Ese momento en que se te cae la venda de los ojos haciendo que la brillante luz de la oscuridad te obligue a entrecerrarlos hasta que te acostumbras a ella dejando de hacerte daño; ese momento en el que la única opción que tienes es dar la razón a quien te advirtió de que la bondad que alberga tu alma es un patrimonio prácticamente extinto; ese momento en que eres consciente de toda la gente por la que darías la vida y de que te sobran dedos en una mano para enumerar a quien sería capaz de morir por tí; ese momento en que tomas conciencia de la decepción de que los buenos de la película no acaban de serlo; ese momento en que tu alma apaleada clama a gritos que es incapaz de aguantar un segundo más de tortura; ese momento en que te das cuenta de que el tiempo pasado pasado queda y no podrás recuperarlo; ese momento en que la esperanza te abandona ante la idea de que el pasado siempre vuelve y todos los errores cometidos terminan pasando factura; ese momento en que el presente te destroza al comprobar que no puedes derribar un muro únicamente con las manos; ese momento en que te lamentas desconsoladamente por haber malgastado tu tiempo con quien no lo merecía; ese momento en que descubres la evidencia de que lo llaman amor cuando quieren decir sexo, lo llaman amistad cuando quieren decir interés y lo llaman apoyo cuando sólo son un lastre. Ese momento en que queda patente que no es oro todo lo que reluce; ese momento en que los valores que se tienen en cuenta es el grosor de una cuenta corriente o la importancia de un apellido en una sociedad de la que quedas automáticamente degradado si no formas parte de esos canones impuestos de belleza o poder; ese momento en que te preguntas cuál es el motivo por el que estás donde y como estás, preguntándote qué misión han debido encomendarte y como llevarla a cabo con el suficiente éxito que haga que no te ganes un castigo peor que todos los que hayas soportado hasta el momento; ese momento en que irremediablemente quien te ha dado la vida o ha contribuido a que no sea tan dura parte camino de su último viaje y sólo eres capaz de crear mares de lágrimas; ese momento en que sabes que tu viaje acabará cuando empiece el de la última persona que alberga tu recuerdo, tantas veces arrancado por las garras del demonio invisible, que crece devorando experiencias, destruyendo memorias y deshaciendo el más bello de los amores que nadie haya contemplado; ese momento que muestra que aun distanciado de tus más preciados compañeros de viaje, la distancia no hace el olvido, que la desidia anida en quienes más próximos están, derrochando el honor de agrandar su existencia sólo agrandan su dolor, rompiendo en pedazos la nobleza del amor que sentías hacia ellos y que se ha evaporado; ese momento en que contemplas cómo la nobleza ha dejado de ser un principio deseado, apartado en pos de la avaricia y la hipocresía; ese momento en que dudas seriamente de la necesidad de la existencia del género humano. Ese momento en que todo está teñido de un pesado y lúgubre color negro.
Ese momento en que tus ojos se acostumbran a esa luz, antes cegadora, permitiendo que puedas observar la realidad, ahora pudiendo observar todos sus matices; ese momento en que decides que aunque el mundo sea cruel, la bondad sigue anidando tu alma y que tienes el privilegio de desplegarla; ese momento que te ayuda a saber quien merece el privilegio de formar parte de tu vida; ese momento en que eres consciente de que la incompleta bondad abre la puerta al consuelo de que los malos de la película tampoco sean tan malos; ese momento en que estás lo suficientemente curtido en el sufrimiento que sabes que podrás resistir una nueva batalla; ese momento en que descubres que el tiempo nunca se malgasta, que hay quien opta por despreciarlo y que quizá lo invertiste en situaciones inadecuadas, pero que ese gasto te enseñó a valorarlo; ese momento en que comprendes que pasado, presente y futuro forman parte de un inmenso todo que sin alguna de sus partes de ja de funcionar, que de los errores se aprende, rectificar es de sabios, que no se puede volver atrás pero hay daños que pueden curarse y que los errores que causen dolor lo hacen menos si hay ánimo de enmendarlos; ese momento en que aprendes que el muro acaba cediendo si a tus manos se le une un mazo, haciendo que las fuerzas se sumen permitiendo que logres tu objetivo; ese momento en que entiendes que siempre podrás cruzarte con quien sólo busque su propio beneficio, pero serás capaz de dar a cada uno solamente lo que merece; ese momento en que queda patente que la verdad absoluta no existe y el criterio completamente correcto tampoco y que la belleza se encuentra en la diversidad, la variedad que siempre estuvo, está y estará presente, que simplemente es cuestión de lidiar con ello; que es imposible saber cuál es el motivo concreto por el que estamos aquí, pero que la misión es aprender y ayudar a quien nos rodea a hacerlo; ese momento en el que entiendes que la ley de la vida también incluye el final de ésta, pero quien se va te ha premiado con el honor de formar parte de la suya, que cada lágrima derramada es una gota de amor que le da fuerzas para continuar con el viaje y que nunca se olvida completamente a nadie y que aunque el demonio invisible arrase en los campos en los que entra sin permiso los recuerdos siempre son al menos de dos personas y que lo que importa a veces es la alegría que se vive en esa situación, que el recuerdo no es imprescindible y que a veces más que alegrías causó llantos desesperados por lo perdido, y el fin del recuerdo es el fin del dolor; ese momento en que tu meta es averiguar dónde está el oro, dónde el latón y que hay que lograr el equilibrio entre ellos, ese momento en que entiendes que esas pocas personas personas que están dispuestas a morir son las verdaderas merecederas de tu aprecio y tu tiempo; ese momento en que dejas de martirizarte por lo que separó a los compañeros de viaje en cuanto volvéis a unir los caminos, entendiendo que a veces no somos capaces de valorar todo lo que están haciendo por nosotros y que quien no es capaz de valorarlo no lo merece; ese momento en que tu determinación es inundar el mundo con esa nobleza que lucha por extenderse y buscar a otras personas que sepan utilizarla de la mejor forma posible; ese momento en que asimilas que el bien necesita del mal para continuar y que el mal es el punto de equilibrio para el bien, que en el género humano, como en todos, hay individuos a los que merece la pena dar el bien de la oportunidad. Ese momento en que descubres que no todo en la vida es negro, que abarca un amplísimo espectro de colores y que eres tú quien tiene que distrubuirlos eres tú.
Ese momento...
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