lunes, 30 de mayo de 2022

la magia se llamana Víctor (capítulo 6)

Diez minutos después, Amandine y Valérie seguían muertas de risa, pero el ataque se les cortó de golpe cuando Víctor entró como un elefante en una cacharrería, ni cuenta se dio de que todavía llevaba el ramo de rosas y los bombones cuando había salido del despacho de aquella pelirroja inaguantable cuando un mensaje le devolvió el mundo real, y eso, aquello que estaba esperando, tenía que decirlo. Ni corto ni perezoso, entró de golpe la puerta y al darse cuenta de que ni siquiera había llamado cuando escuchó el picaporte estampándose con la pared, dijo "lo tenemos".

- ¿Qué? -preguntaron Amandine y Valérie a la vez-.
- Que lo tenemos, estamos rastreando ya las transferencias. Lo siento, Amandine, el desfalco es un hecho.
- No puede ser, Víctor, no puede ser, no puede ser tan hijo de puta, no...
- Mandy, te has quedado blanca, ¿Estás bien? -a Valérie esa cara no le estaba gustando nada)-.
- No, Val, no lo estoy, me estoy mareando, creo que me... -no pudo acabar la frase, Amandine se desmayó-.

Valérie abrió la puerta del despacho corriendo y empezó a gritar pidiendo una ambulancia mientras Víctor le levantaba las piernas intentando que la sangre de Amandine volviera a circular después de colocarle su chaqueta debajo de la cabeza; la llamaba, dándole pequeños golpes en la cara a los que la pelirroja no respondía. Al escuchar los gritos de Valérie, la oficina se convirtió en un caos en el que más de uno corría de un lado para otro como pollo sin cabeza mientras Loïc la miraba con una sonrisa triunfal: no sabía que podía haber hecho o dicho ese imbécil, pero era lo suficientemente importante como para provocar a la persona a la que en realidad nunca quiso semejante colapso.

Cuando Amandine volvió en si, estaba en una habitación blanca, con un tubo enganchado a su muñeca y la cabeza le daba vueltas. No sabía dónde estaba, iba a entrar en pánico cuando al mirar a su izquierda se encontró con dos caras sonrientes mirándola. 

- ¿Dónde estoy? ¿qué es...?
- ¡No te arranques la vía, Amandine! Estás en el hospital, te has desmayado en la oficina.
- ¿Estás bien, cielo? Nos has dado un buen susto- la cara de Víctor y Valérie era un poema-. Al menos vuelves a tener algo de color en la cara, en la oficina te quedaste blanca como el papel.
- Yo... yo... No sé qué ha pasado... ¡Loïc! Víctor, por favor -empezó a llorar-, dime que podemos arreglarlo,  por favor, Selnav es toda mi vida, el trabajo de toda la vida de mi padre, no puedo dejar que lo eche todo a perder, por favor, por favor...
- Tranquila, cielo, ya me he puesto con ello, en el bufete ya hemos presentado los oficios para pedir la congelación de las cuentas, estoy a la espera de que nos llame el juez, que... -el teléfono de Valérie comenzó a sonar; con un gesto, les pidió que esperasen un instante-. Baudoin.... Sí, su señoría... Completamente, su señoría, tenemos la documentación preliminar de la auditoría y es evidente... No, su señoría, la señora Martin no era conocedora... Ahora mismo estoy con ella en el hospital; en cuanto salgamos, yo misma puedo ir directa al juzgado... Sí, su señoría, Black over White... De acuerdo, su señoría, muchas gracias por su comprensión... Cuente con ello, su señoría, muchísimas gracias.
- ¿Sabemos algo? - ahora el que estaba blanco como un vaso de leche era Víctor-.
- Cuentas congeladas desde este mismo momento. Tranquila Mandy, ese cabrón ya no puede mover un céntimo, respira tranquila, cielo.

En realidad, respiraron tranquilos los 3, aunque en la boca de Víctor había un regusto muy amargo, ojalá no hubiera tenido razón, ojalá hubiera podido decirles a aquellas dos que nada pasaba de una paranoia y que aquél hijo de puta no estaba a punto de arruinar a su mujer, pero la realidad era la que era y lo único que podían hacer era tratar de solucionarlo, cuanto antes y de la mejor forma posible. En ese momento sonó de nuevo el teléfono, esta vez el de Víctor, que no se movió un milímetro; mientras con una mano sujetaba la mano indemne de Amandine, con la otra sujetaba el teléfono.

- Dime, Marcos... Sí, el juez acaba de llamar a la abogada de la empresa, están congeladas... No descartéis el hackeo, este cabrón tiene pinta de sabérselas todas... Oka, tenme al corriente.
- Vale -bufó Amandine mirando a ambos-, ahora ninguno de los dos está al teléfono... ¿queréis decirme qué coño habéis averiguadoen concreto? Porque un juez no autoriza un bloqueo de cuentas por una cara bonita...
- Amandine, necesitas descansar, te has desmayado, acabas de recuperar la consciencia y...
- ¡HABLA! -gritó-. Quiero saber qué me viene encima, Val, es la empresa en la que mi padre ha dedicado años y años, tú lo sabes, necesito saber hasta dónde está hecho el daño, saber cómo podemos remediarlo, necesito... Necesito dejar de marearme -la cabeza le daba vueltas-. Val, por favor, necesito saber qué ha hecho Loïc.
- Está bien, Mandy, Loïc había desviado más del 75% de los fondos de la empresa a 2 empresas fantasma de República Dominicana, por eso te pregunté si teníais negocios allí; por suerte, no están por la labor de dar la imagen de paraíso fiscal y van a colaborar para que recuperemos el dinero y de las cuentas ya no puede mover un céntimo así que tranquila, esto vamos a solucionarlo.
- ¿Cómo ha podido, Val, cómo ha podido hacerme esto? Se lo he dado todo y ¿así me lo paga? ¿Cómo no he podido darme cuenta antes? Soy una maldita estúpida, soy...

Amandine intentó sentarse en la cama, quería coger aire, pero lo único que consiguió fue volver a desmayarse. Ella no lo sabía, pero mientras ella volvía a lo que empezarían a llamar "el país de los sedados", en aquella habitación había dos cabecitas pensantes bien activas, uniéndose para hacer, una por unas razones y otro por otras, frente común contra un mismo enemigo: Loïc. Valérie no era tonta y se había dado cuenta de que Víctor tenía interés en Amandine, y no sólo profesional, así que aprovechó para a la misma vez que le sacaba información a él, irle dosificando la de ella, con pies de plomo, pues aunque si aquellos dos llegaban a tener algo, acabaría sabiendo del ambiente en el que se movían, ni era ella quien debía contarle según que detalles, ni sabía cómo podría llegar a reaccionar. Pero Víctor tampoco era tonto y algo había escuchado y su curiosidad era mucha; cuando vio que aquella morena se había confiado lo suficiente, soltó de golpe: 

- Oye, Valérie, una cosita... ¿cuánto tiempo lleva Amandine metida en el mundo swinger?
- ¿Cuánto qué? -la pregunta la pilló desprevenida- 

lunes, 7 de febrero de 2022

La pesadilla de Melania (capítulo 1)

 Si de algo había podido presumir siempre Melania era de que nada le daba miedo nunca: ella era fuerte, valiente y la vida le había dado los suficientes golpes como para que nada ni nadie la asustaran... ¿O aún quedaba hueco para un poco más de miedo? Estaba acostumbrada a caminar por calles oscuras al salir de su trabajo a altas horas de la madrugada, sola, con música atronándole los oídos, o con algún amigo que se empecinaba en acompañarla, las menos veces.

- Cualquier día te vas a llevar un susto gordo, y entonces, ¿qué? ¿a llorar? -solían repetirle cada vez que insistía en rechazar, de la forma que ella llamaba "cortésmente", aquella compañía-.
- Si me llevo el susto, pues si no infarto ya se me pasará. Además, no voy sola, voy con mi Bronco querido y llevo la aplicación de aviso a la policía. Qué me puede pasar -ironizó aquella noche, apenas una hora antes), que me encuentre un muerto tirado en una esquina? Uh, qué miedo, me va a comer...

Como cada noche, de martes a sábado, pasó por aquel callejón que aunque no reconociera, le daba escalofríos cuando pasaba por ese tramo de 30 metros en el que la luz brillaba por su ausencia, con la música sonando a través de los auriculares en sus oídos y en 3 metros a la redonda, tal era el volumen al que los tenía. Cualquier día le reventaría un tímpano, pero mientras, decía, que viva la fiesta. Justo cuando puso un pie en el tramo oscuro, dejó de mirar adelante para centrar la atención en la pantalla de su móvil: Rubén, su novio, acababa de enviarle un whatsapp.


¿Dónde estás? Necesitas que vaya a buscarte?

Rubén, te tengo dicho que puedo apañarme
sola, perfectamente, joder.
Melania, sabes que no me gusta que vayas sola por
esa zona, que cualquier día te vas a llevar un susto
 y esperemos que no tengamos que llorarte.
Pero mira que te gusta un melodrama, ja ja ja.
¡Que no me va a pasar nada, hombre!
Ve abriéndome una cervecita fresquita, que en 4 minutos
estoy en casa y estoy deseando tirarme en el sofá.
Oído cocina, ¿quiere algo más la señorita?
Un hombre que la abanique, una cena de 3 estrellas michelín...
Te voy a mandar a la mierda con tanto cariño
 que vas a tener ganas de hacer el viaje...

Mientras estaba escribiendo "estoy demasiado cansada" notó que algo le tocaba en el pie izquierdo; pensando que era una rata, no hizo caso, pero al adelantar el derecho, tropezó con algo que la hizo mirar hacia el suelo. No, aquello no podía ser verdad, estaba durmiendo en su cama, o delirando, lo que veía no podía ser real. Con manos temblorosas, llamó a Rubén, que antes de acabar el primer timbrazo bufó:
- Melania, los sá...
- Rubén, ven.
- ¿Qué pasa?
- Una muerta.
- ¿Qué? 
- Muerta... en el suelo... Ven...
- Venga, Melania, déjate la broma...
- ¡Que vengas a por mi, hostia! Que hay un muerto en el callejón del Kaiser!
- ¿De verdad? Sal a la farola y no te muevas de ahí, llama a la policía.
- No puedo moverme, las piernas no me responden.
En apenas 5 minutos, si algo sobraba en ese callejón eran luces. Había 2 coches patrulla, 1 furgoneta de criminalística y un enorme foco que iluminaba más que si hubieran sujetado y bajado el sol a mediodía; Melania no paraba de temblar aunque estaban a 28 grados y era pleno mes de julio, intentaba hablar con un policía pero a causa del shock sólo era capaz de decir "la muerta me ha tocado los pies, me quiero duchar". Tras unos minutos en los que le acercaron un botellín de agua y gritó 4 veces "qué puto asco, que me ha tocado", consiguió hablar con el agente y explicarle que no había visto nada, que se había dado cuenta de que estaba allí porque el brazo del cadáver se movió, pero que no vio a nadie y que iba hablando con Rubén por whatsapp, así que poco podía ayudar aunque quisiera. Después de tomarle los datos, le dejaron irse a casa, donde se duchó 3 veces antes de lavarse los pies 5 veces con lejía. Solía quedarse dormida en cuanto se sentaba en el sofá... Esa madrugada vio el amanecer con los ojos doliéndole de tan abiertos que los tenía. 
Al día siguiente. todos los telediarios abrieron con una misma imagen: un callejón oscuro iluminando con un foco un bulto tapado, lo que parecían varios muñecos enfundados en monos blancos con mascarillas y guantes, un biombo en el que ponía "POLICÍA NACIONAL, CRIMINALÍSTICA" y una chica temblando al lado de un chico y un policía. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle eso a ella? Como si no hubiera tenido suficiente con haber pasado lo que había pasado, además tenía que verla todo el país, temblando como una hoja. Pero lo peor no era eso, lo peor fue que como era de esperar, el teléfono no dejó de sonarle en 3 días; daba igual que apagase el móvil, el fijo hacía lo propio. Cuando tras 4 horas al teléfono tranquilizó a sus amigos y su familia que estaba bien y explicó a 16 periodistas que no sabía nada, y que aunque supiera algo, tampoco se lo contaría a ellos, creyó que podría descansar, pero pensaba que el mensaje no había llegado bien, eso, o que a la gente le mueve el morbo mucho más de lo que ella podía imaginar. Le dolía la boca de repetir "estoy bien, sí, me llevé el susto de mi vida" y "no sé nada, no quiero entrar en directo en el programa, no tengo nada que explicar porque no vi nada", pero se hizo a la idea de que en cuanto pasara otra cosa, la dejarían en paz, solo tenía que tener un poco de paciencia. 
Pasaron varios días y como era de esperar, se olvidó el tema y Melania pudo volver a la normalidad, aunque dejó de llevar a Bronco, como llamaba a su spray de pimienta en el bolso y empezó a llevarlo en la mano cuando una semana después, le llegó un whatsapp con número oculto que decía "así me gusta, que estés calladita". No hizo demasiado caso a aquél primer mensaje, pero empezó a asustarse cuando al día siguiente, a la misma hora, le llegó otro mensaje que decía "¿vas a seguir pasando por ahí? Mala idea...". No le dio importancia a aquellos mensajes, pensó que sería algún amigo intentando asustarla; como sólo fueron esos dos mensajes, decidió que con tener el spray en la mano, sería suficiente, aunque empezó a dejarse acompañar a casa y los mensajes no volvieron a llegar. "vaya forma tiene de asustarme esta gente, y se llaman amigos", pensaba.
Un par de semanas después, Rubén tenía turno de noche en el trabajo y sus amigos esa noche habían quedado para salir a cenar y tomar unas copas, así que esa noche tendría que volver sola a casa; tampoco le quitaba el sueño, estaba acostumbrada a manejarse sola, pero ya no se sentía tan cómoda teniendo que pasar por aquél callejón: cada vez que pasaba por delante del sitio en el que aquella mano fría le tocó, un escalofrío le recorría el cuerpo. No era que sintiera miedo, pero durante todo el trayecto, llevó la música puesta a un volumen inusualmente bajo en ella y llevaba el móvil desbloqueado en la mano hasta que se dio cuenta y se dijo a si misma: 
- Ni que me fuera a encontrar a otra muerta, ¡seré tonta!
El problema era que la muerta no se la iba a encontrar por la calle, pero sí iba a verla. En cuanto se sentó en el sofá le llegó otro mensaje, una foto, que ponía "veo que no te gusta hacer caso... Mal, Melania, mal..." y una foto en la que se veía, sobre un suelo de baldosas negras, un pie de mujer que creyó reconocer. 
- Esos zapatos, son iguales que los de Marian, ¡qué casualidad! Qué pequeño es el mundo... Hablando de Marian, llevo días sin hablar con ella, soy una amiga de mierda. Voy a llamarla...
Pero Marian no cogió el teléfono. Melania tampoco le dio importancia, muchas veces su amiga no le cogía el teléfono en ese momento, pero siempre le devolvía la llamada. Empezó a preocuparse cuando 2 días después Marian seguía sin coger el teléfono y no respondía a los mensajes; ella nunca había sido tan desapegada, pero sabía que a veces, tenía lo que ambas llamaban "crisis asociales", opción que descartó cuando al empezar el telediario vio una imagen que le heló la sangre: junto a una foto de Marian, leyó "hallada mujer muerta con señales de violencia cerca de la discoteca Kaiser".
- ¿Qué coño es esto? -Melania empezó a llamar a todas sus amigas-.
- No lo sé, nena, yo no me lo creo, parece que es una pesadilla -lloraba Rocío, otra de sus amigas-.Por cierto, ¿alguna sabéis algo de María?
- No, llevo varios días sin  hablar con ella, ¿por? -preguntó Nora-.
- Pues iba con Marian y consigo hablar con ninguna desde el viernes por la noche, Marian ya sabemos que no coge más el teléfono, pero... ¿qué coño pasa con Maria? Yo me estoy acojonando -dijo Carolina-.
La preocupación de Melania se disparó cuando le llegó otro whatsapp, otra foto en la que salían, de nuevo, unos pies, con unos zapatos que ella conocía muy bien, y tal como lo abrió, le llegó un mensaje: - Melania, Melania, Melania... sigues sin hacerme caso y sigues portándote mal... Una vez me hiciste daño a mi, y ahora la que va a sufrir eres tú. Vas a hacerme caso ya en la discoteca, me vas a dejar quererte ya, o tengo que seguir haciéndote llorar? y si yo fuera tú, no le diría nada al resto de tus "xikas kukis", si no quieres que te haga elegir a la siguiente, porque a ti te reservo el último puesto. Un  besito, amada mía, no me hagas esperar...
- ¿Quién coño eres? ¿Qué quieres de mi?
- En su momento lo sabrás, mi amor; mientras, si quieres que tu amiga María vuelva a ponerse ese chándal verde que le regalaste, más te vale tenerme contento. Tendrás noticias mías pronto...