martes, 31 de marzo de 2020

Qué triste...

Qué triste debe ser que alguien se acuerde de tí y por más que lo intente, no consiga llegar a encontrar un recuerdo feliz contigo, y aun haciéndolo, que no fuera contigo, que lo más cercano a eso sea que esos recuerdos se desarrollaran con tu presencia...

Y no, llevo un rato intentando recordar algo bueno, encontrar una mínima brizna que me haga pensar que en el fondo no te portaste tan mal, pero, lo siento (en realidad, no), ¿qué quieres que te diga? Por lo único que creo que mereces un agradecimiento es porque me dieras de comer durante tantos años, ¿o tenías asumido que era el precio a pagar por que mi madre te calentara la cama? Ya debía hacerlo bien para que llegases a aguantar tanto tiempo... ¿O no encontraste ninguna opción mejor así que entre lo malo o lo peor, te quedaste con lo más soportable?

Lo siento, de verdad que lo siento, pero lo siento por mí, porque por más que lo intento, no puedo decir que me ayudases con nada que no fuera en contribuir a acrecentar la fortaleza de mi carácter y la necesidad de mi independencia de un hombre; si en esta vida tengo que ser sumisa de algún hombre, sin duda el lugar debe ser la cama, porque yo decida hacerlo y hasta que cambie de opinión. O quizá sí, quizá deba agradecerte saber cómo no debo hacer las cosas, cuáles son los pasos a dar para convertirme en una perfecta tirana o qué no deberá pasarme nunca por la cabeza si no quiero traumatizar de por vida a mi hija. Gracias a tí, sé que para llevar a cabo de una forma mínimamente aceptable eso que llaman EDUCAR, tengo que hacer exactamente a lo contrario a lo que hiciste tú. Y si mi hija el día de mañana tiene algo que recriminarme, desde luego quye haré lo imposible por que una de las cosas que tenga que decirme sea "¿recuerdas aquella vez que me diste una paliza porque...? Será que no quiero cometer el peor error de mi vida porque a mi hija la engendré yo, con amor, la llevé en mis entrañas y la parí, y a mí tu me tuviste que tragar de rebote. Decías, orgulloso o dolido (en ambas ocasiones me temo que lo tuyo era una interpretación para premiar) que soy la primera que te preguntó si te podía llamar papá y yo los únicos recuerdos buenos que tengo en los que estás es alguna vez comiendo en el restaurante chino de San José, cuando el alcohol o tu verdadero carácter aún no habían salido a la luz. Y no, no te voy a comprar la moto de que la bebida te cambiaba, blablabla, porque tú mismo te vanagloriabas de haber salido "sin que nadie se enterase" de una timba, partirle de un puñetazo la cara a tu ex mujer y volver, como si nada...

Y no, no recuerdo aquél momento, pero sí recuerdo como aquella niña con la que tan bien me llevaba, a la que tanto cariño tenía y cuyo nombre me encantaba de un día para otro pasó a ser para mí prácticamente la extraña a la misma velocidad, de la misma forma que yo parecí convertirme en el enemigo. ¿Qué culpa teníamos nosotras? ¿Qué coño teníamos que ver ahí dos mocosas que no levantábamos dos palmos del suelo, lanzándonos puñales en forma de palabras? ¿Por qué nos impusieron a nosotras una guerra que no debería habernos ido ni habernos venido? Si por un casual llegas a leer estas palabras y sabes que es de ti de quien hablo, siento muchísimo haberte dicho aquél "tu papá ahora es mi papá"; te juro que no sólo no sé por qué no se me ocurrió nada mejor que soltarte eso, te juro por lo más sagrado que desde el momento en que me di cuenta de que no debía haber dicho lo que dije, supe que no debía haberlo hecho, pero a veces, cuando quieres darte cuenta de algo, ya lo has dicho. De verdad te lo digo, con el corazón en la mano, casi 30 años después, PERDÓN. Nunca quise hacerte daño, de hecho, de no haber pasado nada de toda la mierda que estaba por llegar, habrías sido mi mejor amiga. Y es que no sabes cuánto te quería yo hasta aquél entonces... Ahora sólo puedo reconocer, y lo siento, pero me es indiferente como te siente, pero cada vez que escucho tu nombre, mientras mi mente no lo asocie a alguna persona que no seas tú, le tengo entre rechazo y asco. Mucho rechazo y mucho asco. No es tu culpa... Pero no creo que tú albergues mejor recuerdo de mi persona.

Y me paro a pensar, y los primeros recuerdos dolorosos que tengo tuyos son darme una hostia porque no quería echar la siesta, una colleja porque no te dejaba que me tocaras el culo (¿en serio? ¿Dónde cojones encontrabas la diversión en tocarle el culo a una niña de 8-9-10 años? ¿Me lo puedes explicar?), una bofetada porque no entendía algo que tenía que hacer de los deberes... Aquella hostia con la que me reventaste la nariz el día que intentando ver el vídeo de comunión, y digo intentando porque por el motivo que fuera, yo me inclino más por tu ineptitud incluso a la hora de manejar un aparato tan sencillo dije "jodo, maño", la noche que me diste tal jarrazo en la cabeza que llegó a salirme sangre (qué suerte que no llegué a necesitar puntos, eh? Más por tí que te ahorraste unas cuantas explicaciones incómodas que por mí que podrñia haber encontrado la forma de aliviar mi creciente sufrimiento), la vez que cuando no quise escuchar más cómo me llamabas "gorda de mierda, que no haces más que comer y cagar" al intemtar irme, me agarraste del cuello de la camiseta y me la arrancaste, literalmente... ¿No recuerdas cuál era? Yo sí, ya te refresco la memoria: azul marino, azul oscuro medio desteñida de tanto lavarla, con un dibujo blanco y el "pepsi max" serigrafiado enn letras fucsia, que gané en el concurso de la tele local, un puñetazo en la cara una vez que estaba jugando con Tamara a "Alberto Murroni y su ayudante", otro puñetazo que volvió a reventarme la nariz por decir jugando al balón "venga ya, pijo", que para qué ibas a preguntar antes de venir a por el saco de boxeo a desfogar si sabía qué quería decir, ¿verdad? Claro, que entonces no habrias podido pegarme porque te habría explicado que por la forma en la que se lo escuchaba decir a la gente en el instituto, hice la asociación mental, obviamente errónea de que "pijo" era equivalente a "tío"... Ni que decir tiene que hasta hacía apenas un año, el único significado que conocía de "pijo" era "niño de papá" , aplicable al masculino y al femenino, ¿para qué? Entonces los golpes que me llevé no habrían tenido sentido, o el que lo habría hecho sería que el puñetazo te lo hubiera dado yo. Pero, ¿sabes? Si hubiera hecho eso, no sería mucho menos mierda que tú, y no, no creo estar por encima de nadie, pero sí te digo con orgullo, puede que incluso con una indebida soberbia que sí, soy mucho, mucho, mucho mejor que tú.

Y empiezo con un recuerdo... y llega otro, y otros dos... y mi memoria acaba imitando las putas cataratas del Niágara., "¿quieres malos recuerdos? Pues tómalos todos a la vez". Y sigo recordando, y llegan las veces que llegaron las patadas en la espalda con las botas de seguridad puestas, y las palizas, el que diera igual si tenía 9, 11 o 17 años porque me acababa meando encima. ¡Qué orgulloso debes estar! Golpear a una persona que no puede ni debe devolverte los golpes, primero porque la represalia puede ser peor y segundo porque le iba el techo en ello. Qué bonito era para ti ver eso, ¿verdad? ¿Te resultaba gratificante, verdad? Hijo de puta asqueroso... Aquellas tandas interminables de golpes, puñetazos, bofetadas y collejas... ¿Cuántas veces paraste el tiempo de decirme "a mí no me levantes la mano (¿en serio? Es que me descojono... ¡Sólo intentaba bajar tu manaza asquerosa y si no consrguir que parases de una puta vez, al menos que me dieses el tiempo justo de intentar recuperar un poco el resuello!) antes de seguirme apaleando? A tí te debo mis dolores de espalda, mis lumbalgias y mis migrañas, y sí, así te vuelvo a llamar, hijo de puta. Porque no mereces que te llame de otra forma, porque no te lo mereces y porque el tiempor que tuvimos que aguantarnos, no se portó precisamente como una bellísima persona la criatura de la humanidad, con razón dicen que de tal palo, tal astilla.

¿Sabes? Hace tiempo que me planteé por primera vez de dónde viene mi ideología, si la tuve desde pequeña, que en parte tengo claro que sí, porque ya de pequeña recuerdo mi claro ateísmo (o vino por el tener que ir a misa todos los domingos y no aparecer por casa en toda la mañana "por cojones"?) y cuando oía algo del tal Franco me daban escalofríos... Ahora estoy convencida de que en gran medida mi espíritu antifascista es mi modo de repudiarte; ¿no tenías ninguna idea mejor para despertar a unas niñas pequeñas, que sólo tenían el fin de semana para dormir a pierna suelta, que ponerte a berrear el "cara al sol"? Mira que no sabía qué quería decir, pero si pudiera volver atrás en el tiempo, no sé si antes me pondría unos tapones o te cosería la boca con alambre. Es que lo tienes todo, criatura: eres fascista, machista, retrógrado, depravado, sucio... ¿De verdad piensas que lo mejor para la autoestima de una niña es que le digas "venga, eso, come, come, que tienes que llenar el buche"? ¿Qué veías en mí, una puta gallina? Quizá de ahí venga parte de mis problemas con el peso y la comida; con ella era feliz, con ella eras feliz tú atacándome y habitualmente, mientras estaba en la mesa eran los únicos ratos en los que podía permitirme bajar un poco la guardia... Y obviamente, no puedo culparte a ti de todo en este respecto, porque por el motivo que sea, no pidas que lo dé porque ahora mismo ni yo misma sé cuaál es, pero sí tengo claro que pesa sobre tus hombros gran parte de esa responsabilidad. Nunca contribuiste a que disminuyera mi ansiedad, nunca me pusiste freno teniendo comida delante, a veces, incluso me obligabas a comer, nunca empleaste tiempo en preguntar a alguien si mis problemas de peso podían tener alguna solución... No, seguramente no era tu problema, seguramente yo misma no era tu problema, pero o se ejerce de padre para todo o se queda uno quietecito, ¿no? Ay, calla, que eso es lo que hace el resto de la humanidad, para tí ser padre era decir que mi madre venía con el lote y tenías que complarlo todo, como si aquellas niñas fuéramos latas de atún, no te jode...

¿De verdad crees que Tamara se casó con Antonio por convicción? ¿Que estaba locamente enamorada de él? ¡¡NO!! Tamara se casó con Antonio porque intentaste metérselo por los ojos, sólo tú sabrás por qué, y ella vio la oportunidad perfecta de salir de aquélla puta jaula con suelo de llamas que era vivir bajo el mismo techo que tú. Tantas veces que mi madre repitió la cantinela de que no estaba preparada para casarse, blablabla, que esa boda aún la acababa anulando, blablabla... ¡Idle con cuentos a quien no sepa de historias! Tamara vio en Antonio una bombona de oxígeno y con un poco de suerte un protagonista de película romántica americana: que se gastara todo el dinero que ganaba en ella, la consintiera en todo tiempo y forma, que pasara 23 horas al día con ella y ya que estaba, tener 4 niños corriendo por casa, y Antonio... Todos sabemos que lo que pretendía Antonio era tener una trabajadora del hogar 24/7 que le calentase la cama y le recibiera del trabajo con la comida calentita en la mesa y las zapatillas en la mano a la hora de la cena. Tamara... ¿qué te llegó a hacer esa pobre criatura para ser el otro blanco de tu ira? Como ya la tomaban por loca, ¿qué más daba darle un palo más que un palo menos, verdad? Luego te quejabas de que, según tú, todos los días le preguntasen en el colegio que si su padre le había pegado el día anterior, que aunque yo nunca, repito, NUNCA escuché, si lo hacían, alguien que querría intentar ayudarla y tú que merecías quedar como el maltratador de niños hijo de puta que eres. ¿O una persona en su sano juicio, por el mero hecho de que no le gusta lo ajustado que lleva alguien un colgante, intenta asfixiarla? NO, eso sólo eras capaz de hacerlo tú, puto demente. ¿Qué más te daba a tí si llevaba el colgante más holgado o más tipo gargantilla? Sigo esperando que me expliques qué daño te hacía la pobre cría con eso, pero hasta en eso tenías que imponer tu criterio, no fuera a ser que desarrollásemos nosotras el propio, ¿verdad? Por cierto, sigo esperando que me traigas la evidencia científica que demuestra irrefutablemente que las mujeres homosexuales lo son por el mero hecho de llevar una goma del pelo o una tobillera en el pie derecho...

Y sigo vomitando, sepultándote en tu propia mierda, y sigo sin entender que de verdad te sorprendiera que tu querids Sarita te enganchara más de una vez del cuello... ¿Qué esperabas? Era lo suficientemente inteligente para saber que después de que yo me hartase y me largara y Tamara saliera de la jaula maternofilial a la marital, la que tenía todas las papeletas para comerse todos los palos era ella. No la justifico, pero siendo sincera, aplaudo que tuviera los ovarios que yo no fui capaz de plantar hasta que estuve obligada a volver bajo tu yugo, lástima que la alumna se tomara tan en serio la misión de superar al maestro... Manda huevos que en la década de los 2000 todavía la única forma de poder salir de casa de una niña fuera quedarse embarazada, tenga 17 o 21. Qué triste, la verdad... Y con mi monstruo, ¿qué hiciste con mi monstruo? SI viste cosas que no te cuadraban, ¿a qué esperabas para hacer algo? Era tu puta casa, ¿por qué no le prohibiste entrar? Ah, claro, que yo no soy tu hija, a mí me podían dar por culo, ¿verdad? Pobre diablo, si no llega a ser por mí, porque supe lo que era y de qué pie cojeaba pude parar y apartar a tiempo a las 2 pequeñas, que como ya te habías largado, te la bufa, pero a mí no, y si a nadie le importaba un cojón esas niñas, ahí estaba su hermana para que les tocara un pelo más de lo debido. Orgullosa me siento del día que María tuvo los ovarios de sacarlo huyendo de la cocina con un cuchillo cebollero en la mano... lástima que no se lo clavara. Yo, trataré de entenderte sabiendo que la pesadilla con mi monstruo empezó mucho antes que el infierno contigo, 14 años de tortura, que se dice pronto. Y sí, llegué al punto en el que intenté quitarme de en medio porque prefería estar muerta a tener que escucharte farfullar, beber y engullir como el cerdo que eres; sólo de recordarte, me dan náuseas...

Qué quieres que te diga... Pues a la mierda, de perdidos al río, habiendo perdido la vergüenza y la elegancia a la hora de escribir, porque esto no es una novelita fina, esto es mi puta vida y estos son los estragos que has causado en ella, porque con 32 años sigo despertándome a mitad de la noche aterrada, porque sigo llorando a gritos en sueños, porque sigo soñando que me das una paliza que me dejas en una silla de ruedas, o que de una patada que me das en la espalda no tengo movilidad de cuello para abajo, o que me das una patada en la cabeza, me caes caer, golpearme con algo en la cabeza y me mandas a la caja de pino... o que tocas a mi hija, pero no, no te lo voy a consentir, mi hija es demasiado buena para que la contamines a través de su madre, porque por tu culpa tengo miedo. Por tu culpa tengo miedo de mi misma, me da miedo convertirme en tí, me da miedo que le dé un cachete en el culo que haga de desencadenante para que me vuelva tan demente como tú y le dé unos golpes. que no se merece una pequeña que a sus 4 años ha luchado más por su vida de lo que lo harás tú en tus siguientes vidas. Y ya que por fin me quito la coraza y me permito de una puta vez soltar la mochila que me has hecho cargar tanto tiempo, aquí la dejo, en un apartadito del camino, queriendo decirte sin querer recordar tu cara, que hasta eso me sigue dando asco de tí es que lo único que te deseo es lo que te mereces: que el alcoholismo al que te abrazas te devore con toda su fuerza si no lo ha hecho ya, que la ezquizofrenia de la que te mofas en tu hermano y la mía no te permita vivir un sólo día tranquilo, que pases lo que te queda de vida como el perro sarnoso que eres y que el día que yéndote el mundo tenga un poco menos de mierda, te vayas del mundo de los vivos como te mereces: con la agonía más larga y dolorosa que sea capaz de aguantar un ser humano.

Y si la cirrosis ha hecho ya su trabajo y estás encerrado en un agujero de cemento, que cada día el demonio te retuerza las tripas igual que retorciste tú mi bienestar emocional.

Sin más, me despido...

Que te den, hijo de puta. Ahí te quedas. Tú elegiste amargarme la vida y yo elijo seguir sonriéndole, porque lo que no me mata me hace más fuerte y tú nunca lo fuiste lo suficiente como para acabar conmigo.