconsciente pensé que te perdía para siempre... Por un instante he pensado que no volverías a alegrarme los días con tus preciosos ojos y tu pícara sonrisa. Cariño, quiero decirte tantas cosas, y no sé por dónde empezar...

Quiero gritarle que se vaya, que gran parte de la culpa de que yo esté tirada en esta maldita cama de hospital es suya, que si no hubiera descubierto su traición habríamos ido en dirección contraria, y estaría en mi casa, no sé si con el corazón roto, pero al menos en el calor de mi hogar, y no en aquella fría habitación, pero no consigo que de mi garganta solo salga una sola palabra, casi inaudible: fuera.
- ¿Qué te pasa, mi amor, qué necesitas? -se acerca corriendo hasta mis labios, al no ser capaz de escuchar el hilo de voz que he conseguido que salga de mi boca.
- Fuera.
- ¿Qué?
- Fuera -repito de nuevo, haciendo un esfuerzo aún mayor que el primero. Con las pocas fuerzas que tengo clavo mis ojos en los suyos y haciendo de nuevo un titánico sacrificio consigo susurrar- ya.
-Por favor, mi amor, no me pidas que me vaya... No... No puedes estar hablando en serio... Ni tú puedes estar hablando en serio ni yo quiero dejarte sola.
Pero yo sí quiero que lo haga, aunque no pueda decírselo y hacerle lo que se merece, que no es menos que darle un bofetón y echarle de allí de una patada. Si pudiera levantarme de esta maldita cama, sin duda le echaría yo misma, pero creo que sólo tengo una opción y tengo que tratar de gastar ese cartucho; en mi empeño de sacar fuerzas de donde no las tengo logro que un susurro más salga de mis labios.
- Enfer...mera...
- ¿Qué puedo hacerte mi amor, qué necesitas? ¿Quieres que llame a una enfermera? Tratando de dosificar las pocas fuerzas que tengo para lo que voy a hacer en los próximos segundos intento responder afirmativamente con la cabeza pero no puedo: además de notar algo duro que me impide agachar la cabeza un dolor insoportable recorre mi cuello como un latigazo- No, no te muevas, mi amor, tienes puesto un collarín para que no muevas el cuello. Mira, vamos a hacerlo de otra manera: para evitarte esfuerzos y dolor intentaré que lo que te pregunte puedas responderlo con sí o no; un parpadeo es no y dos son sí, ¿de acuerdo? -por última vez en mi vida le hago caso, en gran medida porque tiene razón y es la mejor manera de ahorrar energía: para responderle de forma afirmativa abro y cierro los ojos dos veces. -Voy a llamarla ahora mismo. ¡Una enfermera, por favor!

Unos segundos después aparece por la habitación una mujer de unos 50 años, pequeña y regordeta, pero con cara de afable, que se acerca pero al ver desde donde solicitan su ayuda no llega a entrar; se da la vuelta y andando lo más rápido que puede grita:
-¡Avisad al doctor Navarro, la chica de la 528 se ha despertado, la del tráfico, yo voy a ir viendo como está mientras llega! -aún no había acabado de decirlo cuando un enorme sonido atronó mis oídos unos instantes: "doctor Navarro, doctor Navarro, acuda a la habitación 528, por favor, doctor Navarro, acuda a la habitación 528". Y aún no había acabado de retumbar en mi cabeza aquella agónica megafonía cuando, ésta vez sí, aquella enfermera entró rauda en la habitación. Primero comprobó todas las máquinas, y después se acercó a mi y tocándome la mano, con una sonrisa reconfortante me miró y empezó a hacerme preguntas:
-Hola guapa, menos mal que ya te has despertado, ¡que teníamos ganas de ver ya esos ojazos abiertos! Voy a hacerte unas preguntas, ¿de acuerdo? No va a ser nada complicado, son para ver un poquito como encima como estás.
- Le he pedido que si la respuesta es sí o no responda parpadeando; quería mover el cuello y le cuesta hablar -se apresuró a explicarle Ángel.
- Entonces lo haremos así... Me llamo Prudencia, y tú, ¿sabes cómo te llamas? -dos parpadeos-. Bien, sí que lo sabes... ¿Te acuerdas de la edad que tienes? -dos nuevos parpadeos-. ¿También? ¡Muy bien, guapa! Vamos, que lo estás haciendo muy bien. -¿Sabes dónde estás? -otros dos parpadeos-. Vale, preciosa, vamos muy bien, ya acabo, cariño, que no quiero agotarte. ¿Te acuerdas de lo que te ha pasado? -esta vez parpadeo una tercera vez, esperando que aquella mujer tan simpática lo interprete como el "más o menos" que no soy capaz de articular-. Bueno, lo tomaré como un más o menos. -Mientras iba preguntando iba escribiendo algo en un papel que le da a un hombre alto y de mediana edad que acaba de entrar como un rayo en la habitación.
- Buenas noches, guapa, ¡por fin me dejas ver esos ojazos abiertos... pero no te pongas roja, mujer! Vamos a ver... Voy a enseñarte una luz y tú tienes que seguirla con los ojos... Mira a la derecha... Ahora a la izquierda... Arriba... Abajo... Muy bien, perfecto. A ver... Sherezade, te cuento por qué estás aquí: has tenido un accidente de coche y a consecuencia del impacto del otro conductor te has roto cuatro costillas: vas a notar que te cuesta respirar, pero no te preocupes que es totalmente normal; en principio parece que no tienes daños cerebrales y físicos no creo que te quede más que la cicatriz que te va a quedar en la frente de los puntos que hemos tenido que darte, pero eso seguro que con un flequillo te lo tapas muy bien, que las chicas para eso sois buenísimas. Mañana te haremos algunas pruebas para asegurarnos de que todo está bien y con un poco de suerte en un par de días te daremos el alta, ¿de acuerdo? -dos parpadeos de nuevo. -Sí -responden al unísono la enfermera y el causante de que esté ahí. -Bueno, pues ya dicho esto, yo me voy a ir y te voy a dejar descansar... Lo dicho, mañana nos vemos. -Prudencia, que el novio no se quede mucho rato que la chica necesita descansar.
- ¿No puedo quedarme con ella? No quiero dejarla sola.
-Está bien, pero no le des demasiada conversación; necesita un buen descanso, tanto por ella como por la criatura.
- ¿Criatura? ¿Qué criatura? No me diga que mi novia... Que yo...
- Si todo va bien, que no tiene porqué no hacerlo, en unos meses seréis padres, sí. Pero está embarazada de unas 4 semanas, así que no le ha dado tiempo aún a saberlo. Bueno, yo os dejo solos, pero lo dicho, no la canses mucho.
- De acuerdo, muchas gracias.
- Gracias por nada, hombre, sólo estoy haciendo mi trabajo.
El médico se va y Ángel vuelve a entrar en la habitación, pero por suerte para mi Prudencia todavía no ha salido, ¡estoy salvada! Intento llamarla pero de nuevo mi garganta no está por la labor, pero afortunadamente logro mi objetivo.
- Enfer...mera... favor...
- ¡Dime, cariño!
- Él... fuera... favor...
- Sherezade, por favor, no me hagas esto...
¿Quieres que tu novio se vaya?
- Él... fuera... favor...
- Creo que lo mejor va a ser que salgas de la habitación, al menos un ratito hasta que se tranquilice. No te digo que te vayas porque me da penita que la pobre se quede aquí solita, pero al menos déjala descansar un poquito...
 - Sherezade, no te voy a dejar sola, he estado a punto de perderte, he sido un imbécil, pero quiero arreglarlo. ¡Por favor, dame una oportunidad! ¿Quieres que me ponga de rodillas y te suplique que me perdones? Pídemelo y lo haré sin dudar; pídeme lo que quieras, pero no que me vaya.
- Fuera... ya...
Quiero gritarle que se vaya de allí, que no ha estado a punto de perderme, que ya lo ha hecho y que sí, que es un completo imbécil, pero que por suerte me he dado cuenta a tiempo, pudiendo no cometer un gran error, pero cuando intento empezar a hablar, de repente siento que me cuesta respirar más que hasta ahora, mis latidos empiezan a martillearme la cabeza y la máquina que refleja mis pulsaciones se vuelve loca. Intento respirar pero noto que mis pulmones cada vez se llenan de menos aire y cómo la sangre deja de recorrer mi cuerpo, y un enorme cansancio. Sólo quiero dormir, sólo quiero cerrar los ojos... A partir de ese instante, sólo alcanzo a oír vagamente gritos: Ángel pidiendo a gritos un médico, varios médicos cerca de mí, noto una multitud de manos tocándome, gente gritando... Lo último que escucho es a un hombre gritar "¡rápido, se nos va! ¿Dónde coño está ese desfribrilador?" y a Ángel llorando y pidiéndome que no me vaya y le deje solo. Pero por más que lo intenten, ya puedo ver a mi lado a la bella parca, que me tiene sujeta de la mano y sorprendentemente, me hace sentir una paz que nunca había tenido.
- Vamos, Sherezade, tenemos que irnos ya...
- Pero... Pero... Pero yo... Ángel... ¡Ángel! ¡Ángel, ayúdame, tira de mi, no quiero irme, quiero perdonarte, quiero volver a pelearme contigo! ¡Quiero...!
- Sherezade, es tu momento, y cuanto antes lo aceptes mejor. Dame la mano.

Intento pelear, pero tras unos segundos me doy cuenta de que es inútil resistirme, así que cedo y le doy la mano a aquella mujer, me levanto de la cama y salimos de la habitación. Mientras lo hacemos veo mi cuerpo inerte en aquella cama, a toda aquella gente peleando por devolverme a la vida sin éxito y a Ángel llorando como un niño. Lo siento, pero quizá la culpa sea mia: si no hubiera ido a buscarte al trabajo no te habrá visto con aquella chica, ni habría tomado la dirección contraria a la que debía, quizá lo que debí hacer era esperarte en casa, con aquella cajita de madera, pero lo hice, y ahora deberé esperarte para volver a reunirnos.

miércoles, 4 de marzo de 2015

el bolso

Es una agradable tarde de mayo, pero yo no tengo ganas de salir. Hoy hace 3 meses que vi por última vez a Josema y mi cerebro no hace más que recordármelo, haciendo que tenga un día de perros. Sólo tengo ganas de meterme en la cama, dormir y despertarme mañana, pero por suerte ahí está mi incombustible amiga Marta, dispuesta a sacarme de mi amargura y no dejarme pensar, al menos por hoy. No pensar en qué día es hoy, no pensar en nada... No pensar en él.

Esta mañana, en cuanto se enteró de que estaba en Madrid, hizo arder mi teléfono; a la decimonovena llamada perdida respondí porque aunque no tenía ganas de hablar con nadie, al fin y al cabo ella no tiene la culpa de nada; así me convenció para salir a tomar un refresco, pero sin contarme su pequeño plan: además de que ella es mi fotógrafa preferida y lo sabe, su mejor forma de distraerme es prepararme una buena sesión de fotos en el parque del oeste. Al fin y al cabo, hace un día precioso y hay que aprovecharlo. Y en el césped, estamos haciendo el ganso y pasando un buen rato. Lástima que va a tardar poco en agriarse...
- A ver, Nat... ponme esa sonrisita sexy que tú solo consigues que haga que todo a tu alrededor se ilumine.
- Mar, tú si que sabes hacer que una mujer se sienta bien -sólo con esa frase consigue que una enorme sonrisa se dibuje en mi rostro y que me olvide de todo lo malo que hay en el mundo.
- Oh, sí, nena, dámelo todo... Humm, qué buena estás cariño... Sí, sí, levántate el pelo... -ella me va dando indicaciones mientras yo pongo en marcha mi mejor sucesión de posturas absurdas. -¿Sabes qué es lo que más me gusta de estas sesiones? Que hasta haciendo el payaso sales preciosa.
- Hala, exagerada, no será para tanto...
- ¿Que no? ¡Mira esta! Lo que yo te digo, Natalia, hasta en la postura del mono borracho estás genial
Lo cierto es que mi amiga tiene razón: aunque estoy apoyada sobre una sola pierna y aguantando torpemente el equilibrio me gusta cómo me veo en la foto, con los reflejos rojo fuego de mi pelo flotando alrededor de mi cabeza gracias al suave viento que sopla y que hace de improvisado ventilador.
- Ahora una sentada en el césped. Nat... cuando te pillo mirando a la nada me encanta la expresividad de tus ojos.
- Al final te voy a cobrar por hacerte de modelo, ¿eh?
La miro y ambas nos echamos a reír a carcajadas. Cualquiera que nos vea va a pensar que nos hemos escapado de algún hospital psiquiátrico. Nos hacemos varios selfies muertas de risa y a la décima autofoto Marta se pone seria, me mira, me mira muy seria y me chilla.
- ¡¡POR DIOS, NO SE TE OCURRA MOVERTE!! Así sales preciosa, seguro.
Me hace varias fotos conmigo medio tumbada en el césped, con el pelo meciéndose suavemente en el aire, mirando a la cámara, riendo, poniéndome seria, mirándola a ella, con la mirada perdida... Justo cuando más a gusto me siento y empiezo a deshinibirme escucho cerca de mí una voz que me resulta  desagradablemente familiar.. La suya.
- Yo quiero una copia de esa última foto... la bella Natalia debe parecer una diosa.
- ¿Qué coño haces aquí, Josema?
- Llevo una semana aquí, y cuando he visto en el estado de facebook de tu amiga que estaríais aquí me pasé a ver si te veía.
- Pues ya me has visto. Ahora, si te das la vuelta y te vas por donde has venido, quizá no me amargues del todo la tarde.
- Bella Natalia...
- Ni bella Natalia ni hostias, que te vayas.
- Natalia... -susurra mi amiga.
- Marta, por favor, no te metas. Y tú: lárgate.
- Natalia, llevo tres meses sin verte, quiero hablar contigo... te echo de menos.
- Sí, y el color rojo de mi pelo es natural. Que te largues.
- Natalia, yo... -yo me levanto del suelo y cuando voy a dar el primer paso en dirección opuesta a él me agarra del codo. -Por favor te lo pido. Escúchame, Sé que no me he portado bien contigo, yo...
- ¡¡¿¿QUE TE LARGUES??!! ¿¡Es que no hablo claro?! Suéltame y lárgate. ¿Quieres hablar conmigo? Pues yo contigo no. Tú mismo lo has dicho: has tenido tres meses; haberlos aprovechado. Hasta luego.
- Nat, no seas borde.
- Marta, no me toques la moral... Que se largue con su mujer y me deje tranquila.
- Firmé el divorcio hace quince días.
- ¿Y? ¿Qué esperas, que te dé un aplauso? -las lágrimas pelean por empezar a salir de mis ojos y la garganta me escuece del esfuerzo que estoy haciendo por no echarme a llorar ahí mismo. -Te lo voy a decir despacito, a ver si así lo entiendes: de... jame... en paz -mis ojos ahora reflejan toda la furia acumulada contra él y tengo que contenerme mucho para no darle un bofetón. Mi cuerpo destila ira por cada poro y lo único que quiero es perderle de vista. Él clava su mirada en mí y después de un tiempo que a mí me parece una eternidad, cuando está a punto de conseguir que claudique aprovecho que me suelta el brazo para salir casi a la carrera de allí. Josema grita varias veces mi nombre, pero yo no lo hago caso. Me voy directa a casa, pero cuando quiero darme cuenta sólo tengo las llaves de mi casa: mi bolso con el móvil dentro se ha quedado en el coche de Marta, pero estoy tan furiosa que lo último que me apetece es darme la vuelta arriesgándome a volver a encontrarme con él; ya me lo traerá luego ella o iré a su casa mañana a pedirle mis cosas.

Son casi las diez de la noche cuando el timbre de mi casa suena. Aún enfurecida, abro la puerta pensando que es Marta la que está detrás de aquel trozo de madera es Josema, así que a una velocidad que hasta a mí me asombra se la cierro en la cara, antes de darle tiempo siquiera a decir hola, lo que hace que él empiece a aporrear el timbre, gritando que le abra. Después de un par de minutos parece que se ha cansado, pero cambia de táctica y empieza a llamar a la puerta.
-Natalia, por favor, sólo quiero darte el bolso. Abre la puerta y en cuanto te lo dé, me iré.
- Déjalo colgando del picaporte y cuando te vayas abriré y lo cogeré.
- ¿Por qué tienes que ser tan rencorosa y tan cabezona, bella Natalia?
- No... me llames... bella... Natalia. Soy así, y lo soy porque me da la gana. ¿Vas a dejar el bolso  y vas a irte hoy o pasado mañana por la tarde?
- ¿Quieres tu puto bolso? Pues abre la maldita puerta o te quedas sin él.
Abro la puerta, le arranco el bolso de las manos, dejo la puerta entreabierta sin ganas y con un gesto le seco le indico que puede sentarse en el sofá. Mientras dejo el bolso colgado en la percha, le miro y con mis ojos destilando furia, le miro fijamente:
- ¿Qué quieres? Rapidito, que no tengo toda la noche y déjate del rollo Christian Grey... el papel te va demasiado grande. En cambio el de manipulador amnésico te va como anillo al dedo -gruño, tratando de ser lo más arisca posible-.
- No entres en una guerra que tienes perdida antes de declarar, Natalia.
- Entro donde me da la gana. ¿Tiene algún problema el señorito Josema, o ahora tengo que pedirle permiso para seguir con mi vida? ¿En qué guerra voy a meterme según tú? Me has demostrado sobradamente que sólo te acuerdas de mí cuando ello te reporta un beneficio. Mira, mejor lárgate... No sé en que demonios estaba pensando cuando te he dejado entrar.
- En que estás enamorada de mí.
- ¿Yo? ¿De tí? Venga, por favor, no me hagas reír. Y ahora, si me haces el favor de irte...
- No voy a irme. No antes de que reconozcas que tengo razón y de lograr mi objetivo. Y por supuesto que no soy un multimillonario sádico, pero sí peleo por lo que es mío.
- ¿Por lo que es tuyo? ¿Pero qué me estás contando?
Llego hasta la puerta, la abro y con un gesto le invito a irse, pero él está clavado, en medio del salón de mi casa, clavado como una estatua, me mira y niega con la cabeza. No aparta su mirada de la mía y tras unos instantes asumo que no va a irse ahora. Claudico, me siento en el sofá, y sin apartarle la mirada en ningún momento, tratando de retarle, le murmuro que hable. Se queda callado unos instantes, hasta que mirando al suelo, vuelve a negar con la cabeza y acerca su mano a mi pierna, pero yo no puedo soportar que me toque y doy un respingo en el sofá, algo que no esperaba y que hace que una ráfaga de miedo se aloje en su cara. La verdad es que no sé por qué he hecho eso: llevo tres largos meses echando de menos el tacto de sus manos sobre mi cuerpo; aunque no voy a reconocerlo, estoy deseando que vuelva a intentarlo, pero no lo hace; se levanta del sofá, se acerca a mí hasta que nuestros labios quedan separados por unos escasos centímetros, pudiendo sentir su aliento y escuchar su acelerada respiración.
- No quería hacerte daño, bella Natalia, no quería hacerte sufrir... Sólo quería que dejaras de volverme loco, ser capaz de tenerte cerca y no sufrir aguantando el impulso de comerte a besos, pero no puedo. Incluso ahora sólo quiero saborearte, rodearte por la cintura y hacerte llegar al mayor de los orgasmos que haya conseguido provocar a una mujer ahora mismo. Pero tú no quieres tenerme cerca y lo entiendo. He sido un puto imbécil y por intentar no hacerte daño he conseguido que me odies. Tranquila, no volveré a acercarme a ti.
- No -es lo único que soy capaz de decir. Quiero gritarle que no le odio, que a mí me pasa lo mismo con él, que lo único que necesitaría para ser feliz es tenerle a él a mi lado, que el ansia por que me bese y que recorra mi cuerpo despacio, como sólo él ha sabido hacerlo hasta ahora, pero las palabras no pueden salir de mi garganta, apresadas por ese nudo que atenaza mis ganas de llorar. No... Josema... yo.. solo...
No me deja seguir hablando: se pone de pie, me agarra de las manos abalanzándome sobre él y al ver que mis piernas no me sujetan como deberían rodea mi cintura con mis brazos y sus labios se lanzan a los míos, que se aferran a él con una pasión desesperada a la que él responde. Con la mezcla justa de fuerza y dulzura me lleva hasta mi cama y me tumba despacio, sin soltarme ni dejar de besarme. Cuando estoy completamente tumbada en la cama se incorpora hasta ponerse de pie, me mira y con una enorme sonrisa, sin decir nada, me mira de arriba a abajo y empieza a quitarse la ropa mientras yo, hipnotizada por esa mirada me deshago de mi camiseta. Con delicadeza me quita el pantalón y él se quita después su ropa, se tumba conmigo en la cama y empieza a recorrer mi cuerpo entre besos y mordiscos, empezando por mi barbilla y deslizándose hacia mi pecho mientras me desabrocha el sujetador, rozando suavemente mi piel al quitármelo. Cuando llega a mis pechos, recorre uno con la lengua mientras son los dedos juega con el otro, torturándome, haciendo que sólo sea capaz de pensar en volver a tenerle dentro, pero eso puede esperar, ahora sólo quiero disfrutar de él y de este momento así que le agarro del pelo y le obligo a subir hasta mis labios de nuevo, para que sean sus manos las que juguetean con mis pezones, que con cada roce están más duros a la vez que mis piernas le rodean por la cintura, atrayéndole hacia mí, permitiéndome notar su creciente erección clavarse contra mi sexo; mis caderas, que de pronto cobran vida propia, moviéndose suavemente, pidiéndole que se unan de la forma que mejor saben hacer. Rápidamente sus dedos se deslizan por mi abdomen hacia mi sexo, rozando suavemente mi mayor punto de placer, estimulándolo hasta que mis piernas empiezan a temblar y sólo quiero que entre en mí, que me haga alcanzar ese nivel de placer al que sólo él ha sido capaz de hacerme llegar, pero se separa de mí y como muestra de mostrarle mi enfado hundo mis dedos en su corto pelo y le doy un tirón.
- Ah -gruñe con un leve gesto de dolor-, creo que hay alguien que le tiene cariño al estilo amatorio de Christian Grey...
- Cállate y haz lo que los dos estamos deseando antes de que me arrepienta.
Dicho y hecho, dispuesto a complacerme empieza a deslizar su lengua desde su ombligo hasta mi sexo, haciendo que cada segundo que pasa desee más volver a unirme a él, volver a disfrutar de su cuerpo. Con una enorme destreza me mueve en la cama, despacio, con una mezcla de ansia e ímpetu que hace que me quede tumbada en la cama, y él se sube encima de mí. Sus manos vuelven a rozar mis pezones hasta que noto que entra con fuerza en mí, empujando a un grito a salir de mi garganta y empieza el baile que mejor sabe bailar. Comienza a embestirme con fuerza y mis manos recorren toda su espalda de arriba a abajo, una y otra vez, acelerando el ritmo de sus roces, acompasándolos al del movimiento de sus caderas, a la vez que sus labios y los míos vuelven a pugnar en nuestra batalla preferida: la de poner más énfasis en cada beso hasta que los gemidos empiezan a brotar de nuestras gargantas, en una especie de combate que ninguno de los dos queremos perder en esa guerra que estamos librando con varias batallas a la vez, con mis caderas haciendo un ligero vaivén, haciéndole entrar y salir de mí y satisfaciendo nuestros más bajos instintos.
- Vamos, Natalia, acepta que esta vez vas a perder la guerra, que por una vez no eres tú la que provoca el orgasmo, que eres la que lo disfruta. Ríndete y disfruta.
- Aaaaahhhh... -quiero gritarle que aún le quedan muchas batallas que perder conmigo, pero sólo consigo gemir y sentir que nuestra respiración de acelera cada vez más, hasta que le hago caso y me dejo llevar, sintiendo cada roce como nunca antes lo había hecho. Todos los músculos se mi cuerpo se tensan unos segundos para dejar paso a un devastador orgasmo que me recorre de pies a la cabeza a la misma vez que Josema llega al suyo.

Pasamos un rato abrazados, sin soltarnos y yo no quiero que ese momento termine nunca. Si pudiera hacer que el tiempo se parase una vez en mi vida, sin duda éste es el momento que elegiría... El orgasmo que he tenido ha sido tan intenso que incluso me he mareado un poco y Josema se ha asustado y no me deja levantarme de la cama hasta pasado un buen rato y cuando me lo permite me ayuda a ponerme en pie, temeroso de que las piernas no me respondan.
- ¿Aún quieres que me vaya? -me pregunta con una mirada gélida y la voz temblorosa.
- ¿Quieres irte?
- Ahora mismo sólo quiero agarrarte y no soltarte, bella Natalia. Bueno, eso, y en cuanto te repongas un poco repetir la jugada.
- ¿Tienes algo que hacer?
- Apagar tu móvil y el mío; le prometí a tu amiga Marta que la llamaría en cuanto te devolviera el bolso.
- Hum, entonces sí, será mejor apagarlos...

sábado, 28 de febrero de 2015

acerca de 50 sombras de Grey

No suelo escribir artículos, ni expresar opiniones personales porque no considero que sea oportuno, pero en este caso, creo que debo dejar plasmada mi opinión. Al fin y al cabo, un blog de literatura erótica es un lugar bastante apropiado para posicionarse en torno a una obra de literatura erótica... En fin, no voy a seguir dando rodeos que pierdo el hilo y voy a ir directa al meollo de la cuestión.

No suelo comentar libros, ni si me parece bien un libro o no, soy partidaria de que para gustos colores, pero ha llegado un punto en el que mi malestar no puede incrementarse sin que llegue a provocar una explosión; por ello por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a romper una lanza en favor de una trilogía: voy a ponerme a favor de la saga "Cincuenta sombras de Grey". Ya estoy más que cansada de escuchar gruñidos de protesta acerca de los libros, y la película, provenientes en su inmensa mayoría de personas que no se han molestado en leer el libro, y es que para criticar, en vez de informarse, es más fácil decir lo primero que se ocurre...

Quiero dejar claro que yo no soy una experta en sadomasoquismo, ni psiquiatra, que sólo hablo desde el punto de vista que me dan mis conocimientos, la información de la que he podido disponer, la que me han proporcionado y situaciones que he experimenrado. Por tanto hablo con cierto conocimiento de causa, pero no soy poseedora de la verdad absoluta, así que partiendo de la base de lo que entiendo, lo que sé, lo que conozco, de haber leído los libros y visto la primera película, gracias a lo cual puedo formar mi propio juicio y argumentarlo.

Pero iremos por partes: la mayor parte de las críticas están encaminadas al tema del BDSM, siglas que cualquiera que no tenga idea de lo referente al tema se eche las manos a la cabeza. ¿Y para qué vamos a dignarnos en preguntarle a San Google, poseedor de la absoluta sabiduría, pudiendo escandalizarnos y colgar el sambenito? Es más fácil, más rápido, y más gratificante... Para empezar, aclararé que el BDSM, siglas de Bondage, Disciplina y Sadismo Masoquismo no consisten simplemente en el concepto de golpear a la persona con la que se lleva a cabo la relación, ni en pisar testículos con zapatos de tacón de aguja embutido/a en una minúscula prenda de cuero. Dentro de esta práctica hay una inmensa gama de prácticas, en las que no es necesario en ningún momento llegar a producir dolor, con lo cual no es ninguna enfermedad psiquiátrica, ninguna parafilia sexual ni conlleva a que quien lo practique sea una persona con un trastorno mental. De hecho, voy a lanzarme a hacer una pregunta: ¿a cuántos de los seres humanos que habitan el planeta les agrada darles a la persona con la que están manteniendo una relación sexual dar algún azote o ser azotado en las nalgas? Señoras y señores, ya pueden escandalizarse con ustedes mismos: eso forma parte del sadomasoquismo sexual; a un nivel sumamente bajo, pero forma parte del sadomasoquismo. Y es que un sabio dijo en una ocasión que un poco de placer puede acarrear un enorme placer. Y sin ir tan lejos, ¿quién no ha experimentado en una relación sexual un poco de dolor al que la única definición posible que podía darle era "me duele, pero me gusta"? ¿Y esa situación en la que no pueden hacer ruido por la razón que sea y la manera de demostrar el orgasmo es clavar las uñas? ¡Oh, sorpresa! ¿Eso les convierte en personas sumisas que se dejan maltratar o en sádicos que disfrutan haciendo sufrir?

Seguimos con la explicación: ante todo ha de quedar claro que antes de empezar una sesión de BDSM es OBLIGATORIO llegar a un consenso entre ambas partes: es decir, entre las personas que vayan a participar, antes de empezar se pacta hasta dónde están dispuestas a llegar, y a partir de ahí se definen los límites infranqueables, que en ningún momento está permitido que se traspasen, y en caso de que la práctica que vaya a llevarse a cabo de establece una palabra de seguridad que en el momento en que se diga supondrá el cese automático de la práctica que se esté llevando a cabo; hay otras formas de definir el nivel de dolor para medirlo sin tener que alcanzar el nivel de la palabra de seguridad: por ejemplo, en el caso de los azotes, se puede decir el nivel de dolor sufrido en una escala del uno al diez, en la que no está permitido, bajo ningún concepto, que el dolor llegue a un nivel 8 sobre 10. ¿El motivo? En contra de lo que se piensa, el fin de la práctica llevada a cabo es el de dar placer, no el de infligir dolor de forma gratuita. por lo tanto, cuando Anastasia Steele admite llevar a cabo las prácticas que se describen en el libro, lo hace VOLUNTARIAMENTE, nadie la obliga, ella decide hacerlo. Así que, por favor, ¿alguien puede explicarme dónde está el sometimiento que supuestamente sufre? Porque yo no lo veo en ninguna parte.

Seguimos con el libro: he llegado a leer que se considera que Anastasia es sometida a violencia de género a manos de Christian... ¿Dónde está esa violencia de género? Que él la obliga a ella a ser sumisa... ¿Se ha molestado quien dice eso en acabar de leer el libro antes de dar semejante muestra de estulticia? Que el libro es machista... ¿La obliga a llevar a cabo determinadas tareas? ¿Le impide trabajar? Sobreprotección hay en el libro para dar y regalar, machismo... no lo creo. Repito: el BDSM parte de la base de un consenso entre las personas que van a estar involucradas, que practican libremente, sin que nadie les obligue, y con el poder en todo momento de parar cuando cualquiera de las dos personas lo considere conveniente. Por cierto, por lo que veo, no se percibe que es la propia Anastasia la que en multitud de ocasiones le pide a Christian que lleve a cabo esa situación de dominación, la cual es ni más ni menos que eso, una situación en la que una de las partes dispone de todo el control de la situación y en la que debe encauzar a la otra.

En fin, no voy a seguir extendiéndome en este tema, porque podría pasarme un día completo explicando el BDSM y todo lo relacionado con él, y lo que centra esta entrada es exponer mi opinión acerca de las críticas, muchas veces, infundadas tanto a los libros que forman la sala como a la primera película visionada en el cine. Recomiendo fervientemente a quien quiera saber de que va la historia, que primero lea los libros y después, con conocimiento de causa, critique todo lo que quiera, y si no está en disposición de hacerlo, por favor, que nos ahorre el tiempo de soportar aguantar tonterías y se guarde su opinión.

Y ya termino de argumentar recomendando fervientemente a quien desee informarse, aunque sólo sea mínimamente de lo que tiene que ver con el mundo del BDSM que le eche un vistazo al programa de cuatro "21 días en el mundo del sadomasoquismo", en el que podrán comprobar que como se diría a un niño asustado, "el león no es tan fiero como lo pintan". Aquí dejo gustosamente el enlace para quien quiera verlo, y si alguien tiene algo que objetar, estaré encantada de debatir: será tan sencillo como que exponga su opinión en un comentario, que con toda amabilidad responderé. http://www.mitele.es/programas-tv/21-dias/temporada-3/programa-20/

sábado, 31 de enero de 2015

Eva

Eva era una chica atractiva para cualquiera que tuviera en sus plenas facultades el sentido de la vista: no era la altura lo que la hacía destacar, pero lo compensaba con una figura esbelta, unas piernas bien torneadas, un pelo rubio a media melena que la ayudaba a explotar su imagen de buena chica y unos ojos verdes que hacen que quien los mire sea presa de uno de los más bellos embrujos que nadie haya podido padecer; precisamente eso fue lo primero que me llamó la atención de ella y lo que sin que ella lo pretendiera me hizo caer rendida a sus pies...

Nos conocimos gracias a un amigo en común, cuya intención era presentarme a un amigo que acababa de dejar su relación con su novia; aunque el chico era guapísimo y tenía unos ojos marrón claro de escándalo, los que me hipnotizaron en aquel preciso instante fueron los de la dueña de aquellas curvas que intuía tanto me iban a costar recorrer. No era plan descubrir descubrir ante toso el mundo ni a la primera de cambio uno de mis más ocultos secretos, así que por una parte debía tener una infinita carga de paciencia y por otra al medir mis pasos podría llevar a cabo con más tranquilidad mi estrategia, de (al menos intento) conquistarla. Pero no todo sale a la perfección según nuestro plan de batalla trazado al empezar la guerra, así que esa tarde, por más que lo intenté, no fui capaz de pasar más de diez segundos sin clavar mi mirada en aquellas profundidades. Traté de centrarme en mi amigo, que no se merecía que después de tantos meses sin poder vernos le dejara colgado por estar más pendiente de un flechazo que de quien había propiciado tan agradable encuentro.

Finalmente conseguí mi objetivo y el de mi amigo, aunque me costó un mundo que consiguiera lo que él esperaba de mí: el pobre intentaba subirle el ánimo a su amigo y éste a su vez no tenía más ambición al acabar el día que la de no meterse solo en la cama (algo que por supuesto, no consiguió) y yo logré haciendo un enorme esfuerzo no babear encima de la bella Eva y que esa noche su número de teléfono quedase grabado en la agenda del mío. La mejor forma en la que podía terminar para mí la noche lo hizo en momento en el que menos lo esperaba y más desanimada estaba. Justo cuando me encontraba a punto de meterme en la cama me llegó un mensaje de mi preciosa rubia: "Buenas noches guapísima. Me ha encantado conocerte y espero que volvamos a vernos, me has caído genial. Un beso reina". Guapa, simpática, graciosa y además educada, para mí en ese momento esa chica lo tenía todo, era como la personalización de todo aquello que llevaba tanto tiempo buscando y que sólo había podido encontrar, y ni mucho menos a ese nivel, en otra chica. Luego los hombres se preguntan dónde nos escondemos las mujeres. En fin, Serafín...

Fueron pasando los días y fui quedando con mi querido amigo, con el tercero en discordia y por supuesto con la protagonista de todos mis pensamientos. Quería dejar de pensar en ella, centrar mi atención en el otro chico, el cual he de reconocer que también me encantaba, pero no me llenaba ni la mitad que ella... Quería ser capaz de centrarme en aquel chico que cada vez que hablaba hacía que las carcajadas salieran de mi boca sin pausa apenas para tomar aire, pero no lo era; mi cerebro se rebeló en mi contra haciendo que esos ojos verdes pasaran por mi mente en los instantes más inoportunos, declarándome una guerra que cuanto más tiempo pasaba, más claro veía que tenía perdida.

Casi un mes después de conocer a Eva logré por fin dejar de pensar continuamente en ella, dejar de desear lanzarme a besarla cada vez que la tenía cerca, dejar de excitarme en la ducha, imaginando al recorrer mi cuerpo el agua tibia que eran sus manos las que se deslizaban por mi piel... O eso creía yo. Una tarde al salir de trabajar me llegó un mensaje de la persona que menos esperaba: o la vista me estaba jugando una mala pasada o la pantalla me mostraba que Eva, después de varios días sin dar señales de vida se había acordado de mí, y por lo que parecía, el mensaje era tan corto que parecía un telegrama. Casi sin ser capaz de pulsar el código de desbloqueo por los nervios que hacían que mis dedos temblaran como una hoja, afortunadamente fui capaz de leer aquella petición que parecía rozar la súplica; ese "estoy mal, necesito hablar con alguien, ¿te importa invitarme a una cerveza?" hizo que me dieran ganas de recorrer el camino a casa, a donde ella me pidiera ir saltando a la pata coja... Evidentemente, mi respuesta no se hizo esperar, escribiendo y enviando a una velocidad inaudita un "dime hora, sitio y me tienes allí media hora antes". Me citó en un parque al que iba siempre que necesitaba desconectar y cuando llegué. al verla sentada en un banco con la cabeza entre las piernas, llorando como un bebé, mi alegría por volver a verla dejó paso a una enorme tristeza mezclada con la rabia provocadas por ver que la alegre chica de profundos ojos verdes estaba cualquier cosa menos alegre. No pude evitar acercarme a la carrera a ella, deseando tan sólo lograr que dejara de llorar. No, ella no merecía pasarlo mal, ella no.

- ¡Eh, mi niña! ¿Qué te pasa? ¿Qué demonio ha osado salir del infierno para hacer que la chica más guapa del mundo derrame esas lágrimas? Que se prepare, porque voy a darle rapidito el billete de vuelta con un aviso de que no vuelva a aparecer.
- Nada, preciosa, es simplemente que estoy cansada, estoy agobiada... Estoy harta de que nadie quiera ver cómo soy, que nadie quiera estar cerca de mí sin que salga huyendo... ¿Tan mala persona, tan poco atractiva soy para que nadie quiera siquiera lanzarme un piropo? ¿Por qué no le gusto a nadie?
- Eso no es cierto, bella Eva. Sé perfectamente que hay alguien que se muere por tí, que se muere por comerte a besos y que no puede pasar más de tres segundos seguidos sin pensar en tí.
- ¿Ah, sí? Pues, ¿dónde está? ¡¿Yo no le veo por ninguna parte?! Gracias por intentar animarme, reina, de verdad, pero las dos sabemos que no es verdad, nadie siente todo eso por mí.
- ¿No? ¿Segura? -No pude contenerme más, me lancé a saborear por fin sus labios, temerosa que su respuesta fuese el mayor bofetón que me propinasen en mi vida pero dispuesta a disfrutarlo al máximo. Me moría de ganas de hacerlo, pero logré contenerme lo justo para que sólo hubiera un roce. -Dime otra vez que no le gustas a nadie... Dímelo, Eva... ¡DÍMELO!
- Yo... Tú... Pero... ¿Tú eres...? ¿eres... lesbiana?
- Soy bisexual. A ver, me gustan más los chicos, pero cuando se cruzan en mi camino unos ojos así... Es superior a mí, y si además la dueña es tan guapa y tan simpática... Caigo rendida a sus encantos.
- Verás, reina... Yo...
- No te gustan las chicas: perdón, se que no debería haber hecho eso, pero no pasa nada, puedes estar tranquila; no volveré a hacerlo. Yo... no quería hacer esto, no quería hacerte sentir incómoda ni nada, pero... -no me dejó acabar: fue ella la que se lanzó a besarme, con una dulzura con la que no lo habían hecho nunca, dejándome impresionada.
- Es verdad que no me gustan las chicas, pero... ¡arrepiéntete sólo de lo que no haces! Y yo no quiero arrepentirme de pudiendo hacerlo ser tan tonta como para no probar algo... prohibido. No quiero pensar ahora, sólo quiero experimentar  y dejarme llevar. ¿Estás dispuesta a ayudarme?
- Eva, ¿estás segura de querer...? -de nuevo, no me dejó terminar de hablar, de hacerle la pregunta; se lanzó a mis labios de nuevo, con más intensidad y empezando a morderme con dulzura, haciendo que mi excitación no sólo hiciese acto de presencia sino que además fuera en aumento. Intenté apartarme un poco de ella, pero las ganas de seguir besándola eran más fuertes que cualquier cosa que hubiera requerido de mi fuerza de voluntad en ese momento.
- Vámonos. Donde quieras, pero vámonos. Quiero ir más allá, quiero dejarme llevar contigo y que me hagas sentir lo que no me ha hecho sentir nadie.

Sin pensarlo un segundo completo la cogí de la mano y sin soltarla en ningún momento del trayecto llegamos a la puerta de mi casa; como pude me peleé con el bolso para sacar las llaves con la mano que me quedaba libre, pero fue imposible encontrarlas así que tuve que soltarla un instante, queriendo ya empezar a recorrer ese cuerpo escultural. Mientras el ascensor nos elevaba hasta el piso en el que estaba mi piso mis manos empezaron a volverse locas, recorriendo las caderas de Eva, bajando hasta su precioso trasero para volver a subir por su espalda al tiempo en que se iba acomodando sobre una de aquellas mudas paredes al tiempo que nuestros labios se enzarzaban en la dulce pelea de ver cual de las dos estaba más ansiosa por dar un paso más en aquella excitante locura que sólo me permitía optar por una solución agradable posible: o llegaba hasta el final o me arrepentía el resto de mi vida de desperdiciar esa oportunidad. De hecho estaba a punto de echarme atrás cuando la puerta de aquel habitáculo se abrió, dejando frente a quien saliera la puerta de mi santuario, Solté de nuevo a Eva el tiempo justo de abrir la puerta, contra la que la empotré nada más cerrarla. Ya me sentía totalmente cómoda, estaba en mi territorio y eso me daba una ventaja que no iba a desaprovechar... Dejé de besar aquellos dulces labios para empezar a comerme a besos y pequeños mordiscos aquel cuello que me estaba llamando a gritos, pudiendo disfrutar profundamente del delicioso olor de su perfume: recorrí aquella zona suave y lentamente, en un intento desesperado de que el tiempo pasara más despacio y aquel momento no acabase nunca; con cada roce de mis labios mi cuerpo deseaba más y de su garganta empezaban a brotar pequeños gemidos, que aumentaron de intensidad sensiblemente cuando empecé a bajar al filo de su camiseta, que duró apenas unos segundos más escondiendo su delicioso cuerpo. Eva se despojó de ella y yo me dediqué a recorrer el precioso escote que que hacía aquel sujetador negro de encaje, que enseguida hicimos caer al suelo. Yo ya no era capaz de parar, no quería, pero mi bella chica se merecía disfrutar, yo deseaba hacer que tocara el mismísimo cielo con las manos y en ese momento tuve en cuenta de que apoyada en la puerta no iba a estar cómoda, y para que lo estuviera lo primordial era que se pusiera en un sitio agradable así que con un simple "ven" la conduje apenas unos pasos, aferrada yo a su cintura y ella a mi cuello, sin poder dejar de mirarla hasta tumbarla suavemente en mi cama. En cuanto se puso cómoda me lanzó la más pícara de las miradas que había visto salir de esos ojos y con una enorme sonrisa me propinó un certero golpe: mirándome fijamente hizo con un dedo un gesto para que me acercase a ella y cuando me tuvo a la distancia adecuada me susurró al oído
- ¿Ésto es lo mejor que sabes hacer?
Una frase tan sencilla que me hizo enloquecer. con una mezcla de deseo y ansia volví a empezar a besarla un instante antes de centrarme en aquellos pechos que me impedían recuperar la cordura. Mi lengua comenzó a juguetear con aquellos pezones que rápidamente se pusieron duros como rocas, hinchados y erectos al mismo tiempo que los gemidos de Eva iban aumentando en frecuencia e intensidad; en el momento en que sus caderas iniciaron el movimiento más antiguo de la historia me separé de ella lo justo para responderle.
- ¿Lo mejor que sé hacer? Cariño, aún no he empezado...
- ¿Y a qué esperas?
- A que me des permiso. ¿Estás segura de que quieres que siga?
- ¿Tú qué crees? Te dije que quiero experimentar y no pienso hacerlo a medias: quiero saber qué se siente al estar con una chica, quiero darte pla...
- No, no, no, mi niña -la interrumpí-. Esto, hoy, conmigo, no va a funcionar así. Hoy vas a disfrutar tú... Te lo mereces, y eso vas a tener.
Con rapidez le quité el pantalón, pesando por la piel que iba quedando al descubierto, haciendo que con cada roce su excitación se disparase un poco más, hasta llegar al mejor momento, el momento en que toda ella quedaba a mi merced; en cuanto estuvo completamente desnuda empecé a lamer sus piernas, desde los tobillos, lentamente, con la única intención de preparar el terreno para la mejor parte. Al llegar a sus muslos los mordiscos, dulces pero decididos comenzaron a llevar a cabo su función, conmigo deseando darle cada segundo más placer y con ella implorando que siguiera, hasta que dejé de torturarla esperando al llegar a la parte más escondida de su delicioso cuerpo. Mi lengua empezó a deslizarse por sus ingles, preparando a su sexo, haciendo que todo su cuerpo ardiera y sus gemidos poco a poco quedaran a un paso de tornarse gritos cuando mis labios llegaron a ese sexo, ardiente, húmedo y preparado para la función. En el mismo instante en que mi lengua rozó por primera vez su clítoris el primer grito hizo acto de presencia y sus manos retorcieron un segundo las sábanas que yacían bajo su espalda.
- Ahora, cariño, vas a ver qué es lo mejor que sé hacer... -sin darle tiempo a asimilar lo que acababa de escuchar mi lengua empezó a jugar con aquel pequeño botoncito que cada vez estaba más caliente.-Y no me va a hacer falta para que toques el cielo meterte un solo dedo.
Seguí alternando besos y lametones, con mi lengua deslizándose por todo su sexo mientras mis manos se dedicaban a recorrer su abdomen, bajando por sus muslos lentamente, rozando aquella suave piel sin ninguna prisa, tomándome mi tiempo y asegurándome de que nunca fuera capaz de olvidar aquella tarde. Cada roce en aquella zona era más intenso y cada gemido de Eva tenía un volumen más alto, hasta que decidí que ya era hora de ponerme seria: mi lengua dejó de centrarse en su mayor punto de placer, con el único objetivo de anhelar ese contacto y amplificarlo. Cuando introduje la punta de la lengua en aquel agujero húmedo y ardiente Eva empezó a gritar cada vez más fuerte y sus piernas empezaron a temblar, dándome aquella señal que estaba deseando: estaba completamente lista y se había rendido totalmente. Volví a empezar a lamer aquel punto en el que su placer se multiplicaba mientras mis manos se aferraban con fuerza a sus caderas.
- ¡Vaya dominio de la lengua, pequeñaaAAAAAAAAAAAA!!!!!
- Cariño -dejé aquella zona descansar un poco más de todo aquel placer unos instantes, gateé hasta llegar a la altura de aquellos inmensos ojos verdes y clavando en ellos mi mirada susurré- lo que no te da un hombre te lo da una mujer; nadie mejor que una mujer sabrá jamás que le gusta a otra. - Volví a bajar para seguir provocando aquel bendito placer, haciendo que Eva no pudiese dejar de gritar, retorcerse en la cama y pedir que aquello no acabara nunca... Por supuesto, sus deseos eran órdenes para mí, así que no dejé de jugar con aquel pequeño botón, de hacerla temblar hasta el momento deseado, el momento en el que llegó a un delicioso orgasmo: gritó tanto que acabó haciéndose daño en la garganta, pero aquello era lo último que le importaba en aquel momento.
- Pequeña, nunca nadie había conseguido darme tanto placer... ¡Eres única! Y... ¿Podremos repetir?
- Cuando, como y donde quieras, mi niña.

En el mismo instante en que se sentó en la cama, aún desnuda y algo mareada por tanto placer, sonó su móvil.
- Es tu amigo del alma, que si me apetece salir y que tu ligue está intentando localizarte pero no da contigo.
- Me quedé sin batería llegando al parque... Dile que en una hora quedamos donde quieran y que ahora me llamas para que pase a recogerte -gritaba al otro lado de la casa mientras cogía uno de mis conjuntos preferidos: corsé, minifalda y botas altas de cuero negro, para prestárselo a Eva. -Toma, preciosa, ¡ponte esto, debe quedarte genial!
- No te importa que me lo ponga?
- De hecho estoy deseando que lo hagas... Vamos a salir esta noche y vas a lucir espectacular. La mejor forma de acabar bien un día es sintiéndote imponente.
- No, mi niña, la mejor manera de acabar bien un día es teniendo todo el placer que acabas de darme.. -me besó aferrándose a mi cintura y me susurró al oído -Te tomo la palabra -miró el corsé y dijo con su mejor sonrisa que le encantaba tanto la idea como el conjunto.
- ¿Me dejas ponértelo, bella Eva? -no esperé a su respuesta; cogí el corsé y se lo ajusté dándole un beso en la espalda justo antes de apretar  para ceñirle cada centímetro, ajustándolo para que todo aquel que la mirara pudiera alegrarse la vista con esos encantos de los que yo solita acababa de disfrutar en su totalidad. Cuando terminé de ponerle aquella preciosa prenda, y aprovechando que ella estaba terminando de cambiarse yo me puse mi otro conjunto preferido: pantalón de cuero rojo, botines a juego y mi camiseta blanca con cremallera hasta el final del escote; ya sólo me faltaba coger mi casco y encontrar uno que poder prestarle a mi niña: esa noche íbamos a presumir como nunca, empezando por la forma en que íbamos a llegar al punto de encuentro con los chicos.

Cuando llegamos al local en el que habíamos quedado, los chicos ya estaban esperándonos en la puerta, y al vernos aparecer de esa forma de quedaron ojipláticos.
- ¿Y esa moto? ¿Al final te diste el capricho? -preguntó mi amigo aún boquiabierto-. ¿Y esa sonrisa, Eva? -siguió con su interrogatorio particular-. Ambas nos miramos, nos echamos a reír como hacía tiempo que ninguna de las dos lo hacía, y con la mejor de sus sonrisas y un precioso brillo en la mirada Eva respondió:
- Si tú supieras...

jueves, 15 de enero de 2015

¿sabes?

Te pedí varias veces que no jugaras conmigo y con mis sentimientos, llegué a implorártelo llorando a mares, te lo supliqué y aún así has jugado conmigo, te has reído de mí, y te has enterrado vivo tú solo. Tengo varias cosas que decir, pero no puedo decírtelo por mensajes porque me bloquearía el móvil y no voy a decirte nada porque lo último que me apetece ahora mismo es escucharte poner en marcha la máquina de excusas que eres. Pero vamos por partes, que no hay que mezclar churras con merinas, hay que hacer las cosas bien...

Por una parte, vamos a hablar de la gente de la que te rodeas: te quejas, te quejas, te quejas de que Jorge y Eva te dicen que eres un niño, de que te llaman gilipollas, de que ellos tienen mucho más tiempo libre que tú, que no puedes quedar con ellos todo lo que te gustaría pero que ellos no lo entienden... ¿Para qué van a quedar contigo si de cuatro palabras que te dicen prestas atención a una y todos los consejos que intentan darte tú te los tomas como ataques, haciendo que te cierres en banda y te emberrinches como un niño pequeño? Así lo más normal es que aprovechen para quedar solos todo el tiempo que puedan, yo también lo haría.

Por otra, hay algo que no consigo entender: ¿de verdad piensas que voy a creerme que Jorge ha dicho que eres su mejor amigo? Por favor, no me hagas reir; harías que todo lo negativo que siento por tí ahora mismo se desvaneciera como cuando sacabas esa labia que tienes y que tanto protestas porque tienen los demás y según tú sólo usan para llevarse a las mujeres a la cama. Dicho esto, por cierto, ¿dónde querías tenerme a mí si no en la tuya? Por lo que veo, poco más veías en mí, poco más querías de mí y poco más ibas a valorarme. Evidentemente tengo la respuesta de Jorge, y te puedo asegurar que la última persona que tiene a la que le daría ese honor eres tú: ¿recuerdas que en navidad te dije que no estaba bien? ¿Te recuerdo por qué le preguntaste si estaba mal, si necesitaba algo...? Porque yo te insistí. Si eres el mejor amigo de una persona, sólo con mirarla sabes casi hasta si ha desayunado, y tú está claro que estás muy lejos de esa posición.

Seguimos... ¿De verdad le dijiste a tus padres que ibas a empezar una relación con una chica que vivía a 600 kilómetros, que ibas a ir a por ella y que iba a vivir en tu casa? No te creo. ¿De verdad te parece bien la "habitación" en la que ibas a meterme? Yo no dispongo del palacio de Buckingham, pero te habría preparado algo muchísimo mejor: una HABITACIÓN, con su cama, su armario... no te habría puesto una cama plegable en un salón, y menos lo habría fotografiado de tal forma que pareciera un saco de pulgas. Te agradezco que al menos me dejaras dormir sobre un colchón, peor repito, si ese es el interés que pusiste en que estuviera cómoda, mucho interés en mí no tenías. ¿Hablamos de la impresora? ¿Por qué hablaste con Jorge? Porque te lo dije yo. Hay que tener muy poca vergüenza, por no decir ninguna, para estar dispuesto a que alguien se coma TU mierda, que quede mal por TU culpa, porque TÚ NO TENÍAS COJONES A DAR LA CARA delante de la prima de Jorge. Una verdad a medias no deja de ser una mentira y duele mucho más que la completa, es un consejo que te doy; tómatelo como quieras, me importa muy poco.

A ver, qué más tengo por aquí escociendo... Ah, sí, acabo de acordarme: no siempre la mejor defensa es un buen ataque, y si yo fuera tú dejaría de tratar de revolcar en la mierda a mi pareja, un hombre que sí lleva varias semanas peleando por mí. Debo reconocer que empezó a ponerse las pilas gracias a que contigo le vio las orejas al lobo, pero ahí está la gran diferencia entre tú y él: Javier pelea por mí con uñas y dientes mientras tú que has quedado tranquilito, sin hacer nada, esperando a que los demás te lo dieran todo mascadito, y así no llegas a ninguna parte. Si crees que vas a conseguir conquistar a una mujer sin mover un dedo por ella, siento decirte que no sólo estás muy equivocado, sino que además te vas a quedar sólo el resto de tu vida. Y ahí te dejo otro consejo: si tu estrategia es la de revolcar a tu oponente en el estiércol, acabarás impregnado de ese olor. No vuelvas a insultarle; él aun teniendo motivos no lo ha hecho contigo y tú tienes mucho que callar.

Algo más que tenga que sacar... A ver... Piensa, cabecita, piensa... Que sepas, y te quede muy claro, que el que le ha dado carpetazo a todo esto has sido tú. El único culpable de que esto haya terminado antes de empezar eres tú, cariño. Tú solito te enterraste vivo solo en el momento en que te dí aquel ultimátum que nunca quise verme en la tesitura de plantearte: si hubieras dicho cualquier cosa, fuera lo que fuera, si me hubieras dicho que me fuera donde fuera, si me hubieras dicho aunque fuera que le mintiera, que tratara de pasar los 14 días que nos faltaban hasta vernos... Si hubieras hecho cualquier cosa menos hacerte el estúpido, seguirías teniéndome ahí, luchando contra viento y marea, sin querer escuchar a quienes me decían que no mereces la pena, que no sentías nada por mí, que sólo te estabas riendo de mí... Pero no toda la culpa es tuya, parte de la culpa es mía, porque nadie me obligó a dejarme influir por Jorge y sus buenas intenciones.

¿Sabes qué? De todo esto en el fondo he sacado dos cosas positivas: he descubierto que después de tres años, en contra de lo que hasta hace poco creía, Javier sigue tan enamorado de mí como el día que volvimos a estar juntos, y que no sé cuánto tiempo nos queda estando juntos, pero sí que aprovecharé al máximo el tiempo que me quede a su lado; se lo ha ganado. Eso y que gracias a Jorge, el grupo, conocerte, intentar entenderte y querer conocerte he ganado que mi amistad con Jorge sea aún más grande y más fuerte y además gano la incipiente amistad de una mujer de bandera, guapa como ella sola por dentro y por fuera y fuerte como un toro, a la que la vida le debe tantísimas cosas buenas que en cuanto empiece a saldar la deuda, no va a ser capaz de asimilar tanta felicidad. ¿Qué has ganado tú? Perder a una mujer que estaba dispuesta a compartir el resto de su vida contigo. ¿Y sabes qué más vas a ganar? Quedarte solo, quedarte más solo que un perro... Y te lo estás ganando tú solo y a pulso.

Tú verás lo que haces, pero te puedo asegurar que por el buen camino no vas...