domingo, 25 de noviembre de 2018

La magia se llamaba Víctor (capítulo 1)

Acababa de aterrizar en Las Palmas de Gran Canaria, de hecho, todavía no había salido del aeropuerto, ni siquiera había recogido todavía sus maletas y ya estaba empezando a arrepentirse de haberse dejado convencer para hacer aquél viaje. Y es que ya estaba su (sólo a veces) querido marido dando la nota...
- Loïc, por favor, cariño, ¿Podrías ser capaz de contener tus impulsos de macho alfa, al menos, hasta que lleguemos al hotel? ¿O prefieres que esta noche, en lugar de "caricias, besos y mimitos" sea "mi mujer duerme como un tronco y Valérie no puede hacer nada que sea cambiarme el hielo? No quiero empezar el vi... ¡Maldita sea, ¿quieres hacer el favor de no dar la nota?! Te recuerdo que ya no estamos en Cap d'Agde, ¡no estamos ni en Francia!, esa rubia a la que estás comiéndote con los ojos está empezando a enfadarse y este marrón te lo vas a comer tú solito, como te metas...
- Joder, Amandine, has tardado en ponerte en plan sarg... ¡No me pises, hija de p...aaaaarís! -bufó él, primero mostrando su enfado y terminando en un dolor de pie considerable mientras su mujer le pisaba el pie con una inocente sonrisa en el rostro-. Amor, por favor, me estás destrozando los metacarpos...
- Hablando de joder... ¡has un esfuerzo y mírame a mí, mi amor! ¿Tanta fiesta swinger ha hecho que no te acuerdes de que tu amada mujer... soy... YO? -murmuraba entre dientes ella, manteniendo su inocente y candorosa sonrisa-. Te estás pasando y me estás hartando, estás avisado... y te advierto,mi amor, que si mi paciencia se acaba, voy a tener una charla muy divertida con tu madre explicándole por qué Valérie y Luc pasan tanto tiempo en casa -mientras hacía esa amenaza velada, la frialdad que destilaban aquellos ojos verde claro mostraban que aquella pelirroja estaba hablando muy en serio -...
- Pero bueno, aún no hemos salido del aeropuerto, ¿y ya estáis discutiendo? Pues empezáis pronto... Si vais a estar todo el viaje así, ¿por qué no me hacéis un favor y me lo decís? Si pretendéis que os aguante así durante 15 días, más os vale a los dos que dejéis las drogas... O mejor, probad otra ¡y dejadme a mí en paz! De hecho, aún estoy a tiempo de cambiar el billete de avión, cancelar el hotel y volver en el siguiente vuelo a Montpellier...
- ¿¡QUÉ!? -gritó al unísono el matrimonio-. Tienes razón, Val, perdona -Amandine se sintió avergonzada en ese instante; bajando la cabeza, fue a por sus maletas, tratando de desconectar y queriendo exprimir aquellos días de descanso que tenía por delante, de estar con Valérie y de pasar con Loïc más tiempo que el que empleaban en dormir y desayunar cada mañana.
- Si tú te vas, ¿quién juega con nosotros a los médicos?
- ¿Eres capaz de pensar algo que no sea eyacular, Loïc? Si he venido con vosotros es porque Mandy me lo suplicó, no para que tú seas incapaz de pensar en algo que no sea tú mismo, ¡maldito egocéntrico!
-Valérie Baudoin... ¿Tú, llamando salido al señor Martin? Wow, esto sí es digno de ver...
- Amandine Martin, es una costumbre sanísima que deberías poner en práctica de vez en cuando... Ya verás, ¡prueba! ¡Loïc! ¡Salido, ameba, pervertido! Bueno, casi tanto como yo...
- Alguien quiere estar 2 semanas sin mi amor... -canturreó Loïc.
- Por qué lo llamarán amor cuando quieren decir sexo...
- Ameba... Ameba... ¡Ameba!
- ¿A que la que no llega a pisar la calle en Las Palmas soy yo y cojo de primer vuelo que aterrice en territorio francés? -si no cortaba la situación, Amandine sabía que en cualquier momento iba a dejar de ser cómica-. ¿Nunca os he dicho que a veces parecéis críos?
- ¿Y no tener con quien buscar un ligue de vacaciones digno de este cuerpo sin que suponga complicaciones innecesarias? ¡Eres mi MandyRadar de capullos, no puedes dejarme sola! Bueno, vale, dejaré de meterme un rato con esta am... Tu marido.
Durante el trayecto desde el aeropuerto hasta el hotel Amandine y Valérie iban haciendo una especie de pequeño recordatorio mental de todo lo que querían conocer, mientras Loïc parecía estar utilizando cualquier parte del cuerpo menos esa; al principio Amandine no quiso darle importancia, pensaba que estaría cansado del viaje, pero cuando vio que su cerebro parecía volver a funcionar, pero no ser capaz de siquiera responder a lo que le preguntaba, la quinta vez que vio que no tenía la menor intención de apartar la atención de la pantalla del móvil, lo dejó por imposible. Cuando llegaron al hotel, lo primero que hicieron fue recostarse en la cama, ellas mostrando el enorme placer que les suponía quitarse los altos zapatos de tacón que llevaban desde la noche anterior torturándolas y él observando con mirada lobuna como aquellas ocupaban toda la cama y relabajan toda la musculatura de sus piernas. Pero la relajación duró el tiempo que Loïc lanzó una descarada mirada a Valérie que ésta captó y comprendió en menos de un segundo. Cuando quiso darse cuenta, Valérie estaba bajando la cremallera del lateral de aquél vestido blanco que tanto le gustaba como le quedaba a su amiga y que tan buenos recuerdos les traía a ambas, a la vez que su marido se encargaba de acariciar sus suaves muslos, con intención nada inocente.
- Antes de irnos, caes -susurró Valérie pegada a la oreja de Amandine, tan bajo que sólo ella pudo escucharla-... Sola.
- Val... -Amandine se puso tensa sólo de pensar lo que su amiga acababa de advertirle; sabía perfectamente a qué se refería y no sabía si debía siquiera pensar en ello.
- Vaya, Amandine, parece que te alegras de tenernos tan cerca, cariño... Estás tan empapada como siempre -gruñó Loïc-, es hora de empezar a disfrutar del viaje como es debido... Te vas a estar quieta sin que Valérie tenga que agarrarte, ¿verdad?
- ¿Es una petición o un reto, cariño? Porque precisamente hoy, me he acordado de que hace mucho que no te hundo las uñas en la espalda... -todavía no había terminado de insinuarlo y ya tenía a Valérie sujetando sus manos mientras Loïc se lanzaba como un lobo hambriento a su pecho, lamiendo sus pezones, poniéndolos erectos, pero con una sensación más de dolor que de placer; desde hacía un tiempo, Loïc había dejado olvidada por completo la delicadeza con la que tanto solos como en compañía trataba a su mujer y que ella, aunque no quisiera decirlselo, llevaba una temporada empezando a añorar. Pero en ese momento, ella sólo quería cerrar los ojos y disfrutar. Ya hablarían de eso más tarde. Y siguiendo con eso que Valérie empezaba a llamar "sexo mecánico", Loïc bajó una de sus manos hasta llegar a ese punto que tan bien conocía de aquella anatomía; cuando la mirada de aquella morena le dijo a aquél hombre que si tarbada mucho en saciar las ansias de aquella pelirroja ella estaba más que dispuesta a ocupar su posición, él después de hacerle un gesto con el dedo bastante grosero, se lanzó como un león hambriento a devorar aquél suave triángulo que esperaba su embestida cuando sonó el teléfono... Y la lujuria salió volando por la ventana cuando aquél hombre en menos de un segundo pareció olvidarse de que allí estaban su mujer y su compañera de juegos. Llevaba un rato hablando por teléfono cuando les escribió en una nota "bajad a la playa un rato, yo iré en un rato ;)" a la que Amandine respondió con un "te voy a romper el móvil, a ver si así nos haces caso :-*" al que no prestó atención; incapaz de contener su furia ante lo que llevaba semanas contemplando sin que ninguno de los otros 2 pareciera percatarse, especialmente su amiga, le estampó una nota que rezaba "VETE A LA MIERDA!! TE VAS A QUEDAR SIN ELLA, GILIPOLLAS ..l." con tanta fuerza que mientras su conocido -en realidad ella no tenía ningún aprecio por el marido de su amiga- dio un paso hacia atrás. Al tratar de agarrarse, sí prestó atención a ese pedazo de papel, una vez más, poniendo el foco donde menos debía, en la nota de su mujer; al fin y al cabo, la voz femenina que había al otro lado del teléfono era más importante que la ingenua de su mujer...

- Mandy, cariño, ¿cómo le soportas? ¿No ves que hace tiempo que no te trata como mereces? Sólo con que abrieses esa preciosa boquita tendrías a quien quisieras a tus pies... ¿y te resignas a sufrir con la ameba?
- Joder, Valérie... ¿¡vamos a empezar otra vez la misma discusión!? No me resigno a nada, es... es... es solo... -no pudo continuar la frase; en cuanto Amandine bajó un poco la guardia, Valérie supo que quizá esa sería su última oportunidad y no estaba dispuesta a desaprovecharla. Se lanzó a los labios de quien en ese momento sólo era su más oscuro objeto de deseo y tras darle un mordisco en el labio inferior, suave pero cargado de intenciones, como hacía siempre para pedirle "permiso de invasión", como ellas llamaban a cuando la morena de ojos grises, casi negros, podía hacer disfrutar a la pelirroja de ojos verdes claros  y cuando esta quiso darse cuenta, había metido la lengua en la boca de la otra, comenzando una deliciosa batalla que cuando fue consciente de que estaba luchando, no quiso perder por una batida en retirada que en realidad no quería llevar a cabo. En ese instante no existía nada, no había nadie más, sólo estaban aquellas dos mujeres poseídas por el ansia de saborearse. En  cuanto pudo ser mínimamente dueña de sus actos, costándole esfuerzo respirar, Amandine empotró contra la puerta de su habitación a Valérie y le murmuró -Abre.
- ¿Estás...? -si algo tenía claro Valérie era que deseaba abrir esa puerta y hacer mil locuras con Amandine, quería follarla, mimarla, quererla... Pero necesitaba tener la certeza y el beneplácito total de aquella.
- Abre -susurró Amandine, con su frente pegada a la de su amiga. -Abre o vas a cumplir tu deseo en el pasillo. Quiero probar y quiero hacerlo ahora, antes de tener tiempo a pensarlo... -sin perder un segundo y con una habilidad que habría dejado boquiabierto a quien lo hubiera visto, sin separarse siquiera de la puerta, sacó la tarjeta magnética del bolsillo trasero de los vaqueros ajustados que llevaba y sin dejar de besar a aquella diosa, abrió la puerta, con cuidado de no caer ambas de bruces al suelo y con un certero movimiento, empezaba a tener realmente el control de la situación. Con un abrazo suave pero firme, sujetaba a su presa, una mano hábilmente colocada sobre su nuca y otra en el punto justo en el que la espalda pierde su nombre, guiándola sin prisa hasta la enorme cama que resaltaba en aquella habitación y empujándola con suavidad haciéndola caer sobre ella.
- Écoute moi, mon amour*, nada ni nadie, sólo estamos tú y yo, y sólo aquí, ¿de acuerdo? -su amiga, de golpe, se había quedado petrificada; estaba empezando a ser consciente de dónde podía llevarlas toda aquella situación, y no iba a arrepentirse; tampoco quería decírselo, pero estaba preparando su mente para que ni un sólo segundo escapase al fiel grabado de su memoria. -Si no me hablas, nos vam... -esta vez quien no pudo terminar de hablar fue ella; su amiga se había sentado a horcajadas sobre ella, le sujetaba la cara con ambas manos y le susurraba "segura, estoy segurísima" antes de lanzarse, esta vez ella, a una nueva batalla de besos. Sus lenguas se retorcían, se tentaban, se retaban, se exploraban, se lamían los labios... Lentamente, como si quisiera grabar sus manos en aquella piel, tan suave, tan caliente, las manos de Valérie se deshacían de la ropa de Amandine, que iba cayendo al suelo con suavidad, dejándola tocar poco a poco el suelo. Cada milímetro que la morena tocaba era un pequeño escalofrío que la pelirroja sentía, haciendo que el deseo se incrementase por segundos, que ninguna de las dos deseaba que pasaran, ambas querían que el tiempo se pasase en ese instante y pudieran seguir viviendo ese momento, esa pasión, eternamente. Y sin cruzar una palabra, con movimientos suaves pero certeros, las dos terminaron sobre la cama, Amandine todavía subida a horcajadas sobre Valérie y ésta sentada contra el cabecero de la cama, completamente desnudas, con las respiraciones aceleradas y ansiosas de más.
- ¿Sigo...?
- Sigue...
Fue lo único que se escuchó en varios minutos en aquella habitación, en ese silencio roto por el sonido de los besos y el del roce de las suaves sábanas de satén contra la piel de aquellas mujeres que poco a poco, sin reparos y sin reservas, se tanteaban, se retaban con la mirada a la misma vez que se daban permiso para seguir con aquél juego, hasta que la lengua de Valérie empezó a bajar despacio, suavemente, del labio inferior de Amandine, con suaves mordiscos, por su barbilla, por su cuello y su escote, hasta llegar a su pecho. Cogió con delicadeza el pecho derecho de aquella, y con dulzura empezó a repartir besos por aquella carne tersa y ardiente, que subía y bajaba conforme se llenaban y vaciaban los pulmones de su dueña y empezó a lamer aquel pezón erecto que la llamaba a gritos y al rozarlo con suavidad, aquella no pudo evitar que un grito sordo saliera de su garganta. Indicando que no gritara, puso el dedo índice sobre aquellos labios carnosos, dulces y tentadores, mientras su lengua seguía mimando aquél pezón, con una ternura que aquella mujer nunca había recibido. No quería darle rienda suelta a sus deseos, pero era algo inevitable, sus manos habían cobrado vida propia y mientras una seguía sujetando aquella delicada carne, la otra iba deslizándose hasta llegar a la parte interior de los muslos de aquella mujer que tan loca llevaba tiempo volviéndola. La otra sentía que era imposible seguir callada un segundo más y empezó a gritar el nombre de su amiga mientras el orgasmo la dominaba a punto de hacerla convulsionar. Valérie... Valérie... Valérie... 
- ¡Valérie Baudoin! ¡La tierra llamando a Valérie Baudoin! Cariño, ¿estás bien? Te has quedado como ida... Sólo me mirabas y te temblaban las manos... ¿Te encuentras bien, cielo?-Amandine miraba a su amiga preocupada, sin ser mínimamente capaz de imaginar la mala pasada que le había jugado su mente- podemos ir a urgencias si no... 
- No, no... Tranquila, estoy bien... Últimamente he tenido mucho estrés... 
- Lamiendo conejos... -gruñó Loïc sin querer ser escuchado. 
- ¿Y cuánto hace que llevas haciéndolo sin tu mujer? -bufó la aludida, enfadada, rabiosa y a punto de detonar una bomba de relojería. -Mandy, ¿nos vamos? 
- Se llama Amandine... 
- Me llamo como me da la Real gana, ¡ya basta! Joder, ¿hasta por eso vais a mataros? Esto es increíble... 

Amandine cogió su bolso y sus gafas de sol, le dio un dulce beso en los labios que su marido no le devolvió y salió con Valérie a conocer su destino de vacaciones. Habían ido a disfrutar y pensaban hacerlo con Loïc o sin él; casi preferían la segunda opción, así podrían hablar sin tapujos de lo que quisieran sin tener que ser políticamente correctas, y eso era exactamente lo que iban a hacer: irían de compras por la zona comercial cerca de la playa, disfrutaría del sol y el mar y comprarían algún regalo para la familia. Pero cuando llegó el momento de pagar, Amandine se dio cuenta de que se había olvidado en la habitación del hotel el monedero y como estaba a apenas 10 minutos caminando, en un paseo habría ido y vuelto; así le dejaba a Valérie ligar con una chica rubia a la que llevaba más de una hora sin quitar el ojo de encima. Ella se había ofrecido a pagarlo todo, proponiendole que las copas y la cena de esa noche corrieran a su cuenta, pero nunca le había gustado que le prestasen dinero y le dijera lo que le dijera, iba a hacer las cosas a su manera. "Bueno, haz lo que veas..." le dijo su amiga y 1 minuto después reía al leer en la pantalla de su móvil "intenta tardar más de media hora en ir y volver, por favor!!!". Y como a ella siempre le gustaba intentar ayudar en lo posible cuando había algún ligue a tiro para su amiga, si tenían una señal clara convenida de intenciones indecentes, sin duda era esa. Y tan descentrada estaba Amandine pensando en la complicidad que tenía con Valérie, que chocó al entrar al hotel con un chico que la dejó sin habla: no excesivamente alto, con una piel tostada y un pelo negro que destacaban los ojos verdes claros de aquél chico que aun sin tener un cuerpo demasiado musculado, le resultaba tremendamente atractivo, con un piercing en la ceja con dos pequeñas bolitas metalizadas que parecían querer dar aún más brillo a aquellos ojos. 
- Disculpe, señorita, estaba mirando el móvil y... ¿Le he hecho daño? 
- ¿Qué? No, no... Perdone, la culpa ha sido mía, estaba despistada, yo...
- No, por favor, no se disculpe -sus manos se unieron sólo durante un segundo, suficiente para que Amandine sintiera como una descarga eléctrica recorría su cuerpo-, ha sido culpa mía... ¿Seguro que no le he hecho daño? 
- No... Tengo que irme, lo siento -se obligó a decir ella mientras iba en dirección a su habitación; si seguía mirando esos ojos, iba a terminar planteándose romper el pacto que tenía con Loïc. ¿Por qué era tan desagradable últimamente con ella? Nunca se habían llevado demasiado bien, pero ese rechazo hacia ella, le parecía extraño, así que aprovecharía que la tercera en discordia no estaba para tratar de saberlo. Abrió la puerta sabiendo que su marido debería estar en la habitación... Lo que no esperaba era hacerlo en aquella situación.
- Loïc, ¿puedes explicar... Qué cojones es esto? ¿Qué haces aquí, Sandra? ¿Y tú, qué, maldito hijo de puta? Se está a gusto entre las piernas de tu secretaria, ¿verdad?  Vaya, tan poco te satisfago en la cama que necesitas traerla hasta en vacaciones? Ahora lo entiendo... ¡Valérie lo sabía! ¡Maldito hijo de de puta! Tú -dijo mirando a aquella rubia teñida que se había quedado sin habla y parecía que hasta sin sangre- no te molestes en volver a la oficina, y tú -dijo mirando a aquél hombre al que en un segundo había pasado de amar con pasión a odiar con todas sus fuerzas- cuando vuelvas tendrás noticias de Emmanuel... Ve pensando en un buen abogado de divorcios. 
- Mandy, no... 
- ¿Mandy? ¿MANDY? Hace un rato le has dado un bufido a Val por llamarme Mandy... ¿Y ahora lo haces tú? ¡Gilipollas! No te quiero volver a ver en lo que me quede de vida... Sólo quiero que cuando vuelvas a Francia desaparezcas de mi vida, y cuanto antes, ¡mejor! 
- Cariño, yo... Mi madre...
- ¡A la mierda tú y tu madre! Escúchame bien: ¡SE A-CA-BÓ! Sólo quiero que saques TUS cosas de MI casa lo antes posible... Que me avisen con tiempo de que vas a ir para no estar y cuando acabes, deja las llaves en el buzón.
- Déjame explicarte... Sandra... Yo...

Loïc no tuvo tiempo para decir nada más, pero sí pudo escuchar además  un portazo que hizo que hasta el suelo retumbase a Amandine furiosa gritando "¡lo sabías! ¡Te callaste!..."
- ¿Que yo sabía qué, Mandy? -Valérie sabía que su amiga sólo podía referirse a un asunto, pero por temor a equivocarse y acabar de estropearlo todo, preguntó qué pasaba, haciendo una seña a la rubia de que esperase mientras le apuntaba su teléfono en un pedacito de papel, se lo daba y le daba un pequeño beso en los labios. 
- No me jodas, Valérie, ¡no me vengas con gilipolleces! ¡Sabías que Loïc me pone los cuernos! ¿Desde cuándo lo sabes, maldita sea? ¡¡Y NO ME LLAMÉIS MANDY!! -gritaba Amandine como una posesa camino a la puerta principal del hotel. Acabo de pillarlo con... ¿Otra vez tú? Como vuelvas a tocarme, te follo aquí mismo, nene... 
- ¿Qué? Amandine, ¿te has dado un golpe en la cabeza? ¿Qué nene? 
En menos de 5 minutos fue la segunda persona a la que Amandine había dejado con la palabra en la boca. En el mismo momento en que colgaba el teléfono vio que el chico se acercaba a ella.
- Perdona, creo que son tuyas, se te cayeron al choc...
- Gracias y adiós -bufó ella enfadada con el mundo-. ¿Qué? ¿Quieres un pin o es que tengo monos en la cara, imbécil? 
- No, señora, sólo me pregunto dónde se ha dejado la educación... 
- ¡Gilipollas...! 
- Habló la machanga... 
- ¿Qué me has llamado? 
- Machanga: ma-chan-ga. ¿Me ha escuchado bien ahora o además es sorda? Tenga sus gafas de sol, "señorita", y procure prestar atención al mundo real...
- Gracias, y con no volver a tenerte cerca, tengo de sobra.
Tal como Amandine le arrancó las gafas de sol de las manos a aquél chico, se arrepintió de haberlo tratado de aquella manera tan... Dios, se había pasado muchísimo con alguien que ni era Loïc ni tenía la culpa de lo que este había hecho. Y recordando a su futuro exmarido, lo primero que debía hacer era asegurarse de que no volvería a compartir espacio con él, al menos, hasta llegar al aeropuerto. De pronto, todo su mundo se había venido abajo, si corazón estaba hecho pedazos y aunque lo había hecho intentando que no sintiera ese sufrimiento, Valérie le había ocultado lo que sabía y eso ahora para ella era como una pequeña traición que necesitaba digerir. Y ello centraba su pensamiento cuando un sonido la hizo volver a la realidad; su amiga seguía al otro lado del teléfono, sin entender absolutamente nada de lo que escuchaba.
- Amandine Martin, ¿qué demonios pasa? ¿Dónde estás? 
- Viard, Valérie, desde este mismo momento soy Amandine Viard... Lo siento, pero esto es demasiado para mí, necesito poner mis pensamientos en orden, y ahora mismo eso incluye poner distancia contigo y ese... Ese... Solo te pido un poco de margen; sé que lo has hecho por no hacerme daño, pero me has ocultado algo muy fuerte... Y... Y necesito pensar... Y... Tranquila, estaré bien.
Y otra vez dejó a alguien con la palabra en la boca, pero ésta no le importó en absoluto. Cogió un taxi, le preguntó al taxista cuál era el último sitio al que iría alguien que huyera del turismo de "playa, chiringuito y compras" y con la respuesta que le dio, encontró su nuevo destino. En ese momento no sólo empezaban realmente sus vacaciones, también empezaba su nueva vida, una en la que desde ese mismo instante, su prioridad siempre sería ella misma. Apagó el teléfono, que no dejaba de sonar por las llamadas que no dejaban de hacer Loïc y Valérie, apoyó la cabeza en la ventanilla de aquél vehículo y aunque no quiso pensar en nada, se permitió recordar a aquél chico, fantaseando con si hubiera sido capaz de hacer ella lo que le habían hecho y sabiendo que, en el fondo, nunca había terminado de gustarle aquella vorágine en la que se había convertido su vida. Al fin y al cabo, ¿de qué le servía tener unos orgasmos fabulosos con cualquier hombre, si ninguno de ellos hacían que ese placer llegase a su corazón? 

Y mientras ella se alejaba en aquél coche, desde la esquina de la calle del hotel, sin ser visto, había un chico observando cómo ambos se alejaban; sin poder evitarlo, cuando dejó de estar en su campo visual, su mirada se clavó en su mano, aquella parte de su cuerpo que había rozado aquella mujer a la que durante un segundo, estuvo a punto de lanzarse a besar, cosa que por suerte, no había hecho. 
- Deja ya de pensar en esa machanga, Víctor, no seas machango tú también...

martes, 20 de noviembre de 2018

Ya que me vas a matar...

Hoy, mi amor, hoy sé que me vas a a matar...
Porque hoy reuní las fuerzas suficientes para querer luchar, ya que me vas a matar...
Fui al hospital, y allí escuché como se preguntaban cómo con la paliza que me había llevado seguía viva; la pena gritaba en sus ojos, como si ya supieran que me vas a matar...
Después, fui a la policía; no sé si me sentí más insegura cuando dijeron "denunciar" o "riesgo extremo" con cara de rabia mientras me miraban; creo que ellos también temían que me vas a matar...
Luego, me dijeron que mañana tengo que ir al juzgado, pero no podré ir, porque sé que me vas a matar...
Cuando salí, llamé a tu madre; en cuanto le dije que quería empezar a vivir, ella también supo que me vas a matar...
Y ahora, aquí estás, acabas de cercenar la seguridad de mi casa, y sólo con mirarte, sé que me vas a matar...
Así que, ya que me vas a matar, pongo como mi última voluntad que mis hijos no vean cómo arrancas de su vida a su madre, porque si hay algo que tengo aún más claro el que me vas a matar es que cuando les pregunten pr , sólo podrán decir "un hijo de puta me la quitó "...
Ya que me vas a matar...

#NiUnaMenos #NosQueremosVivas
016 teléfono de atención a la víctima de violencia de género.